El golpe del 76: un país al margen de la ley
jueves, marzo 23, 2006
Como mañana es el 24 de marzo, donde se conmemoran los 30 años del golpe que en 1976 tomó el poder en Argentina, me voy a tomar la libertad de transcribir in litera algunos párrafos del formidable "Un país al margen de la ley" (Emecé, 1993) de Carlos Santiago Nino. Aparte de que Nino es uno de los héroes de este blog, el fragmento me gusta por su tono fáctico, sintético y secamente descriptivo.Este período dictatorial superó a todos los precedentes en la subversión del estado de derecho en el país. La Junta de Comandantes ejerció un control absoluto, y dictó un Acta estableciendo los propósitos y objetivos del Proceso de Reorganización Nacional.Se suspendió, asimismo, con una acción inconstitucional sin precedentes, el artículo 23 de la Constitucion en cuanto éste permite solicitar la salida al país de los detenidos por el estado de sitio. Se dictaron actas especiales de confiscación de bienes de diferentes personas y de cancelación de la ciudadanía a otras.Pero ni siquiera este marco jurídico extremadamente represivo fue suficiente, ya que, como es sabido, la mayor parte de la actividad persecutoria de reales o presuntos subversivos o de personas a las que se involucró en forma casi azarosa siguiendo una política de terror fue conducida en forma ilegal y clandestina. La ajuridicidad que nos viene persiguiendo desde la época de la colonia llegó a su apogeo con un genocidio sin precedentes en el continente y con pocos en el mundo. Los miles de desaparecidos, ejecutados y torturados lo fueron en forma absolutamente clandestina, y, a pesar de las comprobaciones fehacientes por la Justicia y organismos nacionales e internacionales, aún hoy los sectores cercanos a la comisión y aprobación de estos hechos niegan su ocurrencia.El Poder Judicial fue especialmente impotente para contener el avasallamiento de los derechos fundamentales. La Corte Suprema convalidó el esquema fundamental de poder y las principales medias tomadas por el régimen -como el sometimiento de civiles a tribunales militares o la suspensión del derecho de salir del país para los detenidos por el estado de sitio- no obstante la obvia inconstitucionalidad de muchas de ellas. Con respecto a las desapariciones, la práctica judicial era la de rechazar los hábeas corpus presentados por los familiares de las víctimas frente a la información rutinaria de los órganos políticos de que se desconocía el paradero de esas personas. Recién promediando el régimen militar se dictaron algunas decisiones, como “Zamorano”, “Pérez de Smith” o “Timerman”, dando curso a algunos hábeas corpus o expresando la preocupación por los abusos a las autoridades.Con el tiempo las violaciones masivas a los derechos humanos cesaron, pero la dictadura no tuvo más remedio que llamar a elecciones libres con el fin de institucionalizar el país cuando la población tomó conciencia de la magnitud que habían alcanzado y esa toma de conciencia se combinó con la crisis económica, con las denuncias por corrupción y con el descalabro al que llevó al régimen la derrota de la aventura militar en las islas Malvinas (...)
[gA]
La Plata, llamada ciudad de los Tilos,sur del continente americano, ciudad planificada en el siglo XIX que zanjó un histórico problema ,obra de la creatividad del Ing.Benoit. Su principal avenida bordeada de Tilos, un hermoso eje arquitectonico y una gran riqueza arborea. Desde aqui reflexiono a veces y colecciono articulos de mi interes, videos, canciones que tal vez pueden ser compartidos por otros
viernes, marzo 26, 2010
el escritor como testigo
" Testamento de la palabra " por Nadine Gordimer.
Crecí en el país que resultó de las guerras de posesión entre dos colonizadores, los británicos y los boers, descendientes de holandeses. Era hija de la minoría blanca y fui educada como tal en una condición privilegiada, tan básica como el abecé. Pero como era escritora –porque ésa es una condición de vida que se manifiesta tempranamente, aun antes de escribir una palabra, y no un atributo que se adquiere al ser publicado–, me convertí en testigo de lo inmencionado en mi sociedad.
Muy joven inicié un diálogo conmigo misma sobre lo que me rodeaba. Con él, traté de hallar el significado de lo que veía, transformándolo en historias basadas en sucesos cotidianos de la vida ordinaria: el saqueo por parte de la policía de la habitación de un criado negro que dormía en el patio de atrás, mientras el amo blanco y la señora de la casa observaban sin inmutarse; o más tarde, en mi adolescencia, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando era ayudante en la enfermería de una mina de oro, oír que el interno blanco que estaba suturando sin anestesia una herida profunda en la cabeza de un minero negro me decía: “Ellos no sienten como nosotros”.
El tiempo y los libros publicados confirmaron que yo era escritora, y que la literatura de testimonio, si es un género de circunstancias, de tiempo y lugar, era lo mío. Tenía que encontrar cómo conservar mi integridad frente a la Palabra , la sagrada misión del escritor. Me di cuenta, como creo que lo hacen muchos escritores, de que en lugar de restringir, inhibir y anular burdamente la libertad estética, la condición existencial de quien da testimonio la amplía e inspira, rompiendo, a través de la necesidad, las limitaciones previas que me imponían el sentido formal y el uso del lenguaje: así es posible crear formas y usarlas de manera novedosa.
