lunes, febrero 04, 2013

Despues del temporal, en conurbano

Atardecer de otoño, buena compañía, planes, abandonando Buenos Aires por calles desbordantes de automóviles y vidrieras iluminadas y adornadas con gusto. Desviando por el bajo, intentamos con B acceder a la autopista hacia La Plata. Uniformados escuetamente advirtieron que había que entrar a la provincia por el Puente Pueyrredón. La fila de automóviles ordenadamente se dirigió al destino indicado, ya cerrada la noche. El puente Pueyrredón, conocido de otras épocas nos hizo ingresar a Avellaneda por Avenida Mitre, donde reconocí el viejo Puente Crucecita hito en mi estudio de abogada en mi juventud. Satisfacción sentimos ante el camino libre de obstáculos, pero al llegar a Quilmes la marcha volvió a dificultarse, nuevo desvío hacia donde? Tuvimos la política de seguir a los coches en nuestra misma circunstancia supuesta, que iban hacia el sur del Conurbano, y que tenían curvas, contra curvas, caminos de doble mano, recién pavimentados, poceados, en fin, la ruta se iba despoblando y B ahora apelando a su instinto y sentido de orientación, avanzaba entre oscuridad, postes de luz caídos y ramas que marcaban limites, cada vez menos autos, menos personas caminando y mas oscuridad, en una curva en la noche el automóvil al que seguíamos se metió en un garaje. Allí, sentí desolación y que habíamos perdido el rumbo, seguimos avanzando a ciegas en medio de la nada, de pronto el camino serpenteaba entre casas precarias y sombras de personas caminando o bien sentadas a la vera del camino. Hasta que el camino termino. Al final una cortada, una zanja, la única luz era de nuestro auto, tuvimos que dar vuelta en redondo para retomar lo desandado entre aquellos desconocidos, cuyas caras no distinguíamos pero que yo suponía nos miraban tal vez con indiferencia o bien con lástima. Mucho miedo sentí, la inseguridad tan motorizada por los medios de comunicación, tan temida nos acechaba, pero solo había indiferencia. Salimos del caserío, y al fondo en el horizonte se veían fogatas contrastando con la noche cerrada, avanzamos y B en un acto de arrojo oteo una luz a lo lejos y hacia allí condujo. Aparecieron focos encendidos, y pudimos observar el tránsito de automóviles en ambas direcciones. Reencontramos la ruta y salimos al cruce de Gutiérrez y de allí al camino Centenario que finalmente nos hizo recalar en casa.

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