La Plata, llamada ciudad de los Tilos,sur del continente americano, ciudad planificada en el siglo XIX que zanjó un histórico problema ,obra de la creatividad del Ing.Benoit. Su principal avenida bordeada de Tilos, un hermoso eje arquitectonico y una gran riqueza arborea. Desde aqui reflexiono a veces y colecciono articulos de mi interes, videos, canciones que tal vez pueden ser compartidos por otros
viernes, diciembre 17, 2010
Usurpaciones. Pogrom. un articulo de Alicia Dujovne ortiz
POGROMCuando yo era chica, mi madre, bolche si las hubo, solía referirse a un misterioso personaje llamado “pequeñoburgués”. A juzgar por el rictus de sus labios, el tamañito del personaje no la enternecía para nada. Además, la mención del pequeñuelo iba siempre acompañada por la palabra “prejuicio”. Un montón de cosas que a mí me encantaban eran desechadas categóricamente por formar parte del “prejuicio pequeñoburgués”. Con el correr del tiempo tuve por fuerza que admitir la existencia real del enanito, y comprender, de paso, que su pequeñez no sólo se relacionaba con su bolsillo, menos abultado que el del gran burgués, sino con las dimensiones de su cerebro. No es que la gran burguesía no tenga cerebro de mosquito, sino que el del pequeñoburgués se empequeñece en la medida misma de su terror a que los haberes se le reduzcan todavía más, y a pasar de medio o cuarto de burgués a pobre entero. La definición del pequeño burgués y de su prejuicio podría justamente ser: alguien con miedo.¿De qué? De que el diferente no se le vaya a convertir en semejante o, más bien, de que él no se encuentre de buenas a primeras convertido en otro: pobre, negro y feo. Y maloliente, ya que estamos. Cuando Jacques Chirac quiso congraciarse con la mayoría de pequeñoburgueses prejuiciosos que integra su país, aludió a “los olores” de la inmigración. Lo mismo ha hecho Sarkozy con los gitanos, obteniendo como compensación un 60 por ciento de opiniones pequeñoburguesas favorables, y lo mismito, para decirlo en boliviano, acaba de hacer Macri.La falta de ternura de mi madre hacia el personajito de marras se basaba en cierto conocimiento de la historia. ¿Cómo se arma un pogrom? Atizando el miedo de los pequeños y, créase o no, su envidia: ese judío ropavejero tiene más plata que yo, a ese negro de mierda lo ayudan con planes y a mí no. Siempre hay un Zar o un Führer que echa leña al fuego y siempre los punteros por ellos enviados con el objeto de excitar al pequeñoburgués encuentran las palabras justas para que el temeroso y/o envidioso, en general buen muchacho, buen padre y buen amigo, se vuelva criminal.Como uno, lo del buen muchacho, un poco se lo cree, la imagen de la policía y de los barrabravas masacrando a miembros de una de las comunidades inmigrantes más solidarias y laboriosas de la Argentina me impresionó menos que la de los honrados vecinos envueltos en la bandera argentina, como durante la Guerra de la Soja. Que hay violencia organizada lo sabemos, pero calibrar la potencia generadora de esa violencia, su capacidad de avivar la que hasta ahora había permanecido en estado latente en el interior de las vísceras pequeñoburguesas ya cuesta más. Si con alguno de los actores de este drama me identifico, aparte de los bolivianos industriosos, es con el médico al que le dio un ataque al corazón cuando le bajaron al pibe herido de la ambulancia con la pretensión de fusilarlo en tierra. Semiataques a menudo han sabido darme cuando los choferes de taxi me prometían cortar a los negros a rebanadas o, solución final, proponían coserles las trompas a las negras para que no siguieran pariendo, pero una cosa es palpitársela y otra verla.Lo único que me consuela es que a los bolivianos los conozco. Los conocí antes, mucho antes de que vinieran a sembrar los alrededores de nuestra ciudad, trabajando de sol a sol y llenándonos la vida de plantas y verdura barata, lindas santarritas, zapallos cortaditos con paciencia ancestral (el Conurbano tendrá la napa contaminada, pero igual, para ellos, plantar sobre la tierra negra, viniendo de la luna cenicienta en la que han nacido, es un regalo divino). En los años cincuenta viví de cerca una de las primeras revoluciones latinoamericanas, la del MNR que hizo la reforma agraria en tiempos de Paz Estenssoro y Siles Zuazo. Esa revolución se vino abajo como tantas, pero fue entonces cuando aprendí a admirarlos. Si la definición del enano blanco, también llamado pequeñoburgués, es la de miedoso, la del indio o el cholo boliviano es la de resistente. Un pueblo que ha durado desde el Incario manteniendo el sentimiento comunitario no es tan fácilmente expulsable como lo creen nuestros esforzados patriotas cubiertos de azul y blanco (colores a los que amo demasiado como para que verlos usados para eso no me dé grima). Basta observar a las familias bolivianas distribuyendo sus guisitos de toldo en toldo, o reunidas en círculo y guardando una distancia respetuosa en torno de la viuda de un asesinado, para entender que ese Parque Indoamericano de nombre premonitorio acabará por ser suyo.Mientras tanto, hemos asistido a nuestro primer pogrom. La Semana Trágica tampoco estuvo mal, pero los que quemaban barbas de judíos eran militantes nacionalistas y niñitos bien. Estos honrados vecinos de los monoblocks de enfrente se hallan lejos de ser pitucos, no están afiliados a nada, no tienen ninguna ideología, salvo la de aferrarse con uñas y dientes a sus bienes y defenderlos de su enemigo, el negro. Es por eso que marcan territorio meando alrededor, lo cual no torna más fragante la historia.En cambio puede que la torne más peligrosa: tampoco la baja clase media alemana de los años veinte comenzó por tener ideología; lo que tenía era bronca, desazón y, es claro, miedo. Esta que a nosotros nos ha crecido como un grano, como una excrecencia, esta que traiciona la memoria del abuelo, el que llegó con el monito al hombro, se ha desnudado en público, o, como dicen los psi, ha pasado al acto. Su racismo primario, sus dos dedos de frente y, digámoslo con dolor y temblor, sus evidentes ganas de aplastar cráneos la convierten en una excelente materia prima puesta a disposición del que la quiera usar. Por lo visto, alguien quiere.Concluyo estas líneas con un sentido homenaje (o un feminaje, para no emplear una palabra que no me corresponde en vista de mi sexo) a la extrañada Silvia Bleichmar que, refiriéndose al jefe de Gobierno porteño, escribió con sencillez: “Esto es El huevo de la Serpiente”.Por Alicia Dujovne OrtizFuente: diario "Página 12"
miércoles, diciembre 01, 2010
IPS, Daniel Scioli y Cia
IPS de Daniel Scioli & CIA: Día agitado este 1 de diciembre de 2010, estimulada por el requerido auxilio de BIM para colaborar en el cobro de su jubilación. Existe en su pedido más reproche que necesidad. Me chequeo la presión y el pulso, se que estas diligencias pueden ser perturbadoras de los ánimos mas templados.
Llegados al IPS subimos directo al 6 piso, objetivo ver a Andrea, Secretaria de Presidencia, parece todo un escalón en esta larga escalera de más de un ano de peregrinaje en búsqueda del haber jubilatorio, supuesto premio a 40 anos de dedicación real a la profesión médica en el servicio público. Mas de un ano sin percibir un peso, ni la jubilación ni el premio al que deja el servicio (este va por otra vía también escarpada y larga), Se oyen detrás del panel de madera voces lejanas, risas tal vez, comentarios despreocupados. Golpeamos la puerta, y aparece Andrea, una morocha bajita, menuda, que se dispone a escuchar la queja, ya fogueada en su papel de escudo. BIM se ve tranquilo diferente que para conmigo, no se queja, pregunta, indaga, cuenta livianamente los días aguardando el supuesto operativo en que, aun en días festivos, el IPS iba a notificar las resoluciones, de cómo aguardo en vano y debió pedir una búsqueda para verificar que el expediente suyo estaba apilado durmiendo el sueno de los justos. Andrea escucha paciente, silenciosa, y pretende despacharnos sugiriendo simplemente que volvamos a Inclusiones, donde el expíe. Ni tiene entrada aun. Aquí ya no pude contenerme, y yo que era supuestamente quien le había fallado a BIM, traduje a la joven burócrata la real situación que había tras el numero de expíe. La joven empleada sonríe comprensiva y muestra el límite de su acción, BIM se avergüenza de mi actitud, apoya a la joven, y pasamos al siguiente acto, ir a verificar cuando percibirá sus haberes. Supuestamente vamos con ventaja, pero no simplemente volvemos a registrar que el expediente corre por el más lento carril burocrático ya que con suerte BIM comenzara a cobrar en febrero de 2011. Seguirá bajando en su autoestima, ya que es evidente que están usando su dinero, que es solo un número, que no le importamos a nadie. Nos lo ratifica un empleado que parece de nivel superior a la desarmada Andrea, un tal Roldan que debe ser el putching ball de la autoridad, quien escucha aburrido mis quejas, que en realidad se que solo hacen de descarga pues van al tacho de basura.
Repaso noticias de la pagina Web del IPS, el 17de noviembre “ el presidente del Instituto se incorpora a partir del 24 de noviembre a las caminatas saludables en Plaza Islas Malvinas siguiendo los consejos del Ministerio de Salud, el 23 del mismo mes destaca el superávit del Instituto que permitió incorporar a mas jubilados y empleados…
También un concurso de fotografía, y frente a todo este circo de puro espectáculo la ineficiencia grosera, cruel y deshumanizada que oculta la apetencia personal de estos personajes públicos.
Llegados al IPS subimos directo al 6 piso, objetivo ver a Andrea, Secretaria de Presidencia, parece todo un escalón en esta larga escalera de más de un ano de peregrinaje en búsqueda del haber jubilatorio, supuesto premio a 40 anos de dedicación real a la profesión médica en el servicio público. Mas de un ano sin percibir un peso, ni la jubilación ni el premio al que deja el servicio (este va por otra vía también escarpada y larga), Se oyen detrás del panel de madera voces lejanas, risas tal vez, comentarios despreocupados. Golpeamos la puerta, y aparece Andrea, una morocha bajita, menuda, que se dispone a escuchar la queja, ya fogueada en su papel de escudo. BIM se ve tranquilo diferente que para conmigo, no se queja, pregunta, indaga, cuenta livianamente los días aguardando el supuesto operativo en que, aun en días festivos, el IPS iba a notificar las resoluciones, de cómo aguardo en vano y debió pedir una búsqueda para verificar que el expediente suyo estaba apilado durmiendo el sueno de los justos. Andrea escucha paciente, silenciosa, y pretende despacharnos sugiriendo simplemente que volvamos a Inclusiones, donde el expíe. Ni tiene entrada aun. Aquí ya no pude contenerme, y yo que era supuestamente quien le había fallado a BIM, traduje a la joven burócrata la real situación que había tras el numero de expíe. La joven empleada sonríe comprensiva y muestra el límite de su acción, BIM se avergüenza de mi actitud, apoya a la joven, y pasamos al siguiente acto, ir a verificar cuando percibirá sus haberes. Supuestamente vamos con ventaja, pero no simplemente volvemos a registrar que el expediente corre por el más lento carril burocrático ya que con suerte BIM comenzara a cobrar en febrero de 2011. Seguirá bajando en su autoestima, ya que es evidente que están usando su dinero, que es solo un número, que no le importamos a nadie. Nos lo ratifica un empleado que parece de nivel superior a la desarmada Andrea, un tal Roldan que debe ser el putching ball de la autoridad, quien escucha aburrido mis quejas, que en realidad se que solo hacen de descarga pues van al tacho de basura.
Repaso noticias de la pagina Web del IPS, el 17de noviembre “ el presidente del Instituto se incorpora a partir del 24 de noviembre a las caminatas saludables en Plaza Islas Malvinas siguiendo los consejos del Ministerio de Salud, el 23 del mismo mes destaca el superávit del Instituto que permitió incorporar a mas jubilados y empleados…
También un concurso de fotografía, y frente a todo este circo de puro espectáculo la ineficiencia grosera, cruel y deshumanizada que oculta la apetencia personal de estos personajes públicos.
sábado, octubre 30, 2010
domingo, octubre 17, 2010
neoliberalismo en Europa. El suicidio
1
www.sinpermiso.info, 17 octubre 2010
Joseph Stiglitz
Un balance de 2010: la crisis se enquista, la supervivencia del euro está gravemente
amenazada y la política de austeridad fiscal podría llevar a España a un callejón sin salida
como el experimentado por la Argentina hace 10 años
[ Este artículo podrá comentarse en nuestra página en facebook:
http://www.facebook.com/pages/SinPermiso/106764166044474 ]
El pasado 4 de octubre, el diario británico Sunday Telegraph publicó un extracto del prólogo a la
segunda edición del libro de Stiglitz Caída libre (Freefall: Free Markets and the Sinking of the
Global Economy, segunda edición, Londres, octubre 2010, £9.99, editorial Penguin), cuya primera
edición fue a comienzos de este año. El epílogo es un balance de lo ocurrido en los primeros 9
meses de 2010, y queda bien resumido en el título con que lo reproducimos en castellano: la crisis
se enquista, la supervivencia del euro está gravemente amenazada y la política de austeridad
fiscal podría llevar a España a un callejón sin salida como el experimentado por la Argentina hace
10 años.
Desdichadamente, en los ocho meses transcurridos desde que apareció la edición en tapa dura
de Caída libre, la sucesión de acontecimientos ha superado ampliamente las expectativas: el
crecimiento se mantiene débil, lo suficientemente anémico como para que el desempleo se
mantenga estupefacientemente alto; las ejecuciones hipotecarias siguen en curso, y aunque
los bonos y los beneficios bancarios se han recuperado, la oferta de crédito no lo ha hecho, a
pesar de que la revitalización del mismo fue la razón alegada para proceder a los rescates
bancarios.
Unas cuantas cosas –la crisis en Europa y el alcance de las prácticas fraudulentas e
inmorales— de los bancos han ido peor de lo esperado, y otras –la dimensión de las pérdidas
2
en los rescates bancarios— han ido un poco menos mal. Las reformas en la regulación del
sector financiero son más fuertes de lo que yo esperaba.
Sin embargo, los bancos se mostraron capaces de mitigar lo bastante esas regulaciones como
para que no resulte despreciable la perspectiva de una nueva crisis atravesada en nuestro
camino: hemos comprado un poco de tiempo extra antes de la próxima crisis y, tal vez,
reducido el probable costo de la presente para nuestra economía.
Las verdaderas novedades de los últimos ocho meses han sido la paulatina aceptación por
parte de economistas y gobernantes de la triste imagen del futuro contra la que yo previne: una
“nueva normalidad” con elevadas tasas de desempleo, menor crecimiento y menos servicios
públicos en los países industriales avanzados.
La prosperidad ha sido substituida por un malestar à la japonesa sin final divisable. Pero al
menos en la “década perdida japonesa”, a despecho del bajo crecimiento, el desempleo se
mantuvo bajo y la cohesión social, alta.
En Europa y en Norteamérica, en cambio, algunos economistas hablan ya de una tasa de
desempleo del 7,5%, harto por encima de la del 4,2% de que disfrutamos en los 90. La crisis
financiera, en efecto, ha generado daños duraderos a nuestra economía, de los que
tardaremos en recuperarnos.
No fue sólo el sector privado el que vivió en un mundo de fantasía sostenido por las burbujas
en los bienes raíces y en los mercados de valores. Los gobiernos han participado
indirectamente en esa ensoñación, pues recibieron parte del “ingreso fantasma” en forma de
recaudación fiscal.
Para países fiscalmente atolondrados como los EEUU o Grecia, las cosas fueron todavía más
dolorosas. En 2009, el déficit estadounidense se disparó hasta el 9% del PIB; en Gracia, hasta
el 13,6%.
Reducir esos déficits a cero no es cosa simplemente de esperar a la recuperación, pues esos
países incurrieron en déficits incluso cuando sus economías disfrutaban de empleo casi pleno y
su recaudación fiscal se veía robustecida por impuestos a los beneficios dimanantes de las
burbujas. Se precisará, pues, de substanciales incrementos recaudatorios o de substanciales
recortes de gastos. Pero aquí está el problema: a falta de recuperación global, cualesquiera
recortes en el gasto o incrementos en la recaudación llevarán con toda seguridad a un
crecimiento aún más lento, lo que tal vez empujará a las economías a una segunda zambullida
en la recesión.
A pesar de estas duras perspectivas para la economía mundial, no tardaron Wall Street y los
mercados financieros en lanzar vociferantes exigencias de reducción de los déficits.
Su miopía dio origen a esta crisis, y ahora son igualmente miopes al exigir políticas que no
pueden sino traer consigo la persistencia de la misma.
Exigen recortes presupuestarios. Sin esos recortes, advierten –de consuno con las agencias de
calificación—, subirían los tipos de interés, se cortaría el acceso al crédito y a los países no les
quedaría otra solución que volver a recortar.
Pero, no bien anunció España recortes presupuestarios en mayo pasado, las agencias de
calificación y los mercados respondieron: dijeron, yo creo que fundadamente, que los recortes
dañarían las posibilidades de crecimiento.
Con menor crecimiento, los ingresos fiscales bajarían, los gastos sociales (como la ayuda al
desempleo) subirían y los déficits aumentarían. Fitch, una de las tres agencias principales,
degradó la calificación de la deuda española, y siguieron subiendo los intereses que España
tiene que pagar por su deuda pública. Evidentemente, los países salen perjudicados tanto si
recortan el gasto como si no lo hacen.
Todo eso resulta tanto más perturbador, si se recuerda que, en el punto culminante de la crisis,
hubo un momento de unidad nacional e internacional, cuando los países se enfrentaron de
3
consuno a la calamidad económica. Por vez primera, el G20 juntó a los países desarrollados
con los países de mercados emergentes para buscar soluciones al problema global del mundo.
Hubo un momento en que todo el mundo era keynesiano y quedó desacreditada la malhadada
idea de que los mercados desembridados eran estables y eficientes.
Brotó la esperanza de que pudieran emerger un capitalismo nuevo y más temperado y un
orden económico global más equilibrado: un orden que pudiera al menos lograr una mayor
estabilidad a corto plazo y comenzar a enfrentarse a cuestiones inveteradas, como la gran y
creciente desigualdad entre ricos y pobres o la necesaria adaptación de nuestra economía a la
amenaza del cambio climático, liberándola de su dependencia de los combustibles fósiles y
reestructurándola para que pudiera competir eficazmente con los países emergentes de Asia.
Esas esperanzas alimentadas en los primeros meses de la crisis pronto quedaron sofocadas.
Lo que ahora domina es un humor de desesperanzado: el camino a la recuperación puede
llegar a ser todavía más lento de lo que yo sugería hace ocho meses, y las tensiones sociales,
harto más graves. Los altos ejecutivos bancarios han vuelto a los bonos de siete dígitos,
mientras que los ciudadanos de a pié no sólo se enfrentan a un desempleo desapoderado, sino
a unas tasas de cobertura del mismo que distan por mucho de estar a la altura de los desafíos
de la Gran Recesión.
Hay críticos que sostienen que el keynesianismo sólo logró aplazar el día del juicio final. Yo
digo, en cambio, que a menos que volvamos a los principios básicos de la teoría económica
keynesiana, el mundo está condenado a un prolongado declive.
La crisis ha empujado al mundo hacia una terra incognita preñada de incertidumbres. Pero hay
una cosa de la que podamos estar absolutamente seguros: si los países industriales
avanzados siguen por el camino que parecen haber emprendido hoy, la probabilidad de que
volvamos a tener algún día no lejano una economía robusta es nula; las posiciones
económicas y políticas relativas de Europa y Norteamérica quedarán muy disminuidas, así
como nuestra capacidad para enfrentarnos a cuestiones de largo plazo de las que depende
crucialmente nuestro futuro bienestar.
Cerca de tres años después del comienzo de la recesión, resulta claro que, aun si la economía
pudiera hallarse en vías de recuperación, esas vías están atravesadas de obstáculos
imprevistos.
Entre las cosas más impredecibles que nos aguardan, están el cambio de la política y de las
actitudes públicas.
Aun antes de que llegara a restaurarse el crecimiento económico, y cuando los EEUU siguen
empantanados en una alta tasa de desempleo, la atención –cuando menos en algunos centros
de decisión— se ha desplazado hacia la inflación y la deuda pública. Ahora mismo, la inflación
no constituye una amenaza, y es improbable que sea de otro modo mientras el desempleo siga
alto. Los bajos tipos de interés de los bonos públicos a largo plazo sugieren que el “mercado”
mismo no está preocupado por la inflación, ni siquiera a largo plazo.
Para mí, el problema real –no ahora, pero posiblemente sí en unos pocos años— no es tanto la
inflación o la deuda, cuanto las preocupaciones por la inflación y la deuda manifestables en los
mercados financieros. Si el mercado empieza a anticipar inflación, exigirá tipos de interés más
altos como compensación por el disminuido valor de los dólares que recibirá en pago. Unos
tipos de interés más altos llevarán a un aumento de los déficits y de la deuda públicos, lo que,
combinado con las expectativas de inflación, ejercerá una presión a favor del recorte del gasto
público antes de que la economía comience a pisar suelo firme.
El problema real hoy sigue siendo el desempleo y una insuficiente demanda agregada,
precisamente el problema al que se enfrentó John Maynard Keynes hace 75 años, durante la
Gran Depresión. La política monetaria, entonces como ahora, había llegada a sus límites:
ulteriores rebajas de los tipos de interés, cuando no eran imposibles, carecían de efecto
estimulante sobre la economía.
