miércoles, abril 29, 2009

globalizacion y gripe porcina

La gripe porcina y el monstruoso poder de la gran industria pecuaria
Mike Davis · · · · ·

28/04/09

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Nuestro amigo y miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO Mike Davis, cuyo libro El monstruo llama a nuestra puerta (trad. María Julia Bertomeu, Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2006) alertó lúcida y brillantemente del peligro de una gripe aviar pandémica de alcance mundial, explica ahora cómo la gran industria pecuaria globalizada ha sentado las bases para un más que preocupante brote de gripe porcina en México.
La gripe porcina mexicana, una quimera genética probablemente concebida en el cieno fecal de una gorrinera industrial, amenaza subitáneamente con una fiebre al mundo entero. Los brotes en la América del Norte revelan una infección que está viajando ya a mayor velocidad de la que viajó con la última cepa pandémica oficial, la gripe de Hong Kong en 1968.
Robándole protagonismo a nuestro último asesino oficial, el virus H5N1, este virus porcino representa una amenaza de ignota magnitud. Parece menos letal que el SARS [Síndrome Respiratorio Agudo, por sus siglas en inglés] en 2003, pero, como gripe, podría resultar más duradera que el SARS. Dado que las domesticadas gripes estacionales de tipo A matan nada menos que a un millón de personas al año, incluso un modesto incremento de virulencia, especialmente si va combinada con una elevada incidencia, podría producir una carnicería equivalente a una guerra importante.
Ello es que una de sus primeras víctimas ha sido la consoladora fe, inveteradamente predicada por la Organización Mundial de Salud (OMS), en la posibilidad de contener las pandemias con respuestas inmediatas de las burocracias sanitarias e independientemente de la calidad de la sanidad pública local. Desde las primeras muertes por H5N1 en 1997, en Hong Kong, la OMS, con el apoyo de la mayoría de administraciones nacionales de sanidad, ha promovido una estrategia centrada en la identificación y el aislamiento de una cepa pandémica en su radio local de brote, seguidos de una masiva administración de antivirales y –si disponibles— vacunas a la población.
Una legión de escépticos ha criticado ese enfoque de contrainsurgencia viral, señalando que los microbios pueden ahora volar alrededor del mundo –casi literalmente en el caso de la gripe aviar— mucho más rápidamente de lo que la OMS o los funcionarios locales puedan llegar a reaccionar al brote original. Esos expertos han observado también el carácter primitivo, y a menudo inexistente, de la vigilancia de la interfaz entre las enfermedades humanas y las animales. Pero el mito de una intervención audaz, preventiva (y barata) contra la gripe aviar ha resultado valiosísimo para la causa de los países ricos que, como los EEUU y el Reino Unido, prefieren invertir en sus propias líneas Maginot biológicas, antes que incrementar drásticamente la ayuda a los frentes epidémicos avanzados de ultramar. Tampoco ha tenido precio este mito para las grandes transnacionales farmacéuticas, enfrentadas en una guerra sin cuartel con las exigencias de los países en vía de desarrollo empeñados en exigir la producción pública de antivíricos genéricos clave como el Tamiflu patentado por Roche.
La versión de la OMS y de los centros de control de enfermedades, de acuerdo con la cual ya se está preparado para una pandemia, sin mayor necesidad de nuevas inversiones masivas en vigilancia, infraestructura científica y regulatoria, salud pública básica y acceso global a fármacos vitales, será ahora decisivamente puesta a prueba por la gripe porcina, y tal vez averigüemos que pertenece a la misma categoría de gestión "ponzificada" del riesgo que los títulos y obligaciones de Madoff. No es tan difícil que falle el sistema de alertas, habida cuenta de que, sencillamente, no existe. Ni siquiera en la América del Norte y en la Unión Europea.
Tal vez no sea sorprendente que México carezca tanto de capacidad como de voluntad política para gestionar enfermedades avícolas y ganaderas, pero ocurre que la situación apenas es mejor al norte de la frontera, en donde la vigilancia se deshace en un desdichado mosaico de jurisdicciones estatales y las grandes empresas pecuarias se enfrentan a las regulaciones sanitarias con el mismo desprecio con que suelen tratar a los trabajadores y a los animales. Análogamente, una década entera de advertencias de los científicos fracasó en punto a garantizar transferencias de sofisticada tecnología viral experimental a los países situados en las rutas pandémicas más probables. México cuenta con expertos sanitarios de reputación mundial, pero tiene que enviar las muestras a un laboratorio de Winnipeg para descifrar el genoma de la cepa. Así se ha perdido toda una semana.
Pero nadie menos alerta que las autoridades de control de enfermedades en Atlanta. De acuerdo con el Washington Post, el CDC [siglas en inglés del Centro de Control de Enfermedades, radicado en Atlanta; T.] no se percató del brote hasta seis días después de que México hubiera empezado a imponer medidas de urgencia. No hay excusa que valga. Lo paradójico de esta gripe porcina es que, aun si totalmente inesperada, había sido ya pronosticada con gran precisión. Hace seis años, la revista Science consagró un artículo importante a poner en evidencia que, "tras años de estabilidad, el virus de la gripe porcina de la América del Norte ha dado un salto evolutivo vertiginoso".
Desde su identificación durante la Gran Depresión, el virus H1N1 de la gripe porcina sólo había experimentado una ligera deriva desde su genoma original. Luego, en 1998, una cepa muy patógena comenzó a diezmar puercas en una granja de Carolina del Norte, y empezaron a surgir nuevas y más virulentas versiones año tras año, incluida una variante del H1N1 que contenía los genes internos del H3N2 (causante de la otra gripe de tipo A que se contagia entre humanos).
Los investigadores entrevistados por Science se mostraban preocupados por la posibilidad de que uno de esos híbridos pudiera llegar a convertirse en un virus de gripe humana –se cree que las pandemias de 1957 y de 1968 fueron causadas por una mezcla de genes aviares y humanos fraguada en el interior de organismos porcinos—, y urgían a la creación de un sistema oficial de vigilancia para la gripe porcina: admonición, huelga decirlo, a la que prestó oídos sordos un Washington dispuesto entonces a tirar miles de millones de dólares por el sumidero de las fantasías bioterroristas.
¿Qué provocó tal aceleración en la evolución de la gripe porcina? Hace mucho que los virólogos están convencidos de que el sistema de agricultura intensiva de la China meridional es el principal vector de la mutación gripal: tanto de la "deriva" estacional como del episódico "intercambio" genómico. Pero la industrialización granempresarial de la producción pecuaria ha roto el monopolio natural de China en la evolución de la gripe. El sector pecuario se ha visto transformado en estas últimas décadas en algo que se parece más a la industria petroquímica que a la feliz granja familiar que pintan los libros de texto en la escuela.
En 1965, por ejemplo, había en los EEUU 53 millones de cerdos repartidos entre más de un millón de granjas; hoy, 65 millones de cerdos se concentran en 65.000 instalaciones. Eso ha significado pasar de las anticuadas pocilgas a ciclópeos infiernos fecales en los que, entre estiércol y bajo un calor sofocante, prestos a intercambiar agentes patógenos a la velocidad del rayo, se hacinan decenas de millares de animales con más que debilitados sistemas inmunitarios.
El año pasado, una comisión convocada por el Pew Research Center publicó un informe sobre la "producción animal en granjas industriales", en donde se destacaba el agudo peligro de que "la continua circulación de virus (…) característica de enormes piaras, rebaños o hatos incremente las oportunidades de aparición de nuevos virus por episodios de mutación o de recombinación que podrían generar virus más eficientes en la transmisión entre humanos". La comisión alertó también de que el promiscuo uso de antibióticos en las factorías porcinas –más barato que en ambientes humanos— estaba propiciando el auge de infecciones estafílocóquicas resistentes, mientras que los vertidos residuales generaban brotes de escherichia coli y de pfiesteria (el protozoo que mató a mil millones de peces en los estuarios de Carolina y contagió a docenas de pescadores).
Cualquier mejora en la ecología de este nuevo agente patógeno tendría que enfrentarse con el monstruoso poder de los grandes conglomerados empresariales avícolas y ganaderos, como Smithfield Farms (porcino y vacuno) y Tyson (pollos). La comisión habló de una obstrucción sistemática de sus investigaciones por parte de las grandes empresas, incluidas unas nada recatadas amenazas de suprimir la financiación de los investigadores que cooperaran con la comisión.
Se trata de una industria muy globalizada y con influencias políticas. Así como el gigante avícola Charoen Pokphand, radicado en Bangkok, fue capaz de desbaratar las investigaciones sobre su papel en la propagación de la gripe aviar en el sureste asiático, es lo más probable que la epidemiología forense del brote de gripe porcina se dé de bruces contra la pétrea muralla de la industria del cerdo.
Eso no quiere decir que no vaya a encontrarse nunca una acusadora pistola humeante: ya corre el rumor en la prensa mexicana de un epicentro de la gripe situado en torno a una gigantesca filial de Smithfield en el estado de Veracruz. Pero lo más importante –sobre todo por la persistente amenaza del virus H5N1— es el bosque, no los árboles: la fracasada estrategia antipandémica de la OMS, el progresivo deterioro de la salud pública mundial, la mordaza aplicada por las grandes transnacionales farmacéuticas a medicamentos vitales y la catástrofe planetaria que es una producción pecuaria industrializada y ecológicamente desquiciada.
Mike Davis es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Traducidos recientemente al castellano: su libro sobre la amenaza de la gripe aviar (El monstruo llama a nuestra puerta, trad. María Julia Bertomeu, Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2006), su libro sobre las Ciudades muertas (trad. Dina Khorasane, Marta Malo de Molina, Tatiana de la O y Mónica Cifuentes Zaro, Editorial Traficantes de sueños, Madrid, 2007) y su libro Los holocaustos de la era victoriana tardía (trad. Aitana Guia i Conca e Ivano Stocco, Ed. Universitat de València, Valencia, 2007). Sus libros más recientes son: In Praise of Barbarians: Essays against Empire (Haymarket Books, 2008) y Buda's Wagon: A Brief History of the Car Bomb (Verso, 2007; traducción castellana de Jordi Mundó en la editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2009).

lunes, abril 27, 2009

sobre el periodismo entrevista a Jean Daniel. Genial

REPORTAJE: MAESTROS DEL PERIODISMO Jean Daniel Fundador de 'Le Nouvel Observateur'
"La capacidad de hacer el mal que tiene el periodista es devastadora"
JUAN CRUZ 18/01/2009

