lunes, diciembre 28, 2009

Hoy dia de los inocentes, pero no de los indiferentes

Odio a los indiferentes
Antonio Gramsci · · · · ·

29/04/07

Hace ahora 70 años, el 27 de abril de 1937, moría Antonio Gramsci en un hospital penitenciario, apenas 6 días después de haber recobrado formalmente la libertad, tras cumplir, en situación penosísima, más de 10 años de cárcel de los más de 20 a que le condenó un tribunal mussoliniano. Acaso sea Gramsci hoy, junto con Walter Benjamin, el clásico del socialismo marxista más grotesca e ignaramente manipulado por unas “humanidades” académicas franco-norteamericanas olvidadizas de la historia del movimiento obrero europeo. Para conmemorar su muerte -dada a conocer al mundo por las emisoras de radio de la Barcelona revolucionaria- hemos elegido un característico textito suyo de juventud (publicado por vez primera el 11 de febrero de 1917 e inédito en castellano) que, entre varias otras, tiene la virtud de no ser fácilmente pasible de manoseo pseudoacadémico.
Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son bellaquería, no vida. Por eso odio a los indiferentes.
La indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de la inteligencia. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, acontece porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, permite la promulgación de leyes, que sólo la revuelta podrá derogar; consiente el acceso al poder de hombres, que sólo un amotinamiento conseguirá luego derrocar. La masa ignora por despreocupación; y entonces parece cosa de la fatalidad que todo y a todos atropella: al que consiente, lo mismo que al que disiente, al que sabía, lo mismo que al que no sabía, al activo, lo mismo que al indiferente. Algunos lloriquean piadosamente, otros blasfeman obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: ¿si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, habría pasado lo que ha pasado?
Odio a los indiferentes también por esto: porque me fastidia su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos: cómo han acometido la tarea que la vida les ha puesto y les pone diariamente, qué han hecho, y especialmente, qué no han hecho. Y me siento en el derecho de ser inexorable y en la obligación de no derrochar mi piedad, de no compartir con ellos mis lágrimas.
Soy partidista, estoy vivo, siento ya en la consciencia de los de mi parte el pulso de la actividad de la ciudad futura que los de mi parte están construyendo. Y en ella, la cadena social no gravita sobre unos pocos; nada de cuanto en ella sucede es por acaso, ni producto de la fatalidad, sino obra inteligente de los ciudadanos. Nadie en ella está mirando desde la ventana el sacrificio y la sangría de los pocos. Vivo, soy partidista. Por eso odio a quien no toma partido, odio a los indiferentes. (sin permiso 27/04/09)

sábado, octubre 17, 2009

Dora Sanchez,

Sobre Dora Sánchez
El Senador Morales de la Provincia de Jujuy, hasta la fecha presidente del Partido Unión Cívica Radical, interpuso en la última semana una denuncia penal por cohecho pasivo contra la Senadora Dora Sánchez.
Supuestamente la citada senadora se había opuesto ab initio a la Ley de Medios Audiovisuales pero al momento de la instancia de votación, habría mutado de parecer y voto a favor de la misma en general.
Pero quien es la Senadora Sánchez.
La citada Dora Sánchez, radical de origen y por la provincia de Corrientes, ingresó al parlamento argentino en el año 2007, conjuntamente con el Sr. Cobos (hoy Vicepresidente en ejercicio) por la Concertación un desprendimiento del radicalismo que adhirió al proyecto político de la Presidente Cristina Kirchner.-
Este posicionamiento político les valió a ambos, como a todos quienes habían tomado la misma decisión, la expulsión del partido radical por iniciativa del purista Sr.Morales.-
Ulteriormente, y durante el conflicto con las patronales agrarias, el Vicepresidente Cobos borrando con el codo lo que había escrito con la mano, se declaró opositor al gobierno nacional del cual era parte y utilizando su función de Vicepresidente del gobierno de Cristina Kirchner voto en contra del proyecto que la misma había enviado al Parlamento. Las razones de dicho voto, justificadas en razones casi domésticas o sentimentales ( sus hijos, sus vecinos) aunque pulverizó la arquitectura constitucional de la institución Poder Ejecutivo le valió el ensalzamiento de la poderosa corporación agro exportadora, de los medios de comunicación soporte de la misma así como de una disgregada corporación política heredera directa de la crisis de los noventa que pareció, como el Ave Fénix resurgir de sus cenizas.-
Aquí viene el surgimiento a través del gobierno de Corrientes y su Senadora Sánchez con el Vicepresidente Cobos, y se va gestando una corriente de opinión denominada Cobismo, que se auto titula como la Oposición.
La Unión Cívica Radical de Morales, comienza el asedio a dicho movimiento en la figura Insignia de esa imprevista oposición el Sr.Cobos, tratando de capitalizar la situación política, y contradictoriamente siempre fundados en las institucionalidad se fueron sumando a otros opositores sin poder formar masa crítica de ideas salvo férrea oposición a cualquier iniciativa del Poder Ejecutivo.-
Así fue dable escuchar por la mañana aquiescencia en Morales y el Dr.Santin a la iniciativa de recuperar los fondos provisionales ( era reivindicación del radicalismo ya que esta en la Constitución Nacional), y para no resultar pro gubernamental oponerse por la tarde con los argumentos brindados por las corporaciones financieras transnacionales.
La muerte del Dr.Alfonsin, coadyuvó al encolumnamiento de variopintos políticos que conformaron una caravana de opositores con Cobos a la cabeza y saludando al público como en un desfile cuasi carnavalesco…
Para el caso, la ley de medios audiovisuales no fue la excepción y hasta aquí llegamos con Dora Sánchez.
Reivindicación del radicalismo desde 1983 la Ley de Medios estuvo en proyectos y arengas, baste escuchar los discursos del mismo Alfonsin, los proyectos radicales entre otros de la opositora S.Giudice, todos fueron abortados por las presiones de corporaciones mediáticas vaya a saber a cambio de que, ya que dejaron transcurrir 29 años.
Pero cuando se puso a consideración el proyecto oficial en marzo de 2009, proyecto que condensaba los 21 puntos generados en las entidades periodísticas que lo trabajaran desde 2004, el bloque opositor de UCR, CC y PRO lo ignoró mientras en diversos foros CIUDADANOS de la mas variada tendencia fue discutido, enriquecido, modificado.
Llegado el proyecto remozado al Congreso casi cinco meses después , comenzó la sistemática oposición a alegar apresuramiento, autoritarismo, aviesas intenciones todo en nombre de la “Institucionalidad”, “Legitimidad”, “Libertad de expresión”…
Debatido, consensuado, con audiencias públicas mediante, el proyecto se trato en Diputados y se aprobó por holgada mayoría. Pero quienes abogaban por la institucionalidad se retiraron, no debatieron ni votaron. Escondieron sus propios proyectos, volvieron a resignar sus principios abogando y recitando los argumentos de las corporaciones mediáticas. Limitándose a un simple “porque no”.-
En el Senado se volvió a debatir, a realizar las audiencias públicas, hubo audiencias a las que la oposición no asistió ya que iban quienes estaban a favor de la ley. Cuando finalmente se voto, hubo sorpresas como la de la Senadora Sánchez.-
Un voto mas, una sospecha mas, racionalidad, coherencia?
Que alegó Sánchez? Varias puntas dio, que no había leído bien la ley?, que al leerla no le resultó tan mala?, Que fue confrontación con la propia interna radical correntina? Por esa vía sonaba racional y coherente con la mezquindad evidenciada por un radicalismo decadente. Que cambió a último momento? Que mutó? Quien muto y cuando, que secuencia temporal usar para medir las mutaciones, qué valores defender para tanto cambio a favor o en contra? cómo no desconfiar de tanto cambio por oposición sistemática? Donde está el cohecho activo o pasivo? Quien piensa en cohecho es por vivencias/experiencias propias o ajenas?
Me preocupa las ideas no respetadas, los discursos tergiversados, las historias de partidos desenfrenados por arribar al Poder, denostando la política, mientras se asimila gobernar un país con administrar un supermercado, con liderazgos vacíos de contenido, lo común, lo obvio, lo vergonzante…

berlusconi, los peligros del monopolio mediatico

Este comentario salio en radio nederlan internacional en el dia de la fecha, para recapacitar y meditar los peligros de los monopolios mediaticos y como pueden determinar el destino de una sociedad, ante la pasividad o comodidad de la misma. Defendamos la ley de medios audiovisuales:
La manifestación otoñal se celebró en un marco festivo en la Plaza del Pueblo, y fue convocada por la Federación de la Prensa de Italia (FNSI) bajo el lema “No a la mordaza, derecho a saber, deber de informar” Berlusconi calificó anteriormente la protesta de “una farsa” Entre los asistentes destacó el periodista y escritor napolitano Roberto Saviano, autor del libro Camorra, por el que recibió amenazas de muerte de la mafia. “Muchos periodistas que han muerto en los últimos años han caído soñando llevar a sus países una democracia como la europea. Hoy, si comprometemos esta libertad de prensa, comprometemos también su memoria y su trabajo», dijo Saviano, Italia “es el segundo país, tras Colombia, en número de periodistas amenazados” Berlusconi, quien ingresó a la política hace 15 años, es dueño de tres de los siete canales de televisión abierta de Italia, y ahora enfrenta acusaciones por un conflicto de intereses entre su imperio mediático y su responsabilidad política. Como jefe del ejecutivo, ejerce además una gran influencia sobre la emisora estatal RAI. La familia Berlusconi controla una revista de noticias semanal y diaria y es propietaria de la mayor editorial italiana. Parece evidente que le Primer Ministro italiano ha perdido la paciencia con la crítica y busca silenciar a sus detractores públicos. Por eso rechaza tan vehemente las acusaciones en su contra y dice ser víctima de una campaña de desprestigio. Hace poco, en un programa de televisión llamó a los periodistas que lo criticaban "anti italianos" y "sinvergüenzas". En la manifestación Valerio Onida, presidente emérito de la Corte Constitucional recordó una convicción democrática básica que ha estado presente en el espíritu de los asistentes a la Plaza del Pueblo: “el ciudadano no informado, o mal informado, es menos libre”

viernes, octubre 09, 2009

brillante analisis de mario bunge sobre la decadencia argentina

El inicio de la decadencia política en Argentina
Mario Bunge · · · · ·

04/10/09



Antes de que termine septiembre, no puedo olvidarme de escribir lo que se va a leer a continuación. Acostumbramos festejar las fechas faustas e ignorar las infaustas. ¿Por qué no conmemorar también los acontecimientos desgraciados? Esto podría ser más aleccionador que festejar los sucesos positivos. Por ejemplo, casi todos olvidamos el acontecimiento que comenzó la marcha atrás del país.

El golpe militar del 6 de septiembre de 1930 terminó un período de medio siglo de paz interior y progreso continuo del país en lo económico, político y cultural.

Fue también la primera vez en el continente que el fascismo levantó la cabeza; la primera en la historia del país que las Fuerzas Armadas encabezaron el poder político; la primera, desde la Semana Trágica (1919) y la represión de los obreros patagónicos (1922), que el gobierno fusiló a militantes sindicales; y también la primera vez, desde la caída de la tiranía de Rosas, que la Iglesia Católica volvió a meterse en política, esta vez con una orientación netamente fascista.
El 6 de setiembre comenzó un período de inestabilidad política que duró quince años, hasta el ascenso del peronismo al poder.

Ese fue un período en que políticos hambrientos de poder golpeaban a las puertas de los cuarteles para proponer acciones conjuntas.

Y también comenzó un período de retroceso cultural marcado por la primera “limpieza” ideológica de la Universidad y por el reemplazo de intelectuales progresistas por sus contrapartidas oscurantistas.

Yo recuerdo vívidamente ese día aciago, porque esperaba ansiosamente el regreso de mi padre, que había faltado los últimos días, aunque telefoneaba todas las noches.

Al anochecer de aquel día, mi padre me telefoneó y, con voz ronca, me dijo: “Marucho, he estado todo el día acompañando a los soldados, marchando de Campo de Mayo a Plaza de Mayo. Acabamos de derribarlo al Peludo [el presidente Hipólito Yrigoyen]. Los militares han prometido llamar a elecciones dentro de tres meses. Veremos si cumplen su palabra. No me esperen a cenar. Hasta mañana.”

Aunque yo aún estaba por cumplir once años, creía estar bastante enterado de la política criolla porque en casa no se había estado hablando sino de los desaciertos del gobierno radical: intervención a cinco provincias, censura periodística (en particular del diario popular Crítica), culto a la persona del presidente, ataques a mano armada de los matones del Clan Radical, etc.

En particular, esa semana el Clan había tiroteado a grupos de civiles en Plaza del Congreso.
George Gaylord Simpson, el gran paleontólogo de Harvard, que acababa de llegar al país para estudiar los dinosaurios fósiles de la Patagonia, fue testigo ocular de esas refriegas, como lo cuenta en sus memorias.

El Ejército instaló en la presidencia al general José Félix Uriburu, hombre adusto y de pocas ideas, todas cuarteleras y fascistas, y que ostentaba un casco con un penacho ridículo.
Su gobierno era una selección de derechistas. El más notorio de ellos fue el ministro del interior, Matías Sánchez Sorondo, a quien Crítica apodó El Enterrador.

Como cuenta Ramón Columba en sus memorias, este individuo exhibía en su casa retratos firmados y dedicados por Mussolini e Hitler. A él se debe la inauguración de la tortura como herramienta de intimidación política.

El segundo gobierno de Yrigoyen había intervenido cinco provincias; el de Uriburu intervino las catorce. Y fue mucho más extremo y original que el de su mediocre predecesor: disolvió el Congreso, decretó el estado de sitio, inventó el “fraude patriótico”, intervino las universidades, prohijó a la Legión Cívica, fusiló a siete anarquistas, prohibió la participación de la Unión Cívica Radical en las elecciones, y exilió a la Patagonia a todo el gabinete del presidente anterior. (Mi padre me llevó a visitarlos en Puerto Madryn. Solamente recuerdo al eminente e inofensivo profesor Ricardo Rojas, posando para mi cámara fotográfica, de pie en la playa, vestido con chaleco y polainas.)