No nos queda sino usar políticas fiscales para restaurar la salud de la economía. Las pruebas
de que eso funciona son abrumadoras. China puso por obra uno de los mayores paquetes de
4
estímulos del mundo y ha tenido una de las recuperaciones más robustas, a pesar de que su
economía se enfrenta choques nada despreciables. En Europa y en Norteamérica, los
paquetes de estímulos fueron demasiado pequeños como para desactivar la onda de choque
procedente del sector financiero; pero de no haber andado esos estímulos de por medio, las
tasas de desempleo serían ahora mucho más altas.
Los ataques de los mercados financieros contra Grecia muestran que los déficits no pueden ser
ignorados. Grandes déficits pueden llevar a incrementos en las tasas de interés pagaderas por
la deuda pública, lo que empeora los problemas fiscales del país en cuestión.
Pero la respuesta ingenua a esa situación –recortemos el gasto y/o aumentemos los
impuestos— todavía hace peores las cosas, como ha tenido ocasión de verse harto
dramáticamente con la respuesta de los mercados a las nuevas políticas de austeridad del
gobierno de España.
La metáfora que compara a los Estados con los hogares y las familias no sólo anda muy
equivocada, sino que es peligrosa. A los hogares que viven por encima de sus posibilidades –
esto es, que gastan más de lo que ingresan— y no hallan banco que les financie el derroche,
no tienen más opción que la de recortar sus gastos. Un recorte suficientemente grande logrará
poner orden en su cuentas. Pero cuando los Estados recortan el gasto público, el crecimiento
se desacelera, crece el desempleo y caen los ingresos (y por lo mismo, la recaudación fiscal).
Hay una vía para salir de este aparente brete. Las preocupaciones por la dimensión de la
deuda deberían llevar a un cambio en las pautas del gasto público: a un gasto público que
trajera consigo elevados rendimientos económicos.
También debe cambiar la estructura fiscal, que debe orientarse hacia un mayor crecimiento y a
menores déficits. Por ejemplo: hay aumentar los impuestos a los ingresos empresariales de
aquellas empresas que no reinviertan en su negocio, y disminuir los impuestos a aquellas
empresas que sí invierten (a través, pongamos por caso, de créditos fiscales de inversión).
Mayor inversión lleva a mayor crecimiento, y mayor crecimiento lleva a mayores ingresos
fiscales. Otro ejemplo: aumentar los impuestos a las personas con elevados ingresos y bajarlos
a las personas de bajos ingresos.
El Estado puede hacer más todavía para ayudar al crecimiento del sector privado: si los viejos
bancos no prestan, puede crear nuevos bancos que presten. Con una fracción de lo que se
gastó en resolver el problema de los malos préstamos de los viejos bancos, el gobierno podría
haber creado un conjunto de nuevas instituciones financieras no contaminadas por las malas
decisiones del pasado.
Cuando se creó el euro como moneda común en Europa, no fuimos pocos los que
manifestamos reparos. Los países que comparten moneda tienen una tasa de cambios fija
entre sí, lo que les priva de una herramienta importante de ajuste.
Si Grecia y España hubieran tenido la posibilidad de depreciar su moneda, sus economías se
habrían robustecido aumentando las exportaciones. Además, al uncir su moneda al euro, lo
que hicieron esos dos países fue renunciar a otro importante instrumento útil para reaccionar al
desplome: la política monetaria. De no ser por eso, habrían podido responder a sus respectivas
crisis reduciendo los tipos de interés para estimular la inversión
Nada de eso: los países de la eurozona tienen las manos atadas. Mientras no se produjeran
choques, el euro tenía que funcionar. La prueba vendría cuando alguno de los países se
enfrentara a una caída económica- La recesión de 2008 fue la prueba, y se diría que Europa no
la pasó.
Para hacer frente a la pérdida de esos instrumentos vitales de ajuste, la eurozona debería
haber creado un fondo de ayudas para los países con problemas. Los EEUIU constituyen un
área de “moneda única”, pero cuando California tiene un problema y se dispara su tasa de
desempleo, una buena parte de los gastos son sufragados por el gobierno federal.
Europa no tiene manera de ayudar a los países que se enfrentan a problemas graves. España
tiene una tasa de desempleo del 20%, con entre un 40% y un 50% de jóvenes en el paro.
5
Tenía excedente fiscal antes de la crisis; luego de la crisis, su déficit fiscal rebasa el 11% de su
PIB.
Pero esas son las reglas del juego: España tiene ahora que recortar el gasto, lo que casi con
toda seguridad elevará todavía más su tasa de desempleo. A medida que se encoja su
economía, la mejora de su posición fiscal sólo puede ser mínima.
España podría estar entrando en el tipo de espiral mortal que afligió a la Argentina hace ahora
una década. Sólo cuando Argentina rompió su vínculo con el dólar logró empezar a crecer y a
reducir su déficit. Hasta ahora, España no ha sido objeto de ataques especulativos, pero eso
podría ser sólo cuestión de tiempo.
Tal vez no fue una sorpresa el que Grecia fuera el primer país atacado por la especulación. A
los especuladores les gustan los países pequeños, porque se los puede atacar con menos
dinero. Y los problemas de Grecia eran, por distintas vías, los más graves (a pesar de que su
tasa de desempleo del 10% estaba en línea con la media de la eurozona, su déficit público –un
13,6% del PIB en 2009— era el segundo mayor de Europa, tras el de Irlanda). Su deuda
significaba el 115% del PIB. Como los EEUU, tenía déficit ya antes de la crisis (5,1% del PIB en
2007, peor aún que el de los EEUU, que era del 2,5% del PIB).
Como muchos Estados y muchas empresas del sector financiero, Grecia se deslizó por la
pendiente de la contabilidad fraudulenta, asistida en ello, y aun empujada, por empresas
financieras privadas. Varias empresas financieras norteamericanas que habían descubierto la
forma de servirse de esas prácticas contables y de productos financieros como derivados y
repos para engañar a sus accionistas y a sus gobiernos, vendieron esas técnicas y esos
productos a gobiernos deseosos de ocultar sus déficits.
Resulta preocupante que haya una ola de austeridad abatida sobre toda Europa (la cual, según
observé antes, toca ya las costas norteamericanas). En la medida en que muchos países
recortan simultánea y prematuramente el gasto público, la demanda agregada global dsminuirá
y se desacelerará el crecimiento, lo que tal vez traiga consigo una segunda zambullida en la
recesión.
Es posible que la recesión traiga su origen en los EEUU, pero Europa está poniendo ahora de
su parte, y con creces.
La eurozona necesita una mejor coordinación económica, no sólo una coordinación reducida
reglas presupuestarias; es preciso que los países europeos cooperen entre si para que Europa
vuelva al pleno empleo y para ayudar a los que sufran choques económicos importantes.
Europa creo un fondo de solidaridad para ayudar a los países de nuevo ingreso en la UE, en su
mayoría más pobres. Pero no creo un fondo de solidaridad para ayudar a las partes de la
eurozona en apuros. Sin un fondo de ese tipo, las perspectivas de futuro de la eurozona son
nulas.
Hay una solución: la salida de Alemania de la eurozona, o en su defecto, la división de la
eurozona en dos subregiones.
El uro ha sido un experimento interesante pero, al igual que el casi olvidado sistema del MTC
(Mecanismo de Tasa Cambiaria) que le precedió –y que su hundió cuando los especuladores
atacaron la libra esterlina en 1992—, carece del apoyo institucional necesario para que
funcione.
Si Europa no logra encontrar la vía para hacer esas reformas institucionales perentorias,
entonces mejor sería admitir el fracaso y sacar las oportunas consecuencias que pagar un alto
precio en desempleo y sufrimiento humano en nombre de una configuración institucional
fracasada, incapaz de estar a la altura de sus ideales fundacionales.
La primera década del siglo XXI ha quedado ya registrada como una década perdida. La
mayoría de los norteamericanos tienen ahora menores ingresos que al romper el siglo. Europa
empezó la década con un osado experimento, el euro, que podría estar revelándose ahora
como un fracaso.
6
En ambos lados del Atlántico, el optimismo de comienzos de década ha quedado cubierto por
una tiniebla de nuevo cuño. A medida que las semanas del desplome –el Nuevo Malestar—
trocan en meses y los meses, en años, una nueva y grisácea palidez proyecta su sombra.
Yo escribí a comienzos del presente año que limitarse a salir del paso a trompicones no
bastaría, y que no era demasiado tarde para sentar las bases de un curso alternativo. Lo cierto
es que hemos seguido dando tumbos para salir del paso: en algunas cosas, como la reforma
regulatoria, mejor de lo que yo me temía, pero peor de lo que esperaba; en otras, como la
creación de una nueva visión, mis temores se han revelado plenamente fundados. Todavía no
es demasiado tarde. Pero la ventana de las oportunidades podría estar a punto de cerrarse.
Joseph Stiglitz fue premio Nóbel de economía en 2001.
Traducción para www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero
sinpermiso electrónico se ofrece semanalmente de forma gratuita. No recibe ningún tipo de subvención
pública ni privada, y su existencia sólo es posible gracias al trabajo voluntario de sus colaboradores y a las
donaciones altruistas de sus lectores. Si le ha interesado este artículo, considere la posibilidad de contribuir
al desarrollo de este proyecto político-cultural realizando una DONACIÓNo haciendo una SUSCRIPCIÓN a la
REVISTA SEMESTRAL impresa.
www.sinpermiso.info, 16 octubre 2010 [Fuente original: Sunday Telegraph, 4 octubre 2010]
www.sinpermiso.info, 17 octubre 2010
Joseph Stiglitz
Un balance de 2010: la crisis se enquista, la supervivencia del euro está gravemente
amenazada y la política de austeridad fiscal podría llevar a España a un callejón sin salida
como el experimentado por la Argentina hace 10 años
[ Este artículo podrá comentarse en nuestra página en facebook:
http://www.facebook.com/pages/SinPermiso/106764166044474 ]
El pasado 4 de octubre, el diario británico Sunday Telegraph publicó un extracto del prólogo a la
segunda edición del libro de Stiglitz Caída libre (Freefall: Free Markets and the Sinking of the
Global Economy, segunda edición, Londres, octubre 2010, £9.99, editorial Penguin), cuya primera
edición fue a comienzos de este año. El epílogo es un balance de lo ocurrido en los primeros 9
meses de 2010, y queda bien resumido en el título con que lo reproducimos en castellano: la crisis
se enquista, la supervivencia del euro está gravemente amenazada y la política de austeridad
fiscal podría llevar a España a un callejón sin salida como el experimentado por la Argentina hace
10 años.
Desdichadamente, en los ocho meses transcurridos desde que apareció la edición en tapa dura
de Caída libre, la sucesión de acontecimientos ha superado ampliamente las expectativas: el
crecimiento se mantiene débil, lo suficientemente anémico como para que el desempleo se
mantenga estupefacientemente alto; las ejecuciones hipotecarias siguen en curso, y aunque
los bonos y los beneficios bancarios se han recuperado, la oferta de crédito no lo ha hecho, a
pesar de que la revitalización del mismo fue la razón alegada para proceder a los rescates
bancarios.
Unas cuantas cosas –la crisis en Europa y el alcance de las prácticas fraudulentas e
inmorales— de los bancos han ido peor de lo esperado, y otras –la dimensión de las pérdidas
2
en los rescates bancarios— han ido un poco menos mal. Las reformas en la regulación del
sector financiero son más fuertes de lo que yo esperaba.
Sin embargo, los bancos se mostraron capaces de mitigar lo bastante esas regulaciones como
para que no resulte despreciable la perspectiva de una nueva crisis atravesada en nuestro
camino: hemos comprado un poco de tiempo extra antes de la próxima crisis y, tal vez,
reducido el probable costo de la presente para nuestra economía.
Las verdaderas novedades de los últimos ocho meses han sido la paulatina aceptación por
parte de economistas y gobernantes de la triste imagen del futuro contra la que yo previne: una
“nueva normalidad” con elevadas tasas de desempleo, menor crecimiento y menos servicios
públicos en los países industriales avanzados.
La prosperidad ha sido substituida por un malestar à la japonesa sin final divisable. Pero al
menos en la “década perdida japonesa”, a despecho del bajo crecimiento, el desempleo se
mantuvo bajo y la cohesión social, alta.
En Europa y en Norteamérica, en cambio, algunos economistas hablan ya de una tasa de
desempleo del 7,5%, harto por encima de la del 4,2% de que disfrutamos en los 90. La crisis
financiera, en efecto, ha generado daños duraderos a nuestra economía, de los que
tardaremos en recuperarnos.
No fue sólo el sector privado el que vivió en un mundo de fantasía sostenido por las burbujas
en los bienes raíces y en los mercados de valores. Los gobiernos han participado
indirectamente en esa ensoñación, pues recibieron parte del “ingreso fantasma” en forma de
recaudación fiscal.
Para países fiscalmente atolondrados como los EEUU o Grecia, las cosas fueron todavía más
dolorosas. En 2009, el déficit estadounidense se disparó hasta el 9% del PIB; en Gracia, hasta
el 13,6%.
Reducir esos déficits a cero no es cosa simplemente de esperar a la recuperación, pues esos
países incurrieron en déficits incluso cuando sus economías disfrutaban de empleo casi pleno y
su recaudación fiscal se veía robustecida por impuestos a los beneficios dimanantes de las
burbujas. Se precisará, pues, de substanciales incrementos recaudatorios o de substanciales
recortes de gastos. Pero aquí está el problema: a falta de recuperación global, cualesquiera
recortes en el gasto o incrementos en la recaudación llevarán con toda seguridad a un
crecimiento aún más lento, lo que tal vez empujará a las economías a una segunda zambullida
en la recesión.
A pesar de estas duras perspectivas para la economía mundial, no tardaron Wall Street y los
mercados financieros en lanzar vociferantes exigencias de reducción de los déficits.
Su miopía dio origen a esta crisis, y ahora son igualmente miopes al exigir políticas que no
pueden sino traer consigo la persistencia de la misma.
Exigen recortes presupuestarios. Sin esos recortes, advierten –de consuno con las agencias de
calificación—, subirían los tipos de interés, se cortaría el acceso al crédito y a los países no les
quedaría otra solución que volver a recortar.
Pero, no bien anunció España recortes presupuestarios en mayo pasado, las agencias de
calificación y los mercados respondieron: dijeron, yo creo que fundadamente, que los recortes
dañarían las posibilidades de crecimiento.
Con menor crecimiento, los ingresos fiscales bajarían, los gastos sociales (como la ayuda al
desempleo) subirían y los déficits aumentarían. Fitch, una de las tres agencias principales,
degradó la calificación de la deuda española, y siguieron subiendo los intereses que España
tiene que pagar por su deuda pública. Evidentemente, los países salen perjudicados tanto si
recortan el gasto como si no lo hacen.
Todo eso resulta tanto más perturbador, si se recuerda que, en el punto culminante de la crisis,
hubo un momento de unidad nacional e internacional, cuando los países se enfrentaron de
3
consuno a la calamidad económica. Por vez primera, el G20 juntó a los países desarrollados
con los países de mercados emergentes para buscar soluciones al problema global del mundo.
Hubo un momento en que todo el mundo era keynesiano y quedó desacreditada la malhadada
idea de que los mercados desembridados eran estables y eficientes.
Brotó la esperanza de que pudieran emerger un capitalismo nuevo y más temperado y un
orden económico global más equilibrado: un orden que pudiera al menos lograr una mayor
estabilidad a corto plazo y comenzar a enfrentarse a cuestiones inveteradas, como la gran y
creciente desigualdad entre ricos y pobres o la necesaria adaptación de nuestra economía a la
amenaza del cambio climático, liberándola de su dependencia de los combustibles fósiles y
reestructurándola para que pudiera competir eficazmente con los países emergentes de Asia.
Esas esperanzas alimentadas en los primeros meses de la crisis pronto quedaron sofocadas.
Lo que ahora domina es un humor de desesperanzado: el camino a la recuperación puede
llegar a ser todavía más lento de lo que yo sugería hace ocho meses, y las tensiones sociales,
harto más graves. Los altos ejecutivos bancarios han vuelto a los bonos de siete dígitos,
mientras que los ciudadanos de a pié no sólo se enfrentan a un desempleo desapoderado, sino
a unas tasas de cobertura del mismo que distan por mucho de estar a la altura de los desafíos
de la Gran Recesión.
Hay críticos que sostienen que el keynesianismo sólo logró aplazar el día del juicio final. Yo
digo, en cambio, que a menos que volvamos a los principios básicos de la teoría económica
keynesiana, el mundo está condenado a un prolongado declive.
La crisis ha empujado al mundo hacia una terra incognita preñada de incertidumbres. Pero hay
una cosa de la que podamos estar absolutamente seguros: si los países industriales
avanzados siguen por el camino que parecen haber emprendido hoy, la probabilidad de que
volvamos a tener algún día no lejano una economía robusta es nula; las posiciones
económicas y políticas relativas de Europa y Norteamérica quedarán muy disminuidas, así
como nuestra capacidad para enfrentarnos a cuestiones de largo plazo de las que depende
crucialmente nuestro futuro bienestar.
Cerca de tres años después del comienzo de la recesión, resulta claro que, aun si la economía
pudiera hallarse en vías de recuperación, esas vías están atravesadas de obstáculos
imprevistos.
Entre las cosas más impredecibles que nos aguardan, están el cambio de la política y de las
actitudes públicas.
Aun antes de que llegara a restaurarse el crecimiento económico, y cuando los EEUU siguen
empantanados en una alta tasa de desempleo, la atención –cuando menos en algunos centros
de decisión— se ha desplazado hacia la inflación y la deuda pública. Ahora mismo, la inflación
no constituye una amenaza, y es improbable que sea de otro modo mientras el desempleo siga
alto. Los bajos tipos de interés de los bonos públicos a largo plazo sugieren que el “mercado”
mismo no está preocupado por la inflación, ni siquiera a largo plazo.
Para mí, el problema real –no ahora, pero posiblemente sí en unos pocos años— no es tanto la
inflación o la deuda, cuanto las preocupaciones por la inflación y la deuda manifestables en los
mercados financieros. Si el mercado empieza a anticipar inflación, exigirá tipos de interés más
altos como compensación por el disminuido valor de los dólares que recibirá en pago. Unos
tipos de interés más altos llevarán a un aumento de los déficits y de la deuda públicos, lo que,
combinado con las expectativas de inflación, ejercerá una presión a favor del recorte del gasto
público antes de que la economía comience a pisar suelo firme.
El problema real hoy sigue siendo el desempleo y una insuficiente demanda agregada,
precisamente el problema al que se enfrentó John Maynard Keynes hace 75 años, durante la
Gran Depresión. La política monetaria, entonces como ahora, había llegada a sus límites:
ulteriores rebajas de los tipos de interés, cuando no eran imposibles, carecían de efecto
estimulante sobre la economía.
No nos queda sino usar políticas fiscales para restaurar la salud de la economía. Las pruebas
de que eso funciona son abrumadoras. China puso por obra uno de los mayores paquetes de
4
estímulos del mundo y ha tenido una de las recuperaciones más robustas, a pesar de que su
economía se enfrenta choques nada despreciables. En Europa y en Norteamérica, los
paquetes de estímulos fueron demasiado pequeños como para desactivar la onda de choque
procedente del sector financiero; pero de no haber andado esos estímulos de por medio, las
tasas de desempleo serían ahora mucho más altas.
Los ataques de los mercados financieros contra Grecia muestran que los déficits no pueden ser
ignorados. Grandes déficits pueden llevar a incrementos en las tasas de interés pagaderas por
la deuda pública, lo que empeora los problemas fiscales del país en cuestión.
Pero la respuesta ingenua a esa situación –recortemos el gasto y/o aumentemos los
impuestos— todavía hace peores las cosas, como ha tenido ocasión de verse harto
dramáticamente con la respuesta de los mercados a las nuevas políticas de austeridad del
gobierno de España.
La metáfora que compara a los Estados con los hogares y las familias no sólo anda muy
equivocada, sino que es peligrosa. A los hogares que viven por encima de sus posibilidades –
esto es, que gastan más de lo que ingresan— y no hallan banco que les financie el derroche,
no tienen más opción que la de recortar sus gastos. Un recorte suficientemente grande logrará
poner orden en su cuentas. Pero cuando los Estados recortan el gasto público, el crecimiento
se desacelera, crece el desempleo y caen los ingresos (y por lo mismo, la recaudación fiscal).
Hay una vía para salir de este aparente brete. Las preocupaciones por la dimensión de la
deuda deberían llevar a un cambio en las pautas del gasto público: a un gasto público que
trajera consigo elevados rendimientos económicos.
También debe cambiar la estructura fiscal, que debe orientarse hacia un mayor crecimiento y a
menores déficits. Por ejemplo: hay aumentar los impuestos a los ingresos empresariales de
aquellas empresas que no reinviertan en su negocio, y disminuir los impuestos a aquellas
empresas que sí invierten (a través, pongamos por caso, de créditos fiscales de inversión).
Mayor inversión lleva a mayor crecimiento, y mayor crecimiento lleva a mayores ingresos
fiscales. Otro ejemplo: aumentar los impuestos a las personas con elevados ingresos y bajarlos
a las personas de bajos ingresos.
El Estado puede hacer más todavía para ayudar al crecimiento del sector privado: si los viejos
bancos no prestan, puede crear nuevos bancos que presten. Con una fracción de lo que se
gastó en resolver el problema de los malos préstamos de los viejos bancos, el gobierno podría
haber creado un conjunto de nuevas instituciones financieras no contaminadas por las malas
decisiones del pasado.
Cuando se creó el euro como moneda común en Europa, no fuimos pocos los que
manifestamos reparos. Los países que comparten moneda tienen una tasa de cambios fija
entre sí, lo que les priva de una herramienta importante de ajuste.