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Jean Daniel tiene su estudio lleno de fotografías, y entre todas destaca las que guarda de su maestro, Albert Camus, que es para él no sólo un paisano (Argelia les une, la guerra de Argelia les dividió) sino una fuente constante de inspiración. Le acaba de dedicar un libro, Camus a contracorriente (Galaxia Gutenberg), que es al tiempo un homenaje al periodista e intelectual que fue premio Nobel de Literatura, sino que es también un libro de estilo para ejercer este oficio.
"El fundamento del periodismo es buscar la verdad y contarla"
"Hacer periódicos no es, ni será, como producir judías en lata"
La noticia en otros webs
webs en español
en otros idiomas
"La fascinación del poder no debe hacer caer en la complacencia, la indulgencia y la corrupción"
"Puede ocurrir que los periódicos de hoy sean mañana suplementos de Internet"
"Hemos perdido los instrumentos de previsión. Obama es la confirmación total de ello"
"La filosofía de la transparencia, cuando se lleva al extremo, viola la vida privada"
En ese libro hay una imagen, de la que no hay fotos, en las que se ve a Camus entrando en una boîte, con sus colegas del periódico Combat, resistente contra la ocupación nazi de París; habían hecho un buen periódico ese día, Camus estaba exultante y al entrar a la sala de copas exclamó: "¡Vale la pena luchar por una profesión como esta!" Jean Daniel tiene una larga trayectoria como periodista, acaso el más influyente de Francia en algún momento, sobre todo como director y cabeza pensante de Le Nouvel Observateur, una revista elitista que él decidió convertir en un magazine de gran tirada sin disminuirle su ambición cultural.
En esa abigarrada colección de fotos que son las cuatro paredes de su estudio parisino hay alguna muesca de ese éxito, por ejemplo una información que le recuerda que en 1978 fue elegido el mejor periodista francés, el premio Príncipe de Asturias que le concedió la Fundación Príncipe de Asturias, y otras señales de su gran influencia, cerca, por ejemplo, del presidente Mitterrand. Es complicado escribir (en prensa) sobre los amigos políticos, pero en libros lo hace y lo hará, "porque ahí me puedo detener en detalles".
Ya tiene 88 años, mantiene alertas todas sus facultades, escribe sus artículos (también para EL PAÍS), viaja, presenta libros, y está en permanente contacto con la revista. Y con la realidad. Detrás de su asiento está la portada del New York Times del último 5 de noviembre; en primera página, el gran periódico norteamericano le cita como un referente izquierdista europeo que ha glosado "la épica" gloriosa de Barack Obama, y él está feliz con ese recorte, que tiene enmarcado. Su aversión a las fotos, dicen, es una cuestión de coquetería de un galán que ya ha juntado demasiados años como para que no haya caído alguno sobre su rostro, pero Mordzinsky le sacó unos retratos a los que él accedió con su buen humor cansado. ¿Y aquella frase de Camus? ¿Vale la pena luchar por este oficio? De eso le preguntamos, pero antes hablamos de él, de cómo empezó.
Pregunta. Empezaré por una pregunta que usted le hizo a Albert Camus. ¿Cómo ha llegado usted a ser periodista?
Respuesta. Por casualidad. En mi generación los jóvenes con posibilidades de escribir no diferenciaban entre la filosofía, la literatura, el compromiso político y el periodismo; eran cuatro tentaciones. Los dioses de esta época, los maestros del pensamiento de estos jóvenes, eran americanos: Hemingway, Dos Passos, Steinbeck...; en Francia, Malraux, que hizo aquel reportaje sobre la guerra en Teruel... Era gente que lo hacía todo: el compromiso político, la literatura, la filosofía -no siempre-, y el periodismo. Así que cuando se es joven y se han cursado estudios de humanismo no es necesario hacer una elección entre los cuatro. Si se elige uno se eligen también los otros, no se sacrifica nada. Cuando empecé a escribir siempre fue con la idea de que si hacía un artículo podía hacer un libro. ¿Y qué lo decidió todo? En primer lugar, encontrar a Camus.
P. Un encuentro trascendental.
R. Yo era muy, muy joven, y fue una suerte encontrar a Camus; yo hacía una revista, Caliban, y él me quiso conocer. Otra de las causas de nuestro encuentro fue la guerra de Argelia... Si no hubiera existido esa guerra, que fue tan importante para Francia, para el mundo árabe y para el mundo en general, no hubiera escrito sobre Argelia, probablemente, y quizá no hubiera tenido con él una relación tan intensa... Y desde que me hice periodista nunca he dejado de estar poseído por la necesidad de los libros. He escrito unos veinticuatro libros, y eso distribuye mis anhelos. Pero ha sido muy difícil hacerlos siendo director de periódico. Ser director de periódico no es lo mismo que ser periodista, en absoluto. A menudo es incluso peor. Está la presión de tener a jóvenes a tu lado; hay que animarles, hay que crear con ellos, la gente te concede poderes.
P. ¿Y qué papel le gusta más, periodista o director?
R. No tienen nada que ver. Siempre me han gustado mucho los grandes reportajes. Los reportajes míos que han tenido más éxito son como pequeñas novelas. Sin quererlo, salieron espontáneamente. Me gustaba descubrir un país, interesarme por unos hombres, unas situaciones... Elegía países donde habían vivido hombres que admiraba. Ese fue un gran momento. La dirección me ha apasionado porque tenía la ambición, quizá pretenciosa, de crear otra cosa, no hacer lo mismo que los demás. Siempre se quiere hacer algo diferente, y yo quería crear periodismo cultural. En este sentido la dirección me interesaba. Pero, ¿cuál es el problema? El periodismo es un equilibrio entre la imagen y la rentabilidad del periódico. Un periódico cultural no es para el público en general. Me he rodeado de las personas más competentes y he tenido uno de los mejores equipos de Europa. Y todos han destacado; algunos están en la Academia francesa, otros en la de Bellas Artes, todos han conseguido algo, y el periódico ha destacado sin romper su imagen ni su rentabilidad. De ese equilibrio estoy orgulloso.
P. Se interesa por las personas. Y por el poder. ¿Cómo debe ser la relación del periodista con el poder?
R. El poder fascina. Fascina a los periodistas muy a menudo porque si tienen el gusto por la literatura quieren saber cómo se hace la historia... La historia: los pueblos la sufren, los dictadores (o los poderosos) la hacen, y los periodistas la contemplan para describirla. Los periodistas están entre el poder y la historia. Y han de saber cómo funciona el poder, con la condición de que la fascinación no caiga en la complacencia, la indulgencia y la corrupción... Con esas condiciones es muy interesante ver cómo funciona un hombre que detenta todos los poderes. En este momento hay que desconfiar de todo, hasta del más mínimo detalle. A mi siempre me invitaban, siempre, y tenía un método: o rechazaba la invitación o la aceptaba haciéndola notar. Una vez me invitó el Rey de Marruecos a un gran hotel de Marrakech, y me dijeron que sería ofensivo si pagaba yo la cuenta. Acepté la invitación e hice un donativo por ese importe para obras benéficas de la ciudad, e hice público el gesto... Es muy difícil juzgar con rigor y objetivamente a gente que tienes frente a ti. Tiene que haber una disciplina, sobre todo si estás muy interesado en esas personas; y debes cuidar en todo momento cada detalle.
A mi me han ofrecido de todo: una casa en México, en Túnez también querían ser muy amables conmigo... He tenido la tendencia a ser más crítico cuanto mejor me recibían. Pero la relación del poder con la prensa es un problema en los dos sentidos. He conocido periodos en que había corrupción de los periodistas, pero he conocido periodos en los que existía acoso de los periodistas. Un hombre con poder es un hombre que esconde algo y hay que descubrirlo. Hay que descubrir el crimen. ¿Qué crimen? No se sabe, pero hay que descubrirlo. Es una actitud equivocada pensar que siempre hay un crimen. Existen los dos excesos, y ahora existe el exceso de la transparencia: no se sabe qué crimen hay pero hay que descubrirlo.
Es cierto que un dictador lo esconde todo, y nuestro papel es descubrir qué esconde. Pero se han pasado los límites: la filosofía de la transparencia, cuando se lleva hasta el extremo, por virtud o por vicio, llega hasta la violación de la vida privada. Y existe una intromisión nueva, la intrusión de la fotografía en la vida íntima... Cuando se traspasan los límites se llega a aberraciones. Mire lo que ha pasado ahora con Milan Kundera, el gran novelista checo, acusado de haber denunciado a un compañero... En aquel tiempo él tenía veinte años, ahora tiene setenta. No había pruebas. Los periodistas se fueron a Praga y no encontraron pruebas. Pero hubo un titular junto a una gran foto de Kundera: Kundera habría sido... Y con ese condicional, la enorme foto y el titular ya Kundera es... El texto en sí era honesto, pero el lector se fija tan solo en la imagen, y en la fuerza del condicional. El fin del periodismo es escribir, el texto. Pero en esa información existe sólo la fuerza de la imagen, la fuerza del título y la fuerza del condicional. Quizá el periodista fuera honesto, pero mire usted el resultado.
P. Es el principio de la calumnia.
R. Absolutamente, salvo que la calumnia ahora se apoya en las nuevas tecnologías.
P. En la dispersión de los rumores.