La dictadura de Uriburu era demasiado radical para un pueblo que había gozado los beneficios de la democracia política desde 1916, que seguía apoyando mayoritariamente al partido radical.

Uriburu fue reemplazado por el General Agustín P. Justo, fraudulento y corrupto, pero ingeniero culto y partidario del compromiso. Curiosamente, su hijo Liborio, también ingeniero, era uno de los tres trotskistas que había en Buenos Aires en esa época. Yo lo visité en su oficina, en la que no vi sino un mueble: un tablero de dibujo sin escuadras, compases, papeles ni lápices a la vista. ¿A quién se le podía ocurrir encargarle un proyecto? La carrera política de Liborio Justo duró unos segundos: lo que tardó en gritar, en plena Cámara de Diputados de la Nación, “¡Abajo la dictadura!”.

En la Capital Federal no se sintió mucho la dictadura: siguió habiendo elecciones y siguió funcionando el Concejo Deliberante.

En las provincias fue muy diferente. En particular, la provincia de Buenos Aires fue gobernada entre 1936 y 1940 por Manuel A. Fresco, hombre ligado a los ferrocarriles ingleses, que se había vuelto partidario fervoroso del fascismo italiano.

Se lo recuerda por su estrecha relación con Alberto Barceló, el patrón de Avellaneda, donde explotaba garitos y prostíbulos. Los médicos que hicieron su internado en el Hospital Fiorito recuerdan los certificados de defunción por “paro cardíaco” que tuvieron que firmar para heridos de bala.

(Yo recuerdo a Barceló. Vino una vez a mi casa acompañado del estanciero y patrono del Partido Demócrata Nacional, o sea, conservador, don Antonio Santamarina. Le propusieron a mi padre, quien estaba por cumplir el último de sus cinco períodos legislativos, que presentara su candidatura a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. Ellos garantizaban su elección. Mi padre declinó la oferta.)

También se recuerda al gobernador Fresco por haber inventado el “voto cantado”. Sostenía que el hombre auténtico no temía declarar su convicción política: en lugar de hacer uso del voto secreto, al llegar a su mesa de escrutinio “cantaba” en voz alta sus candidatos. Otra novedad introducida por el gobierno de Fresco fue subir la edad de ingreso a la escuela primaria de seis a siete años. Cuanto más tarde se empezara a pensar y leer, tanto mejor le iría al fascismo.

El período de 1930 a 1940 se llamó la Década Infame. Yo lo extendería hasta 1945, fecha del triunfo electoral peronista. Es verdad que también hubo infamias bajo el peronismo, entre ellas el coartamiento de la libertad de prensa, la degradación de la educación en los tres niveles, la imposición de la “doctrina nacional” y la corrupción del movimiento sindical. Pero al menos, se respetó el voto e incluso se lo extendió a la mujer.

En todo caso, en 1945 el país salió de la sombra del 6 de setiembre de 1930. Fueron quince años de “fraude patriótico”, exclusión del ala avanzada (intransigente) del radicalismo, represión de las organizaciones de izquierda, y sumisión aun más servil a los intereses extranjeros, en particular británicos.

Todo eso le dio tanto asco al gran político santafesino Lisandro de la Torre que, en señal de protesta, se suicidó en pleno recinto del Senado cuando éste aprobó el pacto Roca-Runciman, que privilegiaba a los ganaderos argentinos y a los frigoríficos ingleses. (¿Se acuerdan de la diferencia de calidad entre el baby beef de exportación y el bife que nos vendía el carnicero?)
¿Cómo se explica el que demócratas como mi padre y sus amigos, entre ellos Natalio Botana, el gran periodista que había fundado y dirigido el popular vespertino democrático Crítica, participaran activamente en la preparación del golpe del 6 de setiembre, de lo que se arrepintieron oportunamente?

Creo que lo que ocurrió fue que aplicaron el más maquiavélico de los preceptos de El príncipe: “El enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Esta máxima sólo beneficia al más poderoso de los miembros de una alianza: los socios más débiles se ven forzados a seguirlo aun a costa de sus principios, con lo cual pierden su capital político y finalmente su razón de ser.

El oportunismo o utilitarismo que predicó el eminente Niccoló Machiavelli se justificaba en una época en que los partidos políticos no se distinguían por sus principios y programas sino solamente por los intereses materiales que defendían.

La emergencia de la democracia política en el siglo XIX cambió las cosas: hoy día incluso los dictadores más brutales e inescrupulosos tienen que disfrazar sus intenciones con una retórica que atraiga a gran parte de la ciudadanía.

En resumen, el 6 de setiembre nos enseña a evitar el oportunismo y, en particular, a no obrar conforme a la máxima “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”.

Mario Bunge es el más importante e internacionalmente reconocido filósofo hispanoamericano del siglo XX. Físico y filósofo de saberes enciclopédicos y permanentemente comprometido con los valores del laicismo republicano, el socialismo democrático y los derechos humanos, son memorables sus devastadoras críticas de las pretensiones pseudocientíficas de la teoría económica neoclásica ortodoxa y del psicoanálisis “charlacanista”.


Perfil, 26 septiembre.2009

martes, septiembre 22, 2009

la tasa tobin una via contra la pobreza

La Tasa Tobin
Nuevas voces a favor de un impuesto a las finanzas
21-09-2009 / El vicecanciller alemán y candidato socialdemócrata a la Cancillería, Frank-Walter Steinmeier, abogó hoy por una tasa internacional sobre las transacciones financieras globales que reduzca la especulación, propuesta que a su juicio debería discutirse esta semana en la cumbre del G20 en Pittsburgh.

La coalición de ONG ATTAC reclama un impuesto a las transacciones internacionales. El vicecanciller alemán y candidato socialdemócrata a la Cancillería, Frank-Walter Steinmeier, abogó hoy nuevamente por una tasa internacional sobre las transacciones financieras globales, propuesta que a su juicio debería discutirse esta semana en la cumbre del G20 en Pittsburgh.

Durante una rueda de prensa que abrió la recta final hacia las elecciones legislativas del próximo domingo, Steinmeier defendió esta propuesta formulada por él y el ministro de Finanzas, Peer Steinbrück, con vistas a Pittsburgh, y que la canciller, Angela Merkel, respalda en principio.

La idea planteada tiene como objetivo evitar que las especulaciones puedan provocar una nueva crisis financiera internacional.

Steinmeier insistió hoy en que de lo que se trata es que "los que originaron la crisis contribuyan a resolverla".

En un documento conjunto publicado recientemente Steinmeier y Steinbrück piden una tasa de entre el 0,01 y el 0,05 por ciento, es decir, ser lo suficientemente baja como para no frenar el movimiento internacional de capital.

Pese a tratarse de un nivel bajísimo, los ingresos globales anuales de este impuesto podrían rondar el uno por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) mundial, de acuerdo con un estudio del instituto Wifo de Viena citado por ambos ministros.

Para Alemania, esto constituiría un ingreso adicional de entre 10.000 y 20.000 millones de euros al año.

La canciller alemana, Angela Merkel, se ha mostrado abierta a esta idea, aunque, a diferencia de sus socios socialdemócratas en el Gobierno, sólo lo ve como una opción a tener en cuenta a nivel internacional.

En caso de que no se logre un acuerdo internacional, los dos ministros socialdemócratas, en cambio, proponen una medida similar a nivel nacional.

Los dos ministros son partidarios de introducir en Alemania un impuesto sobre transacciones bursátiles que únicamente gravaría operaciones realizadas a través de la Bolsa y no, como en el caso de la otra propuesta, todo tipo de negocios financieros, también los que realizan los bancos entre sí

domingo, septiembre 13, 2009

La ley de medios audiovisuales otra vez

Descubri una página muy interesante, y me identifique con su editorial (Agencia Vigia premiada por España)que quiebra un poco el monocorde discurso de radio y tv sobre los servicios audiovisuales:
Con la espada, la pluma y la palabra

Por Dante López Foresi

(Periódico EL VIGÍA)- El concepto "máquina de impedir" fue creado en Argentina. Y no es casual. La manera más simple de concebir los valores de una sociedad y de una Nación, es ejerciendo los propios valores morales que nos fueron transmitidos desde el seno familiar y juzgar la realidad a través de ese cristal. Aunque parezca lo contrario, la labor no resulta demasiado complicada. A menudo, y muy a menudo, ninguno sabe a ciencia cierta qué es lo que quiere. Vivimos en un estado de adolescencia eterna en varios sentidos.

Pregúntese a sí mismo "¿qué es lo que quiero de la vida?", y notará que enseguida comienzan a aflorar generalidades o frases hechas como "ser feliz", "sentirme realizado" o cosas por el estilo. Pero una verdadera escala de valores se construye desde la pregunta "¿qué es lo que NO quiero?". Así es como construimos desde pequeños nuestra propia filosofía de vida; sabiendo íntimamente qué cosas jamás aceptaríamos ser o hacer. Los hombres y mujeres que acceden a puestos de poder esgrimiendo como emblemas sus decencias y al poco tiempo se corrompen, parecen ser almas débiles que jamás se hicieron aquella pregunta fundacional. Jamás lograron "hacer carne" la convicción de que nunca aceptarían una coima. Por eso, ante el primer sobre con dinero, sucumben.

Y estilo argentino de vida social, convengamos, no ayuda demasiado a la decencia. Cuando alguien se enriquece con dinero mal habido, los argentinos solemos exclamar ¡¡qué bien la hizo!! Si, definimos al robo con un elogio. Todo lo dicho parece destinado sólo al ámbito individual. Pero de individualidades vinculadas se compone una sociedad. Para construir una Nación digna, hay momentos históricos en los cuales debemos preguntarnos y respondernos inequívocamente qué cosas NO queremos. El actual, es uno de ellos.

Como pueblo, no aceptamos bajo ningún punto de vista el autoritarismo, pues ya debimos padecerlo dolorosamente. Y hasta confundimos autoritarismo con soberbia, cuando ocupan dos territorios distintos; uno el público y la segunda el personal. Confundiendo. Es así como el discurso mediático monopólico logró destruir imágenes de políticos (y de Presidentes) a lo largo de nuestra historia. Somos, como sociedad, una presa fácil para operaciones de prensa o campañas sucias de cualquier índole. Por eso nos cuesta una enormidad reconocer el verdadero poder que se esconde detrás de un estilo de titular noticias y aceptamos como “independientes” a quienes sólo dicen serlo y gesticulan adustamente.

Quizás porque nos faltó la convicción fundacional que se definiría con una frase más o menos así: “ NO quiero que me mientan descaradamente y me tomen por imbécil”. Somos una sociedad ideal para actuar como cobayos y que nos lleven de las narices donde los intereses monopólicos y privilegiados estén a salvo. Lo invito a hacer un ejercicio simple bajo el razonamiento eje de lo que definitivamente NO queremos, a ver si de esta manera nos resulta más sencillo comprender la realidad (NUESTRA realidad, porque la realidad es nuestra y no del gobierno, del Indec o de Clarín) y tomar partido sin temor a equivocarnos.

Planteemos entonces el ejercicio propuesto: ¿Queremos que los medios que nos informan estén en manos de unas pocas personas? ¿Queremos que el 76,6% de las licencias de radio y TV estén en esas mismas pocas manos? ¿Queremos que a nuestros Presidentes los elijan y los destituyan esos mismos privilegiados? ¿Queremos que nos hagan comenzar el día angustiados y terminarlo tratándonos como idiotas? ¿Queremos ser parte de un procedimiento tras otro de manipulación de nuestras sensaciones y opiniones, vengan de donde provengan?

Si Usted no es sado masoquista o su autoestima no está bajo el nivel del mar, seguramente la respuesta a estas preguntas siempre habrá sido la misma: NO. Si es así, vale preguntarse ¿por qué hay quienes están en contra de debatir una nueva Ley de Medios que acabe con el poder real de los monopolios que somete y condiciona al poder popular de las urnas desde hace décadas? Personalmente tengo mis reparos en varios puntos del proyecto presentado por el gobierno, como la participación de las telefónicas en el negocio de las comunicaciones y algunos otros. Pero son temas que merecen ser debatidos.

Dicen que el gobierno quiere aprobar la Ley de inmediato porque Néstor Kirchner, después de privilegiarlos por temor durante su mandato, ahora está enojado con Clarín ¿Y por ese detalle hasta anecdótico vamos a privarnos de una Ley que merecemos? ¿Es tan importante el enojo de Néstor Kirchner como para obnubilarnos? Kirchner pasará. Pero las nuevas reglas de juego para una comunicación abierta y democrática serán permanentes ¿Realmente es necesario aclarar esta obviedad?

También dicen que la Ley es para controlar medios y no para democratizar la comunicación. Saber quién lo dice, define la verosimilitud o no de la frase. Eso lo dice…Clarín. Otros argumentan que esta ley debiera tratarla el nuevo Congreso que quedará conformado el 10 de diciembre ¿Cerramos el Congreso hasta esa fecha entonces porque cualquier cosa que allí se apruebe no es legítima? Y, en todo caso, luego de esa fecha emblemática se podrán introducir las modificaciones que a la oposición se le antojen, si es que obtiene la mayoría en cada caso. Entonces, ¿por qué vamos a privarnos como sociedad de modificar NUESTRA realidad de inmediato incinerando un decreto ley de la dictadura y reemplazándolo por una ley votada por hombres y mujeres electos por nosotros y no por un contubernio entre la señora de Noble y cuatro o cinco militares de turno?

No queremos llegar a sospechar que los monopolios tienen compradas las voluntades de los que serán nuevos legisladores, a cambio de los favores recibidos en la última campaña electoral. Deseamos pensar de manera positiva, pero por no ser imbéciles, nos cuesta un poco.