Las definiciones de la palabra inglesa “ testigo” llenan más de una columna en letra pequeña del Oxford English Dictionary (OED): “Atestación de un hecho, suceso o declaración, prueba, evidencia; alguien que está o estuvo presente y es capaz de dar testimonio a partir de la observación personal”. En esos sentidos de la palabra, las cámaras de televisión y los fotógrafos son testigos principales, cuando se trata de dar testimonio de una catástrofe moderna de impresionante impacto visual. No se necesitan palabras para describirla, ni posibilidad de que las palabras puedan hacerlo. Las noticias de primera mano o el periodismo descriptivo son pálidos testimonios que suceden a la imagen. El análisis del desastre viene luego y se da en términos políticos y sociológicos, a través de enfoques ideológicos, nacionalistas o populistas. Hay quienes afirman gozar de esa esquiva y reducida condición llamada objetividad.
En el caso de los sucesos del 11 de septiembre de 2001, a los contextos políticos y sociológicos hay que agregar el análisis en términos religiosos. La acepción número ocho del oed dice: “Alguien que da testimonio de Cristo o la fe cristiana, en especial con su muerte, un mártir”. Condicionado por la cultura occidental cristiana, el oed toma la curiosa decisión semántica de reducir su definición del término “testigo” solamente a una creencia religiosa. Pero en este sentido, los perpetradores de los ataques terroristas en Estados Unidos también eran testigos de otra fe, una que el diccionario no reconoce: cada uno de esos hombres daba testimonio de la fe del Islam, a través de la muerte y el sacrificio.
La poesía y la ficción son procesos de lo que el oed define como el “testimonio interno” del testigo. La literatura de testimonio encuentra su lugar en las profundidades del significado revelado, en las tensiones de la sensibilidad, la conciencia intensa y la permanente receptividad frente a las vidas de aquellos entre quienes los escritores experimentan la suya propia como fuente de su arte. Kafka escribió que el escritor ve entre ruinas “cosas diferentes (y más que los demás)... es salirse de la fila de los asesinos; es ver lo que realmente está sucediendo”.
Ésa es la naturaleza en cuanto testigos que los escritores pueden y seguramente deben adoptar, y han venido adoptando desde tiempos antiguos, en virtud de la formidable responsabilidad que representa ser receptores del séptimo sentido: la imaginación. El hecho de “ver realmente” qué ha sucedido proviene de lo que parecería una negación de la realidad: la transformación de los hechos, los motivos, las emociones y las reacciones, que pasan de la inmediatez al significado duradero de su sentido.
En el último siglo, así como en el que apenas comienza de manera tan sombría, hay muchos ejemplos de esta cuarta dimensión de la experiencia que es el espacio y el lugar del escritor. “No matarás”: el dilema moral que el patriotismo y ciertas religiones exigen que desaparezca del pensamiento del soldado está en el poema de W. B. Yeats sobre un piloto de la Primera Guerra Mundial: “No odio a aquellos a los que combato, / no amo a aquellos a los que defiendo”. Ésta es una forma de salirse de la fila de los asesinos que sólo puede lograr el poeta.
La marcha Radetzky y El busto del Emperador forman el canto épico en dos partes del novelista austríaco Joseph Roth acerca de la desaparición del viejo mundo con la desintegración del Imperio austrohúngaro, y son testimonio interno del creciente número de refugiados que empezaron a aparecer desde entonces y a lo largo del nuevo siglo, el coro griego de desposeídos que se ahogaban con la música de fondo del consumismo. También son testimonio del caos producido por las consecuencias ideológicas, étnicas, religiosas y políticas –Bosnia, Kosovo, Macedonia– que la visión de Roth nos permite ver.
Las estadísticas del Holocausto son una contabilidad infernal, y sus cifras todavía se pueden ver tatuadas en los brazos de la gente. Pero sólo Si esto es un hombre, de Primo Levi, logra ser testimonio permanente de las condiciones de existencia de aquellos que sufrieron, de una manera que se convierte en parte de nuestra conciencia universal.
La barbarie que culminó con el lanzamiento de bombas atómicas sobre Japón fue descrita por Kenzaburo Oe en la novela corta La presa, sobre la Segunda Guerra Mundial, en la cual un soldado americano negro sobrevive a la caída de un avión de guerra en un distrito remoto de Japón y es descubierto por gente de la aldea. Nadie ha visto nunca a un negro. Lo encadenan a una trampa para jabalíes y lo encierran en un sótano; encargan a unos chicos para que le lleven comida y desocupen el balde en el que hace sus necesidades. Totalmente deshumanizado, “El soldado negro comienza a existir con el único propósito de llenar la vida diaria de los chicos”.