R. No es exactamente eso. Hace algunos años sí se producía la difusión del rumor, un término que arranca de Beaumarchais. Pero ahora lo nuevo es la presentación de las noticias. Enciendes la televisión y ves una cara. ¿Qué ha hecho? Y después de la cara alguien dice: "Ha sido acusado de ..." Sin pruebas. No es sólo la difusión del rumor, es la fuerza que se da a la presentación del rumor.
P. Internet es un instrumento que difunde rápidamente todo lo que toca.
R. Sí, es una posibilidad de multiplicación del rumor.
P. ¿Cuál es su posición sobre el porvenir de la prensa a partir de la aparición de este poderoso instrumento?
R. ¡Si yo lo supiera! Saberlo es muy importante para mucha gente, también para los editores de periódicos. Es verdad que existe una crisis de la prensa; puede ocurrir que los periódicos de hoy sean suplementos de Internet. La realidad será Internet. Es una posibilidad. Con el libro no va a pasar lo mismo. Se ha demostrado que la gente quiere tener algo en las manos, un objeto como este. Hay algo de mágico en el libro, la forma, las páginas...
P. ¿Y qué aporta Internet al periodismo?
R. A los periodistas les aporta el gusto por la velocidad. La posibilidad de que cualquiera pueda contestar a cualquiera. El hecho de que todo el mundo pueda ser un periodista, y, en este caso, que los propios periodistas ya no crean en ellos mismos, porque se les cuestiona en todo momento. Se está produciendo un descrédito de la función del periodista.
P. Que se preparó para ser periodista.
R. Todo ese itinerario de preparación, que terminaba con un estatuto de prestigio y de autoridad del periodista, es destruido por la repentina aparición de alguien que ha encontrado una foto y la pone en Internet. Y esa foto puede destruir a alguien. Hay ventajas, no son para el periodista, pero hay ventajas. Es el sueño de la opinión pública, es verdad que se le abre una posibilidad infinita a la capacidad de expresarse. Pero lo que le decía con respecto al peligro que hay en esta situación supone una preocupación para mi.
P. Camus decía que el periodismo era la información crítica. Acaso la velocidad puede cambiar esa definición de periodismo.
R. No es forzosamente malo reaccionar ante las opiniones. Además, esa velocidad proporciona una impresión inmediata del sentir popular. Todo no es malo, no. Se puede saber de manera instantánea si lo que uno escribe suscita interés... Pero es cierto que todo el mundo tiene miedo. Y hay gente que explota ese miedo y piensan que Internet va a acabar con la prensa escrita, que cada vez va a haber más prensa gratuita, y que los periódicos serán suplementos de Internet. Yo no estoy capacitado para hacer una predicción. ¡Y además no soy un magnate de la prensa! Soy tan solo director de Redacción, y soy el único director de periódico que no tiene ni una acción de la compañía. ¿Se da cuenta de lo que esto supone?
P. Debe ser muy bueno para un periodista... Balzac decía que si la prensa no existiera había que procurar no inventarla...
R. ¡Lo decía porque ya existía, existió siempre! En el sentido moderno existe desde Gutenberg y desde la invención del correo. Pero antes de todo eso había personas que repetían las cosas, gente que distribuía gacetas, libelos..., existía la necesidad de repetir lo que pasaba. ¿Qué es el periodismo? Es decir a otro lo que uno sabe y el otro desconoce. Es tratar de saber algo incluso con riesgo de tu vida, como el corredor de Maratón que va a llevar la noticia de la victoria de los atenienses. ¿Hay porteros en España?
P. Sí, y hubo serenos.
R. Pues cuando un portero va a contarle a otro qué pasa en su casa, eso es el principio del periodismo.
P. En su libro sobre Albert Camus usted recoge cuatro pautas sobre las obligaciones de un periodista: "Reconocer el totalitarismo y denunciarlo. No mentir y saber confesar lo que se ignora. Negarse a dominar. Negarse siempre y eludiendo cualquier pretexto a toda clase de despotismo, incluso provisional". ¿Cuáles son para usted las obligaciones de un periodista hoy?
R. La lista de Camus sigue vigente. ¿Qué hay que agregar a esa lista? Probablemente, la capacidad de conocer las nuevas trampas de la tecnología. Cuando Camus enumera esas obligaciones no existía aun la televisión. Y el reino de la imagen lo ha cambiado todo, incluso la forma de escribir. Imagine un novelista que escribe una novela y en cada párrafo alguien le dijera que su nivel de audiencia baja o sube. ¡Escribir en función de la reacción inmediata del lector! La gran innovación que ha incrementado los temores enunciados por Camus es la simultaneidad, la ubicuidad, el hecho de que cuando alguien habla faltan segundos para que lo sepa toda la Tierra. Es algo extraordinario.
P. Esa simultaneidad afecta también a la vida privada, otra de sus preocupaciones. Dice usted que la amenaza a la vida privada es el peor defecto del periodismo actual.
R. Somos muchos los que pensamos eso; hay mucha gente que piensa que la transparencia es algo muy importante, y que si la vida pública se ha mezclado con la vida privada el lector tiene derecho a conocer ésta. Es una postura, y no es la mía en absoluto. Pero hay gente de alto nivel que piensa eso. Piensan que si Berlusconi mezcla su vida pública con sus intereses privados tenemos derecho a conocer detalles de esos hechos. Hay gente que no es deshonesta que piensa eso. Y eso nos puede llevar muy lejos.
P. Por eso dice usted que el periodista tiene un poder injusto.
R. Naturalmente, muy a menudo es así. La capacidad de hacer el mal que tiene el periodista es devastadora. En un día o en una hora se puede deshacer una reputación, se puede transformar a alguien que tiene fama de ser honesto en un terrible malhechor. Es un poder terrible.
P. ¿Y cómo se puede limitar ese poder sin llegar a la censura?
R. Es una apreciación difícil que depende en primer lugar del director de Redacción, del redactor jefe, del jefe de departamento, de la forma como se concibe el periódico. Esto pasa de paredes para adentro, no hace falta una ley para eso.
P. Usted advierte, como Camus, contra la primicia: es mejor verificar que lanzarse con una noticia que está segura, no hace falta ser los primeros...
R. Es mejor ser el segundo pero verídico que el primero pero equivocado. Todo el mundo quiere ser el primero... En la época de Camus había un gran asunto, la violencia, y él quería ahondar más en eso, el asunto de las primicias estaba en segundo lugar... Hablé con él muchas veces de eso: cuándo acabará el Mal, cómo se da respuesta a la agresión, ¿se llega a imitar al enemigo? ¿Qué porvenir tendrá nuestra Causa si empleamos las mismas armas que nuestros enemigos? ¿Y el periodista, es honesto utilizando medios que considera inaceptables para otros? Ahora tenemos preguntas parecidas. ¿Qué hacemos con Irán? ¿Tenemos que hacer como Irán para ir contra Irán? La pregunta es si hoy estamos condenados a imitar los medios de los enemigos. Camus me interesó y me sigue interesando porque su gran preocupación tiene que ver con el modo que el periodismo tiene de enfrentarse al gran tema de nuestro tiempo, la violencia. Cada texto fundamental sobre el periodismo debería de ir acompañado por una filosofía de la violencia.
P. "Sueño con un periódico que destierre todo tipo de mentira, en el que la virtud fue, no obstante, divertida, y en donde se defendieran encarnizadamente tres principios: los de la Justicia, el Honor y la Felicidad".
R. Muy de Camus... ¡El honor, tan castellano! No sé si hoy habría un periódico como ese que soñaba Camus. Él iba muy lejos, y era un puritano. Cortó una serie de reportajes porque estaba harto de que comiéramos del dolor de las mujeres. Un puritano. El mundo ha cambiado. El día en que el Times de Londres puso una foto en portada el mundo periodístico cambió radicalmente.
P. Usted dice que el periodismo consiste en vivir la historia mientras ésta se hace. ¿Cómo ve la historia haciéndose ahora?
R. Hemos perdido los instrumentos de previsión; eso es lo más novedoso. No hay ciencia económica, no hay conocimiento analítico financiero: se han equivocado todos. Desde hace diez años se han equivocado todos. Hemos perdido los instrumentos de previsión y nos faltan paradigmas. Estoy rodeado de jóvenes economistas, muy seductores y muy simpáticos, pero si los reúno no saco nada en claro. Primero, porque no están de acuerdo entre ellos y cuando están de acuerdo no saben qué va a pasar. Levi-Strauss me lo ha dicho y lo he escrito: la ciencia es importante, todo el mundo se alegra de ello, pero nada es verdadero porque el mundo se ha vuelto imprevisible. Eso decía.
R. ¿Incluso con Obama?
R. Sobre todo con Obama. ¿Quién había previsto a Obama? Es la confirmación total de lo anterior. La historia de Obama es increíble. Uno de mis mejores amigos es un gran economista americano. Le conozco desde hace treinta años, es un banquero. La semana pasado hablamos por teléfono y al cabo de un rato me dice: "No sé quién será el secretario de Estado; cualquiera, menos Hillary Clinton". ¡Ese era el hombre en quien yo confiaba más desde hace décadas! Y al día siguiente llega la noticia del nombramiento de Hillary Clinton... Y él está allí, en ese mundo. Imprevisible.
P. Usted recuerda esa escena: Camus llega a una boîte, está feliz por la edición del último número de Combat y exclama: "¡Vale la pena luchar por una profesión como esta!" ¿Usted diría lo mismo hoy?
R. [Después de un largísimo silencio] Merece la pena. Sí, creo que merece la pena. He tardado en responderle porque me he vuelto muy preocupado y hasta un poco pesimista. Pero digamos que merece la pena luchar. Él decía: "Vale la pena". Yo digo que merece la pena luchar.
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domingo, abril 26, 2009