Uno entiende a la otra parte. Es de buena gente hacerlo. Si cuando en nuestra propia casa se nos abalanzan gastos crecientes y los ingresos son cada vez menores entramos en estado de desesperación, imagínese al pobre Grupo Clarín, que le debe 130 millones de pesos a la AFIP (otra vez se prueba que quienes pagan sus impuestos siempre son los que menos tienen), le quitaron el monopolio del fútbol causándole una pérdida multimillonaria en dólares y ahora le están por aprobar una
Ley de Servicios Audiovisuales que lo privaría del 76,6% de las licencias que posee actualmente. Una enormidad.

Es por eso que hoy Crónica TV parece Discovery Channel al lado de TN, cuando de sensacionalismo hablamos. Y una revista de chimentos de barrio parece Don Quijote de la Mancha en comparación con las tapas del “gran diario argentino” de los últimos días.

Políticos opositores aprovechan la ocasión para poblar cada semana los estudios de televisión a los cuáles nunca habían sido invitados y atienden gustosos los llamados que los despiertan a las seis de la mañana desde una radio que jamás los había entrevistado. Y esa alianza de mezquindades mediocres de unos y lucha por el privilegio de otros, amenaza con hacernos perder otra oportunidad de terminar con esta ley obsoleta y leonina de la dictadura. Antes, fue por el pánico de los políticos a las represalias del poder mediático monopólico. Ahora, para conseguir un rato más de cámara y que Clarín ocupe el lugar opositor que la mayoría de los dirigentes no sabe ejercer por falta de ideas.

A esos políticos les decimos que no se preocupen. Cuando existan nuevas reglas de juego, desde EL VIGÍA nos comprometemos a darles espacio. Y como nosotros, miles de nuevos medios y periodistas que hoy están fuera de juego por culpa del monopolio y del decreto ley y los ex presidentes que lo parieron y alimentaron. Nosotros somos ecuánimes. No somos como Clarín. Simplemente porque alguna vez, cuando abrazamos este oficio, no sabíamos a ciencia cierta lo que queríamos, pero estábamos convencidos de lo que no queríamos ser. Y nos gusta decirlo en voz alta: jamás seremos mercenarios de la pluma y la palabra.

viernes, septiembre 11, 2009

sistemas de salud

Aqui va un articulo publicado en La Nacion sobre la conflictiva propuesta de Obama, y la repercusion negativa en muchos grupos de interes alentados por los medios de difusion que hacen su juego y tambien defienden intereses corporativos, a que recuerda? si parece Argentina no?
LOS ENFERMOS SON PACIENTES, NO CLIENTES. OPINA MARIO BUNGE
LA PRINCIPAL NOTICIA DEL DÍA EN ESTADOS UNIDOS ES LA AGITADA CAMPAÑA SOBRE LA REFORMA DEL RÉGIMEN DE ASISTENCIA MÉDICA. ESTA CAMPAÑA SE HA TORNADO TAN VIOLENTA Y PONZOÑOSA, QUE AMENAZA CON DIVIDIR AL PAÍS DE MANERA MÁS PROFUNDA QUE LAS GUERRAS DEL EX PRESIDENTE BUSH.
La principal noticia del día en Estados Unidos es la agitada campaña sobre la reforma del régimen de asistencia médica. Esta campaña se ha tornado tan violenta y ponzoñosa, que amenaza con dividir al país de manera más profunda que las guerras del ex presidente Bush.

Muchos creen que Obama malgasta en esta campaña su capital político, al aumentar la hostilidad de los republicanos, no lograr persuadir a los escépticos y decepcionar a sus propios partidarios. Echémosle un breve vistazo filosófico.

La salud puede considerarse como un derecho en pie de igualdad con los derechos a la seguridad, la jubilación, la educación y el voto, o como un privilegio, a semejanza de la propiedad privada y la vacación paga. Si la salud es vista como un derecho humano, su cuidado será una carga pública y, por lo tanto, un deber del Estado. En cambio, si la salud es vista como una prerrogativa, el ejercicio de la medicina pertenecerá al sector privado.

En otras palabras, el enfermo puede ser considerado como paciente o como cliente. En el primer caso será atendido como cualquier hijo de vecino; en el segundo, será atendido solamente en la medida en que pueda pagar.

El ingreso de un enfermo en un centro médico privado se parece al ingreso de los antiguos egipcios a la inmortalidad: estaba reservado a quienes podían pagar al embalsamador. Mientras los ricos compraban una segunda vida, los pobres morían definitivamente. En tiempos modernos pasa algo parecido, en menor escala: las estadísticas muestran que los ricos viven varios años más que los pobres. Por ejemplo, el europeo occidental puede esperar vivir el doble que el habitante de Afganistán, Mozambique o Sierra Leona.

La disyuntiva público-privado en el terreno de la salud es tanto moral como política, de modo que pertenece a la filosofía política. Los liberales tradicionales coinciden con los socialistas en que el Estado es responsable, al menos en parte, de la salud de los ciudadanos.

En cambio, los neoliberales (o neoconservadores) sostienen que la asistencia médica es una actividad privada y de organizaciones caritativas.

El nuevo gobierno de los EE.UU. ha propuesto reformar la asistencia médica norteamericana, en vista de que es la más costosa del mundo, no es accesible a todos, y se estima que en calidad ocupa el puesto 37 en el mundo. Los norteamericanos gastan en salud el 15% del PIB, en tanto que los canadienses y uruguayos gastan el 10%, los argentinos el 9%, los cubanos el 7% y los mexicanos el 6%. (Estos datos fueron tomados del informe de 2006 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo).

La reforma propuesta por el presidente Obama no es precisamente revolucionaria, ya que no estatiza la atención médica ni el seguro de salud. En este sentido, es mucho menos generosa y radical que el proyecto de seguro nacional de salud que, en 1936, presentara al Congreso argentino el diputado nacional Augusto Bunge, mi padre. El consideraba que la salud es un derecho, y que la mejor manera de administrar la asistencia médica pública es mediante la mutualidad o el seguro, ya que estos distribuyen las cargas en forma equitativa: hoy por ti, mañana por mí.

Tampoco es novedosa la iniciativa del presidente Obama, ya que se parece a las propuestas anteriores del senador Ted Kennedy y de Hillary Clinton (cuando intentaba mejorar su propio país, en lugar de dar consejos no solicitados a gobiernos extranjeros). Además, Canadá, Cuba y casi todas las naciones de Europa occidental gozan ya desde hace décadas de sistemas de asistencia médica más incluyentes, menos costosos y más eficaces que el considerado por el presidente Obama.

En particular, el sistema canadiense, llamado Medicare, atiende gratuitamente a todos los residentes del país, aun sin ser ciudadanos. El resultado es que la esperanza de vida de los canadienses en 2006 era de 80 años, dos menos que en Japón; de 77, la de los norteamericanos y cubanos, y de 74, la de los argentinos y uruguayos. (Ojo: la esperanza de vida depende no sólo de la asistencia médica, sino también, y en mayor medida, del ingreso, la desigualdad de ingresos, y el nivel de educación.)

¿Cómo funciona el Medicare canadiense? He aquí cómo lo veo yo desde hace cuatro décadas. Yo he elegido a mi internista y mis especialistas, y cuando me atienden no me cobran a mí, sino al gobierno de mi provincia. Este les retribuye conforme a una tarifa que depende del tipo de tratamiento: tanto por un examen de rutina, cuanto por una operación de apendicitis, etc. (Mi hijo canadiense nos costó 1000 dólares; mi hija, nacida al amparo de Medicare, salió gratis) Yo no pago directamente por estos servicios: ellos son sufragados por el impuesto provincial a la renta.

Yo nunca hablo de precios con mis médicos. En cambio, los norteamericanos no pueden dejar de mencionarlos y negociarlos, ya que las compañías de seguros médicos no se hacen cargo de todos los procedimientos que puede requerir un tratamiento. Recientemente, el economista Paul Krugman, de la Universidad de Princeton, acusó a las empresas norteamericanas de salud por invertir un gran porcentaje de sus presupuestos en estudiar la manera de privar a sus asegurados de la mayor cantidad posible de servicios médicos, actividad que él considera antisocial.

Proporcionalmente a su población, Canadá atiende a más pacientes y durante más horas que los EE.UU., pero gasta un 40 por ciento menos. Uno de los motivos del menor costo es que el papeleo médico canadiense es mucho menos voluminoso que el norteamericano. Por ejemplo, en Canadá hay un solo formulario, el provincial, para recabar el pago por servicios profesionales prestados, mientras que en los EE.UU. hay centenares de formularios: tantos como compañías de seguros. A los médicos canadienses se les hacen reembolsos electrónicamente por medio de un solo agente: su gobierno provincial. Así se minimizan las confusiones y las disputas. Además, los funcionarios provinciales de salud pública tienen interés en contener los aumentos de costos, porque compiten por fondos con sus colegas de los ministerios de educación, obras públicas, etc. Sobre todo, nadie se ve obligado a hipotecar o vender su casa para pagar cuentas médicas.

El régimen canadiense es bueno, pero no es perfecto. Un ejemplo: dado que la asistencia médica es gratuita, la gente ya usa y abusa con mayor frecuencia que en los EE.UU. y, por consiguiente, las listas de espera suelen ser largas y los médicos canadienses están sobrecargados de trabajo. Otro ejemplo: los psicoanalistas que hacen terapia de grupo suelen cobrar por cada paciente. Tercero: los gobiernos provinciales se quejan de que el gobierno federal no contribuye suficientemente a su presupuesto de salud pública.

Pero éstos no son sino lunares. El filósofo político sabe que no hay ni puede haber organización social sin problemas, cuando se trata de compartir recursos escasos como son el tiempo, el dinero, la inteligencia y la buena voluntad. Pero volvamos al Estado más poderoso del mundo, que puede dominar cualquier nación, pero no puede o no quiere mantener saludables a todos sus ciudadanos.

Pese a sus méritos, la iniciativa del presidente Obama es torpedeada por los mercaderes de la salud: las grandes clínicas privadas y las compañías de seguros, sus voceros mediáticos y políticos, y la complicidad de la Asociación Médica Norteamericana. Al respecto, esta sociedad profesional se ha opuesto siempre a su homóloga británica, la que apoyó desde su comienzo la socialización de la medicina, llevada a cabo por el primer gobierno laborista de posguerra.

El presidente Obama instó a los médicos a cambiar de actitud. Fue en vano: don Dinero es más elocuente que Hipócrates. Obama también acudió a los dirigentes religiosos, pero por ahora sin resultado, tal vez porque deben consultar con su jefe máximo.

El debate no ha terminado, y es emponzoñado por agitadores que mienten a gritos, a tal punto de tergiversar la verdad sobre el ejemplar régimen canadiense de salud pública, y de acusar al presidente Obama de ser nazi (o bien comunista) y de promover la eutanasia y el aborto. Algunos asistentes a estos debates públicos van fuertemente armados, lo que hace temer por la vida del presidente. Pero al menos se ha abierto el debate público sobre un asunto público de tanta importancia como la seguridad y el empleo. Y ésta es una novedad muy positiva en cualquier país.

Cuando miran los telenoticiosos, casi todos los canadienses se felicitan de habitar un país que, aunque menos rico y poderoso que el vecino, es más civilizado, por gozar de asistencia médica gratuita y por no gozar de la libertad de circular armados.

Por Mario Bunge
Fuente: La Nación
Más información: www.lanacion.com

jueves, septiembre 03, 2009

sobre la ley de medios audiovisuales

“Figuras políticas incrustadas en los medios o mas bien en complejos ensamblajes financieros económicos políticos, en relación jerárquica opaca y sin que se trasluzca quien maneja a quien.” Esa es la visión tristísimo que dan los legisladores de la oposición (no todos,) en la defensa de una ley obsoleta y antidemocrática.-
Ver el rostro descompuesto, desaforado y agresivo del Dr. Aguad denostando la ley en TN frente al Sr. Gustavo López, abonando los pobres dichos de los seudo periodistas Bonelli y Silvestre, le habrá parecido al citado Aguad que cumplía una misión, pero a mi humilde modo de ver revela una actitud absolutamente irracional por el odio revelado y lo falaz de sus conceptos ya que revelo no haber leído la ley, y aun así la condenaba.
Ver ese programa me preocupo, no sabiendo bien a quienes responden, lo que es evidente, es el odio irracional y casi suicida hacia el gobierno nacional, pasiones malsanas que son responsables de nuestra historia mas trágica.-
En el caso del proyecto de ley de Medios Audiovisuales acusan desconocerlo, y sin embargo es un proyecto que es de publico y notorio recorrió el país en los foros, que fueron abiertos, que fueron públicos, a los que yo misma simple abogada, ciudadana concurrí en La Plata en el Teatro Argentino, y vi. exponer a expertos, ciudadanos, ONG, grupos sociales sin ninguna cortapisa. Asistí a ver como se sugerían textos modificatorios del texto original. Luego seguí el ritmo que llevaban los otros foros en distintas provincias a través de Internet, y pude apreciar como se iba enriqueciendo el texto.-
Ahora asisto azorada, como los legisladores que tradicionalmente desde 1983 criticaron la ley e incluso algunos tienen proyectos en el mismo sentido, se desconocen a si mismos e incluso parece que hubieran estado viviendo en otro país ya que dicen desconocer que hubo foros.
Es así que legisladores de la oposición siguen sorprendiendo. Advierten la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.
Los veo revueltos, irracionales, tratando de sobresalir en las cámaras como niños en un cumpleaños. Van pidiendo cámara para escandalizar, porque les han dicho que lo que no esta en la televisión no existe.

sábado, agosto 22, 2009

Nos parecemos... un articulo de Perez Reverte

Conoci a Miguel de Molina alrededor de mis 7 anos en el Teatro Coliseo de La Plata, no sab'ia en ese entonces de la razon de su estancia en nuestro pais, solo era un cantante y bailarin espanol de los admirados por mi padre, nostalgico de la tierra de sus abuelos a la que nunca conoceria salvo a traves de la musica. Tengo aun la vision casi magica de su figura espigada banada por la luz azulada y brillante de los reflectores en el escenario, y tambien resuena en mis oidos La Bien paga. Hoy acabo de leer un articulo de Arturo Perez Reverte sobre Miguel de Molina y Espana. Sobre su arte y sobre el odio irracional de los vencedores de la Espana Republicana que aparece tan bien retratado en la pelicula Las cosas de querer. El texto creo que merece analizarse, pues esa Espa;a fanatizada y dividida, atravesada por el odio irracional que describe Perez Reverte, lamentablemente me hace acordar mucho a mi Argentina no solo la actual sino tambien la que he vivido dolorosamente casi diria desde mi infancia, con controversias insolubles y vergonzantes, llena de prejuicios y traiciones, donde con alternancias se impusieron pensamientos unicos y acriticos, que sellaban labios e impedian reflexiones.

