sábado, agosto 22, 2009

Nos parecemos... un articulo de Perez Reverte

Conoci a Miguel de Molina alrededor de mis 7 anos en el Teatro Coliseo de La Plata, no sab'ia en ese entonces de la razon de su estancia en nuestro pais, solo era un cantante y bailarin espanol de los admirados por mi padre, nostalgico de la tierra de sus abuelos a la que nunca conoceria salvo a traves de la musica. Tengo aun la vision casi magica de su figura espigada banada por la luz azulada y brillante de los reflectores en el escenario, y tambien resuena en mis oidos La Bien paga. Hoy acabo de leer un articulo de Arturo Perez Reverte sobre Miguel de Molina y Espana. Sobre su arte y sobre el odio irracional de los vencedores de la Espana Republicana que aparece tan bien retratado en la pelicula Las cosas de querer. El texto creo que merece analizarse, pues esa Espa;a fanatizada y dividida, atravesada por el odio irracional que describe Perez Reverte, lamentablemente me hace acordar mucho a mi Argentina no solo la actual sino tambien la que he vivido dolorosamente casi diria desde mi infancia, con controversias insolubles y vergonzantes, llena de prejuicios y traiciones, donde con alternancias se impusieron pensamientos unicos y acriticos, que sellaban labios e impedian reflexiones.

Aqui va...






PATENTE DE CORSO
Ese rojo maricón
ARTURO PÉREZ-REVERTE | XLSemanal | 20 de Abril de 2009



Ayer vi de nuevo Las cosas del querer, de Jaime Chávarri, cuyo estreno me entusiasmó hace veinte años. Al poner el deuvedé temía que la película hubiera envejecido mal; pero lo cierto es que disfruté mucho. Las canciones son deliciosas, la historia está admirablemente contada, Ángela Molina sigue extraordinaria y guapísima, Ángel de Andrés Pérez borda su papel de pianista bruto y tierno, y Manuel Bandera está soberbio interpretando el personaje de Mario, inspirado sin rodeos en el inmenso, entrañable Miguel de Molina. Y como las cosas encajan unas con otras de manera misteriosa, hoy abro el periódico y me entero de que en Madrid hay una exposición, abierta hasta mayo, titulada: Miguel de Molina. Arte y provocación. No he ido a verla todavía, porque quiero escribir esta página con la película recién vista. En caliente. Para agradecer a Jaime Chávarri que hiciera lo que hizo, y para recordar a Miguel de Molina. Y no es un recuerdo cualquiera. Ni casual. Se lo dice a ustedes alguien que, cada vez que viaja por carretera, lleva puestos en el cedé del coche Ojos verdes, Don Triquitraque y La bien pagá. Entre muchas otras.

La historia de Miguel de Molina es tan española, tan de aquí, que duele con sólo teclearla. Una historia de talento roto, quebrada y trágica como la de aquella generación partida por la guerra civil, maltratada por un bando vencedor que demostró, en sus infames representantes, una falta absoluta de compasión y de decencia. Miguel de Molina era el artista más notable de su tiempo, y con él se ensañaron los nuevos amos de España, poniendo en ello toda la chulería arrogante, despiadada, de quienes se sabían impunes y poderosos. Al chiquillo que había empezado fregando el burdel de María la Limpia en Algeciras, al artista original y personalísimo que arrasaba en tablaos y escenarios, que nada tuvo que ver con la política, no le bastaba, para el favor de la nueva gentuza –la que arrebató el poder a la anterior gentuza–, haber sido obligado a echar flores desde una tribuna y saludar brazo en alto el desfile de los vencedores, junto a Jacinto Benavente y otros artistas. Tenía, además, que trabajar para empresarios que le pagaban tres veces menos de lo que había cobrado durante la República. Purgar así haber animado con su arte a los soldados rojos en los hospitales de guerra, lo mismo que habría animado a los nacionales de haber caído al otro lado. Era la España eterna, de siempre: conmigo o contra mí. El caso es que Miguel de Molina se negó a renovar un contrato, y lo pagó muy caro. Al terminar una función, tres individuos que se identificaron como policías –uno de ellos, el conde de Mayalde, sería luego alcalde de Madrid– lo llevaron a un descampado, lo forzaron a beber aceite de ricino y le dieron una paliza, arrancándole el pelo y algún diente. Y mientras el infeliz preguntaba por qué le pegaban, los otros respondían: «Por rojo y maricón».