bertolt brecht: refugio nocturno

Refugio nocturno
Bertolt Brecht
Me han contado que en Nueva Yorken
la esquina de la calle 26 con Broadway
se pone cada atardecer un hombre durante los meses de invierno
y, pidiendo a los que pasan,consigue un techo para que pase la noche
la gente desamparada que allí se reúne.
Con eso no cambia el mundo
no mejoran con eso las relaciones entre los seres humanos
no es ésa la forma de acortar la era de la explotación.
Pero algunos hombres tienen cama por una noche
se les abriga del viento durante toda una noche
y la nieve a ellos destinada cae en la calle.
No abandones el libro, tú que lo estás leyendo.

jueves, abril 23, 2009

poemas humanos de Cesar Vallejo

derechas e izquierdas

debatir con la derecha, pasando a la ofensiva. Entrevista
George Lakoff • • • • •

07/05/06

El lingüista y científico cognitivo George Lakoff publicó hace ya más de una década un libro de gran originalidad científica que no tuvo mucha repercusión fuera de la pequeña comunidad académica interesada en la lingüística, la psicología y la ciencia social cognitivas (Moral Politics, Chicago University Press, 1996), a pesar de su llamativo subtítulo: "Lo que sabe la derecha que ignora la izquierda". Se trataba de una investigación sobre la organización lingüístico-cognitiva de los discursos políticos de la derecha y de la izquierda, que según Lakoff pivotaban sobre dos "metáforas radiales" de todo punto distintas: la del "padre estricto", en el caso de la derecha; la de los "padres nutrientes", en el caso de la izquierda. Lakoff venía a sostener que los avances de la derecha norteamericana desde los tiempos de Reagan derivaban en buena parte de la autoconsciencia y la coherencia con que ésta se servía retóricamente de su metáfora central del "padre estricto". La izquierda, en cambio, estaba lejos de comprender ese juego, y parecía incapaz de articular su propia retórica sirviéndose congruamente en el debate político, y aun en el discurso académico –la devastadora crítica cognitiva que hizo Lakoff de la filosofía política del liberalismo de izquierda académico norteamericano es memorable—, de los recursos de la metáfora de los "padres nutrientes". Resultado: en los debates políticos, cada vez más, la derecha lograba imponer su marco cognitivo de referencia, poniendo a los progresistas a la defensiva y obligándoles a categorizar la vida político-social en su propios términos. Tal vez cansado de la poca resonancia que sus ideas tenían fuera de los recintos académicos, convencido de la relevancia práctica de su descubriento científico, y desde luego espoleado por el extremismo de la Administración Bush a partir del año 2000, Lakoff se lanzó al ruedo. Escribió para un público más amplio, asesoró a movimientos políticos y sociales y a candidatos progresistas o liberales (incluido el propio Kerry) y cofundó con otros colegas de la Universidad de California un think tank progresista, el Rockridge Institute. En 2004 publicó una especie de panfleto que logró una vasta audiencia: Don't Think of an Elephant: Know Your Values and Frame the Debate (No pienses en un elefante [el símbolo del partido republicano]: sé consciente de tus valores y enmarca tú el debate), al que él mismo llamó "guía esencial para progresistas". Reproducimos a continuación la entrevista que Bonnie Azab Powell le hizo para NewsCenter a propósito de la aparición de ese opúsculo. SP.
¿De qué va su nueva "guía esencial para progresistas"? El mismo partido demócrata parece tener dificultades para definir lo que es hoy progresista, de izquierda, liberal [en senido norteamericano].
Por eso mismo escribí un capítulo sobre lo que une a la gente progresista de izquierda: un sistema moral, ciertos principios políticos y lo que yo llamo directrices políticas, que es distinto de las políticas. Una directriz política es algo así como: "Necesitamos un medio ambiente sostenible", o "Los trabajadores no deben vivir en la pobreza", o "Todo el mundo debería poder tener asistencia sanitaria". El problema es que los Demócratas se han empeñado en hablar de programas, más que de directrices políticas, y los programas precisan de distinciones, las cuales tiende a separar a las gentes. Por ejemplo, Kerry debería haber hablado de asistencia sanitaria para todos, y limitarse a poner en su página web los detalles del programa. Los valores, los principios y las directrices generales son las cosas que interesan a las gentes, y lo que las mantiene unidas. No tiene objeto argüir sobre detalles de políticas, porque no tendrán el menor efecto.
En otro capítulo, explico a los progresistas cómo tienen que discutir con los conservadores. No se trata de ciencia de altos vuelos: deberíamos mostrar respeto, conocer sus valores, no desmayar en la reconfiguración del marco del discurso y decir lo que creemos. Lo importante es no aceptar su marco de discurso, no sólo negarlo, porque esto no hace sino reforzarlo. Confrontarlos sólo con hechos, no sirve de nada. Los marcos esquivan los hechos. Los meros hechos no te dejan el camino expedito. Tienes que reconfigurar los marcos en que se discuten los asuntos, antes de que los hechos puedan resultar significativos y hacerse contundentes.
Algunos conservadores son ideólogos, y no les sacarás de ahí. Pero muchos conservadores son gentes agradables. Lo que tienes que hacer es activar cognitivamente su modelo nutriente, despartar su empatía. Preguntarles por quién se preocupan, qué cosas les inquietan, y por qué. Descubrir sus empatías. Conectar con la parte de ellos que comparte tus valores, y servirse de eso para pasar a otros asuntos.
Dijo Usted el pasado octubre [de 2003] que los "progresistas no tienen ni idea", que ni siquiera se percatan de que los conservadores controlan los términos del debate. ¿Han mejorado entretanto, en punto a reconfigurar el marco de su discurso?
Ha habido bastantes mejoras. En nueve meses hemos conseguido llegar a un montón de gente. Pudo Usted verlo en la Convención Demócrata, en los discursos de Bill Clinton, Ted Kennedy, Barack Obama y John Kerry. Todos hablaron de valores. Un enorme cambio, y no por casualidad. Hablaron de unidad, no de cultura de la guerra. Empezaron a explicar por qué los valores Demócratas son los valores tradicionales americanos: un paso importante. La idea es muy sencilla: miren las cosas de las que más orgullosos nos sentimos en este país, desde la Declaración de Independencia hasta el día de hoy. Había esclavitud. La abolimos. Sólo varones propietarios podían votar. Ahora los no propietarios y las mujeres pueden votar.
El New Deal, la Ley de Derechos Civiles, la Ley de Derechos de Sufragio: todo eso son productos de valores progresivos, de izquierda. Representan avances del modelo parental "nutriente" sobre el modelo conservador del "padre estricto". Esos movimientos se ven también como derivados de valores americanos tradicionales, parte de la herencia común. De manera que, cuando empiezas a observar las cosas de que está legítimamente orgulloso este país, lo que ves es el despliegue de los valores progresistas. Es tiempo de decir esto alto y claro.
Uno de los valores que los Demócratas en Convención parecían querer instilar en casi cada afirmación era el de la "fortaleza". ¿Cuadra ésto con el canon progresista?
Tienes que responder a la fortalea con fortaleza. Eso deriva directamente de mi Moral Politics: el padre estricto tiene que ser fuerte, pero los padres nutrientes tienen que serlo también. Sin embargo, los Demócratas se han equivocado a la hora de trazar la distinción en el tipo de fortaleza preconizada por Kerry, porque evitaron usar la palabra "débil" en referencia a Bush. Querían hacer una campaña totalmente positiva –que de todas formas no lo fue— , pero no querían decir que Bush había hecho al país más débil. El asunto de la debilidad despierta el esteoreotipo de los progresistas, de manera que, en vez de eso, dijeron: "Mirad, lo que nosotros queremos es una América más fuerte".
Pero "más fuerte" no necesariamente implica que lo actual sea débil. Tendrían que haber hablado más directamente de todos los puntos en que Bush ha debilitado al país. Teniendo como tienen buenas razones, fundadas en una pauta de conducta, no tienden a usar una gramática que realmente afirme el mensaje, como: "Somos más débiles en educación; he aquí por qué. Somos más débiles en seguridad; he aquí por qué". Podría escribirse ese argumento en media página. Pero los Demócratas no están por la labor, de ningún modo.
¿Por qué les gusta tanto a los conservadores usar la frase "elite liberal" como epíteto?
Los conservadores han estigmatizado a los liberales, y los liberales les dejan el camino expedito: la "elite liberal", los "liberales de latón", los "liberales de limusina". Lo divertido es que la elite son los conservadores. La idea central de la doctrina conservadora es que algunos son mejores que otros, que algunos merecen más que otros. Para los conservadores, si eres pobre es porque te lo mereces, porque no eres lo bastante disciplinado para despuntar. La doctrina conservadora require que haya una elite: la gente que se desempeña bien en el mercado libre tiene más dinero, y es justo que lo tenga. Los progresistas dicen: "No, eso no es justo. Tal vez algunos tengan que tener más dinero, pero nadie debería vivir en la pobreza. Todo el que trabaje merece tener un nivel de vida razonable a cambio de su trabajo". Se trata de ideas liberales o progresistas, y los progresistas no las explicitan lo suficiente.
Lo que los progresistas promueven no es en absoluto una elite. Los progresistas deberían hablar de la elite conservadora. No deberían lamentarse de los "recortes fiscales para los ricos"; deberían quejarse de los "recortes fiscales para la elite conservadora", porque eso es lo que toca nervio.
Hablando de impuesos, los Demócratas parecen al menos haber dejado de caer en la trampa de servirse de la locución "alivio fiscal", con lo que caían de cuatro patas en el marco conservador, según el cual los impuestos son un agravio del que los ciudadanos necesitan ser rescatados. Pero no han logrado presentar un marco alternativo para los impuestos.
Una y otra vez meten la pata y hablan de "alivio fiscal para las clases medias". Pero sí, parece que están aprendiendo. Entretanto, los Republicanos han incrementado el uso de esa locución.
Hace poco, estuve hablando sobre los impuestos como inversiones en el bien común. En el pasado, el gobierno hizo determinadas inversiones sabias en cosas como la red de autovías interestatales. Tu simplemente subes a tu automóvil y manejas; no piensas que, cada vez que usas las autovías, estás cobrando un dividendo de esa inversión previa, y lo mismo ocurre con cualquier empresa que tenga un camión de transporte circulando por la red interestatal de autovías. Internet es otro ejemplo. Comenzó como una red subvencionada por el Departamento de Defensa, con el dinero de los contribuyentes invertido por el gobierno. Ahora, cada vez que navegas por internet, estás cobrando un dividendo. Los fármacos y los avances médicos subvencionados por los Institutos Nacionales de Salud han sido financiados también por los contribuyentes. Los chips de nuestras computadoras y de nuestros autos existen gracias a anteriores inversiones gubernamentales de dinero de los contribuyentes en la investigación de los semiconductores.
¿Y no dirían aquí los conservadores lo mismo que dicen sobre la seguridad social, que los individuos invierten mejor su dinero que el gobierno?
Eso es mus sencillo. ¿Prefiere que el gobierno construya y mantenga el sistema de autovías, o hacerlo Usted mismo? ¿Preferiría acaso que una compañía privada poseyera el sistema de autovías e internet y le cobrara a Usted Dios sabe cuánto por usarlos? A Usted le gusta el ejército, ¿pero querría Usted construir su propio ejército? ¿Y qué hay de su propia policía, y de sus propios bomberos? No. Usted quiere un gobierno que pueda hacer cosas que a Usted le resultan necesarias en áreas en las que las empresas privadas no pueden hacerlas o no quieren hacerlas o no resultan confiables a la hora de hacerlas bien. Uno de los objetivos básicos de los progresistas es un futuro mejor para todos. Para lograr eso, hay centenares de razones que hacen necesario un gobierno sabio y eficiente.
En lo que hace a las inversiones gubernamentales de tu dinero de contribuyente, las empresas y el mundo de los negocios se benefician aún más que la gente común y corriente. Para arrancar un negocio, no necesitas inventar la ciencia computacional o la red telefónica, no tienes que construir un sistema de autovías. Están aquí, a disposición del mundo de los negocios, como la Reserva Federal, como el Departamento del Tesoro, como la SEC [la agencia de control del mercado de valores], como el Departamento de Comercio y como los tribunales. Cuando una empresa entra en disputa con otras, no necesita abrirse camino por su propia cuenta para que se haga justicia; ya pagamos todos antes para ello. El noventa por ciento de los tribunales se ocupa de disputas entre empresas. Las empresas sacan enormes ventajas y beneficios de eso, que sufragan los contribuyentes y que ellas han dejado de sufragar. Los impuestos pagados por las empresas representaban normalmente el 38% de todos los impuestos en EEUU. Ahora representan menos del 10%. Los contribuyentes comunes y corrientes están haciendo ahora las inversiones en infraestructura, y los accionistas de las compañías reciben los dividendos. Lo cual es, sencillamente, injusto.
En alguna occasion, ha dicho Usted que los progresistas no deberían usar jamás la locución "guerra al terror". ¿Por qué?
Hay dos razones. Empecemos con "terror". El terror es un estado general, y es interno a la persona. El terror no es la persona a la que estamos combatiendo, el "terrorista". La palabra terror activa tu miedo, y el miedo activa el modelo del padre estricto, que es lo que los conservadores quieren. La "guerra al terror" no pretende que dejes de tener miedo; pretende, precisamente, que lo tengas.
Vengo ahora a la "guerra". ¿Cuántos terroristas hay"? ¿Cientos? Desde luego. ¿Miles? Tal vez. Ello es que los terroristas son gente real, un número relativamente pequeño de individuos, si tenemos en cuenta las dimensiones de nuestro país y de otros países. No es un problema de un estado-nación. La guerra es un problema de estados-naciones.
¿Y qué me dice de la "guerra a la droga" y de la "guerra a la pobreza"?
Son metáforas. Las guerras reales son guerras contra países. Y en la "guerra al terror" estamos atacando a países. Pero esos países no son lo mismos que los terroristas. Estamos actuando en el plano equivocado. Por lo demás, al usar ese marco, lo que conseguimos es un comandante en jefe, como a los Republicanos les gusta llamar a Bush: un "presidente para la guerra", investido de "poderes de guerra", lo que implica que las garantías y protecciones corrientes no deben ser observadas. Un "presidente para la guerra" tiene poderes extraordinarios. Y la "guerra al terror", obvio es decirlo, no termina nunca. No hay tratado de paz con el terror. Es una receta para mantener indefinidamente a los conservadores en el poder. Con tres palabras –"guerra al terror"— han logrado poner por obra grandes cambios políticos.
Bush planteó la guera contra Irak como parte de la "Guerra al terror". ¿Cómo pueden los progresistas configurar el marco de su oposición a la guerra en Irak, sin ser tachados de antipatrióticos o de aliados de los terroristas?
Criticando a Bush por hacernos más débiles. Diciendo bien alto, y sin dejar de enarbolar la bandera, que la guerra de Irak nos hizo más vulnerables a los terroristas de muchas formas. Irak nada tenía que ver con el 11 de septiembre, ni con al Qaeda. Al desplazar tropas de Afganistán a Irak, puede que Bush haya dejado escapar a Bin Laden, y desde luego permitió reagruparse a al Qaeda y a los talibanes. Además, la guerra de Irak ha reclutado más terroristas. Los 200 mil millones de dólares que hemos gastado allí, podrían haberse gastado en aumentar la seguridad nacional, que ha sido campanudamente ignorada. Podrían haberse usado también para poner remedio a las causas profundas del terrorismo, que la Administración Bush ignora. Además, al concentrar sus esfuerzos en Irak, que no tenía un programa de desarrollo de armas nucleares, Bush ha permitido que Corea del Norte e Irán dieran pasos en el camino de convertirse en potencias nucleares. Permitir la proliferación nuclear ayuda al terrorismo.
La respuesta de Bush es siempre evasiva: que estamos mejor sin Sadam Hussein. Clinton dio la mejor réplica a este argumento. En el mundo hay otros chicos malos como Sadam Hussein: en Corea del Norte, en Irán, en Sudán. Hay malos chicos por doquier. ¿Vamos a invadir todos esos países? Como dijo Clinton, es imposible que podamos atacar, encarcelar o matar a cualquiera que esté contra nosotros. Lo que tenemos que hacer es ganar amigos.
También puedes adoptar un enfoque patriótico, y criticar a Bush por ineficiente. Tenemos que ir a la ofensiva. ¿Cómo se puede invadir Irak sin un plan de paz, sin equipar debidamente a nuestras tropas, sin contar con nuestros aliados?
¿Cómo puede reconfigurarse el marco de este asunto de Irak? Tu dices: "Vamos a la guerra cuando es realmente necesario, cuando somos atacados. No vamos a la guerra como instrumento de política económica. No vamos a la guerra como instrumento de ventaja geopolítica. Vamos a la guerra cuando no tenemos mejor opción. Vamos con un plan para ganar la paz, y vamos con tropas bastantes para ser eficientes. Éstas son las condiciones mínimas." En una palabra: de ninguna manera tienes que quedar en una posición defensiva.
La definición clásica de un conservador era la de alguien favorable al mantenimiento del statu quo, es decir, partidario de conservar la tradición y opuesto a grandes cambios en las leyes y en las instituciones. Bush, Cheney, Rumsfeld, Ashcroft et alteri ¿son propiamente conservadores?
Como digo en mi último libro, son radicales extremistas. No tratan de conservar nada. Tratan de imponer a América y al mundo entero un modelo de padre estricto sacado de un esquema de paternidad terrible y desastroso, presidido por el uso abusivo del poder y de la fuerza. Si eres lo suficientemente disciplinado como para ganar el suficiente dinero para pagar una buena asistencia sanitaria cara, lo mereces, como mereces poder pagar una buena educación a tus hijos. Si no, no lo mereces, y no lo tendrás.
Eso es contrario al igualitarismo americano y a la idea de equidad ecnómica, a la idea de que, si la gente trabaja duro y observa las reglas, tiene que tener un nivel de vida decente cuando la economía nacional en su conjunto tiene dinero suficiente. Hay dinero suficiente en esta econmía. Negar la asistencia sanitaria y la educación al pueblo trabajador va contra la mejor tradición de la política americana. Es extremista, y es antiamericano.
George Lakoff es catedrático de lingüística y ciencia cognitiva en la Universidad de California en Berkeley. Su famosa investigación lingüistico-cognitiva sobre las metáforas en la vida cotidiana, coescrita con Mark Jonson está traducida al castellano: Metáforas de la vida cotidiana, Madrid, Cátedra, 2001 (primera edición en inglés, 1980). Puede accederse a la página web del Rockridge Institute pulsando aquí: website.
Traducción para www.sinpermiso.info: Amaranta Süss