Si Grecia y España hubieran tenido la posibilidad de depreciar su moneda, sus economías se
habrían robustecido aumentando las exportaciones. Además, al uncir su moneda al euro, lo
que hicieron esos dos países fue renunciar a otro importante instrumento útil para reaccionar al
desplome: la política monetaria. De no ser por eso, habrían podido responder a sus respectivas
crisis reduciendo los tipos de interés para estimular la inversión
Nada de eso: los países de la eurozona tienen las manos atadas. Mientras no se produjeran
choques, el euro tenía que funcionar. La prueba vendría cuando alguno de los países se
enfrentara a una caída económica- La recesión de 2008 fue la prueba, y se diría que Europa no
la pasó.
Para hacer frente a la pérdida de esos instrumentos vitales de ajuste, la eurozona debería
haber creado un fondo de ayudas para los países con problemas. Los EEUIU constituyen un
área de “moneda única”, pero cuando California tiene un problema y se dispara su tasa de
desempleo, una buena parte de los gastos son sufragados por el gobierno federal.
Europa no tiene manera de ayudar a los países que se enfrentan a problemas graves. España
tiene una tasa de desempleo del 20%, con entre un 40% y un 50% de jóvenes en el paro.
5
Tenía excedente fiscal antes de la crisis; luego de la crisis, su déficit fiscal rebasa el 11% de su
PIB.
Pero esas son las reglas del juego: España tiene ahora que recortar el gasto, lo que casi con
toda seguridad elevará todavía más su tasa de desempleo. A medida que se encoja su
economía, la mejora de su posición fiscal sólo puede ser mínima.
España podría estar entrando en el tipo de espiral mortal que afligió a la Argentina hace ahora
una década. Sólo cuando Argentina rompió su vínculo con el dólar logró empezar a crecer y a
reducir su déficit. Hasta ahora, España no ha sido objeto de ataques especulativos, pero eso
podría ser sólo cuestión de tiempo.
Tal vez no fue una sorpresa el que Grecia fuera el primer país atacado por la especulación. A
los especuladores les gustan los países pequeños, porque se los puede atacar con menos
dinero. Y los problemas de Grecia eran, por distintas vías, los más graves (a pesar de que su
tasa de desempleo del 10% estaba en línea con la media de la eurozona, su déficit público –un
13,6% del PIB en 2009— era el segundo mayor de Europa, tras el de Irlanda). Su deuda
significaba el 115% del PIB. Como los EEUU, tenía déficit ya antes de la crisis (5,1% del PIB en
2007, peor aún que el de los EEUU, que era del 2,5% del PIB).
Como muchos Estados y muchas empresas del sector financiero, Grecia se deslizó por la
pendiente de la contabilidad fraudulenta, asistida en ello, y aun empujada, por empresas
financieras privadas. Varias empresas financieras norteamericanas que habían descubierto la
forma de servirse de esas prácticas contables y de productos financieros como derivados y
repos para engañar a sus accionistas y a sus gobiernos, vendieron esas técnicas y esos
productos a gobiernos deseosos de ocultar sus déficits.
Resulta preocupante que haya una ola de austeridad abatida sobre toda Europa (la cual, según
observé antes, toca ya las costas norteamericanas). En la medida en que muchos países
recortan simultánea y prematuramente el gasto público, la demanda agregada global dsminuirá
y se desacelerará el crecimiento, lo que tal vez traiga consigo una segunda zambullida en la
recesión.
Es posible que la recesión traiga su origen en los EEUU, pero Europa está poniendo ahora de
su parte, y con creces.
La eurozona necesita una mejor coordinación económica, no sólo una coordinación reducida
reglas presupuestarias; es preciso que los países europeos cooperen entre si para que Europa
vuelva al pleno empleo y para ayudar a los que sufran choques económicos importantes.
Europa creo un fondo de solidaridad para ayudar a los países de nuevo ingreso en la UE, en su
mayoría más pobres. Pero no creo un fondo de solidaridad para ayudar a las partes de la
eurozona en apuros. Sin un fondo de ese tipo, las perspectivas de futuro de la eurozona son
nulas.
Hay una solución: la salida de Alemania de la eurozona, o en su defecto, la división de la
eurozona en dos subregiones.
El uro ha sido un experimento interesante pero, al igual que el casi olvidado sistema del MTC
(Mecanismo de Tasa Cambiaria) que le precedió –y que su hundió cuando los especuladores
atacaron la libra esterlina en 1992—, carece del apoyo institucional necesario para que
funcione.
Si Europa no logra encontrar la vía para hacer esas reformas institucionales perentorias,
entonces mejor sería admitir el fracaso y sacar las oportunas consecuencias que pagar un alto
precio en desempleo y sufrimiento humano en nombre de una configuración institucional
fracasada, incapaz de estar a la altura de sus ideales fundacionales.
La primera década del siglo XXI ha quedado ya registrada como una década perdida. La
mayoría de los norteamericanos tienen ahora menores ingresos que al romper el siglo. Europa
empezó la década con un osado experimento, el euro, que podría estar revelándose ahora
como un fracaso.
6
En ambos lados del Atlántico, el optimismo de comienzos de década ha quedado cubierto por
una tiniebla de nuevo cuño. A medida que las semanas del desplome –el Nuevo Malestar—
trocan en meses y los meses, en años, una nueva y grisácea palidez proyecta su sombra.
Yo escribí a comienzos del presente año que limitarse a salir del paso a trompicones no
bastaría, y que no era demasiado tarde para sentar las bases de un curso alternativo. Lo cierto
es que hemos seguido dando tumbos para salir del paso: en algunas cosas, como la reforma
regulatoria, mejor de lo que yo me temía, pero peor de lo que esperaba; en otras, como la
creación de una nueva visión, mis temores se han revelado plenamente fundados. Todavía no
es demasiado tarde. Pero la ventana de las oportunidades podría estar a punto de cerrarse.
Joseph Stiglitz fue premio Nóbel de economía en 2001.
Traducción para www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero
sinpermiso electrónico se ofrece semanalmente de forma gratuita. No recibe ningún tipo de subvención
pública ni privada, y su existencia sólo es posible gracias al trabajo voluntario de sus colaboradores y a las
donaciones altruistas de sus lectores. Si le ha interesado este artículo, considere la posibilidad de contribuir
al desarrollo de este proyecto político-cultural realizando una DONACIÓNo haciendo una SUSCRIPCIÓN a la
REVISTA SEMESTRAL impresa.
www.sinpermiso.info, 16 octubre 2010 [Fuente original: Sunday Telegraph, 4 octubre 2010]
sábado, octubre 02, 2010
Cuantos burocratas argentinos se sintieron tambien Poncio Pilatos en la Dictadura
La ligereza de muchos argentinos en pretender olvidar la última dictadura militar, me llevó a buscar este capitulo de Eichman en Jerusalem, donde H.Arendt analiza el pensamiento burocráctico en situaciones límites que llevo al ser humano a semejante debacle moral.-
HITLER, ADOLF - EICHMANN, ADOLF OTTO - 'SOLUCIÓN FINAL' - CONFERENCIA DE WANNSEE - JUICIO DE JERUSALEM - PAPAS DEL TERCER REICH -Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal (II)*Hannah Arendt
Los reunidos hablaron de "complicadas cuestiones jurídicas", tales como el tratamiento que debía darse a quienes tan sólo fueran medio judíos o cuarterones de judío -¿se les debía matar o bastaba con esterilizarlos?
Capítulo 7: La conferencia de Wannsee o Poncio Pilatos(fragmentos)
Hasta el momento, mi estudio de la conciencia de Eichmann se ha basado en pruebas que el propio Eichmann había olvidado. Según sus manifestaciones a este respecto, el momento decisivo no se produjo cuatro semanas después, sino cuatro meses más tarde, en enero de 1942, durante la conferencia de Staatssekretäre (subsecretarios del gobierno), como los nazis solían llamarla, o la Conferencia de Wannsee, tal como ahora la llamamos debido a que Heydrich la convocó en una casa situada en este suburbio de Berlín. Tal como indica el nombre oficial de la conferencia, esta reunión fue necesaria debido a que la Solución Final, si quería aplicarse a la totalidad de Europa, exigía algo más que la tácita aceptación de la burocracia del Reich, exigía la activa cooperación de todos los ministerios y de todos los fúncionarios públicos de carrera. Nueve años después del acceso de Hitler al poder, todos los ministros eran antiguos miembros del partido, ya que aquellos que en las primeras etapas del régimen se habían limitado a "adaptarse" a él, harto obedientemente, habían sido sustituidos. Sin embargo, la mayoría de ellos no merecían la total confianza del partido, puesto que eran pocos los que debían enteramente su carrera política a los nazis, como, por ejemplo, Himmler o Heydrich. Y entre estos pocos, la mayoría eran nulidades, como Joachim von Ribbentrop, ministro de Asuntos Exteriores y ex vendedor de champaña. Sin embargo, el problema era mucho más peliagudo en cuánto se refería a los funcionarios públicos de alto rango, que prestaban sus servicios directamente subordinados a los ministros, ya que estos hombres, que son quienes forman la espina dorsal de toda buena administración pública, difícilmente podían ser sustituídos por otros, e Hitler los había tolerado, como Adenauer tuvo que tolerarlos, salvo aquellos que estaban excesivamente comprometidos. De ahí que los subsecretarios, los asesores jurídicos y otros especialistas al servicio de los ministerios rara vez fueran miembros del partido, y es muy comprensible que Heydrich tuviera sus dudas acerca de si podría conseguir la activa colaboración de tales funcionarios en la tarea del asesinato masivo. Dicho sea en frase de Eichmann, Heydrich "esperaba tener que vencer grandes dificultades". Pues bien, Heydrich estaba equivocado de medio a medio.La finalidad de la conferencia era coordinar todos los esfuerzos en orden a la consecución de la Solución Final. Primeramente, los reunidos hablaron de "complicadas cuestiones jurídicas", tales como el tratamiento que debía darse a quienes tan sólo fueran medio judíos o cuarterones de judío -¿se les debía matar o bastaba con esterilizarlos?-. A continuación se inició una franca discusión sobre los "diversos tipos de posibles soluciones del problema", lo cual significaba los diversos modos de matar, y también en este aspecto hubo una "feliz concurrencia de criterios de todos los participantes". La Solución Final fue recibida con "extraordinario entusiasmo" por todos los presentes, y en especial por el doctor Wilhelm Stuckart, subsecretario del Ministerio del Interior, quien tenía fama de mostrarse reticente y dubitativo ante todas las medidas "radicales" del partido, y, según las declaraciones del doctor Hans Globke, en Nuremberg, era un firme defensor de la ley. Sin embargo, cierto es que también surgieron algunas dificultades. El subsecretario Josef Bühler, quien ocupaba el segundo puesto en el Gobierno General de Polonia, quedó un tanto alicaído ante la posibilidad de que los judíos fueran transportados desde el Oeste al Este, debido a que esto significaba la presencia de más judíos en Polonia, y, en consecuencia, propuso que estas expediciones se retrasaran hasta el momento en que "el Gobierno General de Polonia ponga en ejecución la Solución Final, y no existan problemas de transporte". Los caballeros del Ministerio de Asuntos Exteriores comparecieron con un complicado memorándum, elaborado por ellos mismos, en el que expresaban "los deseos e ideas del Ministerio de Asuntos Exteriores, con respecto a la total solución del problema judío en Europa", memorándum al que nadie prestó la menor atención. Lo principal, tal como con toda justeza dijo Eichmann, era que los miembros de las diversas ramas de la alta burocracia pública no sólo expresaron opiniones, sino que formularon propuestas concretas. La reunión no duró más de una hora o una hora y media. Tras ella se sirvieron bebidas, y luego todos almorzaron juntos. Fue una "agradable reunión social" destinada a mejorar las relaciones personales entre los circunstantes. Para Eichmann, esta reunión tuvo gran importancia, ya que jamás había tratado en reuniones sociales a personajes "de mayor altura" que la suya. Allí, Eichmann fue, con mucho, el individuo de más baja posición oficial y social. Se encargó de enviar la convocatoria a cuantos debían acudir a la conferencia, preparó algunas estadísticas (llenas de increíbles errores) que Heydrich utilizaría en su discurso inicial, en el que dijo que debía liquidarse a unos once millones de judíos, tarea ciertamente magna, y, después, Eichmann redactó el acta de la reunión. En suma, cumplió las funciones de secretario de la conferencia. Por esto se le permitió que, tras la marcha de los altos funcionarios, se sentara junto con sus jefes Müller y Heydrich, ante una chimenea encendida, y "ésta fue la primera vez que vi a Heydrich beber y fumar", no "chismorreamos, pero si gozamos de un descanso merecido tras largas horas de trabajo"; todos ellos estaban muy satisfechos y de buen humor, especialmente Heydrich.Hubo también otra razón en virtud de la cual el día de la conferencia quedó indeleblemente grabado en la memoria de Eichmann. Pese a que Eichmann había hecho cuanto estuvo en su mano para contribuir a llevar a buen puerto la Solución Final, también era cierto que aún abrigaba algunas dudas acerca de "esta sangrienta solución, mediante la violencia", y, tras la conferencia, estas dudas quedaron disipadas. "En el curso de la reunión, hablaron los hombres más prominentes, los Papas del Tercer Reich". Pudo ver con sus propios ojos y oír con sus propios oídos que no sólo Hitler, no sólo Heydrich o la "esfinge" de Müller, no sólo las SS y el partido, sino la elite de la vieja y amada burocracia se desvivía, y sus miembros luchaban entre sí, por el honor de destacar en aquel "sangriento" asunto. "En aquel momento, sentí algo parecido a lo que debió sentir Poncio Pilatos, ya que me sentí libre de toda culpa." ¿Quién era él para juzgar? ¿Quién era él para poder tener sus propias opiniones en aquel asunto? Bien, Eichamm no fue el primero, ni será el último, en caer víctima de la propia modestia.Los acontecimientos siguientes a la conferencia, según recordaba Eichmann, se sucedieron sin dificultades, y todo se convirtió prontamente en tarea rutinaria. [...]
[...] Así pues, la más grave omisión en el "cuadro general" fue la de aquellas declaraciones referentes a la colaboración entre los dirigentes nazis y las autoridades judías, que hubieran dado ocasión a formular la siguiente pregunta: "¿Por qué colaboró aquella gente en la destrucción de su propio pueblo; a fin de cuentas, en labrar su propia ruina?". [...] Me he detenido a considerar este capítulo de la historia de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, capítulo que el juicio de Jerusalén no puso ante los ojos del mundo en su debida perspectiva, por cuanto ofrece una sorprendente visión de la totalidad del colapso moral que los nazis produjeron en la respetable sociedad europea, no sólo en Alemania, sino en casi todos los países, no sólo entre los victimarios, sino también entre las víctimas. Eichmann, a diferencia de otros individuos del movimiento nazi, siempre tuvo un inmenso respeto hacia la "buena sociedad"; y los buenos modales de que hacía gala ante los funcionarios judíos de habla alemana eran, en gran medida, el resultado de reconocer que trataba con gente socialmente superior a él. Eichmann no era, ni mucho menos, como un testigo le motejó, un Landsknechtnatur, un mercenario, que quería huir a regiones en las que no se observaran los Diez Mandamientos y en las que un hombre pudiera hacer lo que quisiera. Hasta el último instante, Eichmann creyó fervientemente en el éxito, el criterio que mejor le servía para determinar lo que era la "buena sociedad". Características de Eichmann fueron sus últimas palabras acerca de Hitler, a quien Eichmann y su camarada Sassen decidieron "dar poca importancia" en su relato. Eichmann dijo que Hitler "quizás estuviera totalmente equivocado, pero una cosa hay que no se le puede negar: fue un hombre capaz de elevarse desde cabo del ejército alemán a Führer de un pueblo de ochenta millones de individuos ... Para mí, el éxito alcanzado por Hitler era razón suficiente para obedecerle". La conciencia de Eichmann quedó tranquilizada cuando vio el celo y el entusiasmo que la "buena sociedad" ponía en reaccionar tal como él reaccionaba. No tuvo Eichmann ninguna necesidad de "cerrar sus oídos a la voz de la conciencia", tal como se dijo en el juicio, no, no tuvo tal necesidad debido, no a que no tuviera conciencia, sino a que la conciencia hablaba con voz respetable, con la voz de la respetable sociedad que le rodeaba. [...]
EICHMANN EN JERUSALÉN. UN ESTUDIO SOBRE LA BANALIDAD DEL MAL - Hannah Arendt - Lumen, Barcelona, 1999 - 460 págs. - Distribuye Blanes.
HITLER, ADOLF - EICHMANN, ADOLF OTTO - 'SOLUCIÓN FINAL' - CONFERENCIA DE WANNSEE - JUICIO DE JERUSALEM - PAPAS DEL TERCER REICH -Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal (II)*Hannah Arendt
Los reunidos hablaron de "complicadas cuestiones jurídicas", tales como el tratamiento que debía darse a quienes tan sólo fueran medio judíos o cuarterones de judío -¿se les debía matar o bastaba con esterilizarlos?
Capítulo 7: La conferencia de Wannsee o Poncio Pilatos(fragmentos)
Hasta el momento, mi estudio de la conciencia de Eichmann se ha basado en pruebas que el propio Eichmann había olvidado. Según sus manifestaciones a este respecto, el momento decisivo no se produjo cuatro semanas después, sino cuatro meses más tarde, en enero de 1942, durante la conferencia de Staatssekretäre (subsecretarios del gobierno), como los nazis solían llamarla, o la Conferencia de Wannsee, tal como ahora la llamamos debido a que Heydrich la convocó en una casa situada en este suburbio de Berlín. Tal como indica el nombre oficial de la conferencia, esta reunión fue necesaria debido a que la Solución Final, si quería aplicarse a la totalidad de Europa, exigía algo más que la tácita aceptación de la burocracia del Reich, exigía la activa cooperación de todos los ministerios y de todos los fúncionarios públicos de carrera. Nueve años después del acceso de Hitler al poder, todos los ministros eran antiguos miembros del partido, ya que aquellos que en las primeras etapas del régimen se habían limitado a "adaptarse" a él, harto obedientemente, habían sido sustituidos. Sin embargo, la mayoría de ellos no merecían la total confianza del partido, puesto que eran pocos los que debían enteramente su carrera política a los nazis, como, por ejemplo, Himmler o Heydrich. Y entre estos pocos, la mayoría eran nulidades, como Joachim von Ribbentrop, ministro de Asuntos Exteriores y ex vendedor de champaña. Sin embargo, el problema era mucho más peliagudo en cuánto se refería a los funcionarios públicos de alto rango, que prestaban sus servicios directamente subordinados a los ministros, ya que estos hombres, que son quienes forman la espina dorsal de toda buena administración pública, difícilmente podían ser sustituídos por otros, e Hitler los había tolerado, como Adenauer tuvo que tolerarlos, salvo aquellos que estaban excesivamente comprometidos. De ahí que los subsecretarios, los asesores jurídicos y otros especialistas al servicio de los ministerios rara vez fueran miembros del partido, y es muy comprensible que Heydrich tuviera sus dudas acerca de si podría conseguir la activa colaboración de tales funcionarios en la tarea del asesinato masivo. Dicho sea en frase de Eichmann, Heydrich "esperaba tener que vencer grandes dificultades". Pues bien, Heydrich estaba equivocado de medio a medio.La finalidad de la conferencia era coordinar todos los esfuerzos en orden a la consecución de la Solución Final. Primeramente, los reunidos hablaron de "complicadas cuestiones jurídicas", tales como el tratamiento que debía darse a quienes tan sólo fueran medio judíos o cuarterones de judío -¿se les debía matar o bastaba con esterilizarlos?-. A continuación se inició una franca discusión sobre los "diversos tipos de posibles soluciones del problema", lo cual significaba los diversos modos de matar, y también en este aspecto hubo una "feliz concurrencia de criterios de todos los participantes". La Solución Final fue recibida con "extraordinario entusiasmo" por todos los presentes, y en especial por el doctor Wilhelm Stuckart, subsecretario del Ministerio del Interior, quien tenía fama de mostrarse reticente y dubitativo ante todas las medidas "radicales" del partido, y, según las declaraciones del doctor Hans Globke, en Nuremberg, era un firme defensor de la ley. Sin embargo, cierto es que también surgieron algunas dificultades. El subsecretario Josef Bühler, quien ocupaba el segundo puesto en el Gobierno General de Polonia, quedó un tanto alicaído ante la posibilidad de que los judíos fueran transportados desde el Oeste al Este, debido a que esto significaba la presencia de más judíos en Polonia, y, en consecuencia, propuso que estas expediciones se retrasaran hasta el momento en que "el Gobierno General de Polonia ponga en ejecución la Solución Final, y no existan problemas de transporte". Los caballeros del Ministerio de Asuntos Exteriores comparecieron con un complicado memorándum, elaborado por ellos mismos, en el que expresaban "los deseos e ideas del Ministerio de Asuntos Exteriores, con respecto a la total solución del problema judío en Europa", memorándum al que nadie prestó la menor atención. Lo principal, tal como con toda justeza dijo Eichmann, era que los miembros de las diversas ramas de la alta burocracia pública no sólo expresaron opiniones, sino que formularon propuestas concretas. La reunión no duró más de una hora o una hora y media. Tras ella se sirvieron bebidas, y luego todos almorzaron juntos. Fue una "agradable reunión social" destinada a mejorar las relaciones personales entre los circunstantes. Para Eichmann, esta reunión tuvo gran importancia, ya que jamás había tratado en reuniones sociales a personajes "de mayor altura" que la suya. Allí, Eichmann fue, con mucho, el individuo de más baja posición oficial y social. Se encargó de enviar la convocatoria a cuantos debían acudir a la conferencia, preparó algunas estadísticas (llenas de increíbles errores) que Heydrich utilizaría en su discurso inicial, en el que dijo que debía liquidarse a unos once millones de judíos, tarea ciertamente magna, y, después, Eichmann redactó el acta de la reunión. En suma, cumplió las funciones de secretario de la conferencia. Por esto se le permitió que, tras la marcha de los altos funcionarios, se sentara junto con sus jefes Müller y Heydrich, ante una chimenea encendida, y "ésta fue la primera vez que vi a Heydrich beber y fumar", no "chismorreamos, pero si gozamos de un descanso merecido tras largas horas de trabajo"; todos ellos estaban muy satisfechos y de buen humor, especialmente Heydrich.Hubo también otra razón en virtud de la cual el día de la conferencia quedó indeleblemente grabado en la memoria de Eichmann. Pese a que Eichmann había hecho cuanto estuvo en su mano para contribuir a llevar a buen puerto la Solución Final, también era cierto que aún abrigaba algunas dudas acerca de "esta sangrienta solución, mediante la violencia", y, tras la conferencia, estas dudas quedaron disipadas. "En el curso de la reunión, hablaron los hombres más prominentes, los Papas del Tercer Reich". Pudo ver con sus propios ojos y oír con sus propios oídos que no sólo Hitler, no sólo Heydrich o la "esfinge" de Müller, no sólo las SS y el partido, sino la elite de la vieja y amada burocracia se desvivía, y sus miembros luchaban entre sí, por el honor de destacar en aquel "sangriento" asunto. "En aquel momento, sentí algo parecido a lo que debió sentir Poncio Pilatos, ya que me sentí libre de toda culpa." ¿Quién era él para juzgar? ¿Quién era él para poder tener sus propias opiniones en aquel asunto? Bien, Eichamm no fue el primero, ni será el último, en caer víctima de la propia modestia.Los acontecimientos siguientes a la conferencia, según recordaba Eichmann, se sucedieron sin dificultades, y todo se convirtió prontamente en tarea rutinaria. [...]