Aqui va...






PATENTE DE CORSO
Ese rojo maricón
ARTURO PÉREZ-REVERTE | XLSemanal | 20 de Abril de 2009



Ayer vi de nuevo Las cosas del querer, de Jaime Chávarri, cuyo estreno me entusiasmó hace veinte años. Al poner el deuvedé temía que la película hubiera envejecido mal; pero lo cierto es que disfruté mucho. Las canciones son deliciosas, la historia está admirablemente contada, Ángela Molina sigue extraordinaria y guapísima, Ángel de Andrés Pérez borda su papel de pianista bruto y tierno, y Manuel Bandera está soberbio interpretando el personaje de Mario, inspirado sin rodeos en el inmenso, entrañable Miguel de Molina. Y como las cosas encajan unas con otras de manera misteriosa, hoy abro el periódico y me entero de que en Madrid hay una exposición, abierta hasta mayo, titulada: Miguel de Molina. Arte y provocación. No he ido a verla todavía, porque quiero escribir esta página con la película recién vista. En caliente. Para agradecer a Jaime Chávarri que hiciera lo que hizo, y para recordar a Miguel de Molina. Y no es un recuerdo cualquiera. Ni casual. Se lo dice a ustedes alguien que, cada vez que viaja por carretera, lleva puestos en el cedé del coche Ojos verdes, Don Triquitraque y La bien pagá. Entre muchas otras.

La historia de Miguel de Molina es tan española, tan de aquí, que duele con sólo teclearla. Una historia de talento roto, quebrada y trágica como la de aquella generación partida por la guerra civil, maltratada por un bando vencedor que demostró, en sus infames representantes, una falta absoluta de compasión y de decencia. Miguel de Molina era el artista más notable de su tiempo, y con él se ensañaron los nuevos amos de España, poniendo en ello toda la chulería arrogante, despiadada, de quienes se sabían impunes y poderosos. Al chiquillo que había empezado fregando el burdel de María la Limpia en Algeciras, al artista original y personalísimo que arrasaba en tablaos y escenarios, que nada tuvo que ver con la política, no le bastaba, para el favor de la nueva gentuza –la que arrebató el poder a la anterior gentuza–, haber sido obligado a echar flores desde una tribuna y saludar brazo en alto el desfile de los vencedores, junto a Jacinto Benavente y otros artistas. Tenía, además, que trabajar para empresarios que le pagaban tres veces menos de lo que había cobrado durante la República. Purgar así haber animado con su arte a los soldados rojos en los hospitales de guerra, lo mismo que habría animado a los nacionales de haber caído al otro lado. Era la España eterna, de siempre: conmigo o contra mí. El caso es que Miguel de Molina se negó a renovar un contrato, y lo pagó muy caro. Al terminar una función, tres individuos que se identificaron como policías –uno de ellos, el conde de Mayalde, sería luego alcalde de Madrid– lo llevaron a un descampado, lo forzaron a beber aceite de ricino y le dieron una paliza, arrancándole el pelo y algún diente. Y mientras el infeliz preguntaba por qué le pegaban, los otros respondían: «Por rojo y maricón».

Y luego, el exilio. Al artista enorme, ídolo de las radios y los escenarios, que había visto y oído nacer Ojos verdes en un café de Barcelona una noche de conversación entre él, Rafael de León y Federico García Lorca, le negaron los permisos para actuar, persiguiéndolo con saña allí por donde iba. La mano del franquismo era larga, entonces. Después de triunfar en Argentina, presiones de la embajada española lo forzaron a irse a México, donde también se le hizo la vida imposible –Jorge Negrete y Cantinflas lo putearon con muchas ganas– y terminó regresando a la Argentina de Perón. Allí escribió un poema –Cuando te duela España– que más o menos empieza diciendo: «Esquiva los cuchillos / de los recuerdos», y termina: «Que el pan es uno solo / en cualquier tierra». Y no volvió, claro. Regresó más tarde a España un par de veces, temporalmente –los periódicos lo machacaron a gusto por homosexual y republicano–, pero en realidad no volvió nunca. Se quedó allá, en Argentina, negándose durante mucho tiempo a ser entrevistado. Sin querer saber nada de su patria ni de los periodistas –yo fui uno de ellos, en 1978– que llamaron a su puerta. Cuando en el año 92, cincuenta y dos después de echarlo a palos, España le concedió la Orden de Isabel la Católica, a él ya le daba igual. Estaba fuera de plazo, y así lo dijo: «Esa reparación me llega demasiado tarde». Murió a los pocos meses, a punto de cumplir los 85 años, y está enterrado en Buenos Aires, en el cementerio de la Chacarita. Málaga reclamó sus restos el año pasado, pero yo creo que ni Málaga ni España lo merecen. A buenas horas, mangas verdes, habría dicho él. Mejor que lo dejen en paz donde está. Allí donde lo confinamos a palos, entre todos. Donde pudo quedarse. Nada resume mejor su vida que La bien pagá, aquella copla con la que una vez triunfó en los escenarios: «Ná te pido, ná te debo / me voy de tu vera, olvídame ya». Miguel de Molina, como tantos. Como siempre. La puerca España.

domingo, agosto 16, 2009

reportaje al Juez de la Corte R.Zaffaroni sobre minoridad e inseguridad

http://cij.gov.ar/nota-276-Zaffaroni---No-hay-una-red-estatal-que-contenga-a-los-menores-.html

globalizacion y democracia

La democracia y el pueblo
Eric Hobsbawm · · · · ·

30/11/08


Gracias a los medios de comunicación de masas, la opinión pública es más poderosa que nunca, lo cual explica el constante incremento de las profesiones que se especializan en influenciarla. Lo que es menos conocido es el vínculo crucial entre los medios políticos y la acción directa: una acción desde la base que repercute directamente en quienes toman las decisiones, eludiendo los mecanismos intermedios de los gobiernos representativos. Ello resulta más evidente en los asuntos transnacionales, en los que no existen esos mecanismos intermedios. Todos estamos familiarizados con lo que se ha denominado "efecto CNN" : la políticamente poderosa, pero completamente desestructurada sensación de que "algo debe hacerse" respecto del Kurdistán, Timor Oriental u otra zona en conflicto. Más recientemente, las manifestaciones en Praga y Seattle han mostrado la efectividad de la acción directa bien dirigida por pequeños grupos conscientes del poder de las cámaras, incluso contra organizaciones que fueron diseñadas para ser inmunes a los procesos políticos democráticos, como el FMI y el Banco Mundial.

Todo esto enfrenta a la democracia de impronta liberal con el que quizás sea su problema más serio e inmediato. En un mundo crecientemente globalizado y transnacional, los gobiernos nacionales coexisten con poderes que tienen tanto impacto como ellos en la vida diaria de sus ciudadanos, pero que están más allá de su control. Los gobiernos ni siquiera tienen la opción política de abdicar ante tales fuerzas que escapan a su radio de acción. Cuando los precios del petróleo aumentan, existe la convicción en los ciudadanos, incluso en los ejecutivos de las empresas, de que el gobierno puede y debe hacer algo al respecto, aun en países como Italia, en donde poco o nada se espera del Estado, o como Estados Unidos, en donde muchas personas no creen en el Estado.

¿Pero qué podrían hacer los gobiernos? Más que en el pasado, están bajo la presión creciente de una opinión pública continuamente controlada. Ello restringe sus opciones. Pero los gobiernos no pueden dejar de gobernar. Además, se ven alentados por sus expertos en relaciones públicas para que se muestren gobernando constantemente, y esto, como ha mostrado la historia británica del siglo XX, implica multiplicar gestos, anuncios, y a veces, hasta leyes innecesarias. Y las autoridades públicas de hoy se ven constantemente enfrentando decisiones sobre intereses comunes, que son de índole tanto técnica como política. Aquí, los votos democráticos (o las elecciones de los consumidores en el mercado) no son en absoluto una guía. Las consecuencias ambientales del crecimiento ilimitado del tráfico a motor, y las mejores formas de lidiar con ellas no pueden ser descubiertas simplemente por un referendo. Además, estas formas pueden resultar impopulares, y en una democracia, es poco inteligente decirle al electorado lo que no quiere oír. ¿Cómo pueden organizarse racionalmente las finanzas públicas, si los gobiernos se han autoconvencido de que cualquier propuesta para aumentar los impuestos conduce a un suicidio electoral, cuando en las campañas electorales se compite por bajar impuestos y los presupuestos gubernamentales se ejercitan en el oscurantismo fiscal?

En resumen, la "voluntad del pueblo", o como quiera llamársela, no puede determinar las tareas específicas de gobierno. Como apropiadamente observaron Sidney y Beatrice Webb respecto de los sindicatos, la "voluntad del pueblo" no puede juzgar proyectos, sólo resultados. Es inconmensurablemente mejor votando en contra que a favor. Cuando consigue uno de sus principales triunfos negativos, como derrocar los regímenes corruptos de 50 años de posguerra en Italia y Japón, es incapaz por sí misma de ofrecer una alternativa.

Y aun así, el gobierno es para la gente. Sus efectos son juzgados por lo que afecta a la gente. Por más desinformada, ignorante o aun estúpida que sea la "voluntad del pueblo", y por muy inadecuados que sean los métodos para descubrirla, es indispensable. ¿De qué otra forma podríamos definir la manera en que las soluciones técnico-políticas, por más expertas y técnicamente satisfactorias que sean en otros aspectos, afectan a las vidas de los seres humanos concretos? Los sistemas soviéticos fallaron porque no existió una retroalimentación de información entre aquellos que tomaban las decisiones "en nombre del interés del pueblo" y aquellos a quienes se imponían esas decisiones. La globalización del laissez-faire de los últimos 20 años ha incurrido en el mismo error.

La solución ideal ahora está menos que nunca al alcance de los gobiernos. Es la solución a la que recurrían en el pasado los médicos y los pilotos, y a la que sigue tratando de recurrir una parte crecientemente desconfiada del mundo: la convicción popular de que nosotros y ellos compartimos los mismos intereses. Nosotros [el pueblo] no le dijimos [al gobierno] cómo debe servirnos –carentes de pericia, no podríamos—, pero hasta que algo salga verdaderamente mal, le brindamos nuestra confianza. Pocos gobiernos (para distinguirlos de regímenes políticos) disfrutan actualmente de esta fundamental confianza a priori. En las democracias de impronta liberal, los gobiernos raramente representan la mayoría de votos, ni qué decir del electorado. Los partidos de masas y organizaciones, que alguna vez otorgaron a "sus" gobiernos confianza y apoyo constante, se han desmoronado. En los omnipresentes medios de comunicación, los directores, entre las bambalinas, y arrogándose una idoneidad competitiva con la del gobierno, no dejan de comentar críticamente los desempeños gubernamentales.

De modo que la solución más conveniente, a veces la única, para los gobiernos democráticos, es mantener el mayor número posible de decisiones fuera del alcance de la opinión pública y de la política, o al menos, dejar de lado los procesos de característicos del gobierno representativo. Muchas decisiones políticas serán negociadas y decididas detrás de escena. Lo que incrementará la desconfianza ciudadana en los gobiernos y la mala opinión pública sobre los políticos.

¿Entonces, cuál es el futuro de la democracia de impronta liberal en esta situación? Con la excepción de la teocracia islámica, en principio ningún movimiento político poderoso desafía esta forma de gobierno. La segunda mitad del siglo XX fue la edad dorada de las dictaduras militares. El siglo XXI no parece demasiado favorable a ellas –ninguno de los estados ex comunistas ha elegido seguir por esa vía—, y casi todos esos regímenes militares carecen del cabal coraje de la convicción antidemocrática: se limitan a proclamarse salvadores de la Constitución hasta el día (sin especificar) del retorno del gobierno civil.

Ello es que, cualquiera que haya sido su apariencia antes de los terremotos económicos de 1997-98, ahora resulta evidente que la utopía de un mercado global de laissez-faire y sin Estado no llegará. La mayoría de la población mundial, y ciertamente aquella bajo regímenes democrático-liberales que merecen tal denominación, continuarán viviendo en estados operativamente efectivos, aun a despecho de que en algunas -y poco felices- regiones el poder y la administración estatal se hayan desintegrado virtualmente. La política continuará. Las elecciones democráticas perdurarán.

En resumen, deberemos enfrentar los problemas del siglo XXI con un conjunto de mecanismos políticos espectacularmente inapropiados para lidiar con esos problemas. Se trata de mecanismos que están, en efecto, confinados dentro de las fronteras de unos estados nacionales enfrentados a un mundo interconectado, fuera del alcance de sus operaciones. Aún no está clara la longitud de su radio de acción dentro del vasto y heterogéneo territorio que posee una estructura política común como la Unión Europea. Se enfrentan a y compiten en el marco de una economía globalizada que opera a través de unas unidades harto heterogéneas y para las cuales son irrelevantes la legitimidad política y el interés común, a saber: las corporaciones transnacionales. Sobre todo, se enfrentan a una era en la que el impacto de las acciones humanas sobre la naturaleza y el planeta se ha convertido en una fuerza de proporciones geológicas. La solución, o aun la mera mitigación, precisará de medidas para las cuales, casi con certeza, ningún apoyo podrá encontrarse contando votos o midiendo las preferencias de los consumidores. Esto no mejorará las perspectivas a largo plazo de ninguna democracia en el mundo.

Encaramos el tercer milenio como el irlandés apócrifo que, preguntado por la mejor manera de llegar a Ballynahinch, y tras una breve pausa reflexiva, espetó: "si yo fuera usted, no partiría de aquí".