reaparicion del Estado un hecho promisorio

domingo, abril 19, 2009

ante la cumbre de las Americas

La retórica ciceroniana de Obama
Charlotte Higgins · · · · ·

30/11/08


Los discursos de Obama son admirados por muchos, y analizados hasta la última coma, pero según Charlotte Higgins, uno de sus aspectos más interesantes es la enorme deuda contraída con la oratoria romana.
En la carrera electoral a la presidencia estadounidense, la revista digital Slate propuso una serie de definiciones para los “obamaísmos” [por la manera de hablar del presidente de los EE.UU.; con Bush hubo “bushismos”; N.T.] Una de ellas era: “Barócrates.- Oscuro filósofo griego, pionero del método de enseñar, según el cual las grandes cuestiones se plantean como interrogantes y luego se eluden.”
Pero había otros guiños en Barack Obama que aludían a la Grecia y Roma clásicas. Cuando aceptó la nominación del Partido Demócrata, lo hizo frente a un decorado de columnas dóricas. Los republicanos dijeron que le traicionaban sus delirios de grandeza: éste era el templo del cual Obama emergería como un semidiós griego. ([El humorista gráfico] Steve Bell también percibió el aire romano de esta imagen, y dibujó a Obama como emperador togado.) De hecho, el significado de aquellas columnas iba mucho más lejos de lo que creyeron los republicanos. Recordaban a la Casa Blanca, la cual, a su vez, sintetiza algunos de los rasgos visuales de la República romana, en la que se basa la Constitución estadounidense. Recordaban al Lincoln Memorial, frente al cual Martin Luther King pronunció su discurso “Tengo un sueño” (I have a dream), que a su vez, recuerda al monumento en el cual se inspira el Lincoln Memorial, el Partenón. Acercándonos, de ese modo, simbólicamente a Atenas, la cuna misma de la democracia.
Así se ha planteado la cosa: para entender los próximos cuatro años de política norteamericana, vamos a tener que entender algo de la política de la Grecia y Roma clásicas.
Ha habido muchos aspectos controvertidos en estas elecciones presidenciales, pero si una cosa está fuera de duda es la habilidad de Obama como orador, uno de los factores más importantes -quizás el más importante- en su victoria. La abrumadora cantidad de personas que acudían a verle hablar le colocan a mucha distancia de sus rivales. Recuérdese, una vez más, la política de la Atenas clásica, donde el discurso público a los votantes era el motor de la política, y donde el arte de la retórica maduró al paso de la democracia.
Obama se ha sacudido de encima la tendencia de los últimos presidentes -sin excluir a Bill Clinton- de rebajar el nivel intelectual de sus discursos. El libro de Elvin T. Lim, The Anti-Intellectual Presidency: The Decline of Presidential Rhetoric from George Washington to George W Bush [La presidencia anti-intelectual: el declive de la retórica presidencial desde George Washington a George W. Bush] somete la oratoria presidencial a análisis estadístico. La conclusión a la que llega es que hace 100 años los discursos se daban a un nivel de lectura propio de un universitario. Ahora se dan a un nivel de secundaria [8th grade]. En contraste, los discursos de Obama resultan halagadores para su audiencia. Sus mejores discursos son hábiles creaciones literarias, ricas, como las columnas dóricas, en alusiones; su manera de expresarse evoca conscientemente frases de Lincoln y King, Woody Guthrie y Sam Cooke. Aunque tiene guionistas que le escriben los discursos, buena parte del trabajo la realiza el propio Obama. (Jon Favreau, el joven de 27 años que encabeza el equipo de guionistas de Obama, ha declarado que su trabajo es como ser “el entrenador de bateo de Ted Williams”). James Wood, profesor de crítica literaria en Harvard, ya ha realizado una atenta lectura de su discurso de victoria electoral para el New Yorker. ¿Alguien se imagina lo mismo con un discurso de George W. Bush?
En más de una ocasión, el adjetivo que se ha empleado para describir la habilidad oratoria de Obama es el de “ciceroniano”. Cicerón, el prominente político romano de los últimos tiempos de la República, fue ciertamente el mayor orador de su época, y uno de los mayores de toda la historia. Un acérrimo defensor de la constitución republicana cuya crítica de Marco Antonio condujo a su asesinato en el año 43 a.d.n. E.
Durante la República romana (y en la Atenas clásica) la política no era otra cosa que oratoria. En Atenas, cuestiones como declarar o no la guerra a un estado enemigo eran decididas por el electorado al completo (aunque, todo sea dicho, muchos ni se molestaban en participar) en un debate abierto. La oratoria era la habilidad política por excelencia, de cuya maestría dependía el poder. Resulta poco sorprendente, pues, que la oratoria fuese rigurosamente analizada y su estudio, organizado en grado sumo. Los griegos y los romanos, en resumen, conocían todos los recursos retóricos, y dieron nombre a la mayoría de ellos.
Y resulta que Obama también los conoce. Una de las técnicas de Cicerón más conocidas es su uso de series de tres para destacar las tesis de su discurso: el tricolon. (El ejemplo más famoso de tricolon latino no es de Cicerón, sino de César: “Veni, vidi, vici” -Llegué, vi, vencí-). Obama utiliza libremente el tricolon. Un ejemplo: “Esta noche, nos reunimos para afirmar la grandeza de nuestra nación, no por la altura de nuestros rascacielos, ni por el poder de nuestro ejército, ni por las dimensiones de nuestra economía...” En este pasaje, de su discurso en la convención demócrata del 2004, Obama también usa la técnica del praeterito: atraer la atención sobre un tema por la vía de eludirlo. (Deja de lado la altura de los rascacielos en Norteamérica, etc., pero, en haciéndolo, nos recuerda su importancia.)
Uno de mis recursos favoritos de todos los que utiliza Obama es el uso de la frase “un joven predicador de Georgia”, que empleó cuando aceptó la nominación demócrata en agosto, sin nombrar a Martin Luther King. El nombre para esta técnica es el de antonomasia. Un ejemplo de Cicerón es la manera en que se refiere a Fénix, el mentor de Aquiles en La Ilíada, como “senior magister” (el viejo profesor). En ambos casos, se establece una intimidad entre el orador y el auditorio, la halagadora idea de que todos sabemos de qué estamos hablando sin que nadie tenga que explicarlo. Humaniza el carácter: King no era entonces sino un hombre joven. Mencionando Georgia localiza la referencia. A Obama le gusta nombrar los lugares de Norteamérica para dar impulso a su retórica, como en su discurso del 4 de noviembre: “Nuestra campaña... empezó en los patios traseros de Des Moines y las salas de estar de Concord y los porches de Charleston”, lo cual, por supuesto, es otro tricolon.
Los recursos retóricos favoritos de Obama, según parece, son la anáfora y la epífora. La anáfora es la repetición de una misma expresión al comienzo de cada frase. Una vez más, en su discurso del 4 de noviembre: “Es la respuesta que nos dio el ensanchar los límites de nuestras escuelas... Es la respuesta de la que hablan los jóvenes y los viejos... Es la respuesta...” La epífora es lo mismo, pero al final de la frase. Del mismo discurso (y una vez más, un tricolon): “Vivió lo suficiente para verles luchar, hablar en defensa propia y conseguir el derecho a voto. Sí, podemos.” La frase “Sí, podemos” (Yes, we can) cerrará los siguientes cinco párrafos.
La repetición de ese “Sí, podemos” también podría recordar más al estilo de prédica pregunta-respuesta de la iglesia norteamericana que al de la retórica clásica. Y, por descontado, Obama recibió la influencia en su día de congregaciones nutridas de predicadores enérgicos y efectivos. Pero James Davidson, profesor de historia clásica en la Universidad de Warwick, señala que este estilo de prédica se origina asimismo en la Grecia clásica. “La tradición de la oratoria clásica fue central en la iglesia en sus comienzos, cuando la retórica era una de las partes más importantes de la educación. A través de los sermones, la iglesia incorporó la tradición retórica de los clásicos. Los Estados Unidos la han preservado, señaladamente en la iglesia afroamericana.”
No solamente en los pormenores del perorar recuerda Obama a Cicerón. Como Cicerón, Obama es abogado. Como Cicerón, Obama es un escritor de enorme talento: Dreams From My Father, el primer libro de Obama, entrará seguramente en el cánon literario estadounidense. Como Cicerón, Obama es un “novus homo” (la frase latina significa “hombre nuevo”, en el sentido de hecho a sí mismo). Como Cicerón, Obama entró en la política sin apoyos familiares (a diferencia de Hillary Clinton) y sin historial militar (a diferencia de John McCain). La tradición romana dictaba que había que contar con ambas cosas. El talento que compensa esa carencia, y que también comparte Obama con Cicerón, según Catherine Steel, profesora de lenguas clásicas en la Universidad de Glasgow, es la habilidad para “crearse una genealogía de antepasados: pero no biológicos, sino intelectuales. Para Cicerón fueron Licinio, Craso, Escipión Emiliano y Catón el viejo. Para Obama, Lincoln, Roosevelt y King.”
Steel señala también cómo la oratoria de Obama se rige por el ideal tripartito delineado por Aristóteles, quien afirmó que la buena retórica debería consistir en una mezcla de páthos, lógos y éthos (emoción, discurso y carácter). En la proyección del éthos es donde Obama descolla particularmente. Considérese el siguiente pasaje, tan rotundo: “Soy hijo de un hombre negro de Kenya y de una mujer blanca de Kansas. Crecí con la ayuda de un abuelo blanco que sobrevivió a la Depresión para servir en las tropas de Patton durante la Segunda Guerra Mundial y de una abuela blanca que trabajó en una cadena de montaje de bombarderos en Fort Leavenworth mientras su marido estaba al otro lado del océano. He ido a algunas de las mejores escuelas de América, y he vivido en una de las naciones más pobres del mundo.” Consigue transmitir la sensación de que no solamente será capaz de revitalizar el sueño americano, sino de que él mismo personifica -de hecho, en cierto sentido, es- el sueño americano.
En inglés [y, de manera parecida, también en castellano, N.T.], cuando empleamos la palabra “retórica”, por lo general va precedida de la palabra “vacía”. La retórica tiene mala reputación. McCain advirtió de que el electorado “podría verse engañado por una elocuente, pero vacía, llamada al cambio.” Agudamente, Clinton hizo notar que “la campaña se hace en verso, pero se gobierna en prosa.” Los atenienses también conocían los peligros de que la muchedumbre se dejase arrastrar por un demagogo (ellos inventaron la palabra) persuasivo pero sin escrúpulos. Y fue el político romano Catón -podría haber sido McCain- quien dijo lo de “Rem tene, verba sequentur”: a quien se atiene a los hechos, flúyenle las palabras.
Cicerón era muy consciente de eso. En su libro De oratore argumenta que la verdadera elocuencia sólo puede conseguirse si el orador ha conseguido el más alto nivel de conocimiento, “de otro modo, lo que diga sólo será verborrea, huera y ridícula filigrana”. El verdadero orador es quien guía con un ideal cívico su práctica ciudadana, y cuya retórica, lejos de ser vacía, es deliberada, racional, capaz de organizar minuciosamente las ideas y los argumentos para hacer progresar al estado de manera sabia y segura. También está claro lo que Obama trata de expresar: su proyecto es unir la retórica, el pensamiento y la acción en un nuevo tipo de política que evite un bipartidismo estrecho. ¿Pueden convertirse las palabras de Obama en hechos? La presidencia de George W. Bush nos proporcionó todas las pruebas de que un hombre que tiene serios problemas para manejar las preposiciones, los tendrá también para gobernar la nación. Sólo nos cabe esperar que la presidencia de Obama sea todo lo contrario.
Charlotte Higgins escribe crítica literaria en el diario británico The Guardian. Su último libro es It's All Greek To Me: From Homer to the Hippocratic Oath, How Ancient Greece Has Shaped Our World (Short Books).
Traducción para www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero
The Guardian, 26 noviembre 2008