[...] Así pues, la más grave omisión en el "cuadro general" fue la de aquellas declaraciones referentes a la colaboración entre los dirigentes nazis y las autoridades judías, que hubieran dado ocasión a formular la siguiente pregunta: "¿Por qué colaboró aquella gente en la destrucción de su propio pueblo; a fin de cuentas, en labrar su propia ruina?". [...] Me he detenido a considerar este capítulo de la historia de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, capítulo que el juicio de Jerusalén no puso ante los ojos del mundo en su debida perspectiva, por cuanto ofrece una sorprendente visión de la totalidad del colapso moral que los nazis produjeron en la respetable sociedad europea, no sólo en Alemania, sino en casi todos los países, no sólo entre los victimarios, sino también entre las víctimas. Eichmann, a diferencia de otros individuos del movimiento nazi, siempre tuvo un inmenso respeto hacia la "buena sociedad"; y los buenos modales de que hacía gala ante los funcionarios judíos de habla alemana eran, en gran medida, el resultado de reconocer que trataba con gente socialmente superior a él. Eichmann no era, ni mucho menos, como un testigo le motejó, un Landsknechtnatur, un mercenario, que quería huir a regiones en las que no se observaran los Diez Mandamientos y en las que un hombre pudiera hacer lo que quisiera. Hasta el último instante, Eichmann creyó fervientemente en el éxito, el criterio que mejor le servía para determinar lo que era la "buena sociedad". Características de Eichmann fueron sus últimas palabras acerca de Hitler, a quien Eichmann y su camarada Sassen decidieron "dar poca importancia" en su relato. Eichmann dijo que Hitler "quizás estuviera totalmente equivocado, pero una cosa hay que no se le puede negar: fue un hombre capaz de elevarse desde cabo del ejército alemán a Führer de un pueblo de ochenta millones de individuos ... Para mí, el éxito alcanzado por Hitler era razón suficiente para obedecerle". La conciencia de Eichmann quedó tranquilizada cuando vio el celo y el entusiasmo que la "buena sociedad" ponía en reaccionar tal como él reaccionaba. No tuvo Eichmann ninguna necesidad de "cerrar sus oídos a la voz de la conciencia", tal como se dijo en el juicio, no, no tuvo tal necesidad debido, no a que no tuviera conciencia, sino a que la conciencia hablaba con voz respetable, con la voz de la respetable sociedad que le rodeaba. [...]
EICHMANN EN JERUSALÉN. UN ESTUDIO SOBRE LA BANALIDAD DEL MAL - Hannah Arendt - Lumen, Barcelona, 1999 - 460 págs. - Distribuye Blanes.
martes, septiembre 28, 2010
ley de medios audiovisuales para democratizar la informacion
Veintitres
ComentarReenviar Votar Imprimir Fuente
Por Ricardo Forster
Neoliberalismo, medios de comunicación y democracia
23-09-2010 /
Ricardo Forster“El espectáculo se presenta como una enorme positividad indiscutible e inaccesible. No dice nada más que esto: ‘Lo que aparece es bueno, lo bueno es lo que aparece’. La actitud que por principio exige es esa aceptación pasiva que ya ha obtenido de hecho gracias a su manera de aparecer sin réplica, gracias a su monopolio de las apariencias.” Guy Debord En el mismo momento histórico en el que caía el Muro de Berlín y se desplomaba como un castillo de naipes el sistema soviético, cuando casi atónitos contemplamos la apertura de una época que de un modo arrollador se deshacía de imágenes, lenguajes políticos, ideologías y prácticas que habían convulsionado y apasionado durante más de un siglo a hombres y mujeres de las geografías más diversas y distantes, lo que emergió como exponente de una nueva época del mundo fue la forma neoliberal del capitalismo tardío. Las últimas décadas del siglo XX estuvieron atravesadas por la hegemonía de un discurso que se ufanaba de haber concluido, de una vez y para siempre, con las disputas ideológicas al mismo tiempo que afirmaba la llegada de un tiempo articulado alrededor de la economía de mercado y de la democracia liberal. Fin de la historia y muerte de las ideologías para desplazarse, ahora, por los espacios rutilantes del consumo, el reino de las mercancías y el goce hedonista. Los escenarios, ya antiguos, de las conflictividades políticas y sociales serían pacientemente reconstruidos en los nuevos museos temáticos, sitios interactivos en los que el visitante de estos tiempos poshistóricos podría contemplar aquello que sucedía en los días ideologizados. La paz del mercado desplazó, eso se anunció a los cuatro vientos, las oscuras turbulencias de una historia dominada por el conflicto y la intransigencia de los incontables, de esas masas anónimas, oscuras y resentidas que regresarían a ese sitio del que nunca debieron haber salido. Las tradiciones del igualitarismo fueron a parar al vertedero de la historia. Hizo su aparición triunfal el nuevo ciudadano-consumidor, figura arquetípica de un clivaje hiperindividualista en el interior de la sociedad, ese que se desplazaría con fervor de iniciado por los santuarios de las metrópolis contemporáneas: los shopping centers. Pero lo que también comenzó a ser desmontado, junto con el vertiginoso giro de la economía de producción a la economía de especulación, fue el imaginario social que acompañó el tiempo del capitalismo bienestarista, aquel que hizo, a partir de la segunda posguerra, del Estado un referente insustituible a la hora de articular las relaciones entre el capital y el trabajo (del New Deal rooseveltiano, pasando por nuestra experiencia de un Estado de Bienestar bajo el primer peronismo hasta llegar a la edad de oro del bienestarismo socialdemócrata europeo, ese modelo fue lo propio de un largo período de la histo ria del siglo XX que sería brutalmente desmontado por el neoliberalismo allí donde inició su derrumbe el modelo, ya fracasado desde tiempo antes, del socialismo autoritario de la URSS, dejándole al capital, de todos modos, las manos libres para convertirse en el amo de la nueva situación mundial). El pasaje de la metáfora fabril a la metáfora financiera (adiós a las chimeneas y a los sindicatos, bienvenidos los yuppies de Wall Street, las carteras de inversores, la flexibilización laboral y el trabajo basura), vino a expresar la bancarrota de prácticas que remitían a una época esclerosada; puso en evidencia que estábamos en presencia de una mutación fundamental del capitalismo, y que esa mutación no iba a detenerse hasta resemantizar la totalidad de los lenguajes sociales, económicos, políticos y culturales. Dicho de otra manera: el neoliberalismo, su lógica más profunda y decisiva, se dirigía hacia una transformación revolucionaria del conjunto de la vida social. En esa tarea de desmontaje de las viejas formas de vida y de representación, seguida de la construcción de una nueva subjetividad entramada con las demandas de la economía global de mercado, ocuparían un lugar central y privilegiado los grandes medios de comunicación. Pensar el neoliberalismo es interrogar por ese maridaje extraordinario entre mercancía e imagen, entre mercado y lenguaje mediático; es tratar de comprender el fenomenal proceso de culturalización de la política y de estetización de todas las esferas de la vida. Una de las derivaciones de este proceso ha sido la expropiación de la política, y su consiguiente vaciamiento, por el lenguaje de los medios de comunicación. 2. Lo que el filósofo francés Guy Debord, con anticipación genial –allá por los años sesenta–, había denominado la “sociedad del espectáculo”, aquella que se desplazaba hacia el dominio pleno y escenográfico de la pasión consumista y de sus “paraísos artificiales”, transformando a los seres humanos en espectadores cada vez más pasivos del verdadero sujeto de la época, la mercancía, constituyó lo propio de la travesía neoliberal. Se trató de una apropiación, por parte del capitalismo, de las fantasías y los deseos al mismo tiempo que se expandía planetariamente la industria del espectáculo, y la cultura, adecuada a los lenguajes audiovisuales y a su enorme capacidad de penetración, se convertía en una mercancía clave para la producción de una nueva humanidad. Lo que había prefigurado Hollywood desde los años treinta y cuarenta, mostrándose como la avanzada brillante, innovadora y compleja de la americanización del mundo, señalando la importancia decisiva de la industria del espectáculo como vanguardia en la construcción de los nuevos imaginarios sociales, terminó siendo la materia prima a partir de la que el neoliberalismo logró naturalizar sus valores y sus intereses. Es inimaginable el despliegue planetario, global, del capitalismo financiero-especulativo, su capacidad para volverse hegemónico, sin ese rol decisivo de los medios de comunicación. Por esas paradojas de la historia, los primeros que se dieron cuenta de la monumental importancia de las nuevas tecnologías de la comunicación y su relación directa con la política fueron los regímenes fascistas. Mussolini en Italia y Hitler y Goebbels en Alemania capturaron con maestría mefistofélica los poderes que emergían de la radiofonía. Con el giro de los acontecimientos, y una vez derrotado el totalitarismo, las triunfantes democracias occidentales se apropiarían con igual fervor de los potenciales propagandísticos y generadores de imaginarios social-culturales, que se guardan en los medios de comunicación de masas. La política quedó atrapada en esa lógica discursiva e iconográfica al mismo tiempo que la estetización y espectacularización emanadas de los recursos propios de esos lenguajes contaminaban casi todas las esferas de la vida cotidiana. La astucia genial del sistema fue proyectar en la compleja trama a la que llamamos sociedad (transformada, por los mismos medios, en “opinión pública”) la imagen de que la corporación mediática era portadora de independencia, autonomía y capacidad crítica al mismo tiempo que garantizaba la libertad de expresión. Lo que se logró fue invisibilizar los lazos esenciales que vinculaban y vinculan a estas empresas con los intereses económicos dominantes. El neoliberalismo, como ideología del capitalismo tardío, comprendió que no era posible garantizar una profunda transformación económica si, al mismo tiempo, no se cambiaba la manera de mirar el mundo y de comprender la realidad. De lo que se trató es de la intensiva producción de un nuevo sentido común. Más allá de la sobrevaloración, siempre discutible, que se pueda hacer del papel de las corporaciones mediáticas como definidoras de la opinión pública y como constructoras decisivas del sentido común, lo cierto es que ocupan un lugar destacadísimo en la estrategia de dominación del neoliberalismo. Son un factor sin el cual le sería muy difícil, a esa ideología, transformar sus intereses particulares en intereses del conjunto de la sociedad, mutando prácticas egoístas y exclusivamente ligadas al lucro y la rentabilidad en valores naturalizados en el interior de las conciencias. La proliferación de los lenguajes audiovisuales, su profundo arraigo en la intimidad de la vida cotidiana, exigen, de la misma sociedad, una indispensable herramienta que le permita legislar adecuadamente impidiendo que la tendencia a la concentración y a la monopolización haga del espectro comunicacional una incansable repetición del sentido común neoliberal. Entre la ideología y el mito, los lenguajes emanados de la corporación mediática apuntalaron el despliegue de nuevas formas de la subjetividad adheridas al reino de valores de un capitalismo que se leyó a sí mismo como la estación final y consumada de la historia. De ahí, entonces, la crucial importancia que adquirieron, en términos de una ampliación de la circulación democrática de la comunicación y la información, los debates que, en torno a la nueva Ley de Servicios Audiovisuales, se llevaron a cabo en gran parte del país y que luego encontraron en el Congreso de la Nación una poderosa caja de resonancia. Lo medular de la disputa político-cultural se jugó y se sigue jugando en estas discusiones, no porque una ley vaya a garantizar una espontánea transformación de los valores reinantes sino porque, al menos, logrará impedir que sigan proliferando los monopolios y abrirá el juego para que otros actores entren en la conversación. De eso se trata, entre otras cosas, la democracia. Dicho de otro modo: en una sociedad atravesada de lado a lado por los lenguajes de la comunicación y la información resulta inimaginable que ese campo abrumador y decisivo permanezca al margen de las grandes disputas político-culturales. En el interior de ese mundo en el mundo se despliegan imágenes, ideas, proyectos, lenguajes, formas de la sensibilidad, mitos que se entraman capilarmente en la cotidianidad de nuestras vidas. Leerlos desde la inocencia o creyendo que en su interior se privilegian centralmente los modos de la diversidad y la pluralidad constituye, a estas alturas de la travesía argentina y mundial, un desplazamiento del eje de la discusión hacia la más crasa complicidad con los factores de poder que se manifiestan en los núcleos duros y concentrados de los medios masivos de comunicación. La búsqueda, tal vez ilusoria pero imprescindible, de una mayor democratización en la distribución y producción de la comunicación es un desafío de primera magnitud a la hora de imaginar un giro más participativo y plural. El poder corporativo lo sabe y, por eso, va con todas sus armas contra un proyecto de servicios audiovisuales que viene a amenazar su hegemon
ComentarReenviar Votar Imprimir Fuente
Por Ricardo Forster
Neoliberalismo, medios de comunicación y democracia
23-09-2010 /
Ricardo Forster“El espectáculo se presenta como una enorme positividad indiscutible e inaccesible. No dice nada más que esto: ‘Lo que aparece es bueno, lo bueno es lo que aparece’. La actitud que por principio exige es esa aceptación pasiva que ya ha obtenido de hecho gracias a su manera de aparecer sin réplica, gracias a su monopolio de las apariencias.” Guy Debord En el mismo momento histórico en el que caía el Muro de Berlín y se desplomaba como un castillo de naipes el sistema soviético, cuando casi atónitos contemplamos la apertura de una época que de un modo arrollador se deshacía de imágenes, lenguajes políticos, ideologías y prácticas que habían convulsionado y apasionado durante más de un siglo a hombres y mujeres de las geografías más diversas y distantes, lo que emergió como exponente de una nueva época del mundo fue la forma neoliberal del capitalismo tardío. Las últimas décadas del siglo XX estuvieron atravesadas por la hegemonía de un discurso que se ufanaba de haber concluido, de una vez y para siempre, con las disputas ideológicas al mismo tiempo que afirmaba la llegada de un tiempo articulado alrededor de la economía de mercado y de la democracia liberal. Fin de la historia y muerte de las ideologías para desplazarse, ahora, por los espacios rutilantes del consumo, el reino de las mercancías y el goce hedonista. Los escenarios, ya antiguos, de las conflictividades políticas y sociales serían pacientemente reconstruidos en los nuevos museos temáticos, sitios interactivos en los que el visitante de estos tiempos poshistóricos podría contemplar aquello que sucedía en los días ideologizados. La paz del mercado desplazó, eso se anunció a los cuatro vientos, las oscuras turbulencias de una historia dominada por el conflicto y la intransigencia de los incontables, de esas masas anónimas, oscuras y resentidas que regresarían a ese sitio del que nunca debieron haber salido. Las tradiciones del igualitarismo fueron a parar al vertedero de la historia. Hizo su aparición triunfal el nuevo ciudadano-consumidor, figura arquetípica de un clivaje hiperindividualista en el interior de la sociedad, ese que se desplazaría con fervor de iniciado por los santuarios de las metrópolis contemporáneas: los shopping centers. Pero lo que también comenzó a ser desmontado, junto con el vertiginoso giro de la economía de producción a la economía de especulación, fue el imaginario social que acompañó el tiempo del capitalismo bienestarista, aquel que hizo, a partir de la segunda posguerra, del Estado un referente insustituible a la hora de articular las relaciones entre el capital y el trabajo (del New Deal rooseveltiano, pasando por nuestra experiencia de un Estado de Bienestar bajo el primer peronismo hasta llegar a la edad de oro del bienestarismo socialdemócrata europeo, ese modelo fue lo propio de un largo período de la histo ria del siglo XX que sería brutalmente desmontado por el neoliberalismo allí donde inició su derrumbe el modelo, ya fracasado desde tiempo antes, del socialismo autoritario de la URSS, dejándole al capital, de todos modos, las manos libres para convertirse en el amo de la nueva situación mundial). El pasaje de la metáfora fabril a la metáfora financiera (adiós a las chimeneas y a los sindicatos, bienvenidos los yuppies de Wall Street, las carteras de inversores, la flexibilización laboral y el trabajo basura), vino a expresar la bancarrota de prácticas que remitían a una época esclerosada; puso en evidencia que estábamos en presencia de una mutación fundamental del capitalismo, y que esa mutación no iba a detenerse hasta resemantizar la totalidad de los lenguajes sociales, económicos, políticos y culturales. Dicho de otra manera: el neoliberalismo, su lógica más profunda y decisiva, se dirigía hacia una transformación revolucionaria del conjunto de la vida social. En esa tarea de desmontaje de las viejas formas de vida y de representación, seguida de la construcción de una nueva subjetividad entramada con las demandas de la economía global de mercado, ocuparían un lugar central y privilegiado los grandes medios de comunicación. Pensar el neoliberalismo es interrogar por ese maridaje extraordinario entre mercancía e imagen, entre mercado y lenguaje mediático; es tratar de comprender el fenomenal proceso de culturalización de la política y de estetización de todas las esferas de la vida. Una de las derivaciones de este proceso ha sido la expropiación de la política, y su consiguiente vaciamiento, por el lenguaje de los medios de comunicación. 2. Lo que el filósofo francés Guy Debord, con anticipación genial –allá por los años sesenta–, había denominado la “sociedad del espectáculo”, aquella que se desplazaba hacia el dominio pleno y escenográfico de la pasión consumista y de sus “paraísos artificiales”, transformando a los seres humanos en espectadores cada vez más pasivos del verdadero sujeto de la época, la mercancía, constituyó lo propio de la travesía neoliberal. Se trató de una apropiación, por parte del capitalismo, de las fantasías y los deseos al mismo tiempo que se expandía planetariamente la industria del espectáculo, y la cultura, adecuada a los lenguajes audiovisuales y a su enorme capacidad de penetración, se convertía en una mercancía clave para la producción de una nueva humanidad. Lo que había prefigurado Hollywood desde los años treinta y cuarenta, mostrándose como la avanzada brillante, innovadora y compleja de la americanización del mundo, señalando la importancia decisiva de la industria del espectáculo como vanguardia en la construcción de los nuevos imaginarios sociales, terminó siendo la materia prima a partir de la que el neoliberalismo logró naturalizar sus valores y sus intereses. Es inimaginable el despliegue planetario, global, del capitalismo financiero-especulativo, su capacidad para volverse hegemónico, sin ese rol decisivo de los medios de comunicación. Por esas paradojas de la historia, los primeros que se dieron cuenta de la monumental importancia de las nuevas tecnologías de la comunicación y su relación directa con la política fueron los regímenes fascistas. Mussolini en Italia y Hitler y Goebbels en Alemania capturaron con maestría mefistofélica los poderes que emergían de la radiofonía. Con el giro de los acontecimientos, y una vez derrotado el totalitarismo, las triunfantes democracias occidentales se apropiarían con igual fervor de los potenciales propagandísticos y generadores de imaginarios social-culturales, que se guardan en los medios de comunicación de masas. La política quedó atrapada en esa lógica discursiva e iconográfica al mismo tiempo que la estetización y espectacularización emanadas de los recursos propios de esos lenguajes contaminaban casi todas las esferas de la vida cotidiana. La astucia genial del sistema fue proyectar en la compleja trama a la que llamamos sociedad (transformada, por los mismos medios, en “opinión pública”) la imagen de que la corporación mediática era portadora de independencia, autonomía y capacidad crítica al mismo tiempo que garantizaba la libertad de expresión. Lo que se logró fue invisibilizar los lazos esenciales que vinculaban y vinculan a estas empresas con los intereses económicos dominantes. El neoliberalismo, como ideología del capitalismo tardío, comprendió que no era posible garantizar una profunda transformación económica si, al mismo tiempo, no se cambiaba la manera de mirar el mundo y de comprender la realidad. De lo que se trató es de la intensiva producción de un nuevo sentido común. Más allá de la sobrevaloración, siempre discutible, que se pueda hacer del papel de las corporaciones mediáticas como definidoras de la opinión pública y como constructoras decisivas del sentido común, lo cierto es que ocupan un lugar destacadísimo en la estrategia de dominación del neoliberalismo. Son un factor sin el cual le sería muy difícil, a esa ideología, transformar sus intereses particulares en intereses del conjunto de la sociedad, mutando prácticas egoístas y exclusivamente ligadas al lucro y la rentabilidad en valores naturalizados en el interior de las conciencias. La proliferación de los lenguajes audiovisuales, su profundo arraigo en la intimidad de la vida cotidiana, exigen, de la misma sociedad, una indispensable herramienta que le permita legislar adecuadamente impidiendo que la tendencia a la concentración y a la monopolización haga del espectro comunicacional una incansable repetición del sentido común neoliberal. Entre la ideología y el mito, los lenguajes emanados de la corporación mediática apuntalaron el despliegue de nuevas formas de la subjetividad adheridas al reino de valores de un capitalismo que se leyó a sí mismo como la estación final y consumada de la historia. De ahí, entonces, la crucial importancia que adquirieron, en términos de una ampliación de la circulación democrática de la comunicación y la información, los debates que, en torno a la nueva Ley de Servicios Audiovisuales, se llevaron a cabo en gran parte del país y que luego encontraron en el Congreso de la Nación una poderosa caja de resonancia. Lo medular de la disputa político-cultural se jugó y se sigue jugando en estas discusiones, no porque una ley vaya a garantizar una espontánea transformación de los valores reinantes sino porque, al menos, logrará impedir que sigan proliferando los monopolios y abrirá el juego para que otros actores entren en la conversación. De eso se trata, entre otras cosas, la democracia. Dicho de otro modo: en una sociedad atravesada de lado a lado por los lenguajes de la comunicación y la información resulta inimaginable que ese campo abrumador y decisivo permanezca al margen de las grandes disputas político-culturales. En el interior de ese mundo en el mundo se despliegan imágenes, ideas, proyectos, lenguajes, formas de la sensibilidad, mitos que se entraman capilarmente en la cotidianidad de nuestras vidas. Leerlos desde la inocencia o creyendo que en su interior se privilegian centralmente los modos de la diversidad y la pluralidad constituye, a estas alturas de la travesía argentina y mundial, un desplazamiento del eje de la discusión hacia la más crasa complicidad con los factores de poder que se manifiestan en los núcleos duros y concentrados de los medios masivos de comunicación. La búsqueda, tal vez ilusoria pero imprescindible, de una mayor democratización en la distribución y producción de la comunicación es un desafío de primera magnitud a la hora de imaginar un giro más participativo y plural. El poder corporativo lo sabe y, por eso, va con todas sus armas contra un proyecto de servicios audiovisuales que viene a amenazar su hegemon
miércoles, septiembre 08, 2010
la clase media argentina y van...