Pero aquí estamos, y de aquí partimos.

Eric Hobsbawm es el decano de la historiografía marxista británica. Uno de sus últimos libros es un volumen de memorias autobiográficas: Años interesantes, Barcelona, Critica, 2003.

viernes, agosto 14, 2009

capusoto , aire fresco

Diego Capusotto
“El humor es jugar a otro mundo que te divierte más”

Foto: Sur.
08-08-2009 / Entrevista en serio al actor multipremiado, próximo al lanzamiento de la nueva temporada de Peter Capusotto y sus videos. Habló sobre sus programas, el kirchnerismo, De Narvaéz y el panorama de la actualidad argentina.
Por Felipe Deslarmes y Diego Vidal
cultura@miradasalsur.com

El lugar elegido para la entrevista: uno de los bares que sobreviven en Barracas. Capusotto llega antes y espera a los cronistas de Miradas al Sur mientras lee Sueños Compartidos, la nueva revista que lanzó esta semana la Fundación Madres de Plaza de Mayo, y que lo tiene a él en tapa.
Este actor, que después de haber trabajado de cadete en una fábrica de corpiños, de haber vendido repuestos de automóviles y de pasar por una miniimprenta de su padre, a los 25 se puso a estudiar teatro y fue parte de los programas que revolucionaron la forma de ver el humor en Argentina: De la cabeza, Cha Cha Chá, Todo por $2 y Peter Capusotto y sus Videos, además de haber participado en proyectos artísticos jugados como Sol Negro. Y desde hace unos meses y hasta fines de agosto, conduce el programa radial Lucy en el cielo con Capusottos (sábados y domingos a las 20 por FM Rock&Pop).

–¿Vuelve Peter Capusotto y sus videos?

–Vuelve el 31 de agosto. En esta nueva temporada metimos más personajes y sacamos algunos que ya cumplieron su ciclo.

–¿Como cuáles?

- Beto Quantró, Kennedy, no sé si algo como Crema va a seguir estando o si ya fue... Algunos todavía los estamos viendo.

–¿Qué hay de los nuevos?

–Mucho no me gusta hablar de los nuevos porque queremos que el espectador se siente a verlos y se sorprenda con algo que no conoce. Igual les adelanto uno: un grupo de rock que canta canciones contra Maradona.

–¿Por qué hay secciones o personajes que se comen tus programas?

–Con ¿Hasta cuándo? pasa que está anclado en una cuestión que nos atraviesa permanentemente. Es una especie de radiografía de las voces que permanentemente estamos escuchando, como si fuese realmente lo que está pasando. Si tenés miedo te defendés con lo peor. La paranoia te lleva un poco a esto. Una cuestión que también conviene al Poder, porque cuanto más caos parezca, más pueden accionar ellos. Además, en ¿Hasta cuándo? no sólo hay una especie de crítica a la exacerbación de la crisis, a la construcción ficcional de la realidad agregándole más mierda de la que hay, sino que también aborda el cómo influyen los medios para que la gente tenga un discurso que no le es propio. Por eso cualquiera le dice montonero a cualquiera. Por eso “montonero Macri, montonero Cobos”, porque montonero pasó a ser una palabra estigmatizada que obviamente está en relación con el Gobierno. Esa cosa pueril de la derecha infantil, que a su vez también acusa a la izquierda de ser pueril. Esa idea de que nosotros nos vamos a convertir en Venezuela a mí me hace reír mucho... En la medida en que lo que nosotros hacemos circule y haga reflexionar, sirve.

–¿Te parece que desde los grandes medios se promueve esto de no pensar?

–Sí, seguramente. Hay como un repiqueteo, como un martillo que golpetea desde la mañana. Pero eso forma parte también de una posición política que lo reflejó claramente (Eduardo) Buzzi, cuando dijo que “estamos en una política de desgaste”. Lo que pasa es que todo el mundo se olvidó de eso, porque obviamente los medios que más se ven no han recalcado mucho lo que dijo Buzzi, y seguramente al otro día le dijeron “callate la boca”.

–Biolcati dijo algo peor…

–Lo que pasa es que Biolcati ya es obsceno. En esta realidad, él es una persona que puede aparecer y tener la obscenidad de decir “bueno... ahora aparecemos y hacemos política”, como si nunca la hubiesen hecho. “Ya no somos más mansitos”, eso también repercute en la sociedad y muchos dirán “claro, se levantó la Sociedad Rural, ¡muy bien!”, como si la Sociedad Rural hubiera sido algo indefenso tratando de hacer posible algo social. Lo de Biolcati con Grondona, como dos bataclanas del Jockey Club hablando... Es la personificación de lo que en humor serían dos conchetos diciendo “vos viste cómo son los negros...”. ¡Es lo mismo! O Llambías diciendo que reivindicaba a Martínez de Hoz...

–¿Cómo viviste el resultado de las elecciones?

–Que la derecha gane en Capital no me sorprende, aunque de todas maneras perdió 14 puntos. Y creo que Solanas hace una gran elección pero muchos de los votos de Solanas son volátiles, no son todos de gente progre o de la izquierda peronista que dijeron “¡Ahora, Solanas!”. Después aparecen las construcciones publicitarias, las que te venden un candidato como a un electrodoméstico, como De Narváez. Habrá que ver cómo hará el PJ para pararlo a Cobos porque ahora que volvió al radicalismo, la Unión Cívica Radical volvió con más fuerza... (se ríe de su sarcasmo). Le abrió las puertas al ex traidor Cobos. Una mezcla de culebrón con programa de Polka.

–¿Qué pensás de Macri, De Narváez y la derecha?

–No sé si Macri y De Narváez son de derecha, tampoco soy tan ingenuo. Un cuadro de derecha es un cuadro de derecha, y podés estar de acuerdo o no. Estos son empresarios que están detrás del negocio, son casi como “buscas”. Pueden escuchar rocanrol y ser vigilantes, porque el roncanrol hoy también está en Disney. Tampoco creo en esa imagen demoníaca de la derecha o que son una especie de Tradición, Familia y Propiedad, será en parte, digamos... Convengamos que también está de moda hacer como que uno es abierto ¿no? Y puede que Macri vea el programa y se cague de risa con Juan Carlos Pelotudo y construye con sus vínculos con la dictadura, o te pone una Policía Metropolitana con Fino Palacios... ¡Es un vigilante!

–¿Y por qué los votan?

–Y es que aparecen estas voces supuestamente referentes de una sociedad que está sentada comiendo un churrasco y se acuerda de que tiene que votar cuando faltan cuatro meses para votar y piensa “a ver... sí, sí, ya sé que son todos uno soretes, pero yo me quedo con éste”. O el otro que está en todo, escuchó que “la soberbia del kirchnerismo, la soberbia del kirchnerismo...” y lo repite. Aunque en la primera época del kirchnerismo tenía la misma soberbia pero como había reactivación económica no le importaba. Independientemente de los errores en la construcción, hay sectores, que ya conocemos, que están agazapados, que nos quieren hacer creer que en realidad todo esto es producto de la irascibilidad de los Kirchner y ahora salen diciendo “ya no somos más vaquitas mansas...”. Dentro de esto también está la izquierda, que para no dejarle la calle a la derecha, se metió si no adentro a un costadito de la carroza de Biolcati... ¿Por qué no se van a la concha de su madre? ¿Qué querés que te diga? Tengo una pertenencia que viene del peronismo. No soy del kirchnerismo más acérrimo, pero con este gobierno es con el que tengo más puntos de encuentro. Y desde ya, imaginate, si soy crítico con el peronismo, ¿no voy a serlo con Kirchner?

–Alguna vez dijiste que te emociona lo de las patas en la fuente del ’45...

–Sí, claro, me emociona pero sobre todo por lo que significa para los bienpensantes. Es un símbolo, como un ícono. No sólo como hecho político sino como manera de conducirse en la vida: son las patas en la fuente. La gente, los más humildes, los que proyectan la esperanza porque la necesitan, estaban reunidos por Perón y un tipo que tenía calor metió las patas en la fuente y no le importó la elegancia humana. El tipo se cagó en las convenciones y por otro lado tiene calor. “No existen los hechos, existen las interpretaciones”, no lo dije yo, lo dijo Nieztche que no era peronista.

–¿Qué opinás del autodenominado Peronismo Disidente?

–Peronismo disidente suena hasta de izquierda... y después terminan diciendo estamos en disidencia con el PJ. Y hasta De Narváez termina diciendo “Soy peronista disidente”. ¿Y dónde va a estar De Narváez? ¿En un partido que se llame “PRO-Eficacia Empresarial?”. ¡¡No lo vota nadie!! Entonces ahí entra todo. Y si después querés hacer algo interesante aparecen los que dicen “Acá necesitamos verdaderos peronistas”... y te lo dice uno que está enroscado con el peronismo... No hay una construcción paralela. El radicalismo, otra construcción centenaria, de alguna manera tuvo que mover muchas piezas para tener en Cobos una proyección electoral... porque si no estaba pum para abajo. Entonces queda como cosa única el peronismo... y claro, mirás al costado y no hay nada. Al costado hay un balneario con dos o tres sombrillas y sin mar.

–Dejamos la política. ¿Qué es el humor para vos?

–Es una toma de posición. El humor es transformador, es la desmitificación de lo que consideramos sagrado y está relacionado con lo cotidiano, a ciertas ideas que tenemos formadas. Tiene mucho de no tomarse la vida en serio y tiene mucho también de jugarse a un mundo más interesante. Se construye a través del humor. El humor es jugar a otro mundo que nos divierte más.

–¿Cuánto de vos se juega en los personajes, en qué te reconocés?

–Se ve en Peter Capusotto, el presentador. Ese soy yo. Es lo más cercano a mí. Hago como si fuera un Peter Capusotto, pero en realidad soy yo. Dice cosas que yo diría tranquilamente en un bar. Y esas cosas, que son escritas por Pedro (Saborido), salen de mi boca también porque tenemos una empatía ideológica con él, lo que piensa Pedro también lo pensaría yo. Después vienen los personajes, esa cosa que digo que se desprende de uno, y que “se disfraza de”, o “hace de” y son como necesidades que uno tiene también... esto de convertirse en otra cosa. Qué sé yo, cuando veo Juan Carlos Pelotudo no digo “es un personaje, no soy yo”. Soy yo jugando. A veces, cuando uno ve a un actor que está haciendo de algo que no es, lo notás cuando sólo ves el personaje, y no al tipo que lo hace. En este caso, no es Capusotto haciendo de Juan Carlos Pelotudo, sino que es Juan Carlos Pelotudo que tiene una identidad propia y se erige como personaje, separado de mí. Es una criatura que está dentro de mí.

–¿Qué los mantiene en el canal público?

–El programa empezó en cable y fue el canal público el que lo catapultó, y está ahí un poco porque habíamos hecho Todo por 2 pesos y porque conocen a Saborido y porque es un canal que no compite comercialmente. Para nosotros, la discusión no está en si vamos a ganar más plata, más prestigio y más éxito en otro canal. Porque lo más probable sería que ganáramos más plata, sobre el prestigio no lo sé y lo del éxito tampoco. Acá, las decisiones nos corresponden a nosotros, al equipo que hace el programa. El canal no interviene, no opina, no se sienta con vos, ni te dice nada. Algo que no es tan fácil que ocurra en televisión. Es una cuestión de fidelidad, de entereza, que es algo que yo trato de infundir en la vida. Decidimos hacer sólo ocho programas para no agotarnos. Cuando se excede de 15 programas se empieza a trabajar con “la fórmula” y te empezás a agotar.

–¿Aun sabiendo que el programa tiene sus adeptos?

–Sí, y que de alguna manera lo esperan, lo extrañan, lo comparten y lo festejan. Pero no es eso de “extrañame porque soy Mick Jagger”. Es más un “extrañame” macanudo. Salvando las distancias, es como que le digas a Spinetta que tiene que cantar en cada uno de sus recitales Muchacha (ojos de papel); cuando ese tema fue parte de una construcción en un momento, y que si la quiere cantar la canta y si no, no... porque eso va a ser reemplazado por otra maravillosa canción que no va a hacer olvidar a Muchacha porque es la esencia de un artista que se erige como tal y al que todo el tiempo le vienen sonidos a la cabeza... porque si no no es músico. Entonces, ¿cuál va a ser el sonido que le venga a la cabeza? ¿Muchacha, para estar en complicidad con la gente? No. Y con el programa a veces pasa lo mismo.

–¿Qué te pasa cuando ves Gran Cuñado?

–No lo veo, no me gusta. No es un programa de humor. Esa cosa de mezclar el humor con la realidad de noticiero, para mí es más caricaturesco. Se supone que el humor destroza toda convención social previa a las elecciones. Venga de donde venga. Porque sabe que ahí está la mentira, la estafa. La televisión toda es así; no hay ideología. Lo que sí hay es eficacia, hay negocio. ¿Quién se puede creer que vayan a votar por De Narváez, al ver Gran Cuñado? El que vote a De Narváez por eso, es un idiota.

–Yo tengo otra pregunta (dice el fotógrafo)...

(Muy serio) –No, a vos no (y se empieza a reír contagiosamente). Dale, me imagino... ¿Sos puto? Así, la primera pregunta... Son esas preguntas que, en realidad son afirmaciones. ¡Sos Puto! No es pregunta, es todo afirmación. Y la segunda: ¡Vos sos pelotudo! Y la tercera: ¡Vos sos hipócrita! (todos explotamos de la risa). ¡¡Qué linda la entrevista!! Claro, es el periodista que afirma. Está bueno eso como personaje. Me gustó.

–¿Aparecen así los personajes?