martes, abril 14, 2009

muerte de alfonsin, reflexiones de j.p.feinmann en pagina12

Sobre el uso político de los muertos 12/04/2009
[ Por José Pablo Feinmann
De un muerto se puede decir cualquier cosa. No podrá refutarla. De un muerto se puede hacer cualquier uso. No podrá negarse. De un muerto, cualquiera puede reclamarse heredero. No estará para desautorizarlo. De un muerto se podrá decir que fue malo, que fue bueno, que fue tiránico, que fue arbitrario, que no robó pero dejó robar. No estará para defenderse. Si de los hechos lo que importa son las interpretaciones (según estableció genialmente Nietzsche y siguió Foucault y nosotros, aquí, ya lo sabíamos), de los hechos de la vida de un muerto todos podrán dar infinitas interpretaciones, menos el muerto. El muerto, en suma, está desarmado, está solo, no tiene voz, su opinión no importa porque, sencillamente, no puede emitirla. No puede negar las infamias, ni los inventos, ni los usos desvergonzados que se hacen de él. Si se levantara de la tumba volvería a morirse o mataría a todos los vivos o los vivos (con algún pudor, con algo de honor vigente aunque deshilachado) huirían de él o le pedirían disculpas o morirían de indignidad. Con lo que se transformarían en muertos y pasarían a ser desvergonzadamente utilizados, manipulados como todos los que suelen incurrir en ese hábito tan inconveniente para quienes ceden a él: morirse. De modo que lo mejor es no morirse. Pero, de morirse, conviene morirse en el momento adecuado. Pareciera ser ésta una modalidad radical. Illia se muere en plena campaña del ’83. ¿Qué mejor fortuna para la campaña radical que actualizar la figura del viejito bueno, honorable, que no robó, que no reprimió, que subió con el 22 por ciento de los votos en elecciones fraudulentas, amañadas por oscuros militares antidemocráticos, pero que –suponemos, porque era, sí, una buena persona y un político con pudor democrático que no habría querido seguir la farsa exclusionista del rencoroso Estado Gorila del ’55; suponemos, repito– habría dado elecciones libres, con el peronismo incluido, al final de su mandato? Así, el fantasma de Illia revoloteando por sobre ese peronismo de horrible y cercano pasado (Ezeiza, la Triple A, López Rega, Isabel), con un líder firmante del decreto de “aniquilación de la guerrilla”, con un hombre sin coraje ni convicciones como para decir –como Alfonsín dijo– “no dicten la ley de autoamnistía porque la vamos a derogar”, ese Illia, digo, besa la frente del enérgico, inspirado Alfonsín del ’83 y sólo resta contar los votos para llegar a la felicidad. Dijimos que morirse en el momento adecuado pareciera ser una modalidad radical. Illia se muere para darle el tono ético a los radicales del ’83: “Nosotros no somos ese bandalaje de Ezeiza. Somos un partido de gente bien, herederos de viejitos buenos, que estamos con la vida y no con la rabia”. Ahora –¡a poco tiempo de los comicios!– se muere Alfonsín. ¡Qué bocado para los oportunistas de toda estirpe y condición! Es un regalo del Cielo. La última bendición que ese hombre que vivió para el partido podría darle. Tanto vivió Alfonsín para el partido que durante las jornadas en que la policía de De la Rúa, estado de sitio mediante, perseguía fieramente a los manifestantes de la Plaza de Mayo, molía a palazos a hombres y mujeres, hacía fuego a matar –y, en efecto, mató: hubo cadáveres en esa Plaza–, Alfonsín, desde un ventanal de la Rosada, se agarraba con desesperación la cabeza y exclamaba: “¡Dios mío, esto es el fin del partido!”. Ahora, a ese partido que amó durante toda su vida, le ha hecho el último favor: morirse en época electoral. Y no sólo eso: ¡se murió mientras Cristina estaba de viaje y el inefable Cleto Cobos era Presidente en ejercicio de la República! Cobos –hombre de enormes, ilimitadas ambiciones– habrá proferido: “¡Gracias, Don Raúl! ¡Me la dejó picando!”. Y si no me creen: miren las fotos de Cleto durante la marcha austera del cortejo fúnebre. El no va austero. Está contento, sonríe ganador, saluda hacia los balcones con su mano derecha levantada, o la izquierda. Créanme: Dios está con Cobos. ¡Presidente de la República durante las honras fúnebres a Alfonsín! Dios o el Diablo o el sentido más profundo de la Historia están con Cobos. Sólo hay algo que no está con Cobos. Cobos. Cleto Cobos es el peor escollo que tiene este político hasta hoy afortunado en su carrera inocultable hacia el lugar que ambiciona: la presidencia en 2011. Si no fuera Cobos, con la suerte que tiene y con las limitaciones racionales que exhibe el electorado citadino desde hace ya unos años, era cantado: Presidente en 2011. Pero no: Cleto Cobos tiene limitaciones casi insalvables. No son las partidarias que tenía Alfonsín. (Nota: Uno no puede estar escribiendo todo durante todo el tiempo. Hace casi un mes, antes que se desatara este vendaval santificador, en el N° 71 de los textos sobre filosofía del peronismo que publico en éste, mi diario, como bien dice Osvaldo Bayer, porque lo sentimos y lo sabemos nuestro, hice un amplio, un positivo retrato de Alfonsín. Beto Brandoni y Héctor Olivera, dos alfonsinistas pasionales, podrían dar testimonio de todo le que le dije al Beto en un momento de amargura que tuvo por lo que él sentía como una falta de reconocimiento para con Alfonsín. De modo que no voy a cantar loas aquí, ya que sería, además, un abuso al que todos fuimos sometidos.) Quien, Alfonsín, era capaz de pasarse horas averiguando cómo andaba el partido en Curuzú Cuatiá o en Rafaela o en Venado Tuerto, mientras, él me lo contó, un tipo tan valioso –un prócer ya olvidado de la política argentina– como Carlos Auyero esperaba cruzar unas palabras con él. Alfonsín amaba a su partido. Cleto Cobos no. Cleto no ama nada. Salvo a Cleto y su estrella. Pero tiene, dijimos, limitaciones serias. Cleto Cobos no tiene, por ejemplo, la cara de Hegel. La inteligencia no brilla en ella. Pero es gracioso. A mí, lo confieso, me interesa el hombre. Se habrá acaso observado que no hablo de la llamada “oposición”. Es tanto lo poco que me agrada que hasta me disgusta teclear sus nombres. O que aparezcan en un texto mío. Elijo algunos rodeos si no tengo más remedio que señalarlos: “Esa señora que tiene a Dios de gurú y consulta con él todas sus decisiones”. O “ese alegre muchacho de los ’90 devenido gran estadista en el siglo XXI”. O “esas agro-caceroleras que hablan de la condición prostibularia de la Presidenta porque aseguran haberla visto en los burdeles en que trabajan”. Pero con Cleto no. Cleto me cae simpático. Es tan patético, es tan transparente, tiene una ambición tan desmedida que no puede ocultarla, se le ve todo el tiempo. Por ejemplo: la noche del voto “no positivo” vuelve a Mendoza en auto, no en avión. Porque –luego de haber hecho una magistral actuación acerca de la reflexividad profunda, del sincero desgarramiento que le reclamó su decisión histórica– se fue a recorrer las provincias y a recibir, con los brazos en alto, a lo campeón, las ovaciones de medio país. O durante el sepelio de Alfonsín. Lo que había que hacer era claro. Ese día había que usar al ilustre muerto para la solemnidad de la despedida final. Si despedir a ese tío medio tonto que sólo sabía contar chistes verdes en los almuerzos del domingo requiere –el día de su entierro– cierta dosis de seriedad, de cara pesarosa, de cara que diga: “Qué momento tan triste. Era un tarado pero lo vamos a extrañar. ¿Quién nos va a entretener con esos chistes pelotudos ahora? Hasta los ravioles van a tener otro gusto”, ¿qué cara requerirá despedir al “padre de la democracia” argentina? Había una sola cara para ese día: “Con él muere la democracia. O lo poco que de ella queda luego de estos años de crispación autoritaria”. Ese era el uso señalado por las usinas ideológicas que prepararon el Operativo Alfonsín para la coyuntura: entierro. Cleto no. Cleto es fresco, la vida le gusta, todo le sale bien. Alfonsín se murió para él. Para que él capitalizara todo, estuviera al frente porque así lo dice la ley: Presidente que viaja, se jode. Asume el vice. Y aquí está él, asumiéndolo todo. Y sonríe, y mira hacia lo alto, hacia la gente en los balcones y... ¡saluda con su mano en alto! “¡Bajá la mano, Cleto! –le dice alguien a su lado–. Esto es un entierro. No ganaste la maratón de los barrios. ¡Un poco de cara de orto, por Dios, Cleto!” Inútil: Cleto saluda feliz. No va al cementerio. Todo paso que Cleto da lo lleva directo al 2011.
El uso que se ha hecho de Alfonsín es obsceno. Todos mienten. Los que lo querían de verdad no armaron ningún operativo, lo lloraron y punto. Yo lo quise mucho a Alfonsín. Me alegró su triunfo en 1983. Lo prefería antes que a Luder. Antes que al peronismo, que debía esperar, que no estaba listo. Puede decir Luis Gregorich si no lo llamé la mañana siguiente al 30 de octubre de 1983 para felicitarlo. Puede decirlo Andrés Cascioli, que me invitó a volver a Humor porque yo me había ido y, en efecto, volví para seguir durante seis años. Pero es una ofensa que nos vengan con eso del padre de la democracia. ¿Qué somos, tarados? Señores, antes que Alfonsín estuvo Yrigoyen y la democracia se la ganó con revoluciones que le doblaron la mano al régimen conservador. Y el primer peronismo (pese a su autoritarismo o, en alguna medida, gracias a él) significó una inclusión de los pobres en la esfera de la civilidad, una democracia social que llevó a la clase trabajadora a aumentar en un 33 por ciento su participación en el ingreso nacional. (¡Si eso no es democracia! A los pobres no se los alimenta con las palabras “república” o “instituciones”. Se los alimenta con alimentos, con trabajo, casas de material, educación.) Y la democracia (¡y qué democracia, qué primavera!) yo la conocí con Cámpora, con el discurso de Righi a la policía, el de Vázquez en la OEA, la libertad para leer, para ver todas las películas del mundo, para discutir. Para el protagonismo popular. Para llevar Shakespeare a las villas con Gené, Pepe Soriano, Laplace, Briski. Hasta que vino Perón y se pudrió todo. Y la democracia empieza a regresar cuando las bestias de la dictadura se suicidan en medio de su locura de sangre. Cuando Galtieri dice: “¡Que vengan, les vamos a presentar batalla!”. Y con la multipartidaria. Y con las Madres. Y con la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (donde, claro que sí, estuvo Alfonsín). Y con la huelga obrera del 30 de marzo de 1982. Y luego –ya con el gobierno reconquistado– viene el gran momento alfonsinista del 84/85. El Juicio a las Juntas. Lo insultó la Sociedad Rural. Lo acosó (como luego ni por asomo acosó a Menem) el sindicalismo peronista. Y lo tiraron los empresarios con el golpe de mercado y la hiperinflación. Seguiremos hablando de él. Sólo esto: si el mercado es libre, ¿cómo es posible que le haya hecho un golpe a Alfonsín? ¿Acaso alguien lo maneja entonces? ¿Por qué creerán que somos tan tontos? ¿Será por eso que son tan desvergonzados? Los empresarios –el capitalismo concentrado agro-financiero– lo tiró a Alfonsín porque éste no aceptó hacer lo que Menem hizo alegremente durante la negra década del ’90. De todos sus méritos, éste es el que menos se le ha reconocido durante estos días. Porque a Alfonsín lo tiraron los mismos que hoy lo usan para agredir a un gobierno que, en muchas cosas, lo continúa. Alfonsín no fue privatista, buscó siempre no debilitar al Estado, enfrentó a la sed de ganancias de la Sociedad Rural, a la Iglesia y a los magnates de la patria financiera, juzgó a los grandes genocidas y apostó siempre a los derechos humanos. ¿Quién se le parece más, Cristina Fernández o la oposición mediática y cacerolera?
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domingo, abril 12, 2009