Los niños sienten fascinación y terror hacia él, hasta que un día lo encuentran tratando de manipular la trampa con una destreza manual que les resulta conocida. “Es como una persona”, dice un niño. Le llevan a escondidas una caja de herramientas. El soldado logra liberar sus piernas. “Nos sentamos junto a él y él nos miró, luego enseñó sus inmensos dientes amarillos y aflojó las mejillas, y quedamos atónitos al descubrir que también podía sonreír. En ese momento entendimos que estábamos unidos a él por un vínculo repentino, profundo y pasional, que era casi ‘humano' ”.
La genialidad de Oe cuando ofrece este testimonio interno es profunda al no olvidarse de las circunstancias aleatorias –con esto me refiero a la otredad, que es definitiva en la guerra–, que terminan en que el cautivo usa al chico como escudo humano cuando los adultos vienen a matarlo.
El nivel de tenacidad imaginativa con el cual el poeta surafricano Mongane Wally Serote da testimonio de los sucesos apocalípticos del apartheid es orgánico en la persistencia de su percepción. Serote escribe: “Quiero ver lo que sucedió./ Hecho esto,/ con tanto silencio como penetran en el suelo las raíces de las plantas/ miro lo que sucedió.../ cuando los cuchillos entraron y salieron de la gente/ como el día y la noche en el tiempo”.
Mucho antes que eso, la grandeza del testimonio interno de Joseph Conrad encontró que el corazón de las tinieblas no estaba en la estación fluvial adornada con calaveras de Kurtz, sitiada por los salvajes congoleses, sino en las oficinas del rey Leopoldo de Bélgica, donde las mujeres se sentaban a tejer, mientras se organizaba el salvaje comercio del caucho, cuya eficiencia se aseguraba cortando las manos de los negros que no cumplían con la cuota.
Éstos son ejemplos de lo que Czeslaw Milosz llama la “fusión de elementos individuales e históricos”, y que Georg Lukács define como “una memoria creativa que atraviesa el objeto y lo transforma” y “la dualidad del mundo interior y el mundo exterior”.
He hablado de la condición existencial del escritor de literatura de testimonio, tal como yo definiría esa literatura. Pero ¿qué tan involucrado debe estar el escritor personalmente, qué tanto se debe arriesgar en los eventos, los levantamientos sociales o las amenazas contra la vida y la dignidad? En un ataque terrorista, cualquier persona presente está en riesgo y se convierte en activista-en-cuanto -víctima. En las guerras u otros conflictos, el escritor puede ser una víctima. Pero, al igual que cualquier otra persona, el escritor también puede elegir ser protagonista, y si elige ser protagonista, indudablemente experimentará la literatura de testimonio definitiva.
Así lo creía Albert Camus. Camus esperaba que entre sus camaradas de la Resistencia Francesa , que habían sufrido tantas cosas física y espiritualmente devastadoras pero también fortalecedoras, surgiera un escritor que lo plasmara todo en literatura para llevarlo a la conciencia de los franceses como no podría hacerlo ningún otro testigo. Pero Camus esperó en vano el surgimiento de ese escritor. Las experiencias humanas extremas no hacen a un escritor. Oe sobrevivió a la explosión atómica; a Dostoievsky le conmutaron la pena de muerte en el último momento frente al pelotón de fusilamiento; pero el gusto por escribir tiene que estar ahí, tal como un cantante posee el don de tener magníficas cuerdas vocales, o un boxeador posee talento de agresión. Primo Levi podría estar hablando de otros escritores cuando, interno en Auschwitz, se dio cuenta de que las historias de los cautivos tenían cada una un tiempo y una condición que no podían ser comprendidos “excepto del modo en que... entendemos los eventos de las leyendas”.
La dualidad del mundo interior y el mundo exterior: ésa es la condición existencial esencial del escritor como testigo. La mayor parte de la gente tal vez considera a Marcel Proust el escritor famoso menos afectado por los eventos públicos, pero los críticos parecen pasar por alto que el cuarto de trabajo forrado en corcho en el que lo confinaron no impidió sus brillantes revelaciones sobre el antisemitismo que reinaba entre los privilegiados y poderosos. Así que acepto de Proust, sin ninguna reserva, esta indicación: “La marcha del pensamiento en el solitario trabajo de la creación artística avanza hacia abajo, hacia las profundidades, en la única dirección que no nos está vedada, por la cual podemos avanzar libremente, hacia la meta de la verdad”.
Los escritores no pueden permitirse el hybris de creer que plantan la bandera de la verdad en un territorio ineluctable. Pero no podemos dejar por fuera nada en nuestro trabajo solitario hacia el significado. Tenemos que buscarlo en aquellos que cometen actos de terrorismo, tal como lo hacemos en la vida y la muerte de sus víctimas. Tenemos que reconocer su existencia. A partir de su interpretación de la fe cristiana, el sacerdote de Los comediantes , de Graham Greene, dice: “La Iglesia condena la violencia, pero condena con más severidad la indiferencia”. Otro de sus personajes, el doctor Magiot, declara: “Prefiero tener sangre en las manos y no agua, como Pilatos”.