–Sí; tengo un cuaderno así (hace con las manos imagen de un pilón que llega desde la mesa del bar hasta la barbilla). Entonces mañana tal vez me ves haciendo de un periodista… ponele Juan Carlos Pito, no sé... “El periodista que afirma”... y vas a saber que nació en esta entrevista.
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domingo, agosto 02, 2009

LA FORMULA DE ABJURACION DE GALILEO GALILEI

Ante las pretensiones de los pensamientos únicos impuestos por los diferentes factores de poder en la sociedad actual, que se propicia a traves de los medios de comunicacion globalizados, que especulan con la instantaneidad y velocidad de la era de la globalizacion que llevan a coartar la facultad de reflexion del ser humano, releer con atencion la rendicion de Galileo es un buen ejercicio, Ello a proposito del espectaculo que se brinda hoy en La Plata.-
Fórmula de abjuración pronunciada por Galileo Galilei. "Yo, Galileo Galilei, hijo del difunto Vincenzo Galilei, de Florencia, de setenta años de edad, siendo citado personalmente a juicio y arrodillado ante vosotros, los eminentes y reverendos cardenales, inquisidores generales de la República universal cristiana contra la depravación herética, teniendo ante mí los Sagrados Evangelios, que toco con mis propias manos, juro que siempre he creído y, con la ayuda de Dios, creeré en lo futuro, todos los artículos que la Sagrada Iglesia católica y apostólica de Roma sostiene, enseña y predica. Por haber recibido orden de este Santo Oficio de abandonar para siempre la opinión falsa que sostiene que el Sol es el centro e inmóvil, siendo prohibido el mantener, defender o enseñar de ningún modo dicha falsa doctrina; y puesto que después de habérseme indicado que dicha doctrina es repugnante a la Sagrada Escritura, he escrito y publicado un libro en el que trato de la misma y condenada doctrina y aduzco razones con gran fuerza en apoyo de la misma, sin dar ninguna solución; por eso he sido juzgado como sospechoso de herejía, esto es, que yo sostengo y creo que el Sol es el centro del mundo e inmóvil, y que la Tierra no es el centro y es móvil, deseo apartar de las mentes de vuestras eminencias y de todo católico cristiano esta vehemente sospecha, justamente abrigada contra mí; por eso, con un corazón sincero y fe verdadera, yo abjuro, maldigo y detesto los errores y herejías mencionados, y en general, todo error y sectarismo contrario a la Sagrada Iglesia; y juro que nunca más en el porvenir diré o afirmaré nada, verbalmente o por escrito, que pueda dar lugar a una sospecha similar contra mí; asimismo, si supiese de algún hereje o de alguien sospechoso de herejía, lo denunciaré a este Santo Oficio o al inquisidor y ordinario del lugar en que pueda encontrarme. Juro, además, y prometo que cumpliré y observaré fielmente todas las penitencias que me han sido o me sean impuestas por este Santo Oficio. Pero si sucediese que yo violase algunas de mis promesas dichas, juramentos y protestas (¡qué Dios no quiera!), me someto a todas las penas y castigos que han sido decretados y promulgados por los sagrados cánones y otras constituciones generales y particulares contra delincuentes de este tipo. Así, con la ayuda de Dios y de sus Sagrados Evangelios, que toco con mis manos, yo, el antes nombrado Galileo Galilei, he abjurado, prometido y me he ligado a lo antes dicho; y en testimonio de ello, con mi propia mano he suscrito este presente escrito de mi abjuración, que he recitado palabra por palabra. En Roma, en el convento de la Minera, 22 de junio de 1633; yo, Galileo Galilei, he abjurado conforme se ha dicho antes con mi propia mano". Al terminar cuenta la leyenda que pronuncio la frase e pur si muove, como un grito de rebelion para conservar para si la dignidad perdida

otro articulo imperdible de Jose Luis de Diego

Notas al paso

Por JOSÉ LUIS DE DIEGO


Algunos periodistas dicen que en las últimas legislativas la campaña de los políticos fue pobre porque no hubo propuestas concretas. Que "la gente" quería escuchar proyectos que tiendan a solucionar los problemas de todos los días. Mentira. Ganaron los que menos argumentos expusieron y casi nadie pudo decir lo que pensaba porque hubo censura. Por lo general, se piensa en censura cuando un poder hegemónico acalla las voces opositoras o rebeldes; pero no me refiero a eso. Me refiero a la censura que se ejerce sobre el propio discurso, que es lo primero que recomiendan los publicistas: "No se le ocurra decir lo que en verdad piensa". Cuando Mauricio Macri dijo que creía que había que privatizar nuevamente Aerolíneas Argentinas y los fondos del sistema previsional, se armó un revuelo en su propio partido. ¿Cómo se le ocurría decir lo que pensaba? Ha dicho con razón el filósofo esloveno Salvoj Zizek: "El discurso populista conservador constituye, entonces, un buen ejemplo de un discurso de poder cuya eficacia depende del mecanismo de autocensura". Si soy un político elitista, puedo decir algo que deje conforme al 20% de la población, pero el 80% restante me repudiará. Si soy un dirigente populista, trataré de dejar conforme a la mayoría, aunque algunas minorías protesten. Pero, ¿y si no digo nada y dejo conforme a todo el mundo, precisamente porque no digo nada? He aquí el secreto del éxito, y ganaron los que aprendieron la lección: Carlos Reutemann, Francisco De Narváez, Julio César Cobos. Pero entonces, ¿nadie sabe lo que harán? Sí, porque el acuerdo del conservadurismo con sus votantes nunca es explícito, como si los candidatos hicieran un guiño cómplice y dijeran: "A pesar de que no diga nada, vótenme, porque ustedes saben muy bien lo que voy a hacer". Muchos votantes son expertos en este tema de la autocensura: son los que votan sin culpa y, al poco tiempo, afirman "yo no lo voté".

Trabajo propuesto para los encuestólogos. Pensemos en diversos conjuntos: "los arrepentidos de haber votado a Menem"; "los arrepentidos de haber votado a De La Rúa", "los arrepentidos de haber votado a Néstor o a Cristina", y los arrepentidos que vendrán. Mi hipótesis es que si intersectamos esos cuatro conjuntos (como hacíamos en la escuela), la zona de intersección (la gris o rayada) es mucho más grande que lo que suponemos. Si esto es así, la única explicación posible es que buena parte de los ciudadanos votan al que gana, o al que parece que va a ganar. Por eso es que se fraguan encuestas que afirman que el que va a ganar es uno y no los otros. Confieso que este fenómeno es para mí un enigma. O bien existe una pulsión casi futbolera: a mí me gusta ganar a lo que sea, y poder decir que voté al que ganó. O bien existe una perversión de tipo masoquista: me encanta arrepentirme y decir que me mintieron, que me defraudaron, que son todos iguales. Si no es así, ¿cuál sería el problema de haber votado a un partido que salió tercero o cuarto?

COMO SI NADA

Veo que los militares en Honduras exiliaron "de facto" al Presidente Zelaya. Un nuevo golpe militar en América Latina da escalofríos. Y ya escuchamos las advertencias de los gurúes neoliberales: se lo merecía porque era chavista. La típica sospecha sobre la víctima, como quienes atenúan la culpa de un violador: "Bueno, ella también era bastante loquita". De manera que defender un gobierno constitucional contra un golpe de Estado es ser chavista; es increíble cómo se ha regresado a la lógica de la guerra fría. A veces pienso que no hemos aprendido nada. Otra vez Zizek: "el populismo actual, lejos de constituir una amenaza al capitalismo global, resulta un producto propio de él". Son los enemigos que se necesitan, porque justifican sus acciones en la amenaza del otro, igual que el capitalismo global y el fundamentalismo étnico o religioso. Mientras tanto, ambos hacen suculentos negocios, gracias al miedo (o al odio) por el otro.

Leo que Bernie Ecclestone, el jerarca de la Fórmula 1, criticó a la democracia y elogió a Hitler por su eficiencia, porque "hacía que las cosas funcionasen". Un buen mensaje para quienes sostienen que hay que terminar con los debates ideológicos y ser pragmáticos, resolver los problemas de "la gente". Conviene, entonces, advertir que a veces los problemas de "la gente" se pueden solucionar enviando a "la gente" a una cámara de gas. Y hay que reconocer que en eso Hitler sí fue eficiente.

Formulemos una de las preguntas clásicas de la teoría política: ¿cómo pudo ser que en Alemania, uno de los países más desarrollados y más cultos de Europa, se hubiese incubado el huevo de la serpiente, esa maquinaria de terror y muerte que constituyó el nazismo? No lo sé. Pero, salvando las distancias, cuando veo a Berlusconi, ese magnate decadente, rodeado de prostitutas semidesnudas que cobran en euros, como si fuera una reencarnación del Nerón kitsch que difundió Hollywood; cuando leo que el régimen del magnate endurece las leyes contra los migrantes ilegales, contra los desheredados del mundo; cuando pienso que eso ocurre en un país incomparable que produjo al Dante y a Leonardo, los textos de Antonio Gramsci y el cine de Luchino Visconti, no hago más que preguntarme a dónde diablos hemos ido a parar. ¿Estaremos generando, casi inadvertidamente, otro huevo de la serpiente?

En los "Diarios" de Franz Kafka hay una anotación muy llamativa. El 2 de agosto de 1914 escribe: "Alemania declaró la guerra a Rusia. A la tarde, fui a la escuela de natación". Nadie puede pensar que en Kafka hay cinismo o indiferencia; lo que se pone en evidencia en esas dos líneas es el contraste entre la pequeñez del sujeto frente a la magnitud del horror. Se calcula que EEUU (sólo EEUU) invirtió ochocientos mil millones de dólares del tesoro público para rescatar a un puñado de entidades financieras que habían estafado a medio planeta; hace unos días, el noticiero informó que los pobres del mundo ya llegan a mil millones; y yo riego las plantas, como si nada.


dediego_jl@yahoo.com.ar

Publicado en Diario El Dia 2/8/2009

martes, julio 28, 2009

la historia la escriben los que ganan?

Reinhart Koselleck, veterano del ejército de Von Paulus en Stalingrado: “El historiador que está de parte de los vencedores es fácilmente inducido a ver en un acontecimiento de breve duración un acontecimiento duradero, interpretado según el sentido de las consecuencias, en términos teleológicos. Para los derrotados, es distinto. Su experiencia primaria es la de quien ha visto evolucionar las cosas en sentido contrario al de sus esperanzas y proyectos. Estos otros tienen la necesidad de explicarse por qué los hechos han acabado así...Puede ocurrir que en lo inmediato sean los vencedores quienes hagan la historia. Pero a largo plazo son los derrotados los que realizan los mayores progresos en la comprensión histórica”.

sábado, julio 18, 2009

autenticidad

Del sujeto sobre sí mismo
By José Saramago
Como escritor, creo que no me he separado jamás de mi conciencia de ciudadano. Considero que donde va uno, debe ir otro. No recuerdo haber escrito una sola palabra que estuviera en contradicción con las convicciones políticas que defiendo, pero eso no significa que haya puesto alguna vez la literatura al servicio directo de la ideología que es la mía. Por supuesto, eso sí, al escribir procuro, en cada palabra, expresar la totalidad del hombre que soy.
Repito: no separo la condición de escritor de la de ciudadano, aunque no confundo la condición de escritor con la de militante político. Es cierto que la gente me conoce más como escritor, pero también están quienes, con independencia de la mayor o menor relevancia que reconozcan en las obras que escribo, piensen que lo que digo como ciudadano común les interesa y les importa. Aunque sea el escritor, y solo él, quien lleva sobre los hombros la responsabilidad de ser esa voz.
El escritor, si es persona de su tiempo, si no se quedó anclado en el pasado, tiene que conocer los problemas de tiempo en que le tocó vivir. ¿Y qué problemas son los de hoy? Que no estamos construyendo un mundo aceptable, bien por el contrario, vivemos en un mundo que va de mal en peor y que humanamente no sirve. Atención, por favor: que no se confunda lo que reclamo con ningún tipo de expresión moralizante, con una literatura que dice a la gente de qué manera debe comportarse. Hablo de otra cosa, de la necesidad de contenidos éticos, sin ningún trazo de demagogia. Y, condición fundamental, que no se aparte nunca de la exigencia de un punto de vista crítico.

para reflexionar sobre los medios y la manipulacion

Entrevista al periodista Pascual Serrano tras la publicación de su libro "Desinformación"
“Los medios saturan para intoxicar la realidad”


Emiliano Guido
El Argentino




"Nos mean y los medios dicen que llueve”, graffiteó alguien durante la crisis del 2001 en algún paredón argentino y la frase quedó inmortalizada en el imaginario colectivo. El periodista español Pascual Serrano conoce esa y muchas otras frases de otros paredones del mundo pero prefirió el papel como soporte, antes que tomar un aerosol, en su intento de demostrar que el latifundio de la información no es una excepcionalidad argentina sino, más bien, un rasgo universal de época. Desde la invasión a Irak a la criminalización del mundo musulmán, pasando por el gobierno de Hugo Chávez, Serrano analiza distintos casos testigos de la aldea global en su libro "Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo" (Península, junio 2009) y dispara como conclusión: “El ciudadano que cree estar informado porque todos los días lee el periódico o ve el telediario no está conociendo la realidad del mundo”.

–¿Cuál es la tesis central de su último libro?

–Que el mercado pesa como una losa y condiciona todo lo que toca. Y que, por lo tanto, son los poderes económicos los que se adueñaron de los contenidos de los medios de comunicación.

–¿Cómo operan los medios concentrados para desinformar?

–La saturación de la noticia es uno de los grandes obstáculos para la información, hay mucho “ruido” que impide al ciudadano diferenciar lo útil y válido, de los secundario e irrelevante. Hoy tenemos más medios de comunicación pero menos herramientas para la comprensión. También intoxica la información inapropiada y la obsesión por el entretenimiento que lleva a niveles insoportables de frivolización. Además, el problema es que esa frivolización llega a toda la programación y se refleja hasta en el contenido de un noticiero.

–¿Los mass-media funcionan como los partidos políticos?

–Funcionan peor todavía. Al menos los partidos políticos se someten a una legislación más rigurosa que garantiza una mayor transparencia económica y un funcionamiento interno relativamente democrático y participativo. Los medios poseen los objetivos de los partidos pero sin control ni democracia.

–¿Existe diferencias en el comportamiento de los medios europeos y latinoamericanos?