ORGULLO Y PREJUICIO. LA CLASE MEDIA ARGENTINA. ESCRIBE LA ESCRITORA ALICIA DUJOVNE ORTIZLA GUERRA DE LA SOJA Y EL COMPORTAMIENTO ARGETINO.
Hace unos años tuve el honor de hablar en una universidad norteamericana, justo después de Rigoberta Menchú. La dirigente guatemalteca dedicó íntegramente la hora que le habían asignado para tronar contra las mujeres blancas latinoamericanas de clase media, incapaces de solidaridad para con sus hermanas indígenas. Cuando me llegó el turno de empezar mi discursito, no tuve más remedio que presentarme como una mujer blanca latinoamericana de clase media, cosa que hizo reír no sólo a los estudiantes, sino también a Rigoberta. Con todo, aún me llevó un tiempito darme cuenta de que la clase media, femenina o no, se define justamente por eso, su falta de solidaridad. Es una clase que en la Argentina se podría caracterizar a partir de dos rasgos prominentes, la infidelidad a sus orígenes sociales y el entrañable apego a sus orígenes étnicos.El detonador que me permitió llegar a esta obvia comprobación fue la guerra de la soja, desencadenada cuando el gobierno argentino intentó aplicar las retenciones. Si Rigoberta hubiera visto las fotografías de nuestras porteñas medio pelo, uniformemente teñidas de rubio y con la escarapela y el sombrero de gaucho en defensa del “campo”, se habría reafirmado en su idea: la solidaridad de esas blancas de clase media no se dirigía para nada a sus hermanas del Norte, echadas de sus campitos por el avance de la planta asesina, no. Era una solidaridad soñada, imaginaria y fantasmal para con los grandes propietarios de una tierra que ellas mismas, con suerte, habían visto desde el tren, pero que formaba parte de sus más fervientes deseos.Entre las fantasías de esa batalla cerealera figuraba, por supuesto, la pampa gringa. Envueltos en los colores patrios y sacando panza virilmente ante la adversidad, los bien alimentados revolucionarios, calcados en el modelo De Angeli, el de chacarero buenazo y campechano, se subían al tractor para defender, heroicos, a sus hermanos estancieros. La oleada patriótica iba acompañada por una fuerte presencia física que Rigoberta, de haber visto las fotos, habría captado en un relámpago. Quienes enarbolaban la bandera como sumándola a sus propiedades eran los descendientes (blancos) de dos clases de argentinos: los que poseen dichas propiedades porque sus antepasados las obtuvieron a fuerza de oreja (de indio), y los que las poseen porque el gringo, en efecto, llegó con el monito al hombro y trabajó duro. Hermosa historia, esta última, que lo sería aún más si quienes descienden de la nave no se aliaran con quienes descienden de la matanza, alianza contranatura que quizás al abuelo laburante le hubiera hecho poca gracia.Volviendo a los cacerolazos pro-soja, esa presencia corporal fuertemente acentuada contenía un mensaje muy claro: todo gobierno y formación política que, mal o bien, defiendan a quienes no descienden del barco sino del indio que logró conservar su oreja, serán objeto de un odio cuya ferocidad e irracionalidad nos dejarán perplejos, mientras no hayamos determinado dónde están su cogollo, su núcleo o su corazón. ¿Dónde? Por si no se ha entendido, en el tono de piel.Haber alcanzado una edad provecta me permite recordar el momento en que la clase media de Buenos Aires descubrió la verdad: nos habían engañado vilmente, no éramos el Canadá. La escena transcurre en Plaza Italia, alrededor de 1950. Cinco años antes, el aluvión zoológico ha invadido Buenos Aires para elevar a Perón a un rango que a él mismo lo aterra un poco. Y este domingo memorable, ese mismo aluvión picniquea tranquilamente sobre el pastito, bajo la estatua de Garibaldi, mientras mis tías, a las que podría caracterizar como de clase media con veleidades (¿pero acaso hay clase media que no las tenga?), se sorprenden del espectáculo. De no creer: una punta de tapes peloduro, con jopo engominado y anteojos de sol (primera compra indispensable al pisar la Capital), y de chinas con las piernas sembradas de picaduras violetas, aceptadas, vaye y pase, como mucamas, frente a la escasez de gallegas que han ido pelechando, pero inadmisibles arriba de ese pasto sagrado. A partir de aquel día, no hubo conversación familiar que no girara alrededor de dos temas: los errores de lenguaje de Evita que decía caiga quien caiga y no quien cayere, y los cabecitas que nos agreden con su presencia en pleno asfalto. Sesenta años después, ni mi vecino gallego ni los múltiples choferes de taxi a los que todavía, sacrificadamente, presto oídos, se asombran de ver negros, pero afirman que a las negras hay que juntarles las trompas para que no sigan pariendo así.Vivo desde hace más de treinta años en un pais xenófobo, Francia, donde la clase media aprueba a Sarkozy porque carga a los malianos en vuelos charter rumbo a Mali y expulsa a los gitanos rumbo a su no país. Como nación reciente que somos, nosotros nos hemos inventado una variante, la autoxenofobia o fobia al autóctono. El aludido chiste de clase media, ese del argentino que desciende del barco, expulsa de nuestra historia al habitante original, a falta de poder expulsarlo de veras (a menos que se considere la sojización del territorio como una nueva Campaña del Desierto). En eso somos coherentes: nuestro país empezó desembarazándose de sus habitantes bronceados, como diría Berlusconi, y abriendo los brazos a la inmigración carapálida. En la base de nuestra creación está el racismo.Tras haber cargado las tintas, conviene matizar: la clase media argentina, nacida de ese llamamiento racista, oculta un miedo y una angustia que le confieren interesantes posibilidades. Se acuerda de la miseria pasada, porque el abuelo se lo ha contado, y teme la miseria por venir. Aun a riesgo de reiterar el sonsonete, es una clase económica y culturalmente productiva. De la clase alta, superficial, tilinga y egoísta, hay poco que esperar: nunca ha temido nada, nunca se ha angustiado por nada, posee lo suyo como por derecho divino y seguirá manejando gobiernos para evitar el mínimo peligro de reforma agraria. La clase baja o el pueblo son indiscutiblemente lo mejor que tenemos en la Argentina, como decía el General, pero habrá que esperar a que consiga ser escuchada. Dentro de ese panorama, el presente sigue siendo de clase media, incluyendo dentro de esa categoría a los desclasados que son su flor y nata porque, en el camino hacia la inteligencia, salirse de su clase es un paso esencial.Este diario me ha pedido una nota sobre el comportamiento de la clase media argentina en tiempo de crisis. No es que añore ni pronostique una crisis mayor como la de 2001, pero confieso que nunca me cayó tan bien esa clase en su conjunto como aquella vez. La perspectiva de ir a parar a la Villa la volvía súbita y universalmente solidaria, lo cual confirmaba las intuiciones de los partidarios del decrecimiento, que comparto por entero: sólo una buena crisis reveladora del fin de este sistema será capaz de movilizar a los que aún ignoran los signos de la agonía.El comportamiento lúcido y generoso, anunciador de una muerte soñada (la del capitalismo, por si de nuevo no se ha entendido), habrá durado un mes; todavía tenemos mucho Macri, mucho De Narváez, mucho facineroso por delante; y los choferes de taxi aún proclamarán sus funestas intenciones, no de matar a los negros de un saque sino de cortarlos en rebanadas. Pero el chispazo tuvo lugar, y a su recuerdo me aferro cuando la desazón ante un fascismo inconsciente de sí mismo, casi inocente a fuerza de ser visceral, me hace pensar que nunca debí presentarme a mí misma como una mujer blanca latinoamericana de clase media. Nunca, ni en broma, ni para no perderme la ocasión de hacer reír a mi admirada Rigoberta Menchú.Por Alicia Dujovne Ortiz, escritora Fuente: Miradas al SurMás información: www.elargentino.com
-->
Hace unos años tuve el honor de hablar en una universidad norteamericana, justo después de Rigoberta Menchú. La dirigente guatemalteca dedicó íntegramente la hora que le habían asignado para tronar contra las mujeres blancas latinoamericanas de clase media, incapaces de solidaridad para con sus hermanas indígenas. Cuando me llegó el turno de empezar mi discursito, no tuve más remedio que presentarme como una mujer blanca latinoamericana de clase media, cosa que hizo reír no sólo a los estudiantes, sino también a Rigoberta. Con todo, aún me llevó un tiempito darme cuenta de que la clase media, femenina o no, se define justamente por eso, su falta de solidaridad. Es una clase que en la Argentina se podría caracterizar a partir de dos rasgos prominentes, la infidelidad a sus orígenes sociales y el entrañable apego a sus orígenes étnicos.El detonador que me permitió llegar a esta obvia comprobación fue la guerra de la soja, desencadenada cuando el gobierno argentino intentó aplicar las retenciones. Si Rigoberta hubiera visto las fotografías de nuestras porteñas medio pelo, uniformemente teñidas de rubio y con la escarapela y el sombrero de gaucho en defensa del “campo”, se habría reafirmado en su idea: la solidaridad de esas blancas de clase media no se dirigía para nada a sus hermanas del Norte, echadas de sus campitos por el avance de la planta asesina, no. Era una solidaridad soñada, imaginaria y fantasmal para con los grandes propietarios de una tierra que ellas mismas, con suerte, habían visto desde el tren, pero que formaba parte de sus más fervientes deseos.Entre las fantasías de esa batalla cerealera figuraba, por supuesto, la pampa gringa. Envueltos en los colores patrios y sacando panza virilmente ante la adversidad, los bien alimentados revolucionarios, calcados en el modelo De Angeli, el de chacarero buenazo y campechano, se subían al tractor para defender, heroicos, a sus hermanos estancieros. La oleada patriótica iba acompañada por una fuerte presencia física que Rigoberta, de haber visto las fotos, habría captado en un relámpago. Quienes enarbolaban la bandera como sumándola a sus propiedades eran los descendientes (blancos) de dos clases de argentinos: los que poseen dichas propiedades porque sus antepasados las obtuvieron a fuerza de oreja (de indio), y los que las poseen porque el gringo, en efecto, llegó con el monito al hombro y trabajó duro. Hermosa historia, esta última, que lo sería aún más si quienes descienden de la nave no se aliaran con quienes descienden de la matanza, alianza contranatura que quizás al abuelo laburante le hubiera hecho poca gracia.Volviendo a los cacerolazos pro-soja, esa presencia corporal fuertemente acentuada contenía un mensaje muy claro: todo gobierno y formación política que, mal o bien, defiendan a quienes no descienden del barco sino del indio que logró conservar su oreja, serán objeto de un odio cuya ferocidad e irracionalidad nos dejarán perplejos, mientras no hayamos determinado dónde están su cogollo, su núcleo o su corazón. ¿Dónde? Por si no se ha entendido, en el tono de piel.Haber alcanzado una edad provecta me permite recordar el momento en que la clase media de Buenos Aires descubrió la verdad: nos habían engañado vilmente, no éramos el Canadá. La escena transcurre en Plaza Italia, alrededor de 1950. Cinco años antes, el aluvión zoológico ha invadido Buenos Aires para elevar a Perón a un rango que a él mismo lo aterra un poco. Y este domingo memorable, ese mismo aluvión picniquea tranquilamente sobre el pastito, bajo la estatua de Garibaldi, mientras mis tías, a las que podría caracterizar como de clase media con veleidades (¿pero acaso hay clase media que no las tenga?), se sorprenden del espectáculo. De no creer: una punta de tapes peloduro, con jopo engominado y anteojos de sol (primera compra indispensable al pisar la Capital), y de chinas con las piernas sembradas de picaduras violetas, aceptadas, vaye y pase, como mucamas, frente a la escasez de gallegas que han ido pelechando, pero inadmisibles arriba de ese pasto sagrado. A partir de aquel día, no hubo conversación familiar que no girara alrededor de dos temas: los errores de lenguaje de Evita que decía caiga quien caiga y no quien cayere, y los cabecitas que nos agreden con su presencia en pleno asfalto. Sesenta años después, ni mi vecino gallego ni los múltiples choferes de taxi a los que todavía, sacrificadamente, presto oídos, se asombran de ver negros, pero afirman que a las negras hay que juntarles las trompas para que no sigan pariendo así.Vivo desde hace más de treinta años en un pais xenófobo, Francia, donde la clase media aprueba a Sarkozy porque carga a los malianos en vuelos charter rumbo a Mali y expulsa a los gitanos rumbo a su no país. Como nación reciente que somos, nosotros nos hemos inventado una variante, la autoxenofobia o fobia al autóctono. El aludido chiste de clase media, ese del argentino que desciende del barco, expulsa de nuestra historia al habitante original, a falta de poder expulsarlo de veras (a menos que se considere la sojización del territorio como una nueva Campaña del Desierto). En eso somos coherentes: nuestro país empezó desembarazándose de sus habitantes bronceados, como diría Berlusconi, y abriendo los brazos a la inmigración carapálida. En la base de nuestra creación está el racismo.Tras haber cargado las tintas, conviene matizar: la clase media argentina, nacida de ese llamamiento racista, oculta un miedo y una angustia que le confieren interesantes posibilidades. Se acuerda de la miseria pasada, porque el abuelo se lo ha contado, y teme la miseria por venir. Aun a riesgo de reiterar el sonsonete, es una clase económica y culturalmente productiva. De la clase alta, superficial, tilinga y egoísta, hay poco que esperar: nunca ha temido nada, nunca se ha angustiado por nada, posee lo suyo como por derecho divino y seguirá manejando gobiernos para evitar el mínimo peligro de reforma agraria. La clase baja o el pueblo son indiscutiblemente lo mejor que tenemos en la Argentina, como decía el General, pero habrá que esperar a que consiga ser escuchada. Dentro de ese panorama, el presente sigue siendo de clase media, incluyendo dentro de esa categoría a los desclasados que son su flor y nata porque, en el camino hacia la inteligencia, salirse de su clase es un paso esencial.Este diario me ha pedido una nota sobre el comportamiento de la clase media argentina en tiempo de crisis. No es que añore ni pronostique una crisis mayor como la de 2001, pero confieso que nunca me cayó tan bien esa clase en su conjunto como aquella vez. La perspectiva de ir a parar a la Villa la volvía súbita y universalmente solidaria, lo cual confirmaba las intuiciones de los partidarios del decrecimiento, que comparto por entero: sólo una buena crisis reveladora del fin de este sistema será capaz de movilizar a los que aún ignoran los signos de la agonía.El comportamiento lúcido y generoso, anunciador de una muerte soñada (la del capitalismo, por si de nuevo no se ha entendido), habrá durado un mes; todavía tenemos mucho Macri, mucho De Narváez, mucho facineroso por delante; y los choferes de taxi aún proclamarán sus funestas intenciones, no de matar a los negros de un saque sino de cortarlos en rebanadas. Pero el chispazo tuvo lugar, y a su recuerdo me aferro cuando la desazón ante un fascismo inconsciente de sí mismo, casi inocente a fuerza de ser visceral, me hace pensar que nunca debí presentarme a mí misma como una mujer blanca latinoamericana de clase media. Nunca, ni en broma, ni para no perderme la ocasión de hacer reír a mi admirada Rigoberta Menchú.Por Alicia Dujovne Ortiz, escritora Fuente: Miradas al SurMás información: www.elargentino.com
-->
domingo, septiembre 05, 2010
articulo de luis fiori Centroizquierda Requiescat in pace
Fue el día 5 de febrero de 1998, cuando el ex primer ministro inglés, Tony Blair, anunció en Washington, junto con el ex presidente Bill Clinton, la decisión de convocar a una reunión internacional para discutir y actualizar la socialdemocracia, creando un movimiento que fue llamado la "tercera vía" o "gobernanza progresiva". En aquél momento, brillaba la estrella del nuevo líder inglés, quien recién había sido nombrado y consiguió reunir, sucesivamente, en Florencia, Washington y Londres a Bill Clinton, Lionel Jospin, Gerhard Schröeder, Massimo D'Alema, Fernando H. Cardoso y Ricardo Lagos, entre otros gobernantes e intelectuales ligados de una forma u otra a la socialdemocracia europea o al partido demócrata norteamericano. El proyecto común era construir un nuevo programa que adecuase la vieja socialdemocracia a las nuevas ideas y políticas neoliberales, hegemónicas en las últimas décadas del Siglo XX. El resultado fue una jalea ideológica, con propuestas extremadamente vagas e imprecisas, que mal ocultaban su núcleo duro inclinado hacia la apertura, la desregulación y la desestatización de las economías nacionales, y hacia un "prologement vaguement social de la révolution thatcheriste" [ la continuidad vagamente social de la revolución thatcherista], como caracterizó en la época la revista francesa Nouvelle Observateur.
Quiérase o no, las ideas y los partidos socialistas y socialdemócratas dieron una contribución decisiva a la historia del Siglo XX, en particular a la creación del "Estado de bienestar social", después de la II Guerra Mundial. Pero en la década del '80, la socialdemocracia perdió aliento político y terminó perdiendo su propia identidad ideológica asfixiada por la gran "restauración" liberal conservadora de Margareth Thatcher y Ronald Reagan. Esto ocurrió en la España de Felipe González, en la Francia de François Mitterand, en la Italia de Bettino Craxi, y también en la Grecia de Andreas Papandreu. En los años '90, entretanto, este movimiento adquirió otra densidad e importancia con la victoria demócrata de Bill Clinton en Estados Unidos y del laborismo de Tony Blair, en Inglaterra.
En América Latina la historia fue un poco diferente, porque las nuevas políticas neoliberales aparecieron – en los años ´80 – asociadas a la renegociación de la deuda externa del continente, como si fuesen apenas un problema de política económica. Y fue sólo en Chile y en Brasil que la propuesta de la "tercera vía" tuvo una repercusión importante durante la década del ´90. En el caso de Chile, con la formación de la alianza entre socialistas y demócratas cristianos y, en particular, durante el gobierno de Ricardo Lagos (2000-2006), que adhirió personalmente al proyecto liderado por los anglo-sajones. Y, en el caso de Brasil, con la formación del Partido de la Socialdemocracia brasileña (PSDB), con la participación activa del presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), en la formulación de las ideas y en las reuniones del movimiento, al lado de Tony Blair y Hill Clinton.
La "tercera vía" tuvo una vida muy corta. Tal vez por causa de la superficialidad y artificialidad de sus ideas, tal vez porque sus líderes más importantes terminaron siendo derrotados en las urnas o pasaron a la historia como grandes fracasos o bluffs político-ideológicos. Como en el caso del iniciador del movimiento, el ex primer ministro Tony Blair, que fue apartado de la dirección laborista en 2007 y se transformó en el enemigo número uno de la prensa y de la mayoría de la opinión pública inglesa, bajo la acusación de haber mentido para justificar la intervención de su país en la Guerra de Irak, además de encubrir casos de tortura por parte de sus tropas. Tony Blair fue sustituido por Gordon Brown, otro ideólogo de la "tercer vía" que terminó sufriendo una de las derrotas electorales más aplastantes de la historia del laborismo inglés.