¿Se pierde la libertad artística en la literatura de testimonio? Picasso dio una airada respuesta a la pregunta acerca de la libertad creativa en nombre de los artistas de todos los campos. “¿Qué creen que es un artista? ¿Un imbécil que sólo tiene ojos si es pintor, u oídos si es músico, o una lira en el corazón si es poeta? Muy por el contrario, un artista es, al mismo tiempo, un ser político, que tiene conciencia permanente de lo que sucede en el mundo, ya sea desgarrador, amargo o dulce, y no puede evitar ser moldeado por eso”. Tampoco el arte. Y así surge el Guernica . Como le escribió una vez Flaubert a Turgeniev: “Siempre he tratado de vivir en una torre de marfil, pero una marea de mierda golpea sus muros y amenaza con minarla”.
En los cincuenta me propuse dar un testimonio interno en Seis pies de tierra, una historia escrita casi de forma anecdótica sobre cómo se le negaba la posesión del suelo africano a su legítimo propietario negro, que no podía ser dueño ni siquiera de un pedazo tan pequeño como una tumba. En los setenta, cuando la expropiación de los africanos llegó a su trinchera final bajo el apartheid, me encontré escribiendo una novela, El conservador , en la cual una forma combinada de lirismo y su antítesis, la ironía, trata de transmitir el significado de la tierra, que está enterrado junto con el cadáver de un hombre negro desconocido en la finca de descanso de un hombre blanco; el cuerpo se levanta con la creciente del río para reclamar la tierra. El regreso obsesivo al tema –las bases mismas del colonialismo en el cual viví– es expresión subconsciente de mi enamoramiento de siempre con las posibilidades de la Palabra y, al mismo tiempo, un reconocimiento del imperativo de ser testigo.
Después escribí la novela La hija de Burger, y fue, en cuanto literatura testimonial, una exploración del testimonio interno de la dedicación política revolucionaria entendida como una fe similar a cualquier credo religioso, con dogmas que no deben ser cuestionados por los creyentes, y que pasa de padre a hija y de madre a hijo. El lirismo y la ironía no servían allí, donde la supervivencia interna de la personalidad de una hija dependía de que recuperara la vida de sacrificio voluntario de su padre, su amorosa relación con ella y las exigencias que le impusieron las aspiraciones más altas del padre, su fe política. En esta novela, los documentos sirvieron para descifrar el testimonio interior. Tenía que cuestionar esta historia con muchas voces internas, contarla de una forma en que pudiera alcanzar su significado, sumergido bajo la ideología pública y la acción. Sin embargo, no era una búsqueda psicológica sino estética.
No hay ninguna torre de marfil que pueda impedir que la realidad golpee los muros, como anotaba Flaubert. En lo que respecta al testimonio, la imaginación no es irreal:es una realidad más profunda. Sus exigencias nunca permiten transar con la sabiduría cultural convencional y con lo que Milosz llama las “mentiras oficiales”. Ese intelectual que no hacía concesiones, Edward Said, pregunta: ¿quién, si no el escritor, debe “dilucidar los debates, los desafíos y las esperanzas, derrotar el silencio autoritario y la calma normalizada del poder?”. No obstante, la última palabra sobre la literatura de testimonio la tiene Camus: “Cuando no sea más que un escritor, dejaré de ser escritor”
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sábado, marzo 06, 2010
mas sobre la deuda externa argentina y el ilusionista Solanas que sueña con Ecuador
PANORAMA ECONOMICO
Ecuador
Por Alfredo Zaiat
La polémica sobre el uso de las reservas y el pago de la deuda ofrece un atractivo debate sobre diferentes concepciones en materia económica. La principal restricción a esa contraposición de ideas, que define una cosmovisión de la sociedad, se encuentra en la confusa y desbordada disputa político-mediática donde se mezclan todos y todo. También es cierto que esa tensión emerge porque se discuten distintos senderos de la política económica, áreas de poder e intereses económicos. De todos modos, algunos aspectos de esa disputa merecen ciertas precisiones para no seguir alimentando el desconcierto general. Por caso, resulta interesante conocer la experiencia ecuatoriana en relación con el tratamiento de su deuda externa, dado que es mencionada por algunos sectores al referirse al tratamiento que tuvo la deuda argentina en los últimos años.
El presidente Rafael Correa dispuso en 2007 la conformación de una comisión para auditar la deuda externa de Ecuador. Entre otros, fue integrada por Alejandro Olmos Gaona, cuyo padre, Alejandro, había realizado una investigación sobre la deuda externa fraudulenta de Argentina. Ese trabajo fue presentado ante la Justicia y obtuvo un fallo del juez Jorge Ballestero, que en su sentencia no encontró culpables aunque sí cientos de irregularidades y remitió la causa al Congreso, al considerar que es el ámbito definido por la Constitución para ocuparse de la deuda externa. Los legisladores de signos políticos diversos han ignorado esa causa y su documentación.
En Ecuador, Correa constituyó la Comisión para la Auditoría Integral del Crédito Público para investigar los mecanismos que caracterizaron veinte años de endeudamiento interno, bilateral, multilateral y comercial de ese país, el impacto social y ambiental y sus aspectos jurídicos. Además de Olmos Gaona, estuvo integrada por otros especialistas argentinos, como Miguel Espeche Gil, Salvador María Lozada y Alfredo Carella. Esa comisión detectó indicios de irregularidades en las negociaciones y renegociaciones de la deuda ecuatoriana durante el período 1976-2006.