sobre la libertad de expresion

Guías de lectura
Josep Fontana · · · · ·

01/03/09


Agradezco mucho a Manuel Rivas que me haya descubierto una guía de libros prohibidos, la del Opus, que desconocía. Debo admitir que, tras haber fracasado en el intento de leer Camino, no suelo frecuentar la literatura de la secta. Pero esto de un índice de lecturas condenadas es algo muy distinto y lo buscaré con interés, porque estoy seguro de que voy a descubrir en él muchos libros que merece la pena leer.
Me gustan los libros prohibidos, que son los que expresan las ideas del futuro que no acepta todavía el orden establecido, pero que ayudarán a construir el mundo de mañana. Como sucedió, por ejemplo, con l'Encyclopédie de Diderot, que, pese a las condenas y prohibiciones de que fue objeto, consiguió extender su influencia por toda Europa y ayudó a cambiar el mundo. Por lo menos en lo que se refiere a la parte más o menos racional de la especie humana, en la que no figuran, evidentemente, los redactores de índices de libros prohibidos.
Confieso que he aprendido mucho del Index librorum prohibitorum del Vaticano en su edición de 1948, que se mantuvo en vigor hasta 1966. Allí se prohíbe la lectura, bajo pena de excomunión, de Erasmo, Montaigne, Diderot, Hume, Balzac, Sartre, Spinoza, Tom Paine y de la mayor parte de los libros que importa haber leído. Se puede recomendar, por ello, a los jóvenes para que lo utilicen como un manual de las lecturas necesarias.
De un estilo semejante eran las listas de libros destinados a la quema por el nazismo o las que estableció Roy Cohn, el equívoco abogado colaborador de McCarthy -judío y antisemita a la vez- que inspeccionó las bibliotecas públicas de las Casas de América en Europa y dijo haber descubierto en ellas 30.000 libros procomunistas que había que retirar, incluyendo obras de Hemingway, Arthur Miller o Mark Twain (en especial aquel nefando cuento rojo que es El hombre que corrompió a una ciudad), con la desafortunada consecuencia de que algunas de las obras que hizo depurar, como La montaña mágica, La teoría de la relatividad o las de Freud eran las mismas que los nazis habían quemado unos años antes.
Pocos libros me han enseñado tanto acerca de la literatura universal como las Lecturas buenas y malas del padre Garmendi de Otaola, S.I. Allí se aprende que La Regenta "rebosa porquerías, vulgaridades y cinismo", o que Tolstói "es un incrédulo, racionalista, anarquista, nihilista, que declara guerra al cristianismo, porque éste enseña el amor a la patria", lo cual, como se ve, es un certero análisis de Guerra y paz.
Otro tanto diría de las listas de libros prohibidos de la España franquista, donde el entusiasmo por quemar y destruir libros llegó al extremo: en los primeros días del "alzamiento" el Abc de Sevilla publicaba una noticia que decía: "Los falangistas, al día siguiente de iniciarse el Alzamiento, recogieron en kioskos y librerías centenares de ejemplares, que fueron quemados como merecían". La incoherencia y la estupidez, propias de los censores de todos los tiempos y creencias, resultarían evidentes cuando se hicieran las listas oficiales, destinadas a depurar las bibliotecas públicas, con indicaciones tan extraordinarias como una que determinaba la obligación de eliminar del todo "la mal llamada literatura rusa", fuese roja o blanca.
En la primera revisión de bibliotecas que conozco, que es la de Valladolid en 1937, se prohíbe la mayor parte de Azorín, todo Baroja, Blasco Ibáñez, las poesías de Espronceda, Goethe, Kant, la Carmen de Merimée, la mayor parte de Gabriel Miró, Pardo Bazán, Pérez Galdós incluyendo algunos Episodios nacionales, La Celestina, las fábulas de Lafontaine, El Libro de Buen Amor, Valera, Valle-Inclán, etcétera. En las primeras listas de libros prohibidos en Barcelona, que le pasaron a mi padre en 1939 para que expurgase su librería -que, entretanto, hubo de permanecer cerrada durante meses-, figuraban Gandhi, Gogol, Maeterlinck, los hermanos Heinrich y Thomas Mann, Pascal (!), Rabelais, William Blake, Darwin (¡faltaría!) y, sorprendentemente, las novelas de Emilio Salgari, que eran toleradas en Valladolid pero estaban prohibidas en Barcelona.
Me gustan también otro tipo de guías que os informan de libros que no han sido prohibidos por la autoridad, sino relegados al olvido por el consentimiento general de la sociedad biempensante. Hay uno, realmente fascinante, que nos lleva por el mundo de lo que Raymond Queneau llamaba los "locos literarios". El diccionario de "locos literarios" de André Blavier, publicado en una colección que tiene un nombre tan prometedor como Le rappel au désordre, es un libro extraordinario. Los autores aparecen clasificados en él por actividades y materias. Hay los profetas, visionarios y mesías; los que se dedican a la cuadratura del círculo; los perseguidos y los perseguidores; los inventores, filántropos, sociólogos, etcétera. Toda clase de personajes singulares que exponen ideas fascinantes. Los profetas, por ejemplo, son impagables. Hay uno que asegura que Dios no es un puro espíritu, sino que vive arriba en los cielos, dotado de un cuerpo material, y que bebe, come y duerme igual que hacen los hombres. Y debía saber de qué hablaba, porque nos dice que él tenía contacto frecuente con el propio Dios. Hay otro que nos dice que "el reino de Dios es el reino de las cárceles" y que "antes del fin del mundo más de la mitad de la humanidad estará encerrada en cárceles". Una profecía que, si tenemos en cuenta que incluye en la categoría de cárceles los conventos, las escuelas, los seminarios, los cuarteles o las sectas, tal vez no sea tan loca como parece a primera vista.
En todo caso, una de las virtudes que tiene la lectura de este panorama de los locos literarios es la de convencernos de que las fronteras entre la normalidad y la locura son muy difusas y que tal vez sea razonable el consejo que se nos da en un grabado del siglo XVIII que figura al fin del libro: "El mundo está lleno de locos, y quien no quiera ver ninguno, que se quede en casa y rompa el espejo".
Tengo otras guías de este estilo, como The Chatto Book of Dissent, de Rosen y Widgery; Don't do it. A Dictionary of the Forbidden, de Philio Thody, junto a otras de carácter más informativo, como la Enciclopedia de la utopía, de los viajes extraordinarios y de la ciencia-ficción de Pierre Versins o el entrañable Dictionnaire rationaliste, entre cuyos autores figuran personajes como Langevin, Lévy-Bruhl o Jacques Proust.
Pero ninguno de ellos tiene la utilidad y el encanto de los índices de libros prohibidos, donde la estupidez de los censores resulta una guía segura para el hallazgo de la excelencia, que parecen oler igual que los cerdos descubren las trufas bajo tierra. ¡Benditos sean los censores que nos han descubierto tantos libros que merecía la pena leer! Y, de paso, gracias por haberme condenado. Son ya muchos los amigos que me han felicitado por esta distinción.
Josep Fontana, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es catedrático de Historia y director del Instituto Universitario de Historia Jaume Vicens i Vives de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona.
El País, 1 marzo 2009

sábado, abril 11, 2009

soja sigo ahora una entrevista a una investigadora

“QUIEN CONTROLA LAS SEMILLAS, CONTROLA LA COMIDA Y LA VIDA” Entrevista Darío Aranda–¿Cómo define a Monsanto? –Monsanto es una Empresa Delincuente. Lo digo porque hay pruebas concretas de ello. Fue muchas veces condenada por sus actividades industriales, por ejemplo el caso de los PCB, producto que ahora está prohibido, pero sigue contaminando el planeta. Durante 50 años el PCB estuvo en los Transformadores de Energía. Y Monsanto, que fue condenada por eso, sabía que eran productos muy tóxicos, pero escondió información y nunca dijo nada. Y es la misma historia con otros 2 Herbicidas producidos por Monsanto, que formaron el cóctel llamado “Agente Naranja” utilizado en la Guerra de Vietnam, y también sabía que era muy tóxico e hizo lo mismo. Es más, manipuló estudios para esconder la relación entre las dioxinas y el cáncer. Es una práctica recurrente en Monsanto. Muchos dicen que esto es el pasado, pero no es así, es una forma de obtener ganancias que aún hoy está vigente. La Empresa nunca aceptó su pasado ni aceptó responsabilidades. Siempre trató de negar todo. Es una línea de conducta. Y hoy sucede lo mismo con los Transgénicos y el Roundup.–¿Cuáles son las prácticas comunes de Monsanto en el orden global?–Tiene prácticas comunes en todos los Países donde actúa. Monsanto esconde datos sobre sus Productos, pero no sólo eso, también miente y falsea estudios sobre sus Productos. Otra particularidad que se repite en Monsanto es que cada vez que Científicos Independientes tratan de hacer su trabajo a fondo con los Transgénicos, tienen presiones o pierden sus trabajos. Eso también sucede en los Organismos de Estados Unidos como son la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) o EPA (Agencia de Protección Ambiental). Monsanto también es sinónimo de Corrupción. Dos ejemplos claros y probados son el intento de Soborno en Canadá, que originó una Sesión Especial del Senado Canadiense, cuando se trataba la aprobación de la Hormona de Crecimiento Lechera. Y el otro caso es en Indonesia, donde Monsanto fue condenada porque corrompió a 100 Altos Funcionarios para poner en el mercado su Algodón Transgénico. No dudamos que hay más casos de Corrupción donde Monsanto es quien corrompe. –Ud. también afirma que la modalidad de “puertas giratorias” es una práctica habitual.–Sin duda. En la historia de Monsanto siempre está presente lo que en Estados Unidos se llama “la puerta giratoria”. Un ejemplo claro: el texto de reglamentación que regula los Transgénicos en Estados Unidos fue publicado en 1992 por la FDA, la Agencia Norteamericana encargada de la seguridad de alimentos y medicamentos. La cual se supone es muy seria, al menos siempre yo pensaba eso, hasta antes de este trabajo. Cuando decían que un producto había sido aprobado por la FDA pensaba que era seguro. Ahora sé que no es así. En el ’92, el texto de la FDA fue redactado por Michael Taylor, abogado de Monsanto que ingresó a la FDA para hacer ese texto y luego fue Vicepresidente de Monsanto. Un ejemplo muy claro de “puerta giratoria”. Hay muchos ejemplos, en todo el mundo. –Monsanto fabricó el Agente Naranja, PCB y glifosato. Y tiene condenas por publicidad engañosa. ¿Por qué tiene tan buena prensa?–Por falta de trabajo serio de los Periodistas y la Complicidad de los Políticos. En todo el mundo es igual.–¿Por qué Monsanto no habla?–¿Has probado llamarlos?–Sí, pero no aceptaron preguntas.–También es lo mismo en todo el mundo. Ante cualquier periodista crítico, Monsanto tiene una sola política: “No comments” (sin comentarios). –¿Qué significa Monsanto en el mercado mundial de alimentos?–La meta de Monsanto es controlar la Cadena Alimentaria. Los Transgénicos son un medio para esa meta. Y las patentes una forma de lograrlo. La primera etapa de la “revolución verde” ya quedó atrás, fue la de plantas de alto rendimiento con utilización de pesticidas y la contaminación ambiental. Ahora estamos en la 2ª etapa de esa “revolución”, donde la clave es hacer valer las patentes sobre los alimentos. Esto no tiene nada que ver con la idea de alimentar al mundo, como se publicitó en su momento. El único fin es aumentar las ganancias de las grandes Corporaciones. Monsanto gana en todo. Te vende el paquete tecnológico completo, semillas patentadas y el herbicida obligatorio para esa semilla. Monsanto te hace firmar un contrato por el cual te prohíbe conservar semillas y te obliga a comprar Roundup, no se puede utilizar un glifosato genérico. En este modelo Monsanto gana en todo, y es todo lo contrario de la Seguridad Alimentaria. De paso, recordemos, que la soja transgénica que se cultiva aquí no es para alimentar a los argentinos, es para alimentar a los puercos europeos. Y qué pasará en Argentina cuando las carnes de Europa deban etiquetarse con que fueron alimentadas con soja transgénica. Se dejará de comprar carnes de ese tipo y Argentina también recibirá el golpe, porque le bajará la demanda de soja. –Estuvo en Argentina, Brasil y Paraguay. ¿Qué particularidades encontró en la Región?–Hay que recordar que Monsanto entró aquí gracias al Gobierno de Carlos Menem, que permitió que la Soja Transgénica entrara sin ningún estudio. Fue el 1er País de América Latina. Luego desde Argentina se organizó un Contrabando de Semillas Transgénicas, de grandes Productores, hacia Paraguay y Brasil, que se vieron obligados a legalizarlo porque eran Cultivos que luego se Exportaban. Y luego llegó Monsanto a reclamar sus regalías. Fue increíble cómo se expandió la Soja Transgénica en la Región, y en tan pocos años. Es un caso único en el mundo ¿POR QUE MARIE-MONIQUE ROBIN? Periodismo y Denuncia D. A. Monsanto es la Empresa de Agronegocios más grande del mundo, presente en 46 Países, controla el 20 % del Mercado Mundial de Semillas Transgénicas y es Líder en la venta de Agrotóxicos. En sus 108 años de existencia impulsó el uso del PCB (Elemento Cancerígeno utilizado en Transformadores Eléctricos), fue proveedor en la Guerra de Vietnam del químico “Agente Naranja” (utilizado por las Tropas Estadounidense para arrasar el territorio enemigo) y cuenta con centenares de denuncias por afectar el Ambiente y la Salud de Campesinos e Indígenas. Con su Sede Central en Estados Unidos, fue fundada en el 1901 por John Francis Queeny, Empleado de la Industria farmacéutica que tomó el nombre de su esposa (Olga Méndez Monsanto) y creó una Pequeña Empresa, pero de rápido crecimiento: en la década del ’20 ya había convertido a la Compañía en una de las principales Químicas del País. En 1976 comenzó su escalada mundial, cuando fue autorizada a comercializar el Agrotóxico –a base de Glifosato– Roundup, “que pasaría a convertirse en el herbicida más vendido del mundo”, se ufana la publicidad corporativa. En 1981 la compañía se estableció como Líder en Investigación Biotecnología, pero recién en la dncada del ’90 fue aprobada una decena de sus Productos modificados genéticamente, entre ellos la “Soja RR (Roundup Ready)”. Marie-Monique Robin es Periodista y Documentalista. En 2004 realizó un Documental en el que explica de qué manera los Militares Franceses influyeron en sus pares Argentinos durante la Dictadura Militar (Escuadrones de la Muerte: La Escuela Francesa). Y en 2005 realizó un trabajo específico sobre el Monocultivo (Argentina, la Soja del Hambre). Fue su 1er acercamiento a las Multinacionales del Sector y, luego de 3 años de investigar el rol global de las Empresas, escribió El mundo según Monsanto –un libro de 528 páginas que se acaba de presentar en Argentina–, donde explicita basándose en pruebas el accionar silenciado de Monsanto, la empresa pilar del actual Modelo de Agronegocios. Attac espa;a.