Bill Clinton tampoco consiguió tener un sucesor y pasó a la historia como el símbolo del expansionismo imperial norteamericano, de la década de 1990, a despecho de su retórica "globalista" y democrática. Los demás participantes europeos del movimiento también tuvieron finales poco gloriosos, como fue el caso de Lionel Jospin, MassimoD´Alema y Gerhard Schröder; y hoy nadie más habla o recuerda, en Europa o en los Estados Unidos del proyecto de la "tercera vía". Sin embargo, este factóide anglo-norteamericano tuvo una sobrevida y sólo será enterrado en 2010 en América Latina. Primero, en Chile, después de la derrota electoral de la "Concertación" de Ricardo Lagos. Y luego en Brasil, con la probable derrota del partido socialdemócrata de Fernando Henrique Cardoso, en las elecciones presidenciales de este año. En los dos casos, lo que llama la atención no es la derrota en sí misma, es la anorexia ideológica de los dos últimos herederos de la "tercera vía". No se trata de incompetencia personal, ni de un problema de imagen, se trata del colapso final de un proyecto político-ideológico ecléctico y anodino que terminó de manera indigna: el proyecto del neoliberalismo socialdemócrata. ¡Que descanse en paz!
José Luis Fiori, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es profesor de política económica en la Universidad Federal de Río de Janeiro.
Traducción para www.sinpermiso.info: Carlos Abel Suárez
sinpermiso electrónico se ofrece semanalmente de forma gratuita. No recibe ningún tipo de subvención pública ni privada, y su existencia sólo es posible gracias al trabajo voluntario de sus colaboradores y a las donaciones altruistas de sus lectores. Si le ha interesado este artículo, considere la posibilidad de contribuir al desarrollo de este proyecto político-cultural realizando una DONACIÓNo haciendo una SUSCRIPCIÓNa laREVISTA SEMESTRAL impresa.
Carta Maior-SinPermiso , 1 septiembre 2010
Quiérase o no, las ideas y los partidos socialistas y socialdemócratas dieron una contribución decisiva a la historia del Siglo XX, en particular a la creación del "Estado de bienestar social", después de la II Guerra Mundial. Pero en la década del '80, la socialdemocracia perdió aliento político y terminó perdiendo su propia identidad ideológica asfixiada por la gran "restauración" liberal conservadora de Margareth Thatcher y Ronald Reagan. Esto ocurrió en la España de Felipe González, en la Francia de François Mitterand, en la Italia de Bettino Craxi, y también en la Grecia de Andreas Papandreu. En los años '90, entretanto, este movimiento adquirió otra densidad e importancia con la victoria demócrata de Bill Clinton en Estados Unidos y del laborismo de Tony Blair, en Inglaterra.
En América Latina la historia fue un poco diferente, porque las nuevas políticas neoliberales aparecieron – en los años ´80 – asociadas a la renegociación de la deuda externa del continente, como si fuesen apenas un problema de política económica. Y fue sólo en Chile y en Brasil que la propuesta de la "tercera vía" tuvo una repercusión importante durante la década del ´90. En el caso de Chile, con la formación de la alianza entre socialistas y demócratas cristianos y, en particular, durante el gobierno de Ricardo Lagos (2000-2006), que adhirió personalmente al proyecto liderado por los anglo-sajones. Y, en el caso de Brasil, con la formación del Partido de la Socialdemocracia brasileña (PSDB), con la participación activa del presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), en la formulación de las ideas y en las reuniones del movimiento, al lado de Tony Blair y Hill Clinton.
La "tercera vía" tuvo una vida muy corta. Tal vez por causa de la superficialidad y artificialidad de sus ideas, tal vez porque sus líderes más importantes terminaron siendo derrotados en las urnas o pasaron a la historia como grandes fracasos o bluffs político-ideológicos. Como en el caso del iniciador del movimiento, el ex primer ministro Tony Blair, que fue apartado de la dirección laborista en 2007 y se transformó en el enemigo número uno de la prensa y de la mayoría de la opinión pública inglesa, bajo la acusación de haber mentido para justificar la intervención de su país en la Guerra de Irak, además de encubrir casos de tortura por parte de sus tropas. Tony Blair fue sustituido por Gordon Brown, otro ideólogo de la "tercer vía" que terminó sufriendo una de las derrotas electorales más aplastantes de la historia del laborismo inglés.
Bill Clinton tampoco consiguió tener un sucesor y pasó a la historia como el símbolo del expansionismo imperial norteamericano, de la década de 1990, a despecho de su retórica "globalista" y democrática. Los demás participantes europeos del movimiento también tuvieron finales poco gloriosos, como fue el caso de Lionel Jospin, MassimoD´Alema y Gerhard Schröder; y hoy nadie más habla o recuerda, en Europa o en los Estados Unidos del proyecto de la "tercera vía". Sin embargo, este factóide anglo-norteamericano tuvo una sobrevida y sólo será enterrado en 2010 en América Latina. Primero, en Chile, después de la derrota electoral de la "Concertación" de Ricardo Lagos. Y luego en Brasil, con la probable derrota del partido socialdemócrata de Fernando Henrique Cardoso, en las elecciones presidenciales de este año. En los dos casos, lo que llama la atención no es la derrota en sí misma, es la anorexia ideológica de los dos últimos herederos de la "tercera vía". No se trata de incompetencia personal, ni de un problema de imagen, se trata del colapso final de un proyecto político-ideológico ecléctico y anodino que terminó de manera indigna: el proyecto del neoliberalismo socialdemócrata. ¡Que descanse en paz!
José Luis Fiori, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es profesor de política económica en la Universidad Federal de Río de Janeiro.
Traducción para www.sinpermiso.info: Carlos Abel Suárez
sinpermiso electrónico se ofrece semanalmente de forma gratuita. No recibe ningún tipo de subvención pública ni privada, y su existencia sólo es posible gracias al trabajo voluntario de sus colaboradores y a las donaciones altruistas de sus lectores. Si le ha interesado este artículo, considere la posibilidad de contribuir al desarrollo de este proyecto político-cultural realizando una DONACIÓNo haciendo una SUSCRIPCIÓNa laREVISTA SEMESTRAL impresa.
Carta Maior-SinPermiso , 1 septiembre 2010
Fue el día 5 de febrero de 1998, cuando el ex primer ministro inglés, Tony Blair, anunció en Washington, junto con el ex presidente Bill Clinton, la decisión de convocar a una reunión internacional para discutir y actualizar la socialdemocracia, creando un movimiento que fue llamado la "tercera vía" o "gobernanza progresiva". En aquél momento, brillaba la estrella del nuevo líder inglés, quien recién había sido nombrado y consiguió reunir, sucesivamente, en Florencia, Washington y Londres a Bill Clinton, Lionel Jospin, Gerhard Schröeder, Massimo D'Alema, Fernando H. Cardoso y Ricardo Lagos, entre otros gobernantes e intelectuales ligados de una forma u otra a la socialdemocracia europea o al partido demócrata norteamericano. El proyecto común era construir un nuevo programa que adecuase la vieja socialdemocracia a las nuevas ideas y políticas neoliberales, hegemónicas en las últimas décadas del Siglo XX. El resultado fue una jalea ideológica, con propuestas extremadamente vagas e imprecisas, que mal ocultaban su núcleo duro inclinado hacia la apertura, la desregulación y la desestatización de las economías nacionales, y hacia un "prologement vaguement social de la révolution thatcheriste" [ la continuidad vagamente social de la revolución thatcherista], como caracterizó en la época la revista francesa Nouvelle Observateur.
Quiérase o no, las ideas y los partidos socialistas y socialdemócratas dieron una contribución decisiva a la historia del Siglo XX, en particular a la creación del "Estado de bienestar social", después de la II Guerra Mundial. Pero en la década del '80, la socialdemocracia perdió aliento político y terminó perdiendo su propia identidad ideológica asfixiada por la gran "restauración" liberal conservadora de Margareth Thatcher y Ronald Reagan. Esto ocurrió en la España de Felipe González, en la Francia de François Mitterand, en la Italia de Bettino Craxi, y también en la Grecia de Andreas Papandreu. En los años '90, entretanto, este movimiento adquirió otra densidad e importancia con la victoria demócrata de Bill Clinton en Estados Unidos y del laborismo de Tony Blair, en Inglaterra.
En América Latina la historia fue un poco diferente, porque las nuevas políticas neoliberales aparecieron – en los años ´80 – asociadas a la renegociación de la deuda externa del continente, como si fuesen apenas un problema de política económica. Y fue sólo en Chile y en Brasil que la propuesta de la "tercera vía" tuvo una repercusión importante durante la década del ´90. En el caso de Chile, con la formación de la alianza entre socialistas y demócratas cristianos y, en particular, durante el gobierno de Ricardo Lagos (2000-2006), que adhirió personalmente al proyecto liderado por los anglo-sajones. Y, en el caso de Brasil, con la formación del Partido de la Socialdemocracia brasileña (PSDB), con la participación activa del presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), en la formulación de las ideas y en las reuniones del movimiento, al lado de Tony Blair y Hill Clinton.
La "tercera vía" tuvo una vida muy corta. Tal vez por causa de la superficialidad y artificialidad de sus ideas, tal vez porque sus líderes más importantes terminaron siendo derrotados en las urnas o pasaron a la historia como grandes fracasos o bluffs político-ideológicos. Como en el caso del iniciador del movimiento, el ex primer ministro Tony Blair, que fue apartado de la dirección laborista en 2007 y se transformó en el enemigo número uno de la prensa y de la mayoría de la opinión pública inglesa, bajo la acusación de haber mentido para justificar la intervención de su país en la Guerra de Irak, además de encubrir casos de tortura por parte de sus tropas. Tony Blair fue sustituido por Gordon Brown, otro ideólogo de la "tercer vía" que terminó sufriendo una de las derrotas electorales más aplastantes de la historia del laborismo inglés.
Bill Clinton tampoco consiguió tener un sucesor y pasó a la historia como el símbolo del expansionismo imperial norteamericano, de la década de 1990, a despecho de su retórica "globalista" y democrática. Los demás participantes europeos del movimiento también tuvieron finales poco gloriosos, como fue el caso de Lionel Jospin, MassimoD´Alema y Gerhard Schröder; y hoy nadie más habla o recuerda, en Europa o en los Estados Unidos del proyecto de la "tercera vía". Sin embargo, este factóide anglo-norteamericano tuvo una sobrevida y sólo será enterrado en 2010 en América Latina. Primero, en Chile, después de la derrota electoral de la "Concertación" de Ricardo Lagos. Y luego en Brasil, con la probable derrota del partido socialdemócrata de Fernando Henrique Cardoso, en las elecciones presidenciales de este año. En los dos casos, lo que llama la atención no es la derrota en sí misma, es la anorexia ideológica de los dos últimos herederos de la "tercera vía". No se trata de incompetencia personal, ni de un problema de imagen, se trata del colapso final de un proyecto político-ideológico ecléctico y anodino que terminó de manera indigna: el proyecto del neoliberalismo socialdemócrata. ¡Que descanse en paz!
José Luis Fiori, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es profesor de política económica en la Universidad Federal de Río de Janeiro.
Traducción para www.sinpermiso.info: Carlos Abel Suárez
sinpermiso electrónico se ofrece semanalmente de forma gratuita. No recibe ningún tipo de subvención pública ni privada, y su existencia sólo es posible gracias al trabajo voluntario de sus colaboradores y a las donaciones altruistas de sus lectores. Si le ha interesado este artículo, considere la posibilidad de contribuir al desarrollo de este proyecto político-cultural realizando una DONACIÓNo haciendo una SUSCRIPCIÓNa laREVISTA SEMESTRAL impresa.
Carta Maior-SinPermiso , 1 septiembre 2010
sábado, septiembre 04, 2010
del blog de emir sader, un excelente articulo
28/08/2010
Esfera pública x esfera mercantil
O neoliberalismo é a realização máxima do capitalismo: transformar tudo em mercadoria. Foi assim que o capitalismo nasceu: transformando a força de trabalho (com o fim da escravidão) e as terras em mercadorias. Sua história foi a crescente mercantilização do mundo. A crise de 1929 - de que o liberalismo foi unanimemente considerado o responsável - gerou contratendências, todas antineoliberais: o fascismo (com forte capitalismo de Estado), o modelo soviético (com eliminação da propriedade privada dos meios de produção) e o keynesianismo (com o Estado assumindo responsabilidades fundamentais na economia e nos direitos sociais).O capitalismo viveu seu ciclo longo mais importante do segundo pós-guerra até os anos 70. Quando foi menos liberal, foi menos injusto. Vários países – europeus, mas também a Argentina – tiveram pleno emprego, os direitos sociais foram gradualmente estendidos no que se convencionou chamar de Estado de bem-estar-social.Esgotado esse ciclo, o diagnóstico neoliberal triunfou, voltando de longo refluxo: dizia que o que tinha levado a economia à recessão era a excessiva regulamentação. O neoliberalismo se propôs a desregulamentar, isto é, a deixar circular livremente o capital. Privatizações, abertura de mercados, “flexibilização laboral” – tudo se resume a desregulamentações.Promoveu-se o maior processo de mercantilização que a história conheceu. Zonas do mundo não atingidas ainda pela economia de mercado (como o ex-campo socialista e a China) e objetos de que ainda usávamos como exemplos de coisas com valor de uso e sem valor de troca (como a água, agora tornada mercadoria) – foram incorporadas à economia de mercado.A hegemonia neoliberal se traduziu, no campo teórico, na imposição da polarização estatal/privado como o eixo das alternativas. Como se sabe, quem parte e reparte fica com a melhor parte – privado – e esconde o que lhe interessa abolir – a esfera pública. Porque o eixo real que preside o período neoliberal se articula em torno de outro eixo: esfera pública/esfera mercantil.Porque a esfera do neoliberalismo não é a privada. A esfera privada é a esfera da vida individual, da família, das opções de cada um – clube de futebol, música, religião, casa, família, etc.. Quando se privatiza uma empresa, não se colocam as ações nas mãos dos indivíduos – os trabalhadores da empresa, por exemplo -, se jogam no mercado, para quem possa comprar. Se mercantiliza o que era um patrimônio público.O ideal neoliberal é construir uma sociedade em que tudo se vende, tudo se compra, tudo sem preço. Ao estilo shopping center. Ou do modo de vida norteamericano, em que a ambição de todos seria ascender como consumidor, competindo no mercado, uns contra os outros.O neoliberalismo mercantilizou e concentrou renda, excluiu de direitos a milhões de pessoas – a começar os trabalhadores, a maioria dos quais deixou de ter carteira de trabalho, de ser cidadão, sujeito de direitos -, promoveu a educação privada em detrimento da publica, a saúde privada em detrimento da pública, a imprensa privada em detrimento da pública.O próprio Estado se deixou mercantilizar. Passou a arrecadar para, prioritariamente, pagar suas dívidas, transferindo recursos do setor produtivo ao especulativo. O capital especulativo, com a desregulamentação, passou a ser o hegemônico na sociedade. Sem regras, o capital – que não é feito para produzir, mas para acumular – se transferiu maciçamente do setor produtivo ao financeiro, sob a forma especulativa, isto é, não para financiar a produção, a pesquisa, o consumo, mas para viver de vender e comprar papéis – de Estados endividados ou de grandes empresas -, sem produzir nem bens, nem empregos. É o pior tipo de capital. O próprio Estado se financeirizou.O neoliberalismo destruiu as funções sociais do Estado e depois nos jogou como alternativa ao mercado: se quiserem, defendam o Estado que eu destruí, tornando-o indefensável; ou venham somar-se à esfera privada, na verdade o mercado disfarçado.Mas se a esfera neoliberal é a esfera mercantil, a esfera alternativa não é a estatal. Porque há Estados privatizados, isto é, mercantilizados, financeirizados; e há Estados centrados na esfera pública. A esfera pública é centrada na universalização dos direitos. Democratizar, diante da obra neoliberal, é desmercantilizar, colocar na esfera dos direitos o que o neoliberalismo colocou na esfera do mercado. Uma sociedade democrática, posneoliberal, é uma sociedade fundada nos direitos, na igualdade dos cidadãos. Um cidadão é sujeito de direitos. O mercado não reconhece direitos, só poder de comprar, é composta por consumidores.Na esfera da informação, houve até aqui predomínio absoluto da esfera mercantil. Para emitir noticias era necessário dispor de recursos suficientes para instalar condições de ter um jornal, um rádio, uma TV. A internet abriu espaços inéditos para a democratização da informação.A democratização da mídia, isto é, sua desmercantilização, a afirmação do direito a expressar e receber informações pluralistas, tem que combinar diferentes formas de expressão e de mídia. A velha mídia é uma mídia mercantil, composta de empresas financiadas pela publicidade, hoje aderida ao pensamento único. Uma mídia composta por empresas dirigidas por oligarquias familiares, sem democracia nem sequer nas redações e nas pautas dos meios que a compõem.A nova mídia, por sua vez, é uma mídia barata nos seus custos, pluralista, crítica. O novo espaço criado pelos blogueiros progressistas faz parte da esfera pública, promove os direitos de todos, a democracia econômica, política, social e cultural. A esfera pública tem expressões estatais, não- estatais, comunitárias. Todas comprometidas com os direitos de todos e não com a seletividade e a exclusão mercantil.São definições a ser discutidas, precisadas, de forma democrática, aberta, pluralista, de um fenômeno novo, que prenuncia uma sociedade justa, solidária, soberana. A possibilidade com que estão comprometidos Dilma e Lula de uma Constituinte autônoma permite que se possa discutir e levar adiante processos de democratização do Estado, de sua reforma em torno das distintas formas de esfera pública, desmercantilizando e desfinanceirizando o Estado brasileiro.
Esfera pública x esfera mercantil
O neoliberalismo é a realização máxima do capitalismo: transformar tudo em mercadoria. Foi assim que o capitalismo nasceu: transformando a força de trabalho (com o fim da escravidão) e as terras em mercadorias. Sua história foi a crescente mercantilização do mundo. A crise de 1929 - de que o liberalismo foi unanimemente considerado o responsável - gerou contratendências, todas antineoliberais: o fascismo (com forte capitalismo de Estado), o modelo soviético (com eliminação da propriedade privada dos meios de produção) e o keynesianismo (com o Estado assumindo responsabilidades fundamentais na economia e nos direitos sociais).O capitalismo viveu seu ciclo longo mais importante do segundo pós-guerra até os anos 70. Quando foi menos liberal, foi menos injusto. Vários países – europeus, mas também a Argentina – tiveram pleno emprego, os direitos sociais foram gradualmente estendidos no que se convencionou chamar de Estado de bem-estar-social.Esgotado esse ciclo, o diagnóstico neoliberal triunfou, voltando de longo refluxo: dizia que o que tinha levado a economia à recessão era a excessiva regulamentação. O neoliberalismo se propôs a desregulamentar, isto é, a deixar circular livremente o capital. Privatizações, abertura de mercados, “flexibilização laboral” – tudo se resume a desregulamentações.Promoveu-se o maior processo de mercantilização que a história conheceu. Zonas do mundo não atingidas ainda pela economia de mercado (como o ex-campo socialista e a China) e objetos de que ainda usávamos como exemplos de coisas com valor de uso e sem valor de troca (como a água, agora tornada mercadoria) – foram incorporadas à economia de mercado.A hegemonia neoliberal se traduziu, no campo teórico, na imposição da polarização estatal/privado como o eixo das alternativas. Como se sabe, quem parte e reparte fica com a melhor parte – privado – e esconde o que lhe interessa abolir – a esfera pública. Porque o eixo real que preside o período neoliberal se articula em torno de outro eixo: esfera pública/esfera mercantil.Porque a esfera do neoliberalismo não é a privada. A esfera privada é a esfera da vida individual, da família, das opções de cada um – clube de futebol, música, religião, casa, família, etc.. Quando se privatiza uma empresa, não se colocam as ações nas mãos dos indivíduos – os trabalhadores da empresa, por exemplo -, se jogam no mercado, para quem possa comprar. Se mercantiliza o que era um patrimônio público.O ideal neoliberal é construir uma sociedade em que tudo se vende, tudo se compra, tudo sem preço. Ao estilo shopping center. Ou do modo de vida norteamericano, em que a ambição de todos seria ascender como consumidor, competindo no mercado, uns contra os outros.O neoliberalismo mercantilizou e concentrou renda, excluiu de direitos a milhões de pessoas – a começar os trabalhadores, a maioria dos quais deixou de ter carteira de trabalho, de ser cidadão, sujeito de direitos -, promoveu a educação privada em detrimento da publica, a saúde privada em detrimento da pública, a imprensa privada em detrimento da pública.O próprio Estado se deixou mercantilizar. Passou a arrecadar para, prioritariamente, pagar suas dívidas, transferindo recursos do setor produtivo ao especulativo. O capital especulativo, com a desregulamentação, passou a ser o hegemônico na sociedade. Sem regras, o capital – que não é feito para produzir, mas para acumular – se transferiu maciçamente do setor produtivo ao financeiro, sob a forma especulativa, isto é, não para financiar a produção, a pesquisa, o consumo, mas para viver de vender e comprar papéis – de Estados endividados ou de grandes empresas -, sem produzir nem bens, nem empregos. É o pior tipo de capital. O próprio Estado se financeirizou.O neoliberalismo destruiu as funções sociais do Estado e depois nos jogou como alternativa ao mercado: se quiserem, defendam o Estado que eu destruí, tornando-o indefensável; ou venham somar-se à esfera privada, na verdade o mercado disfarçado.Mas se a esfera neoliberal é a esfera mercantil, a esfera alternativa não é a estatal. Porque há Estados privatizados, isto é, mercantilizados, financeirizados; e há Estados centrados na esfera pública. A esfera pública é centrada na universalização dos direitos. Democratizar, diante da obra neoliberal, é desmercantilizar, colocar na esfera dos direitos o que o neoliberalismo colocou na esfera do mercado. Uma sociedade democrática, posneoliberal, é uma sociedade fundada nos direitos, na igualdade dos cidadãos. Um cidadão é sujeito de direitos. O mercado não reconhece direitos, só poder de comprar, é composta por consumidores.Na esfera da informação, houve até aqui predomínio absoluto da esfera mercantil. Para emitir noticias era necessário dispor de recursos suficientes para instalar condições de ter um jornal, um rádio, uma TV. A internet abriu espaços inéditos para a democratização da informação.A democratização da mídia, isto é, sua desmercantilização, a afirmação do direito a expressar e receber informações pluralistas, tem que combinar diferentes formas de expressão e de mídia. A velha mídia é uma mídia mercantil, composta de empresas financiadas pela publicidade, hoje aderida ao pensamento único. Uma mídia composta por empresas dirigidas por oligarquias familiares, sem democracia nem sequer nas redações e nas pautas dos meios que a compõem.A nova mídia, por sua vez, é uma mídia barata nos seus custos, pluralista, crítica. O novo espaço criado pelos blogueiros progressistas faz parte da esfera pública, promove os direitos de todos, a democracia econômica, política, social e cultural. A esfera pública tem expressões estatais, não- estatais, comunitárias. Todas comprometidas com os direitos de todos e não com a seletividade e a exclusão mercantil.São definições a ser discutidas, precisadas, de forma democrática, aberta, pluralista, de um fenômeno novo, que prenuncia uma sociedade justa, solidária, soberana. A possibilidade com que estão comprometidos Dilma e Lula de uma Constituinte autônoma permite que se possa discutir e levar adiante processos de democratização do Estado, de sua reforma em torno das distintas formas de esfera pública, desmercantilizando e desfinanceirizando o Estado brasileiro.