A fines de 2008, esa comisión presentó su informe definiendo a la deuda externa ecuatoriana como “ilegítima”, demostrando que “en todos lados (hubo) irregularidades y traiciones la patria”, especialmente en la “renegociación” posterior al default de 1999. En ese año se había declarado la cesación de pagos, instancia que derivó en la dolarización de la economía. Entre la deuda considerada “ilegítima” se encontraban los Bonos Global 2012, papeles que los bancos ecuatorianos recibieron luego de la cesación de pagos. En el informe se prueba que muchas de esas operaciones están viciadas por fraude. Cuando recibió el informe final, el 20 de noviembre de 2008, Correa anunció que no pagaría la deuda “ilegítima, ilegal y corrupta” y que sancionaría a los culpables. Días más tarde, suspendió el pago de los intereses de una parte de las obligaciones externas. Para finalmente anunciar su ministra de Economía, María Elsa Viteri, que Ecuador estaba dispuesto a caer en “default con responsabilidad” en ciertos tramos de la deuda externa, equivalentes a unos 3800 millones de dólares en bonos Global que vencían en 2012 y en 2030. En febrero de 2009 Correa anunció lo mismo cuando se produjo el vencimiento de un cupón de 135 millones de dólares del Global 2030, también fruto de la “renegociación ilegítima” de 1999.
Los auditores sólo investigaron e informaron, pero no sugirieron qué hacer. Pero tenían dos posturas: repudiar la deuda (los más extremos, inclusive no pagar al FMI y otros organismos, deuda cuyo monto es similar a la de los bonos) o renegociar en mejores términos. El presidente Correa optó por esto último. El gobierno invitó a los tenedores de bonos Global 2012 y 2030 a que se presenten a una subasta para cambiar por dólares en efectivo, con un descuento, los Bonos 2012 (540 millones de dólares) y 2030 (2835 millones de dólares), operación organizada por Lazard Frères Banque. “La oferta de compra de los bonos 2012 y 2030 –más allá del resultado– ha significado reconocer la legalidad de la reestructuración del año 1999, por lo tanto privada de sustancia reclamar responsabilidad civil y penal de presuntos delitos cometidos por ex funcionarios y agentes extranjeros”, evaluó Alfredo Carella, uno de los miembros de la Comisión, que era uno de los que expusieron la posición más dura con los acreedores.
Con esa transacción, Correa logró retirar del mercado el 91 por ciento de los bonos Global 2012 y 2030, con una quita del 65 por ciento del total y desembolsando 900 millones de dólares para rescatar papeles de deuda “ilegítima” por 2900 millones. Esta operación le ha ahorrado 2000 millones de dólares al país, en términos nominales, y en términos de mercado, por lo menos 1000 millones de dólares, estimó Correa. También calculó que Ecuador se ahorrará anualmente más de 300 millones de dólares en pago de intereses.
En el blog Resentido común se ofrece una valorable síntesis de ese proceso: “Nadie explica que Rafael Correa se inspiró en el no pago más grande de la historia mundial, que fue el canje argentino del 2005. La diferencia entre uno y otro es puramente retórica. Mientras en Ecuador se declaró una parte de la deuda ilegítima, en Argentina directamente se propuso el canje, porque ya estábamos en default. Pero la quita fue en ambos casos del 65 por ciento, siendo en el caso de Ecuador sobre un poco más de 3 mil millones de dólares y en nuestro caso sobre unos 80 mil millones. La quita ecuatoriana fue solamente sobre los bonos Global 2012 y Global 2030 que componían un 32 por ciento de la deuda total, mientras que nuestra quita fue sobre más del 50 por ciento. Ecuador entonces renegoció su deuda declarada ilegítima, pero no la desconoció. Hoy ambos países se encuentran en negociaciones con quienes no entraron en el canje”.
El recorrido histórica de la deuda permite conocer cómo ha sido un instrumento de dominación y de sometimiento de las finanzas domésticas. Pero también revela las limitaciones locales y regionales para alterar esa dinámica desde sus cimientos. Sólo se ha podido mover un poco ese andamiaje económico-jurídico con renegociaciones con quitas de capital, como las impulsadas por Ecuador y Argentina, que han despertado un masivo repudio del mundo de las finanzas internacionales. El historiador Norberto Galasso, que ha escrito uno de los libros más completo y documentado sobre la deuda externa argentina, explica que “ahora es difícil desentrañar la ilicitud de parte de la deuda” y que varios gobiernos le han dado “una especie de legalización” al renegociar sobre ella aunque igualmente “hay que investigar los ilícitos”. Para destacar, como mensaje de esperanza, que lo más importante “es unir a América latina en el no pago y patear el tablero” porque la cuestión no es tanto tener razón “sino tener fuerza”. La realidad refleja otra cosa. Con la estrategia elegida por Correa en Ecuador, el antecedente de la quita de Argentina y su propuesta de reapertura del canje y la postura de Brasil y Uruguay respecto de sus deudas, no se observa la voluntad de reunir la fuerza necesaria en la región para tomar en conjunto decisiones drásticas. Por ese motivo, cada uno de esos países va buscando sus propios senderos, algunos más audaces, que obtienen fuertes quitas al capital, y otros más amigables con los acreedores, para hacer frente al indudable condicionamiento que implica arrastrar una pesada deuda externa.