–La única diferencia que se observa es en función del nivel de combatividad contra los gobiernos. Si los países son sumisos a los intereses de esos medios, su agresividad disminuye. Si los gobiernos plantean cambios que afectan a los intereses económicos de los medios, la guerra es feroz y la ausencia de deontología, absoluta. El primer caso se produce en Europa y el segundo en algunos países de América Latina.

–¿Qué piensa sobre el caso venezolano y el supuesto control de la prensa que ejerce Hugo Chávez?

–Te pongo sólo un ejemplo. Con motivo de la campaña electoral para el referéndum constitucional, la asociación venezolana Observatorio Global de Medios elaboró un estudio sobre cómo informaron los medios de comunicación en la campaña. Concluyeron que “tras evaluar los contenidos de opinión e información electoral en catorce medios de comunicación social, impresos y televisivos, de cobertura nacional y regional, se observó que el 76 por ciento de los mismos se inclinan hacia la opción del No frente al 22 por ciento que lo hacen por el Sí”. Recordemos que Chávez y sus seguidores propugnaban el Sí, la opción que finalmente fue más apoyada en las urnas. Lo único que ha sucedido en Venezuela es que se ha iniciado un proyecto de democratización de los medios que estaban bajo el control de un grupo privilegiado de empresarios, eso es lo que ha indignado a la oligarquía mundial y no perdonan a Chávez.

–¿Cómo observa la tensión entre las empresas periodísticas y los trabajadores de prensa? ¿Existe lugar para la rebelión intra-muros?

–El trabajador de la prensa se ha convertido en un eslabón más de la cadena informativa. En cierta medida es cómplice y, en cierta medida, no puede enfrentar el sistema de comunicación desde dentro. Es como el administrativo de un estado dictatorial. Es verdad que participa en el mantenimiento del sistema pero desde su puesto de trabajo no puede enfrentarse a él.

–¿Desea actualizar su denuncia sobre la crisis financiera del Grupo Prisa (Radio Continental y el diario español El País son algunas de sus propiedades)?

–Bueno, se ha sabido que sus beneficios han tenido una caída del 88 por ciento en el primer trimestre del año. Es verdad que los bancos le han permitido refinanciar su deuda. ¿Qué otra cosa puede hacer un banco con una empresa que debe cinco mil millones de euros? Ahora ya es más evidente quienes mandan en Prisa: los bancos a los que debe ese dinero como el HSBC y el Banesto.

–¿La crisis de la prensa gráfica se debe a que no puede competir con la instantaneidad de los portales electrónicos?

–La crisis es múltiple. Existe la de la instantaneidad pero también la de confianza, la de credibilidad, la de falta de participación de los ciudadanos, la de mediación entre los líderes, grupos sociales y ciudadanos.

–¿Qué sucede, en concreto, es España? ¿La gente sigue leyendo diarios?

–Creo que es similar a otros países. Por un lado, la gente se ha dado cuenta de que hay intereses detrás de los medios que les hacen dejar a un lado la pluralidad y la veracidad. A ello hay que añadir el fenómeno de la prensa gratuita, que también está en crisis. Creo que la gente más crítica prefiere bucear en Internet para escuchar voces menos interesadas y la menos crítica no lee diarios.

–¿Los medios alternativos no abusan, a veces, del microclima?

–Totalmente de acuerdo, el medio alternativo abusa de la militancia política, termina en panfleto demasiadas veces. Es necesario que quienes gestionan un medio alternativo entiendan que no están elaborando un soporte para hacer apología de su pensamiento político. Es normal tener una línea editorial, por supuesto, pero debe haber una pluralidad más amplia que vaya más allá de tus ideas. Luego están las formas, un mismo nivel de ideologización está mucho más disimulado en la prensa convencional que en los medios alternativos, lo cual dota de más eficacia al primero que al segundo.

–¿Contra quién se desea rebelar Rebelión? ¿Cuál es el público al qué desean llegar?

–Llamarle Rebelión era como apelar a “otro mundo es posible”. El nombre intenta sugerir un espíritu crítico por principio. Evidentemente, el espíritu crítico, debe rebelarse contra quien más poder tiene y de forma más absoluta lo utiliza. En cuanto al público, nuestros contenidos sin duda son demasiado densos y reflexivos. Eso nos hace perder gran cantidad de población a la que poder acercarnos, pero observamos que podemos ser de mucha utilidad para otros medios más “ligeros” que pueden incorporar alguno de nuestros trabajos.

–¿No hay lugar en los medios tradicionales para la información contestataria?

–Si por medios tradicionales se entiende propiedad de grupos empresariales que necesitan ser rentables y convivir con la publicidad, mi opinión es que difícilmente se logre. Del mismo modo que no puede haber hospitales privados que atiendan a los indigentes, ni escuelas privadas que se dediquen a alfabetizar a niños de suburbios sin recursos.

–Sin embargo, ¿no puede ser un negocio rentable la denuncia permanente sobre los abusos del poder? Habría millones de potenciales consumidores interesados en leer esas noticias.

–Bueno, yo no estoy haciendo propuestas para negocios rentables, sino para informar con decencia y rigor. Sin duda, es más rentable para un canal de televisión emitir una película porno que explicar por qué mueren veinte mil niños de hambre al día. Otra cuestión es que unos contenidos constantemente deprimentes y trágicos no ayuden a que las sociedades tengan esperanza e ilusiones. Creo que en la marginalidad, en los grupos de ayuda colectivos, en la lucha de muchos ciudadanos humildes y en numerosos ejemplos de solidaridad y cooperación se pueden encontrar muchas noticias positivas y optimistas. Esas son nuestras buenas noticias, no la crónica sobre la lujosa vida de un multimillonario de Los Ángeles.

–Ahora que el gobierno argentino impulsa una ley de medios que reemplazará la que está vigente desde la dictadura militar, ¿cuál debería ser la estrategia para movilizar a una sociedad desencantada con los proyectos colectivos?

–Las dos palabras son participación y democratización. Se trata de cumplir el derecho ciudadano a informar y estar informado, para ello hay que dar licencias a propuestas mediáticas que den acceso a la ciudadanía y que aseguren suficiente pluralidad y rigurosidad en sus contenidos. Mi opinión es que se debe garantizar que los colectivos sociales representativos del país tengan acceso a esos medios, bien como propietarios de licencias o mediante propuestas de medios colectivos, comunitarios, alternativos que garanticen esa participación. Pero, tampoco, basta con darles licencia para emitir, el Estado debe garantizar su viabilidad como servicio público que son. Porque, si al final necesitan publicidad y rentabilidad comercial, caerán de nuevo bajo las condiciones del mercado y no serán alternativos a lo existente.

eguido@miradasalsur.com

http://www.elargentino.com/nota-48203-Los-medios-saturan-para-intoxicar-la-realidad.html

a 200 años de la muerte de T.Paine

Un homenaje republicano a la memoria de Tom Paine


Gerardo Pisarello
Sin Permiso




El pasado mes de junio se cumplió el bicentenario de la muerte del activista inglés Thomas Paine. Agudo polemista, inventor frustrado e infatigable impulsor del republicanismo democrático e internacionalista en el contexto de las grandes revoluciones del siglo XVIII, su figura ha concitado pasiones encontradas. Celebrado por asociaciones populares y organizaciones de trabajadores, ha sido denostado y minimizado por conservadores de toda laya. Este año, la prestigiosa editorial británica de izquierdas, Verso, ha reeditado dos de sus escritos más célebres: Sentido Común (Common Sense) y Derechos del Hombre (Rights of Man), posiblemente el primer alegato moderno a favor de la consagración de derechos humanos civiles, políticos y sociales universales. Al mismo tiempo, un comentarista de Oxford no ha dudado en sostener, al reseñar una reciente biografía escrita por John Keane, que era “amargo y egoísta”, y que “el mundo moderno sería un sitio mejor” si Paine “hubiera permanecido tranquilo en su casa de Thetford”. Hasta Barack Obama ha contribuido a extender la ambigua leyenda que rodea su figura, al citar palabras suyas en su discurso inaugural, pero sin mencionarlo de manera explícita.
A pesar de su deliberada marginación de la historia oficial, la adhesión y el encono suscitados por Paine no son nuevos. A lo largo de los dos últimos siglos, ha sido rescatado, una y otra vez, por librepensadores, socialistas, comunistas y demócratas radicales, en diferentes épocas y lugares. Ha inspirado a escritores como Walt Withman, Herman Melville o Mark Twain, a líderes populares como Thomas Jefferson o el uruguayo José Gervasio Artigas, a activistas como la anarquista Emma Goldman o el preso negro Mumia Abu Jamal, a historiadores como Edward P. Thompson o Eric Hobsbawm, e incluso a cineastas como R. Attenborough o a músicos como Dick Gaughan, quien llegó a dedicarle una balada. Para el pensamiento reaccionario y para no pocos voceros de las clases dominantes, Paine ha sido en cambio la encarnación de todo aquello que detestan y temen. Por eso han intentado presentarlo como un “borracho”, un “arribista”, un “alborotador” o, en palabras del presidente Theodore Roosevelt, inspirador de la “política del garrote” en América Latina en la primera década del siglo XX, un “inmundo ateo”. Claro que no todos han sido igual de toscos. Ronald Reagan, por ejemplo, invocó a Paine en un discurso y, consciente de su prestigio como revolucionario, lo utilizó para justificar su propia “revolución conservadora”.

¿Pero quién es este personaje, que ni siquiera fue un pensador sistemático o un dirigente de primera línea, pero cuya voz sigue resonando en las generaciones actuales? ¿Cómo explicar este recurrente retorno de Paine por encima del olvido y la tergiversación deliberados? Para responder a estos interrogantes, quizás haya que comenzar por mencionar los modestos orígenes del activista inglés. Su padre era un viejo cuáquero, fabricante de corsés, y él mismo realizó varias incursiones frustradas en pequeños negocios para acabar con un puesto de oficial de aduanas. Su formación política no tuvo lugar en altos círculos intelectuales, sino que se forjó a través de lecturas privadas, de una corta experiencia como maestro de escuela y de la asistencia a clubes de debate. Sus orígenes cuáqueros y su propia experiencia vital contribuyeron a que arraigara en Paine un talante racionalista con fuertes implicaciones igualitarias y una espontánea simpatía por la gente de abajo. Uno de los primeros artículos que se le conocen, precisamente, se dirigía a denunciar el aumento del coste de la vida y su impacto en los sectores de menos recursos. “Los ricos, cómodos y prósperos –dejó escrito- pueden pensar que he pintado un escenario inverosímil, pero si descendieran a las regiones de la necesidad, al círculo polar de la pobreza, se encontrarían con que sus opiniones cambian con el clima”.

De haber permanecido en su pueblo natal, es muy probable que Paine, como ha apuntado Hobsbawm, sólo hubiese sido recordado en una alguna extraña tesis doctoral. Una mezcla de causas y azares quiso en cambio que conociera a Benjamin Franklin, cuyos experimentos con la electricidad despertaron su interés y a quien impresionó por la agudeza de sus comentarios. Franklin lo entusiasmó para que emigrara a Norteamérica. A resultas de ello, Paine desembarcó en Filadelfia en 1774, con treinta y siete años. Allí, gracias a las recomendaciones de Franklin, llegó a ser editor de la Pennsylvania Magazine. Desde sus páginas, defendió con audacia una serie de posiciones totalmente minoritarias en aquella época: la condena de la esclavitud, el rechazo de la política británica en la India, la defensa de los derechos de la mujer o la crítica de prácticas aceptadas como el duelo o la crueldad con los animales. A medida que la situación social y política de las colonias fue derivando hacia un creciente enfrentamiento con Inglaterra, el nombre de Paine fue ganando protagonismo. Frente a una mayoría de posiciones críticas pero no rupturistas, como la del propio G. Washington, Paine publicó en 1776 Sentido Común, una encendida y eficaz defensa del derecho a la rebelión y a la independencia. Inmediatamente, el ensayo se convirtió en un impresionante éxito de difusión (precisamente, las palabras citadas por Obama en su discurso inaugural provienen de este escrito).

Tras su fulgurante participación en la lucha contra el imperio británico, Paine pasó de ser un pobre artesano inglés a convertirse en un intelectual ampliamente reconocido. Trabó amistad con Thomas Jefferson, por ejemplo, lo que le permitió contribuir a la redacción de la Declaración de la Independencia de 1776. Paine era un decidido partidario de incorporar una cláusula contra la esclavitud, pero la propuesta fue retirada tras las objeciones de algunos Estados traficantes de esclavos. También participó en la redacción de la Constitución de Pennsylvania del mismo año, considerada uno de los textos más avanzados de la época desde un punto de vista democrático. Cuando la revolución, sin embargo, comenzó a adoptar un giro conservador a resultas de la presión de las nuevas oligarquías agrarias, industriales y financieras que gestionaron la posguerra, Paine comenzó a distanciarse de la arena pública y a refugiarse en algunos de sus proyectos personales favoritos: el diseño de un puente de hierro de un solo arco y la experimentación con un tipo de velas que no echaban humo.

Con el objeto de promocionar sus inventos y la propia revolución, viajó a Inglaterra y Francia. Pero su destino estaba lejos de la ciencia o la diplomacia. A los disparos de Lexington sucedieron los estruendos de la Bastilla, que lo impresionaron vivamente. En respuesta, precisamente, a las diatribas de E. Burke contra la “violencia plebeya” de la revolución francesa y contra los supuestos racionalistas y universalistas que inspiraban los hechos de París, Paine escribió Derechos del Hombre. Allí, valiéndose de su estilo claro y punzante, embestía contra la monarquía y contra los fundamentos aristocráticos del sistema político británico, al tiempo que defendía la superioridad del constitucionalismo republicano y democrático. Pero abogaba, además, por un programa de derechos sociales que asegurara a todos disfrutar de las condiciones materiales para el ejercicio de las libertades públicas. El nuevo escrito tuvo un fuerte impacto en diferentes organizaciones republicanas democráticas inglesas, que lo tomaron como bandera. Al igual que con Sentido Común, Paine les cedió los derechos de autor. La reacción gubernamental, sin embargo, no se hizo esperar: una proclamación real lo declaró culpable del delito de sedición.