del blog de emir sader, un excelente articulo
28/08/2010
Esfera pública x esfera mercantil
O neoliberalismo é a realização máxima do capitalismo: transformar tudo em mercadoria. Foi assim que o capitalismo nasceu: transformando a força de trabalho (com o fim da escravidão) e as terras em mercadorias. Sua história foi a crescente mercantilização do mundo. A crise de 1929 - de que o liberalismo foi unanimemente considerado o responsável - gerou contratendências, todas antineoliberais: o fascismo (com forte capitalismo de Estado), o modelo soviético (com eliminação da propriedade privada dos meios de produção) e o keynesianismo (com o Estado assumindo responsabilidades fundamentais na economia e nos direitos sociais).O capitalismo viveu seu ciclo longo mais importante do segundo pós-guerra até os anos 70. Quando foi menos liberal, foi menos injusto. Vários países – europeus, mas também a Argentina – tiveram pleno emprego, os direitos sociais foram gradualmente estendidos no que se convencionou chamar de Estado de bem-estar-social.Esgotado esse ciclo, o diagnóstico neoliberal triunfou, voltando de longo refluxo: dizia que o que tinha levado a economia à recessão era a excessiva regulamentação. O neoliberalismo se propôs a desregulamentar, isto é, a deixar circular livremente o capital. Privatizações, abertura de mercados, “flexibilização laboral” – tudo se resume a desregulamentações.Promoveu-se o maior processo de mercantilização que a história conheceu. Zonas do mundo não atingidas ainda pela economia de mercado (como o ex-campo socialista e a China) e objetos de que ainda usávamos como exemplos de coisas com valor de uso e sem valor de troca (como a água, agora tornada mercadoria) – foram incorporadas à economia de mercado.A hegemonia neoliberal se traduziu, no campo teórico, na imposição da polarização estatal/privado como o eixo das alternativas. Como se sabe, quem parte e reparte fica com a melhor parte – privado – e esconde o que lhe interessa abolir – a esfera pública. Porque o eixo real que preside o período neoliberal se articula em torno de outro eixo: esfera pública/esfera mercantil.Porque a esfera do neoliberalismo não é a privada. A esfera privada é a esfera da vida individual, da família, das opções de cada um – clube de futebol, música, religião, casa, família, etc.. Quando se privatiza uma empresa, não se colocam as ações nas mãos dos indivíduos – os trabalhadores da empresa, por exemplo -, se jogam no mercado, para quem possa comprar. Se mercantiliza o que era um patrimônio público.O ideal neoliberal é construir uma sociedade em que tudo se vende, tudo se compra, tudo sem preço. Ao estilo shopping center. Ou do modo de vida norteamericano, em que a ambição de todos seria ascender como consumidor, competindo no mercado, uns contra os outros.O neoliberalismo mercantilizou e concentrou renda, excluiu de direitos a milhões de pessoas – a começar os trabalhadores, a maioria dos quais deixou de ter carteira de trabalho, de ser cidadão, sujeito de direitos -, promoveu a educação privada em detrimento da publica, a saúde privada em detrimento da pública, a imprensa privada em detrimento da pública.O próprio Estado se deixou mercantilizar. Passou a arrecadar para, prioritariamente, pagar suas dívidas, transferindo recursos do setor produtivo ao especulativo. O capital especulativo, com a desregulamentação, passou a ser o hegemônico na sociedade. Sem regras, o capital – que não é feito para produzir, mas para acumular – se transferiu maciçamente do setor produtivo ao financeiro, sob a forma especulativa, isto é, não para financiar a produção, a pesquisa, o consumo, mas para viver de vender e comprar papéis – de Estados endividados ou de grandes empresas -, sem produzir nem bens, nem empregos. É o pior tipo de capital. O próprio Estado se financeirizou.O neoliberalismo destruiu as funções sociais do Estado e depois nos jogou como alternativa ao mercado: se quiserem, defendam o Estado que eu destruí, tornando-o indefensável; ou venham somar-se à esfera privada, na verdade o mercado disfarçado.Mas se a esfera neoliberal é a esfera mercantil, a esfera alternativa não é a estatal. Porque há Estados privatizados, isto é, mercantilizados, financeirizados; e há Estados centrados na esfera pública. A esfera pública é centrada na universalização dos direitos. Democratizar, diante da obra neoliberal, é desmercantilizar, colocar na esfera dos direitos o que o neoliberalismo colocou na esfera do mercado. Uma sociedade democrática, posneoliberal, é uma sociedade fundada nos direitos, na igualdade dos cidadãos. Um cidadão é sujeito de direitos. O mercado não reconhece direitos, só poder de comprar, é composta por consumidores.Na esfera da informação, houve até aqui predomínio absoluto da esfera mercantil. Para emitir noticias era necessário dispor de recursos suficientes para instalar condições de ter um jornal, um rádio, uma TV. A internet abriu espaços inéditos para a democratização da informação.A democratização da mídia, isto é, sua desmercantilização, a afirmação do direito a expressar e receber informações pluralistas, tem que combinar diferentes formas de expressão e de mídia. A velha mídia é uma mídia mercantil, composta de empresas financiadas pela publicidade, hoje aderida ao pensamento único. Uma mídia composta por empresas dirigidas por oligarquias familiares, sem democracia nem sequer nas redações e nas pautas dos meios que a compõem.A nova mídia, por sua vez, é uma mídia barata nos seus custos, pluralista, crítica. O novo espaço criado pelos blogueiros progressistas faz parte da esfera pública, promove os direitos de todos, a democracia econômica, política, social e cultural. A esfera pública tem expressões estatais, não- estatais, comunitárias. Todas comprometidas com os direitos de todos e não com a seletividade e a exclusão mercantil.São definições a ser discutidas, precisadas, de forma democrática, aberta, pluralista, de um fenômeno novo, que prenuncia uma sociedade justa, solidária, soberana. A possibilidade com que estão comprometidos Dilma e Lula de uma Constituinte autônoma permite que se possa discutir e levar adiante processos de democratização do Estado, de sua reforma em torno das distintas formas de esfera pública, desmercantilizando e desfinanceirizando o Estado brasileiro.
Esfera pública x esfera mercantil
O neoliberalismo é a realização máxima do capitalismo: transformar tudo em mercadoria. Foi assim que o capitalismo nasceu: transformando a força de trabalho (com o fim da escravidão) e as terras em mercadorias. Sua história foi a crescente mercantilização do mundo. A crise de 1929 - de que o liberalismo foi unanimemente considerado o responsável - gerou contratendências, todas antineoliberais: o fascismo (com forte capitalismo de Estado), o modelo soviético (com eliminação da propriedade privada dos meios de produção) e o keynesianismo (com o Estado assumindo responsabilidades fundamentais na economia e nos direitos sociais).O capitalismo viveu seu ciclo longo mais importante do segundo pós-guerra até os anos 70. Quando foi menos liberal, foi menos injusto. Vários países – europeus, mas também a Argentina – tiveram pleno emprego, os direitos sociais foram gradualmente estendidos no que se convencionou chamar de Estado de bem-estar-social.Esgotado esse ciclo, o diagnóstico neoliberal triunfou, voltando de longo refluxo: dizia que o que tinha levado a economia à recessão era a excessiva regulamentação. O neoliberalismo se propôs a desregulamentar, isto é, a deixar circular livremente o capital. Privatizações, abertura de mercados, “flexibilização laboral” – tudo se resume a desregulamentações.Promoveu-se o maior processo de mercantilização que a história conheceu. Zonas do mundo não atingidas ainda pela economia de mercado (como o ex-campo socialista e a China) e objetos de que ainda usávamos como exemplos de coisas com valor de uso e sem valor de troca (como a água, agora tornada mercadoria) – foram incorporadas à economia de mercado.A hegemonia neoliberal se traduziu, no campo teórico, na imposição da polarização estatal/privado como o eixo das alternativas. Como se sabe, quem parte e reparte fica com a melhor parte – privado – e esconde o que lhe interessa abolir – a esfera pública. Porque o eixo real que preside o período neoliberal se articula em torno de outro eixo: esfera pública/esfera mercantil.Porque a esfera do neoliberalismo não é a privada. A esfera privada é a esfera da vida individual, da família, das opções de cada um – clube de futebol, música, religião, casa, família, etc.. Quando se privatiza uma empresa, não se colocam as ações nas mãos dos indivíduos – os trabalhadores da empresa, por exemplo -, se jogam no mercado, para quem possa comprar. Se mercantiliza o que era um patrimônio público.O ideal neoliberal é construir uma sociedade em que tudo se vende, tudo se compra, tudo sem preço. Ao estilo shopping center. Ou do modo de vida norteamericano, em que a ambição de todos seria ascender como consumidor, competindo no mercado, uns contra os outros.O neoliberalismo mercantilizou e concentrou renda, excluiu de direitos a milhões de pessoas – a começar os trabalhadores, a maioria dos quais deixou de ter carteira de trabalho, de ser cidadão, sujeito de direitos -, promoveu a educação privada em detrimento da publica, a saúde privada em detrimento da pública, a imprensa privada em detrimento da pública.O próprio Estado se deixou mercantilizar. Passou a arrecadar para, prioritariamente, pagar suas dívidas, transferindo recursos do setor produtivo ao especulativo. O capital especulativo, com a desregulamentação, passou a ser o hegemônico na sociedade. Sem regras, o capital – que não é feito para produzir, mas para acumular – se transferiu maciçamente do setor produtivo ao financeiro, sob a forma especulativa, isto é, não para financiar a produção, a pesquisa, o consumo, mas para viver de vender e comprar papéis – de Estados endividados ou de grandes empresas -, sem produzir nem bens, nem empregos. É o pior tipo de capital. O próprio Estado se financeirizou.O neoliberalismo destruiu as funções sociais do Estado e depois nos jogou como alternativa ao mercado: se quiserem, defendam o Estado que eu destruí, tornando-o indefensável; ou venham somar-se à esfera privada, na verdade o mercado disfarçado.Mas se a esfera neoliberal é a esfera mercantil, a esfera alternativa não é a estatal. Porque há Estados privatizados, isto é, mercantilizados, financeirizados; e há Estados centrados na esfera pública. A esfera pública é centrada na universalização dos direitos. Democratizar, diante da obra neoliberal, é desmercantilizar, colocar na esfera dos direitos o que o neoliberalismo colocou na esfera do mercado. Uma sociedade democrática, posneoliberal, é uma sociedade fundada nos direitos, na igualdade dos cidadãos. Um cidadão é sujeito de direitos. O mercado não reconhece direitos, só poder de comprar, é composta por consumidores.Na esfera da informação, houve até aqui predomínio absoluto da esfera mercantil. Para emitir noticias era necessário dispor de recursos suficientes para instalar condições de ter um jornal, um rádio, uma TV. A internet abriu espaços inéditos para a democratização da informação.A democratização da mídia, isto é, sua desmercantilização, a afirmação do direito a expressar e receber informações pluralistas, tem que combinar diferentes formas de expressão e de mídia. A velha mídia é uma mídia mercantil, composta de empresas financiadas pela publicidade, hoje aderida ao pensamento único. Uma mídia composta por empresas dirigidas por oligarquias familiares, sem democracia nem sequer nas redações e nas pautas dos meios que a compõem.A nova mídia, por sua vez, é uma mídia barata nos seus custos, pluralista, crítica. O novo espaço criado pelos blogueiros progressistas faz parte da esfera pública, promove os direitos de todos, a democracia econômica, política, social e cultural. A esfera pública tem expressões estatais, não- estatais, comunitárias. Todas comprometidas com os direitos de todos e não com a seletividade e a exclusão mercantil.São definições a ser discutidas, precisadas, de forma democrática, aberta, pluralista, de um fenômeno novo, que prenuncia uma sociedade justa, solidária, soberana. A possibilidade com que estão comprometidos Dilma e Lula de uma Constituinte autônoma permite que se possa discutir e levar adiante processos de democratização do Estado, de sua reforma em torno das distintas formas de esfera pública, desmercantilizando e desfinanceirizando o Estado brasileiro.
sábado, agosto 14, 2010
Entrevista a Boris Cyrulnik: La felicidad no es lo opuesto al dolor.
Este gran conocedor del ser humano, superviviente de un campo de concentración nazi en el que asistió al asesinato de sus padres, es conocido como 'el psiquiatra de la esperanza' por su defensa de que el cerebro puede recuperarse de cualquier trauma
Entrevista de Rubén Amón
CARGO: Investigador y etólogo en la Universidad de Tolón (Francia) / EDAD: 69 años FORMACION: Psiquiatría y neurología / AFICIONES: El rugby, la pintura y escuchar música / CREDO: La reivindicación sana del dolor y de la felicidad. También la empatía / SUEÑO: Destronar el consumismo
Cyrulnik, científico, investigador y escrutador de pacientes, defiende a ultranza el valor de la desdicha y de la desgracia. Podría haberle influido su pasado de superviviente en Auschwitz y el exterminio de sus familiares en el campo de concentración, pero las conclusiones de su teoría (y de su práctica) provienen de haber encontrado en el antídoto del afecto la clave que mejor mide y condiciona el comportamiento humano. Es una manera de relativizar la importancia de la herencia genética -aunque tenga su influjo- y de comprender nuestro cerebro como una materia sensible a la modelación exterior. No sólo en los periodos cruciales (niñez y adolescencia). También cuando desembocamos en la vejez, se apagan los sentidos y «jugamos al ajedrez con las últimas piezas del tablero».
Sirva este aforismo de Anne Freud para subrayar la formación psicoanalítica de Cyrulnik, aunque los hallazgos científicos del profesor francés se derivan de un ejercicio multidisciplinar que ha cuajado en muchas de sus obras anteriores (La maravilla del dolor, Los patitos feos y El murmullo de los fantasmas). Hemos venido a entrevistarlo a su casa familiar de La Seyne (este de Marsella). Aquí se instaló hace 20 años para escuchar el mar, ordenar la biblioteca, desordenar los símbolos religiosos y destronar la televisión en beneficio de un piano vertical donde reposa una partitura con los estudios de Chopin.
PREGUNTA.- La primera sorpresa de su libro es que usted relativiza la importancia de la genética.
RESPUESTA.- Existe una relativa desigualdad de orden genético. Nuestra tristeza o nuestra alegría están relacionadas con la producción de la serotonina, un antidepresor natural que los humanos segregamos en mayor o menor cantidad de acuerdo con nuestra naturaleza. No todos reaccionamos igual cuando vemos una bonita escena de una película, pero esa diferencia es menos esencial que el impacto de nuestro entorno.
P.- ¿Hasta qué extremo es determinante, entonces, el entorno?
R.- El cerebro es un fenómeno continuo. Se construye, también, como resultado de las relaciones, del contexto cultural y, ante todo, de las experiencias afectivas de nuestra vida. Todas ellas influyen en la anatomía misma del cerebro. Le pongo como ejemplo mis trabajos en los orfelinatos de Rumanía. Allí pude visitar niños enfermos que sufrían una atrofia cerebral, de manera que habían sido abandonados. Cuando la ecuación es exactamente al revés: porque fueron abandonados y carecían de afecto, padecieron la atrofia cerebral. Nuestros circuitos neuronales se forman de manera espectacular en los primeros cuatro años de vida. Y es entonces cuando los afectos son claves porque es el periodo de mayor plasticidad cerebral. Hasta el extremo de que ya entonces se forja una sensibilidad preferencial respecto a los acontecimientos del mundo exterior.
P.- Ahora bien, usted sostiene que un mapa genético adverso y un contexto infantil difícil tampoco condenan a la persona. Su caso sería un ejemplo viviente.
R.- No sé cómo era mi cerebro. Imagino que estaba atrofiado, que funcionaba mal. No tuve cerca a mis padres, como usted sabe. Estuve en prisión, no fui al colegio, pero luego encontré personas que me acogieron y me arroparon. La realidad es que el cerebro humano tiene la capacidad de recuperar su desarrollo. Muchos niños con problemas se han repuesto de sus heridas precisamente porque el cerebro ha podido remodelarse en un nuevo contexto afectivo propicio. Al contrario, muchos niños superprotegidos, han caído en la depresión y se han convertido en débiles.
P.- ¿Cómo explica este segundo fenómeno?
R.- Los niños arropados, mimados, superprotegidos no superan las heridas de la vida. No están lobotomizados clínicamente, pero carecen de seguridad en la medida en que nunca han sido expuestos al dolor, a la tristeza, al sufrimiento. Es necesario que el niño conozca el miedo para que pueda superarlo. Privarlo de él es una manera de convertirlo en vulnerable. Marcuse decía que había que cumplir con todos los deseos de los niños para preservarlos de la neurosis. Estamos seguros ahora de que es un error. Los niños protegidos viven en una prisión y son incapaces de afrontar las cosas por sí mismos. Sufren tantos daños como los abandonados. Y la culpa es de los padres. Con su mejor intención tratan de arroparlos, pero consiguen un resultado exactamente opuesto.
P.- Este punto de vista nos lleva a su teoría y a su práctica de la relación indisociable entre felicidad e infelicidad.
R.- La infelicidad y la desgracia son la condición humana misma. Los políticos prometen suprimirlas, pero es una estupidez. Pongamos como ejemplo nuestra llegada al exterior. Somos mamíferos acuáticos que entramos en el mundo llorando, muertos de frío, aturdidos por el ruido, cegados por la luz externa. El llanto es la expresión de un primer sufrimiento. El niño busca en la madre el refugio. ¿Qué necesidad tendría de ese refugio si se encontrara bien? Nos desarrollamos en función de la superación de los miedos y los sufrimientos. La felicidad no es escapar de ellos, sino afrontarlos y superarlos. Igual que apreciamos el agua cuando tenemos sed, percibimos la felicidad cuando hemos experimentado con anterioridad la tristeza. Es un fenómeno de alternancia, como la respiración. Uno tiene que sufrir para ser feliz. La felicidad no es lo opuesto al dolor. Sin dolor nuestras vidas serían vacías, irrelevantes. Se trata de una realidad que puede explicarse desde el punto de vista psicológico y desde el punto de vista neurológico. Hay placer en el dolor y dolor en el placer, sin que lleguemos al límite del masoquismo. Cuando sobreestimulamos el área del placer, terminamos estimulando el área del dolor. E igualmente ocurre al revés. La ausencia de dolor podría decirse que es una patología. Pero no es un problema sólo de sensaciones, también de la representación.
P.- ¿Puede explicarse?
R.- Es nuestra percepción del mundo la que concede sentido a los términos felicidad e infelicidad. Depende de cómo se haya configurado mi sistema de representación en la infancia y de cómo haya influido el contexto cultural y el entorno. Le cuento una pequeña fábula de tres picapedreros que trabajan en la misma cantera. Uno se lamenta porque se cansa y hace un trabajo mecánico. Otro más apacible agradece que ésa sea la manera de ganarse la vida. Y el tercero trabaja feliz, eufórico porque piensa que está construyendo una catedral. El gesto es el mismo en los tres casos. El significado del gesto les diferencia tal como sucede en su manera de metamorfosear la realidad. Las palabras y las representaciones de ellas tienen una influencia biológica. Desde las novelas y el cine hasta las palabras del chamán y del sacerdote. Hoy en día proliferan en el mundo las sectas y las ideologías extremas porque ofrecen a las personas frágiles una respuesta de seguridad. Les ocurre a los terroristas, ensimismados en la acción, en su fraternidad, en su éxtasis. Es como una bomba de relojería porque esa euforia les sustrae del mundo real. Y cuando se topan con él ya no hay arreglo. El mismo dolor les espera a quienes se encomiendan a las sectas. Primero viene la luna de miel, después la caída al abismo.
P.- Nada que ver con Dios, un ansiolítico supremo, ¿no?
R.- El efecto psicoafectivo de la creencia y de las religiones puede comprobarse científicamente. Las emociones de la fe atenúan el dolor. Los creyentes sufren menos que los no creyentes. Incluidos los problemas cardiacos, los cánceres. Rezar, científicamente, produce más ondas alfa, es decir, que los índices biológicos del estrés desaparecen. Se trata de una aproximación a la religión en clave ligera, desprovista de dogmas y de fundamentalismo. Dios funciona en ese caso como una representación benefactora. No soy su prisionero ni ejerce sobre mí ninguna esclavitud. Me tranquiliza. Nada de dioses coléricos ni vengativos. El ser humano necesita una base afectiva que le dé seguridad y un mundo exterior capaz de estimularlo.