azaiat@pagina12.com.ar
Ecuador
Por Alfredo Zaiat
La polémica sobre el uso de las reservas y el pago de la deuda ofrece un atractivo debate sobre diferentes concepciones en materia económica. La principal restricción a esa contraposición de ideas, que define una cosmovisión de la sociedad, se encuentra en la confusa y desbordada disputa político-mediática donde se mezclan todos y todo. También es cierto que esa tensión emerge porque se discuten distintos senderos de la política económica, áreas de poder e intereses económicos. De todos modos, algunos aspectos de esa disputa merecen ciertas precisiones para no seguir alimentando el desconcierto general. Por caso, resulta interesante conocer la experiencia ecuatoriana en relación con el tratamiento de su deuda externa, dado que es mencionada por algunos sectores al referirse al tratamiento que tuvo la deuda argentina en los últimos años.
El presidente Rafael Correa dispuso en 2007 la conformación de una comisión para auditar la deuda externa de Ecuador. Entre otros, fue integrada por Alejandro Olmos Gaona, cuyo padre, Alejandro, había realizado una investigación sobre la deuda externa fraudulenta de Argentina. Ese trabajo fue presentado ante la Justicia y obtuvo un fallo del juez Jorge Ballestero, que en su sentencia no encontró culpables aunque sí cientos de irregularidades y remitió la causa al Congreso, al considerar que es el ámbito definido por la Constitución para ocuparse de la deuda externa. Los legisladores de signos políticos diversos han ignorado esa causa y su documentación.
En Ecuador, Correa constituyó la Comisión para la Auditoría Integral del Crédito Público para investigar los mecanismos que caracterizaron veinte años de endeudamiento interno, bilateral, multilateral y comercial de ese país, el impacto social y ambiental y sus aspectos jurídicos. Además de Olmos Gaona, estuvo integrada por otros especialistas argentinos, como Miguel Espeche Gil, Salvador María Lozada y Alfredo Carella. Esa comisión detectó indicios de irregularidades en las negociaciones y renegociaciones de la deuda ecuatoriana durante el período 1976-2006.
A fines de 2008, esa comisión presentó su informe definiendo a la deuda externa ecuatoriana como “ilegítima”, demostrando que “en todos lados (hubo) irregularidades y traiciones la patria”, especialmente en la “renegociación” posterior al default de 1999. En ese año se había declarado la cesación de pagos, instancia que derivó en la dolarización de la economía. Entre la deuda considerada “ilegítima” se encontraban los Bonos Global 2012, papeles que los bancos ecuatorianos recibieron luego de la cesación de pagos. En el informe se prueba que muchas de esas operaciones están viciadas por fraude. Cuando recibió el informe final, el 20 de noviembre de 2008, Correa anunció que no pagaría la deuda “ilegítima, ilegal y corrupta” y que sancionaría a los culpables. Días más tarde, suspendió el pago de los intereses de una parte de las obligaciones externas. Para finalmente anunciar su ministra de Economía, María Elsa Viteri, que Ecuador estaba dispuesto a caer en “default con responsabilidad” en ciertos tramos de la deuda externa, equivalentes a unos 3800 millones de dólares en bonos Global que vencían en 2012 y en 2030. En febrero de 2009 Correa anunció lo mismo cuando se produjo el vencimiento de un cupón de 135 millones de dólares del Global 2030, también fruto de la “renegociación ilegítima” de 1999.
Los auditores sólo investigaron e informaron, pero no sugirieron qué hacer. Pero tenían dos posturas: repudiar la deuda (los más extremos, inclusive no pagar al FMI y otros organismos, deuda cuyo monto es similar a la de los bonos) o renegociar en mejores términos. El presidente Correa optó por esto último. El gobierno invitó a los tenedores de bonos Global 2012 y 2030 a que se presenten a una subasta para cambiar por dólares en efectivo, con un descuento, los Bonos 2012 (540 millones de dólares) y 2030 (2835 millones de dólares), operación organizada por Lazard Frères Banque. “La oferta de compra de los bonos 2012 y 2030 –más allá del resultado– ha significado reconocer la legalidad de la reestructuración del año 1999, por lo tanto privada de sustancia reclamar responsabilidad civil y penal de presuntos delitos cometidos por ex funcionarios y agentes extranjeros”, evaluó Alfredo Carella, uno de los miembros de la Comisión, que era uno de los que expusieron la posición más dura con los acreedores.