Cuando la Inglaterra monárquica se abalanzó sobre Paine, éste encontró cobijo en la Francia revolucionaria. Su desconocimiento del francés y los contactos hechos desde América contribuyeron a que se vinculara con el círculo de los moderados girondinos. Junto a Condorcet, fundó una sociedad republicana, ya en 1791. “En razón de mi ansia de honor y dignidad para la especie humana –escribió a Sieyès- del disgusto que profeso al ver a hombres maduros dirigidos como niños; en atención al horror que me inspiran todos los males que la monarquía ha sembrado sobre la tierra: la miseria, las exacciones, las guerras, las masacres con las que ha aplastado a la humanidad; a todo ese infierno, en fin, de la monarquía, yo le he declarado la guerra”. Su relación con el ala jacobina fue controvertida. A pesar de su abierto compromiso con la profundización de la república democrática, receló de una supuesta “razón de estado revolucionaria” construida sobre la justificación de las “manos sucias” y del uso oportunista de la legalidad. Su percepción de que los límites ético-políticos del proceso revolucionario se relajaban le llevó a escribir a G. Danton, en 1793: “He perdido la esperanza de ver cumplido el gran proyecto de la libertad europea. La causa de mi desesperación no reside en la coalición de potencias extranjeras, ni en las intrigas de aristócratas y sacerdotes, sino más bien en el descuido con el que se han llevado los asuntos de la revolución”. Estas diferencias se consolidarían con el juicio a Luis XVI. Contra la opinión de prestigiosos dirigentes republicanos, Paine se opuso a la ejecución del rey y propuso en su lugar que se lo encarcelara para luego desterrarlo a Estados Unidos. Esta posición lo acabaría de enfrentar con los jacobinos, que lo confinaron en la prisión de Luxemburgo, donde permanecería durante casi un año. Al igual que importante figuras como M. Robespierre o J.P. Marat, Paine era un enérgico adversario de la pena de muerte y de la crueldad del sistema penal. Pero pensaba que una actitud así debía informar con igual escrúpulo la actuación revolucionaria. “Una avidez por castigar –razonaría- es siempre peligrosa para la libertad. Ello conduce a los hombres a violentar, malinterpretar y abusar incluso de la mejor de las leyes. Aquel que asegura su propia libertad, debe proteger incluso a su enemigo de la opresión, porque si viola ese deber, establece un precedente que a él mismo llegará”.

A pesar de su encarcelamiento, Paine no renunció a sus convicciones revolucionarias. Con la caída de Robespierre y la reacción termidoriana, fue liberado y readmitido en la Convención. En uno de sus primeros discursos, denunció de modo inapelable el proyecto de Constitución redactado por Danou y Boissy d’Anglas, en el que, entre otras cuestiones, se preveía el voto censitario. “Un país gobernado por los propietarios –dijo en aquella ocasión, ratificando sus convicciones igualitarias- corresponde al orden social; aquel donde gobiernan los no propietarios, al estado natural”. En la línea del republicanismo avanzado de su tiempo, Paine advirtió pronto la tensión existente entre la generalización del acceso a la propiedad y una concepción excluyente de la misma que sólo podía engendrar lujos inadmisibles, violencia y corrupción. “El que utiliza su propiedad económica –escribió- o abusa de la influencia que ésta le confiere para desposeer o robar a otros su propiedad, usa su propiedad pecuniaria como el que emplea armas de fuego, y merece que se la quiten”. Su ideal, en este punto, no era el de un igualitarista radical. Más bien se acercaba al de Rousseau y otros republicanos democráticos: una sociedad sin opulencia ni miseria, libre de desigualdades extremas e integrada por pequeños propietarios independientes, capaces de vivir sin el permiso de otros.

Para concretar estos objetivos, y recuperando las banderas enarboladas por los partidarios de Robespierre, Paine publicó en 1797 un breve panfleto titulado Justicia Agraria (Agrarian Justice). En él retomaba el programa social defendido en Derechos del hombre y le añadía la creación de un fondo nacional que permitiera pagar un ingreso incondicional a toda persona que hubiera cumplido los veintiún años, así como un ingreso extra, anual y permanente, a todas las personas a partir de los cincuenta años. Este ingreso, un temprano antecedente de la actual propuesta de una renta básica de ciudadanía, se justificaba, según Paine, como una compensación a la posibilidad de apropiación privada de un bien común como era la tierra. Y si en Derechos del hombre se defendía la financiación de los derechos sociales a través de un impuesto progresivo a la renta, en Justicia Agraria se proponía sufragar el derecho a un ingreso incondicional a través de un impuesto a la herencia “que permitiera sustraer de la propiedad una parte igual al valor de la herencia natural que ha sido absorbida”.

Rodeado de enemigos entre los partidarios de la monarquía y entre las clases propietarias en general, Paine había abierto otro frente de batalla al publicar, también hacia 1795, La edad de la razón (The Age of Reason) un ácido alegato contra el fundamentalismo religioso y las iglesias institucionalizadas. Desde premisas anticlericales aunque no antirreligiosas, Paine intentaba refutar en palabras sencillas la difundida idea de que la Biblia fuese la palabra de Dios. Asimismo, denunciaba en duros términos la frecuente connivencia entre poder temporal y religioso. “Todas las instituciones nacionales de las iglesias –sostenía- no me parecen otra cosa que invenciones humanas establecidas para aterrorizar y esclavizar a la humanidad y para monopolizar el poder y el dinero […] Yo no creo en el credo profesado por la Iglesia Judía, por la Iglesia Romana, por la Iglesia Turca, por la Iglesia Protestante, ni por ninguna Iglesia que conozca. Mi mente es mi propia Iglesia”. A pesar de los múltiples ataques y de las acusaciones de ateísmo que le granjearon este tipo de afirmaciones, Paine fue un deísta convencido. Su crítica no provenía del sarcasmo penetrante e individualista que el pensamiento burgués había utilizado para socavar el andamiaje de irracionalidad sobre el que se sostenía el antiguo régimen. Más bien obedecía a un sentido igualitario y fraterno de la religiosidad, libre, eso sí, de supersticiones, y compatible con los avances de la razón y de la ciencia en general. Su actitud no era, en otras palabras, la de un Voltaire, de cuyo espíritu aristocrático por otro lado carecía. Por el contrario, sus ataques nacían de una concepción profundamente humanista y horizontal de la religión, que con las debidas distancias, recuerda en más de un punto a Spinoza.

La extinción de las viejas energías revolucionarias, en cualquier caso, fue erosionando la esperanza inicial de Paine de una expansión de la causa republicano democrática en Europa. Animado por la elección de su amigo Jefferson, emprendió su regreso a Estados Unidos en 1802. Poco tiempo le llevó constatar el sello oligárquico que el desarrollo capitalista había imprimido a la vida política del país a cuya independencia tanto había contribuido. Su obra, vinculada sobre todo a su posición sobre temas religiosos, constituía ahora el caballo de batalla de los sectores federalistas, convertidos en partido político, en sus ataques contra Jefferson. La fama y la gloria de antaño cedieron entonces al progresivo aislamiento político y al empobrecimiento económico. A pesar de ello, Paine no cejó en utilizar el periodismo como trinchera contra los embates conservadores. En 1803, escribió una serie de artículos en los que atacaba a los federalistas y los acusaba de haber favorecido un peligroso proceso de concentración de poder en manos del ejecutivo. Para apuntalar sus argumentos, no dudaba en calificar al último gobierno de Washington y al de J. Adams como auténticos “reinos del terror”.

Su irreverente crítica de los “padres fundadores” acabó por acentuar su marginación social y política. Relegado, hostigado y censurado en los tres países por cuya libertad había luchado, Paine murió una mañana de junio de 1809. Hasta el último momento de su agonía, un grupo de clérigos lo persiguió e intentó sin éxito arrancarle una frase de arrepentimiento o de conversión religiosa. Contra su última voluntad, le fue negado el entierro en campo cuáquero. A su funeral, que transcurrió en su granja de New Rochelle, sólo asistieron, significativamente, una asistenta con su hijo y una dispersa procesión de irlandeses y de afroamericanos que mostraban así su reconocimiento por quien tanto había defendido sus derechos.

El desafortunado final de Paine, en todo caso, no impediría que su vida y sus ideas continuaran recogiendo encendidas adhesiones y enconada oposición en las generaciones subsiguientes. Aunque no fue un pensador erudito ni un gran líder, fue uno de los más geniales cultivadores del panfleto activista y uno de los más grandes periodistas políticos de la historia. Su sarcasmo y su estilo directo e ingenioso fueron dardos hirientes para sus adversarios y fuente de entusiasmo entre su vasto espectro de lectores. La sencillez de sus orígenes y su temperamento cuáquero, su concepción igualitaria de los hombres, el hecho de formar parte de aquéllos para los que escribía, le permitieron llegar allí donde otros pensadores, acaso más finos y originales, no pudieron hacerlo. Con sorprendente precocidad para su tiempo, Paine defendió derechos que tardarían siglos en consolidarse y que todavía hoy son reiteradamente vulnerados: la libertad de expresión, de conciencia y de culto; las garantías procesales y penales justas; el derecho de asociación y participación política; los derechos sociales; los derechos de colectivos en situación de vulnerabilidad como las mujeres, los pueblos indios o la población afroamericana; el derecho a la autodeterminación de los pueblos; el derecho a la paz e incluso el derecho de los animales a no recibir tratos crueles innecesarios.

Su permanente condición de desclasado, de outsider forzado a cargar con su condición de extranjero allí donde le tocó actuar, lo convirtió además en uno de los primeros teóricos y activistas del cosmopolitismo moderno. En su obsesión por completar lo que llamaba “el círculo de la civilización”, impulsó la libertad republicana en los rincones más distantes del planeta. Censuró enérgicamente el colonialismo en Asia, África y América. Abogó a favor de que Inglaterra, “por su felicidad doméstica” y “por la paz en el mundo”, no poseyera “ni un pie cuadrado de tierra fuera de su propia isla”. Apoyó a los revolucionarios irlandeses y protegió a Francisco Miranda, ideólogo de la independencia en América del Sur. En el proyecto de Constitución que redactó junto a Condorcet, incluyó una cláusula que concedía la ciudadanía francesa a todo hombre que hubiera residido un año en la república.

No fue, desde luego, un pacifista en sentido estricto. Frente a las tiranías de distinto signo, justificó la resistencia armada, y él mismo se alistó en el ejército norteamericano para hacer frente a las tropas reales inglesas. Sin embargo, tuvo perfecta consciencia de que las guerras entre naciones sólo se realizaban en beneficio de las distintas Cortes y sus aliados, y sólo podían propagarse, como le recordó al ministro inglés Shelburne, a expensas de “los campesinos, los pequeños comerciantes y los pobres necesitados de Inglaterra”. Su defensa de un horizonte cosmopolita y de una confederación de repúblicas similar a la propuesta por Kant venía, en todo caso, informada por un agudo sentido del realismo: “Si los hombres se permitieran pensar –dejó escrito en Derechos del Hombre- como deben hacerlo los seres racionales, nada podría parecerles más ridículo y absurdo […] que el estar derrochando para construir navíos, llenarlos de hombres y arrastrarlos por el océano con el fin de comprobar cuál de ellos puede hundir al otro más rápidamente. La paz, que no cuesta nada, puede sostenerse con muchas más ventajas que las que reporta cualquier victoria con todos sus gastos. Pero esto, aunque responde al mejor interés de las naciones, no lo hace al de los gobiernos cortesanos, cuya política habitual es maniobrar para conseguir impuestos, cargos y destinos”.

Tom Paine fue un demócrata radical, y por eso, un revolucionario. Hizo suyas, sin hesitar, las indignadas reacciones de quienes, in extremis, recurrían al derecho de resistencia frente a gobiernos despóticos, a los que en último término reputaba responsables de la irrupción de la violencia social. Nada de ello lo llevó a descuidar la relación entre medios y fines. Por el contrario, siempre entendió que el derecho a la revolución no incluía el derecho a prolongar la crueldad ejercida por sus predecesores. Esa convicción de que la lucha por la propia causa no podía convertirse en represalia de facción, le llevó a cuestionar lo que entendió como una deriva represiva de la revolución francesa. Las frustraciones, empero, nunca le hicieron traicionar la causa a la que entregó su vida. Cuando Franklin dijo “donde está la libertad, allí está mi país”, y Paine le respondió “donde no hay libertad, allí está el mío”, distaba mucho de haber improvisado una respuesta ingeniosa. Con una coherencia inquebrantable, este inquieto vástago de un humilde comerciante, que fue sucesivamente corsetero, maestro, empleado subalterno, tabaquero, periodista e inventor, acabaría conquistando, a la vuelta de los siglos, un lugar emblemático en la historia de los forjadores de los derechos humanos. En esa travesía, renunció a aquellos privilegios que lo hubieran alejado de los sectores en cuyo nombre pretendía hablar. Sus éxitos editoriales le podrían haber procurado una vida sin sobresaltos, que le permitiera desarrollar su afición a la física y la mecánica. Sin embargo, fiel a la austeridad republicana que predicó con tanto ardor, lo donó todo a las gestas que la tea de la revolución encendía en distintos recodos del mundo.

A doscientos años de su muerte, muchas de las injusticias y privilegios que rebelaron a Paine persisten, y otros nuevos, posiblemente más feroces, han hecho su entrada en la historia. Tal vez sea ese espectro de recaída en la barbarie, precisamente, lo que hace que su voz siga interpelándonos tanto tiempo después. En ocasión de una reunión celebrada en Londres para celebrar el aniversario de la revolución inglesa de 1688, Paine propuso un memorable brindis “a la salud de la revolución mundial”, convirtiéndose así en una de las voces pioneras del internacionalismo solidario. En un momento en que la crisis económica, social y ecológica que sacude al planeta vuelve a ese internacionalismo más necesario que nunca, rendir un homenaje republicano a la memoria de Tom Paine es acaso una manera de mantener vivo su legado para las generaciones actuales, salvándolo del olvido o de la burda deformación.


Tomado de http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2707