P.- ¿Por qué cree que la Organización Mundial de la Salud considera la depresión y la angustia como las enfermedades del siglo XXI?
R.- La tecnología ha multiplicado el mundo de la representación irreal. Es la realidad virtual, una expresión mágica elevada a la enésima potencia que nos extrapola de manera inquietante y simplificadora. Otro gran problema es la cultura ubicua del consumo. Se nos ha hecho creer que la felicidad proviene de consumir: ropa, chocolate, coches. Y existe el placer al consumir, pero no la felicidad. Permítame un ejemplo: igual que la morfina no cura el cáncer, el bienestar efímero no resuelve la felicidad. Nuestras culturas modernas, por último, tienden a disminuir el apoyo afectivo y a suprimir los rituales. Estos últimos le dan sentido a los acontecimientos, se integran en nuestro álbum personal, nos hacen sentirnos unidos en un mismo mundo. El problema es que proliferan los falsos antídotos como las drogas. No es lo mismo bienestar momentáneo que felicidad. El primero es la sensación de una necesidad física cubierta. La segunda es el resultado de un proyecto de existencia, dentro del cual es importante desarrollar la empatía en su justa medida. Demasiada nos convierte en masoquistas. Ninguna nos convierte en sádicos.
P.- Usted no promete soluciones milagrosas, sino modestas recetas.
R.- Todos tenemos procedimientos a nuestra disposición. La acción, por ejemplo, que calma la ansiedad. El ejercicio, que es un excelente antidepresivo. El riesgo, que provoca una intensa secreción de opioides al sentirnos eufóricos. Las relaciones humanas y afectivas. Especialmente la amistad y la capacidad de hablar con otras personas. La afectividad determina una gran parte de nuestro comportamiento.
P.- Usted distingue en relación al mundo afectivo el periodo crucial de la infancia y el periodo sensible de la adolescencia.
R.- La pubertad vuelve a ser un periodo muy intenso de actividad neuronal. Ya no nos influyen tanto nuestros familiares como el mundo exterior, la cultura, el entorno que tenemos fuera del hogar. La prohibición del incesto nos obliga a escapar de casa y buscar nuevas emociones. Por todas esas razones, la adolescencia pone delante la posibilidad de reparar los problemas afectivos de la niñez. Ocurre, al menos, en un tercio de los casos. Especialmente si los jóvenes encuentran vínculos asociativos, clubes deportivos, lugares donde encontrarse, donde estudiar, donde divertirse. Las respuestas no están en casa.
P.- ¿Cuánto espacio dejan a la libertad individual el mapa genético y el impacto del entorno?
R.- Es una pregunta que me hice hace muchos años y que hoy la respondo como entonces. La libertad individual es el derecho que tenemos para elegir entre unas u otras cadenas. Somos la mezcla de muchas cosas como para someterlas todas ellas a una capacidad de decisión. Tenemos un circuito y una orientación. No lo digo como un fatalismo.
«Dios no ha querido que yo creyera en él, pero comprendo a los que son religiosos»
Pensador, neuropsiquiatra, ensayista.... jugador de rugby.
- Soy un partidario del deporte de nivel bajo. La bicicleta, correr, los partidos de fútbol de comerciantes contra trabajadores del hospital que organizamos en Tolón. Jugamos mal y nos divertimos mucho. Y, en efecto, me gusta mucho el rugby. De joven tuve una cierta carrera amateur. Llegué a pesar 90 kilos y a sentirme un jugador con proyección. La realidad puso las cosas en su sitio, pero me sigue entusiasmando el rugby, voy a los partidos. Es un deporte que conserva una cierta virginidad y una cierta nobleza. Especialmente si lo comparamos con el fútbol, donde pesa demasiado el aspecto comercial y propagandístico.
También es usted un melómano militante.
- Me gustan el jazz, la ópera, el folclore, el tango. La música es un camino de felicidad, de trascendencia. Creo que saber apreciarla es un don. No todos tienen la predisposición para apreciarla. Y me refiero a las cuestiones fisiológicas, tal como les pasa a los daltónicos con los colores. Hay dos ejemplos muy llamativos en relación con la melofobia: el Che Guevara y Sigmund Freud. Éste último decía que para él la música era como escuchar a una persona hablando muy alto en una lengua extranjera.
Y tiene usted un barco de madera.
- Normalmente, permanece amarrado. Es una pena, porque requiere atenciones diarias. Me gusta salir al mar, pero no tengo tiempo entre el estudio, las clases, los periodistas que me vienen a molestar (se ríe) y los viajes.
Porque se considera un viajero.
- Viajar propone a nuestras inteligencias y a nuestras existencias la posibilidad de comparar. Siempre me ha parecido sano poner entre interrogaciones muchas de nuestras certezas. Viajar es la mejor manera de conocer otras realidades, otras maneras de pensar, otros comportamientos y otras religiones.
Usted proviene de una familia judía de Ucrania. ¿Qué lugar ocupa la religión en su vida?
- Un lugar pequeño. No me considero una persona creyente. Dios no ha querido que yo creyera en él. Y pienso que los creyentes han llegado a la religión por dos caminos. O porque se la inculcaron en un periodo de su infancia en casa o en el colegio, o porque la han encontrado desde la revelación o la iluminación. Como a los místicos. Y no faltan místicos en España, ¿verdad? Comprendo bien a los que son religiosos. También he tratado a algunos. He tenido pacientes que me dicen: «Dios ha entrado en mí». Y pasan del estadio de la angustia al éxtasis.
LA CUESTION
- ¿Qué es la resiliencia?
- En términos físicos, la capacidad de un cuerpo para resistir un choque. En términos sociales es la capacidad que tenemos para desarrollarnos positivamente delante de una adversidad. Gracias a la resiliencia podemos unir las partes de la personalidad que fueron destrozadas por un trauma. Hay que saber cómo se impregnaron dentro de la memoria, cuál es el significado del trauma para cada uno y cómo nuestros allegados y nuestra cultura colocan alrededor de la persona herida los recursos externos que permitan retomar un desarrollo. La memoria y la idea que uno tiene de sí mismo son los lugares donde se encuentra la resiliencia. Un trauma se inscribe dentro de la memoria biológica y deja en ella huellas profundas, una especie de impronta en el cerebro. Sin olvidar que muchos acontecimientos sociales forman parte de nuestra autobiografía. Todos sabemos dónde estábamos el 11-S. Ninguno se acuerda de dónde estaba dos días antes.
*Boris Cyrulnik es neurólogo, psiquiatra y psicoanalista y uno de los fundadores de la etología humana. Profesor de la Universidad de Var en Francia y responsable de un grupo de investigación en etología clínica en el Hospital de Toulon, es también autor de numerosos libros. Gedisa ha publicado también sus obras Los patitos feos, El murmullo de los fantasmas, El encantamiento del mundo, Del gesto a la palabra y El amor que nos cura. (centrodepsicologia.org)
Este gran conocedor del ser humano, superviviente de un campo de concentración nazi en el que asistió al asesinato de sus padres, es conocido como 'el psiquiatra de la esperanza' por su defensa de que el cerebro puede recuperarse de cualquier trauma
Entrevista de Rubén Amón
CARGO: Investigador y etólogo en la Universidad de Tolón (Francia) / EDAD: 69 años FORMACION: Psiquiatría y neurología / AFICIONES: El rugby, la pintura y escuchar música / CREDO: La reivindicación sana del dolor y de la felicidad. También la empatía / SUEÑO: Destronar el consumismo
Cyrulnik, científico, investigador y escrutador de pacientes, defiende a ultranza el valor de la desdicha y de la desgracia. Podría haberle influido su pasado de superviviente en Auschwitz y el exterminio de sus familiares en el campo de concentración, pero las conclusiones de su teoría (y de su práctica) provienen de haber encontrado en el antídoto del afecto la clave que mejor mide y condiciona el comportamiento humano. Es una manera de relativizar la importancia de la herencia genética -aunque tenga su influjo- y de comprender nuestro cerebro como una materia sensible a la modelación exterior. No sólo en los periodos cruciales (niñez y adolescencia). También cuando desembocamos en la vejez, se apagan los sentidos y «jugamos al ajedrez con las últimas piezas del tablero».
Sirva este aforismo de Anne Freud para subrayar la formación psicoanalítica de Cyrulnik, aunque los hallazgos científicos del profesor francés se derivan de un ejercicio multidisciplinar que ha cuajado en muchas de sus obras anteriores (La maravilla del dolor, Los patitos feos y El murmullo de los fantasmas). Hemos venido a entrevistarlo a su casa familiar de La Seyne (este de Marsella). Aquí se instaló hace 20 años para escuchar el mar, ordenar la biblioteca, desordenar los símbolos religiosos y destronar la televisión en beneficio de un piano vertical donde reposa una partitura con los estudios de Chopin.
PREGUNTA.- La primera sorpresa de su libro es que usted relativiza la importancia de la genética.
RESPUESTA.- Existe una relativa desigualdad de orden genético. Nuestra tristeza o nuestra alegría están relacionadas con la producción de la serotonina, un antidepresor natural que los humanos segregamos en mayor o menor cantidad de acuerdo con nuestra naturaleza. No todos reaccionamos igual cuando vemos una bonita escena de una película, pero esa diferencia es menos esencial que el impacto de nuestro entorno.
P.- ¿Hasta qué extremo es determinante, entonces, el entorno?
R.- El cerebro es un fenómeno continuo. Se construye, también, como resultado de las relaciones, del contexto cultural y, ante todo, de las experiencias afectivas de nuestra vida. Todas ellas influyen en la anatomía misma del cerebro. Le pongo como ejemplo mis trabajos en los orfelinatos de Rumanía. Allí pude visitar niños enfermos que sufrían una atrofia cerebral, de manera que habían sido abandonados. Cuando la ecuación es exactamente al revés: porque fueron abandonados y carecían de afecto, padecieron la atrofia cerebral. Nuestros circuitos neuronales se forman de manera espectacular en los primeros cuatro años de vida. Y es entonces cuando los afectos son claves porque es el periodo de mayor plasticidad cerebral. Hasta el extremo de que ya entonces se forja una sensibilidad preferencial respecto a los acontecimientos del mundo exterior.
P.- Ahora bien, usted sostiene que un mapa genético adverso y un contexto infantil difícil tampoco condenan a la persona. Su caso sería un ejemplo viviente.
R.- No sé cómo era mi cerebro. Imagino que estaba atrofiado, que funcionaba mal. No tuve cerca a mis padres, como usted sabe. Estuve en prisión, no fui al colegio, pero luego encontré personas que me acogieron y me arroparon. La realidad es que el cerebro humano tiene la capacidad de recuperar su desarrollo. Muchos niños con problemas se han repuesto de sus heridas precisamente porque el cerebro ha podido remodelarse en un nuevo contexto afectivo propicio. Al contrario, muchos niños superprotegidos, han caído en la depresión y se han convertido en débiles.
P.- ¿Cómo explica este segundo fenómeno?
R.- Los niños arropados, mimados, superprotegidos no superan las heridas de la vida. No están lobotomizados clínicamente, pero carecen de seguridad en la medida en que nunca han sido expuestos al dolor, a la tristeza, al sufrimiento. Es necesario que el niño conozca el miedo para que pueda superarlo. Privarlo de él es una manera de convertirlo en vulnerable. Marcuse decía que había que cumplir con todos los deseos de los niños para preservarlos de la neurosis. Estamos seguros ahora de que es un error. Los niños protegidos viven en una prisión y son incapaces de afrontar las cosas por sí mismos. Sufren tantos daños como los abandonados. Y la culpa es de los padres. Con su mejor intención tratan de arroparlos, pero consiguen un resultado exactamente opuesto.
P.- Este punto de vista nos lleva a su teoría y a su práctica de la relación indisociable entre felicidad e infelicidad.
R.- La infelicidad y la desgracia son la condición humana misma. Los políticos prometen suprimirlas, pero es una estupidez. Pongamos como ejemplo nuestra llegada al exterior. Somos mamíferos acuáticos que entramos en el mundo llorando, muertos de frío, aturdidos por el ruido, cegados por la luz externa. El llanto es la expresión de un primer sufrimiento. El niño busca en la madre el refugio. ¿Qué necesidad tendría de ese refugio si se encontrara bien? Nos desarrollamos en función de la superación de los miedos y los sufrimientos. La felicidad no es escapar de ellos, sino afrontarlos y superarlos. Igual que apreciamos el agua cuando tenemos sed, percibimos la felicidad cuando hemos experimentado con anterioridad la tristeza. Es un fenómeno de alternancia, como la respiración. Uno tiene que sufrir para ser feliz. La felicidad no es lo opuesto al dolor. Sin dolor nuestras vidas serían vacías, irrelevantes. Se trata de una realidad que puede explicarse desde el punto de vista psicológico y desde el punto de vista neurológico. Hay placer en el dolor y dolor en el placer, sin que lleguemos al límite del masoquismo. Cuando sobreestimulamos el área del placer, terminamos estimulando el área del dolor. E igualmente ocurre al revés. La ausencia de dolor podría decirse que es una patología. Pero no es un problema sólo de sensaciones, también de la representación.
P.- ¿Puede explicarse?
R.- Es nuestra percepción del mundo la que concede sentido a los términos felicidad e infelicidad. Depende de cómo se haya configurado mi sistema de representación en la infancia y de cómo haya influido el contexto cultural y el entorno. Le cuento una pequeña fábula de tres picapedreros que trabajan en la misma cantera. Uno se lamenta porque se cansa y hace un trabajo mecánico. Otro más apacible agradece que ésa sea la manera de ganarse la vida. Y el tercero trabaja feliz, eufórico porque piensa que está construyendo una catedral. El gesto es el mismo en los tres casos. El significado del gesto les diferencia tal como sucede en su manera de metamorfosear la realidad. Las palabras y las representaciones de ellas tienen una influencia biológica. Desde las novelas y el cine hasta las palabras del chamán y del sacerdote. Hoy en día proliferan en el mundo las sectas y las ideologías extremas porque ofrecen a las personas frágiles una respuesta de seguridad. Les ocurre a los terroristas, ensimismados en la acción, en su fraternidad, en su éxtasis. Es como una bomba de relojería porque esa euforia les sustrae del mundo real. Y cuando se topan con él ya no hay arreglo. El mismo dolor les espera a quienes se encomiendan a las sectas. Primero viene la luna de miel, después la caída al abismo.
P.- Nada que ver con Dios, un ansiolítico supremo, ¿no?
R.- El efecto psicoafectivo de la creencia y de las religiones puede comprobarse científicamente. Las emociones de la fe atenúan el dolor. Los creyentes sufren menos que los no creyentes. Incluidos los problemas cardiacos, los cánceres. Rezar, científicamente, produce más ondas alfa, es decir, que los índices biológicos del estrés desaparecen. Se trata de una aproximación a la religión en clave ligera, desprovista de dogmas y de fundamentalismo. Dios funciona en ese caso como una representación benefactora. No soy su prisionero ni ejerce sobre mí ninguna esclavitud. Me tranquiliza. Nada de dioses coléricos ni vengativos. El ser humano necesita una base afectiva que le dé seguridad y un mundo exterior capaz de estimularlo.
P.- ¿Por qué cree que la Organización Mundial de la Salud considera la depresión y la angustia como las enfermedades del siglo XXI?
R.- La tecnología ha multiplicado el mundo de la representación irreal. Es la realidad virtual, una expresión mágica elevada a la enésima potencia que nos extrapola de manera inquietante y simplificadora. Otro gran problema es la cultura ubicua del consumo. Se nos ha hecho creer que la felicidad proviene de consumir: ropa, chocolate, coches. Y existe el placer al consumir, pero no la felicidad. Permítame un ejemplo: igual que la morfina no cura el cáncer, el bienestar efímero no resuelve la felicidad. Nuestras culturas modernas, por último, tienden a disminuir el apoyo afectivo y a suprimir los rituales. Estos últimos le dan sentido a los acontecimientos, se integran en nuestro álbum personal, nos hacen sentirnos unidos en un mismo mundo. El problema es que proliferan los falsos antídotos como las drogas. No es lo mismo bienestar momentáneo que felicidad. El primero es la sensación de una necesidad física cubierta. La segunda es el resultado de un proyecto de existencia, dentro del cual es importante desarrollar la empatía en su justa medida. Demasiada nos convierte en masoquistas. Ninguna nos convierte en sádicos.
P.- Usted no promete soluciones milagrosas, sino modestas recetas.
R.- Todos tenemos procedimientos a nuestra disposición. La acción, por ejemplo, que calma la ansiedad. El ejercicio, que es un excelente antidepresivo. El riesgo, que provoca una intensa secreción de opioides al sentirnos eufóricos. Las relaciones humanas y afectivas. Especialmente la amistad y la capacidad de hablar con otras personas. La afectividad determina una gran parte de nuestro comportamiento.
P.- Usted distingue en relación al mundo afectivo el periodo crucial de la infancia y el periodo sensible de la adolescencia.
R.- La pubertad vuelve a ser un periodo muy intenso de actividad neuronal. Ya no nos influyen tanto nuestros familiares como el mundo exterior, la cultura, el entorno que tenemos fuera del hogar. La prohibición del incesto nos obliga a escapar de casa y buscar nuevas emociones. Por todas esas razones, la adolescencia pone delante la posibilidad de reparar los problemas afectivos de la niñez. Ocurre, al menos, en un tercio de los casos. Especialmente si los jóvenes encuentran vínculos asociativos, clubes deportivos, lugares donde encontrarse, donde estudiar, donde divertirse. Las respuestas no están en casa.
P.- ¿Cuánto espacio dejan a la libertad individual el mapa genético y el impacto del entorno?
R.- Es una pregunta que me hice hace muchos años y que hoy la respondo como entonces. La libertad individual es el derecho que tenemos para elegir entre unas u otras cadenas. Somos la mezcla de muchas cosas como para someterlas todas ellas a una capacidad de decisión. Tenemos un circuito y una orientación. No lo digo como un fatalismo.
«Dios no ha querido que yo creyera en él, pero comprendo a los que son religiosos»
Pensador, neuropsiquiatra, ensayista.... jugador de rugby.
- Soy un partidario del deporte de nivel bajo. La bicicleta, correr, los partidos de fútbol de comerciantes contra trabajadores del hospital que organizamos en Tolón. Jugamos mal y nos divertimos mucho. Y, en efecto, me gusta mucho el rugby. De joven tuve una cierta carrera amateur. Llegué a pesar 90 kilos y a sentirme un jugador con proyección. La realidad puso las cosas en su sitio, pero me sigue entusiasmando el rugby, voy a los partidos. Es un deporte que conserva una cierta virginidad y una cierta nobleza. Especialmente si lo comparamos con el fútbol, donde pesa demasiado el aspecto comercial y propagandístico.
También es usted un melómano militante.
- Me gustan el jazz, la ópera, el folclore, el tango. La música es un camino de felicidad, de trascendencia. Creo que saber apreciarla es un don. No todos tienen la predisposición para apreciarla. Y me refiero a las cuestiones fisiológicas, tal como les pasa a los daltónicos con los colores. Hay dos ejemplos muy llamativos en relación con la melofobia: el Che Guevara y Sigmund Freud. Éste último decía que para él la música era como escuchar a una persona hablando muy alto en una lengua extranjera.
Y tiene usted un barco de madera.
- Normalmente, permanece amarrado. Es una pena, porque requiere atenciones diarias. Me gusta salir al mar, pero no tengo tiempo entre el estudio, las clases, los periodistas que me vienen a molestar (se ríe) y los viajes.
Porque se considera un viajero.
- Viajar propone a nuestras inteligencias y a nuestras existencias la posibilidad de comparar. Siempre me ha parecido sano poner entre interrogaciones muchas de nuestras certezas. Viajar es la mejor manera de conocer otras realidades, otras maneras de pensar, otros comportamientos y otras religiones.
Usted proviene de una familia judía de Ucrania. ¿Qué lugar ocupa la religión en su vida?
- Un lugar pequeño. No me considero una persona creyente. Dios no ha querido que yo creyera en él. Y pienso que los creyentes han llegado a la religión por dos caminos. O porque se la inculcaron en un periodo de su infancia en casa o en el colegio, o porque la han encontrado desde la revelación o la iluminación. Como a los místicos. Y no faltan místicos en España, ¿verdad? Comprendo bien a los que son religiosos. También he tratado a algunos. He tenido pacientes que me dicen: «Dios ha entrado en mí». Y pasan del estadio de la angustia al éxtasis.
LA CUESTION
- ¿Qué es la resiliencia?
- En términos físicos, la capacidad de un cuerpo para resistir un choque. En términos sociales es la capacidad que tenemos para desarrollarnos positivamente delante de una adversidad. Gracias a la resiliencia podemos unir las partes de la personalidad que fueron destrozadas por un trauma. Hay que saber cómo se impregnaron dentro de la memoria, cuál es el significado del trauma para cada uno y cómo nuestros allegados y nuestra cultura colocan alrededor de la persona herida los recursos externos que permitan retomar un desarrollo. La memoria y la idea que uno tiene de sí mismo son los lugares donde se encuentra la resiliencia. Un trauma se inscribe dentro de la memoria biológica y deja en ella huellas profundas, una especie de impronta en el cerebro. Sin olvidar que muchos acontecimientos sociales forman parte de nuestra autobiografía. Todos sabemos dónde estábamos el 11-S. Ninguno se acuerda de dónde estaba dos días antes.
*Boris Cyrulnik es neurólogo, psiquiatra y psicoanalista y uno de los fundadores de la etología humana. Profesor de la Universidad de Var en Francia y responsable de un grupo de investigación en etología clínica en el Hospital de Toulon, es también autor de numerosos libros. Gedisa ha publicado también sus obras Los patitos feos, El murmullo de los fantasmas, El encantamiento del mundo, Del gesto a la palabra y El amor que nos cura. (centrodepsicologia.org)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)