soja y crisis. verdades con datos

23 03 2009

Verdades y fabulaciones acerca de la soja.
La Voz del Interior


El conflicto entre el Gobierno nacional y las entidades representativas del campo es, sin lugar a dudas, un enfrentamiento que en el fondo busca dirimir de manera definitiva el destino futuro de una parte de las ganancias que arroja el cultivo de soja. Los representantes del agro seguramente han evaluado que el primero está debilitado y por ello acentuaron su presión como nunca antes lo habían hecho. Debe tenerse muy en cuenta que al inicio de marzo de 2008 las perspectivas eran inmejorables, circunstancia que un bisoño ministro pretendió aprovechar para elevar la carga tributaria del sector que, salvo por vía de las retenciones, no está habituado a pagar impuestos. Prueba de ello es que su producto interno bruto (PIB) representa el 8,4 por ciento de la economía general, pero sus pagos al fisco nacional –sin tomarlas en cuenta– bajan al 4,8 por ciento, mientras que las contribuciones de seguridad social sobre el personal son aun más bajas (3,6 por ciento) debido a que el 69,7 por ciento permanece “en negro”. Respecto de la jurisdicción provincial, la situación es semejante, pues el 40 por ciento de los propietarios de bienes rurales pagan el impuesto Inmobiliario, aunque el 60 por ciento no lo ha hecho en los últimos cinco años. Y eso que gozaron de buenos precios y mejores resultados... La “estrella” del proceso productivo ha sido y sigue siendo la soja. Cabe advertir que 25 años atrás su producción era sólo de cuatro millones de toneladas. Desde entonces, su crecimiento fue verdaderamente explosivo. En la temporada 2001-2002 fue de 30 millones, con un aumento promedio de 1,37 millones por año transcurrido. En los siguientes seis (2003-2008) se agregaron otras 18 millones de toneladas, lo que elevó el citado promedio anual a tres millones. Nadie puede suponer que ese avance se logró sin el incentivo de muy buenos beneficios. Es así como la superficie cubierta con soja pasó de 1,9 a 16,6 millones de hectáreas (2008); sobre un total de 31 millones que ocupan los cereales y oleaginosas, representa el 53,5 por ciento del área. A su vez, de las 14,7 millones de hectáreas en que se amplió su cultivo, 8,5 millones corresponden a la extensión de la denominada “frontera agraria”, que significó incorporar campos inexplotados o dedicados al pastoreo y por talado de bosques; otras 2,6 millones que antes estaban sembradas con trigo –cereal que duplicó el rinde utilizando un área menor– y 3,6 millones que antes estaban afectadas a la cría de ganado vacuno. En esta última actividad, obligó a modificar el proceso productivo, integrando cría e invernada para hacerlo en corrales, establos o avanzando sobre tierras marginales, lo cual permite dedicar las mejores superficies a la soja. Todo esto sería muy bueno para los productores y el país si al cabo de 10 años, sin la debida rotación de cultivos, no se esterilizara la tierra. Evitarlo requiere una alternancia de siembras; pero no se hace. Allí, por lo tanto, hay una verdadera bomba de tiempo. Grandes y pequeños propietarios. Un tema adicional, del que se habla muy poco, es la enorme diferencia que hay entre el número de “pequeños propietarios”, que ascienden a 288 mil (según el último censo nacional), mientras que cuando computamos “productores” sólo son 71 mil. Ello se explica porque 217 mil de aquéllos no laboran sus campos, sino que los arriendan y cobran el precio respectivo en una suma equivalente a cierto número de quintales por hectáreas (entre 12 y 20, según su calidad y rendimiento potencial). Esta característica ha dado lugar al crecimiento de los denominados “pools de siembra” que, pese a constituir el 3,8 por ciento del total (alrededor de 2.800) concentran el 60 por ciento de la cosecha. El mayor de ellos –que opera en nuestro país, Uruguay y Paraguay– lo hace sobre 240 mil hectáreas, aunque sólo son dueños de alrededor de 15 mil. Una cuarta parte de la soja la generan unos 64 mil propietarios, con un promedio de 1.900 quintales cada uno. Dado que este volumen les permite cubrir algo más que el nivel de supervivencia y reinversión necesaria, un gran número de este colectivo se “defiende” vendiéndola “en negro” a los “valijeros”, personajes que ofician de intermediarios con los más importantes acopiadores u operan por cuenta de éstos. Dado que en esos casos no extienden comprobantes, el destino de esa producción se comercializa de la misma forma y, en alta medida, es objeto de contrabando a través de países fronterizos. Esta situación, sin admitirlo, es la que los lleva a rechazar que el Gobierno les haga reintegros, porque no pueden demostrar el volumen producido ni adónde va. La existencia de derechos de exportación (retenciones) data de 1956 y tal mecanismo rigió siempre, salvo en la década de 1990. La política cambiaria, cualquiera haya sido el color político del gobierno de turno, optó por mantener una paridad “peso-dólar” bastante por encima de la que surgiría del libre juego de la oferta y demanda. Las fuertes presiones inflacionarias, que se agudizaron desde comienzos de 2008, llevaron a la conducción económica y al Banco Central a atenuar el ajuste de esa relación, por lo cual las retenciones determinaron un tipo de cambio efectivo más bajo. A ello se sumó un gravísimo error de apreciación sobre la futura evolución que tendría la cotización internacional de la soja, que si bien superó los 600 dólares a principios de julio pasado, se redujo a casi la mitad, junto con todos los denominados “bienes commodities”, como consecuencia de la grave crisis mundial. Si el stock disponible se hubiese vendido cuando cortaron rutas y el precio era muy alto –los líderes del sector optaron por impedir su comercialización y depositarla en silos– hubieran embolsado 2.500 millones de dólares más sobre su valor actual; al margen de 1.350 millones dólares que no recaudó el Gobierno por retenciones. Por lo visto, en los seis meses de conflicto nadie ganó... Además, la sequía. Luego se agregó el efecto de la peor sequía ocurrida en las dos últimas décadas. Se estima que la producción de cereales y oleaginosos en 2008-2009 se reducirá 50 por ciento en trigo y maíz, y la soja será la que menos perderá (10 por ciento). La insistencia de la Mesa de Enlace para que se eliminen o rebajen las retenciones de manera sustancial –descartada una vez más ayer por la Presidenta– encuentra a las finanzas nacionales en una difícil situación. La recaudación tributaria, en términos reales, descendió en forma notoria y se corre el riesgo de caer en un fatídico déficit presupuestario. No es cierto, como alega el agro, que sin retenciones ellos harían el “milagro” de reactivar al país recuperando dichos ingresos por medio de los demás impuestos. Por lo pronto, su derogación en la exportación de trigo implicaría un automático incremento del precio interno del pan y los fideos, mientras que en el caso del maíz encarecería los alimentos balanceados que inciden en el costo de la carne aviar. A su vez, las prometidas compensaciones a los tamberos, los subsidios a productores cárneos, de cultivos regionales y de zonas afectadas por la sequía brillan por su ausencia, demoradas por una burocracia morosa que funciona a paso de tortuga. Desde los niveles superiores deberían sacudirla con toda energía, ya que los funcionarios que “ponen la cara” en las negociaciones aparecen como los incumplidores. Esta situación es una realidad, pero ello no justifica que los miembros de la Mesa de Enlace digan que es inútil negociar “porque no creen nada” de lo que ofrece el Gobierno. Esta aseveración es muy peligrosa, pues llevaría a sostener un conflicto permanente y medir fuerzas hasta que las autoridades aflojen o sean sustituidas por otras. Legalmente, esto sólo es posible en oportunidad de la renovación presidencial, en 2011, ya que la próxima elección parlamentaria no puede provocar un vuelco tan drástico como el que aspiran los quejosos. Y siempre estará el recurso del veto. Pese al cuidado que ponen en no dar mayores explicaciones de lo que pretenden en esa materia, al propio presidente de la Federación Agraria Argentina, en el calor de las discusiones, se le “escapó” que el objetivo era “desgastar” al Gobierno. Si bien después trató de modificar y atenuar el significado de esa virtual confesión, es obvio que fue traicionado por lo que piensa en su fuero íntimo. Opositores o saboteadores. Los tiempos que corren en el mundo son de enorme gravedad y sería un verdadero atentado poner por sobre los intereses de toda la población los de un sector que no se resigna a tener un año malo o menos rentable. Quienes con tanta desaprensión arguyen esta engañosa “solución” no aportan ninguna precisión de cuáles serían los gastos que por valor equivalente deberían suprimirse; o, en su defecto, qué nuevos recursos tributarios sustituirían a los que propugnan eliminar para no desbalancear de manera peligrosa el equilibrio presupuestario. En la dura emergencia que se vive hoy en el orbe, no hay lugar para los opositores sistemáticos que, quizá sin advertirlo por ser parte de su accionar, se han convertido en verdaderos saboteadores de la tranquilidad pública. © La Voz del Interior
http://www.lavoz.com.ar/nota.asp?nota_id=499865