Con esa transacción, Correa logró retirar del mercado el 91 por ciento de los bonos Global 2012 y 2030, con una quita del 65 por ciento del total y desembolsando 900 millones de dólares para rescatar papeles de deuda “ilegítima” por 2900 millones. Esta operación le ha ahorrado 2000 millones de dólares al país, en términos nominales, y en términos de mercado, por lo menos 1000 millones de dólares, estimó Correa. También calculó que Ecuador se ahorrará anualmente más de 300 millones de dólares en pago de intereses.
En el blog Resentido común se ofrece una valorable síntesis de ese proceso: “Nadie explica que Rafael Correa se inspiró en el no pago más grande de la historia mundial, que fue el canje argentino del 2005. La diferencia entre uno y otro es puramente retórica. Mientras en Ecuador se declaró una parte de la deuda ilegítima, en Argentina directamente se propuso el canje, porque ya estábamos en default. Pero la quita fue en ambos casos del 65 por ciento, siendo en el caso de Ecuador sobre un poco más de 3 mil millones de dólares y en nuestro caso sobre unos 80 mil millones. La quita ecuatoriana fue solamente sobre los bonos Global 2012 y Global 2030 que componían un 32 por ciento de la deuda total, mientras que nuestra quita fue sobre más del 50 por ciento. Ecuador entonces renegoció su deuda declarada ilegítima, pero no la desconoció. Hoy ambos países se encuentran en negociaciones con quienes no entraron en el canje”.
El recorrido histórica de la deuda permite conocer cómo ha sido un instrumento de dominación y de sometimiento de las finanzas domésticas. Pero también revela las limitaciones locales y regionales para alterar esa dinámica desde sus cimientos. Sólo se ha podido mover un poco ese andamiaje económico-jurídico con renegociaciones con quitas de capital, como las impulsadas por Ecuador y Argentina, que han despertado un masivo repudio del mundo de las finanzas internacionales. El historiador Norberto Galasso, que ha escrito uno de los libros más completo y documentado sobre la deuda externa argentina, explica que “ahora es difícil desentrañar la ilicitud de parte de la deuda” y que varios gobiernos le han dado “una especie de legalización” al renegociar sobre ella aunque igualmente “hay que investigar los ilícitos”. Para destacar, como mensaje de esperanza, que lo más importante “es unir a América latina en el no pago y patear el tablero” porque la cuestión no es tanto tener razón “sino tener fuerza”. La realidad refleja otra cosa. Con la estrategia elegida por Correa en Ecuador, el antecedente de la quita de Argentina y su propuesta de reapertura del canje y la postura de Brasil y Uruguay respecto de sus deudas, no se observa la voluntad de reunir la fuerza necesaria en la región para tomar en conjunto decisiones drásticas. Por ese motivo, cada uno de esos países va buscando sus propios senderos, algunos más audaces, que obtienen fuertes quitas al capital, y otros más amigables con los acreedores, para hacer frente al indudable condicionamiento que implica arrastrar una pesada deuda externa.
azaiat@pagina12.com.ar
deuda externa argentina y pretextos para protagonismos vanos
http://www.saberderecho.com/2010/01/un-parrafito-sobre-la-legitimidad-de-la.html
Cabe agregar que en el fallo del Juez Ballesteros el mismo juez dice que a la fecha de su fallo los delitos estan prescriptos, ergo Pino Solanas es un simulador y gran presentador de espectaculos, para conseguir rating vende su alma al Diablo juntandose con los mismos personajes que denuncia en sus peliculas, lo primero que debería hacer es ver sus propias películas empezando por Memoria del Saqueo, mas aun cuando el DNU de la presidenta hace referencia a deudas del año 2001 a 2003. Lamentable cuando se habla para confundir, o es ignorancia o es mala fe,
Cabe agregar que en el fallo del Juez Ballesteros el mismo juez dice que a la fecha de su fallo los delitos estan prescriptos, ergo Pino Solanas es un simulador y gran presentador de espectaculos, para conseguir rating vende su alma al Diablo juntandose con los mismos personajes que denuncia en sus peliculas, lo primero que debería hacer es ver sus propias películas empezando por Memoria del Saqueo, mas aun cuando el DNU de la presidenta hace referencia a deudas del año 2001 a 2003. Lamentable cuando se habla para confundir, o es ignorancia o es mala fe,
jueves, marzo 04, 2010
sobre la justicia y la venganza de los mediocres
ArtNi leyes, ni justicia
En Portugal, en la aldea medieval de Monsaraz, hay un fresco alegórico de finales del siglo XV que representa al Buen Juez y al Mal Juez, el primero con una expresión grave y digna en el rostro y sosteniendo en la mano la recta vara de la justicia, el segundo con dos caras y la vara de la justicia quebrada. Por no se sabe qué razones, estas pinturas estuvieron escondidas tras un tabique de ladrillos durante siglos y solo en 1958 pudieron ver la luz del día y ser apreciadas por los amantes del arte y de la justicia. De la justicia, digo bien, porque la lección cívica que esas antiguas figuras nos transmiten es clara e ilustrativa. Hay jueces buenos y justos a quienes se agradece que existan, hay otros que, proclamándose a sí mismos justos, de buenos tienen poco, y, finalmente, además de injustos, no son, dicho con otras palabras, a la luz de los más simples criterios éticos, buena gente. Nunca hubo una edad de oro para la justicia.
Hoy, ni oro, ni plata, vivemos en tiempos de plomo. Que lo diga el juez Baltasar Garzón que, víctima del despecho de algunos de sus pares demasiado complacientes con el fascismo que perdura tras el nombre de la Falange Española y de sus acólitos, vive bajo la amenaza de una inhabilitación de entre doce y dieciséis años que liquidaría definitivamente su carrera de magistrado. El mismo Baltasar Garzón que, no siendo deportista de elite, no siendo ciclista ni jugador de fútbol o tenista, hizo universalmente conocido y respetado el nombre de España. El mismo Baltasar Garzón que hizo nacer en la conciencia de los españoles la necesidad de una Ley de la Memoria Histórica y que, a su abrigo, pretendió investigar no sólo los crímenes del franquismo sino los de las otras partes del conflicto. El mismo corajoso y honesto Baltasar Garzón que se atrevió a procesar a Augusto Pinochet, dándole a la justicia de países como Argentina y Chile un ejemplo de dignidad que luego sería continuado. Se invoca en España la Ley de Amnistía para justificar la persecución a Baltasar Garzón, pero, según mi opinión de ciudadano común, la Ley de Amnistía fue una manera hipócrita de intentar pasar página, equiparando a las víctimas con sus verdugos, en nombre de un igualmente hipócrita perdón general. Pero la página, al contrario de lo que piensan los enemigos de Baltasar Garzón, no se dejará pasar. Faltando Baltasar Garzón, suponiendo que se llegue a ese punto, será la conciencia de la parte más sana de la sociedad española la que exigirá la revocación de la Ley de Amnistía y que prosigan las investigaciones que permitirán poner la verdad en el lugar donde estaba faltando. No con leyes que son viciosamente despreciadas y mal interpretadas, no con una justicia que es ofendida todos los días. El destino del juez Baltasar Garzón está en las manos del pueblo español, no de los malos jueces que un anónimo pintor portugués retrató en el siglo XV.
This entry was posted on Saturday, February 13th, 2010 at 00:01 and is filed under El cuaderno de Saramago
En Portugal, en la aldea medieval de Monsaraz, hay un fresco alegórico de finales del siglo XV que representa al Buen Juez y al Mal Juez, el primero con una expresión grave y digna en el rostro y sosteniendo en la mano la recta vara de la justicia, el segundo con dos caras y la vara de la justicia quebrada. Por no se sabe qué razones, estas pinturas estuvieron escondidas tras un tabique de ladrillos durante siglos y solo en 1958 pudieron ver la luz del día y ser apreciadas por los amantes del arte y de la justicia. De la justicia, digo bien, porque la lección cívica que esas antiguas figuras nos transmiten es clara e ilustrativa. Hay jueces buenos y justos a quienes se agradece que existan, hay otros que, proclamándose a sí mismos justos, de buenos tienen poco, y, finalmente, además de injustos, no son, dicho con otras palabras, a la luz de los más simples criterios éticos, buena gente. Nunca hubo una edad de oro para la justicia.
Hoy, ni oro, ni plata, vivemos en tiempos de plomo. Que lo diga el juez Baltasar Garzón que, víctima del despecho de algunos de sus pares demasiado complacientes con el fascismo que perdura tras el nombre de la Falange Española y de sus acólitos, vive bajo la amenaza de una inhabilitación de entre doce y dieciséis años que liquidaría definitivamente su carrera de magistrado. El mismo Baltasar Garzón que, no siendo deportista de elite, no siendo ciclista ni jugador de fútbol o tenista, hizo universalmente conocido y respetado el nombre de España. El mismo Baltasar Garzón que hizo nacer en la conciencia de los españoles la necesidad de una Ley de la Memoria Histórica y que, a su abrigo, pretendió investigar no sólo los crímenes del franquismo sino los de las otras partes del conflicto. El mismo corajoso y honesto Baltasar Garzón que se atrevió a procesar a Augusto Pinochet, dándole a la justicia de países como Argentina y Chile un ejemplo de dignidad que luego sería continuado. Se invoca en España la Ley de Amnistía para justificar la persecución a Baltasar Garzón, pero, según mi opinión de ciudadano común, la Ley de Amnistía fue una manera hipócrita de intentar pasar página, equiparando a las víctimas con sus verdugos, en nombre de un igualmente hipócrita perdón general. Pero la página, al contrario de lo que piensan los enemigos de Baltasar Garzón, no se dejará pasar. Faltando Baltasar Garzón, suponiendo que se llegue a ese punto, será la conciencia de la parte más sana de la sociedad española la que exigirá la revocación de la Ley de Amnistía y que prosigan las investigaciones que permitirán poner la verdad en el lugar donde estaba faltando. No con leyes que son viciosamente despreciadas y mal interpretadas, no con una justicia que es ofendida todos los días. El destino del juez Baltasar Garzón está en las manos del pueblo español, no de los malos jueces que un anónimo pintor portugués retrató en el siglo XV.
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