Y luego, el exilio. Al artista enorme, ídolo de las radios y los escenarios, que había visto y oído nacer Ojos verdes en un café de Barcelona una noche de conversación entre él, Rafael de León y Federico García Lorca, le negaron los permisos para actuar, persiguiéndolo con saña allí por donde iba. La mano del franquismo era larga, entonces. Después de triunfar en Argentina, presiones de la embajada española lo forzaron a irse a México, donde también se le hizo la vida imposible –Jorge Negrete y Cantinflas lo putearon con muchas ganas– y terminó regresando a la Argentina de Perón. Allí escribió un poema –Cuando te duela España– que más o menos empieza diciendo: «Esquiva los cuchillos / de los recuerdos», y termina: «Que el pan es uno solo / en cualquier tierra». Y no volvió, claro. Regresó más tarde a España un par de veces, temporalmente –los periódicos lo machacaron a gusto por homosexual y republicano–, pero en realidad no volvió nunca. Se quedó allá, en Argentina, negándose durante mucho tiempo a ser entrevistado. Sin querer saber nada de su patria ni de los periodistas –yo fui uno de ellos, en 1978– que llamaron a su puerta. Cuando en el año 92, cincuenta y dos después de echarlo a palos, España le concedió la Orden de Isabel la Católica, a él ya le daba igual. Estaba fuera de plazo, y así lo dijo: «Esa reparación me llega demasiado tarde». Murió a los pocos meses, a punto de cumplir los 85 años, y está enterrado en Buenos Aires, en el cementerio de la Chacarita. Málaga reclamó sus restos el año pasado, pero yo creo que ni Málaga ni España lo merecen. A buenas horas, mangas verdes, habría dicho él. Mejor que lo dejen en paz donde está. Allí donde lo confinamos a palos, entre todos. Donde pudo quedarse. Nada resume mejor su vida que La bien pagá, aquella copla con la que una vez triunfó en los escenarios: «Ná te pido, ná te debo / me voy de tu vera, olvídame ya». Miguel de Molina, como tantos. Como siempre. La puerca España.

domingo, agosto 16, 2009

reportaje al Juez de la Corte R.Zaffaroni sobre minoridad e inseguridad

http://cij.gov.ar/nota-276-Zaffaroni---No-hay-una-red-estatal-que-contenga-a-los-menores-.html

globalizacion y democracia

La democracia y el pueblo
Eric Hobsbawm · · · · ·

30/11/08


Gracias a los medios de comunicación de masas, la opinión pública es más poderosa que nunca, lo cual explica el constante incremento de las profesiones que se especializan en influenciarla. Lo que es menos conocido es el vínculo crucial entre los medios políticos y la acción directa: una acción desde la base que repercute directamente en quienes toman las decisiones, eludiendo los mecanismos intermedios de los gobiernos representativos. Ello resulta más evidente en los asuntos transnacionales, en los que no existen esos mecanismos intermedios. Todos estamos familiarizados con lo que se ha denominado "efecto CNN" : la políticamente poderosa, pero completamente desestructurada sensación de que "algo debe hacerse" respecto del Kurdistán, Timor Oriental u otra zona en conflicto. Más recientemente, las manifestaciones en Praga y Seattle han mostrado la efectividad de la acción directa bien dirigida por pequeños grupos conscientes del poder de las cámaras, incluso contra organizaciones que fueron diseñadas para ser inmunes a los procesos políticos democráticos, como el FMI y el Banco Mundial.

Todo esto enfrenta a la democracia de impronta liberal con el que quizás sea su problema más serio e inmediato. En un mundo crecientemente globalizado y transnacional, los gobiernos nacionales coexisten con poderes que tienen tanto impacto como ellos en la vida diaria de sus ciudadanos, pero que están más allá de su control. Los gobiernos ni siquiera tienen la opción política de abdicar ante tales fuerzas que escapan a su radio de acción. Cuando los precios del petróleo aumentan, existe la convicción en los ciudadanos, incluso en los ejecutivos de las empresas, de que el gobierno puede y debe hacer algo al respecto, aun en países como Italia, en donde poco o nada se espera del Estado, o como Estados Unidos, en donde muchas personas no creen en el Estado.

¿Pero qué podrían hacer los gobiernos? Más que en el pasado, están bajo la presión creciente de una opinión pública continuamente controlada. Ello restringe sus opciones. Pero los gobiernos no pueden dejar de gobernar. Además, se ven alentados por sus expertos en relaciones públicas para que se muestren gobernando constantemente, y esto, como ha mostrado la historia británica del siglo XX, implica multiplicar gestos, anuncios, y a veces, hasta leyes innecesarias. Y las autoridades públicas de hoy se ven constantemente enfrentando decisiones sobre intereses comunes, que son de índole tanto técnica como política. Aquí, los votos democráticos (o las elecciones de los consumidores en el mercado) no son en absoluto una guía. Las consecuencias ambientales del crecimiento ilimitado del tráfico a motor, y las mejores formas de lidiar con ellas no pueden ser descubiertas simplemente por un referendo. Además, estas formas pueden resultar impopulares, y en una democracia, es poco inteligente decirle al electorado lo que no quiere oír. ¿Cómo pueden organizarse racionalmente las finanzas públicas, si los gobiernos se han autoconvencido de que cualquier propuesta para aumentar los impuestos conduce a un suicidio electoral, cuando en las campañas electorales se compite por bajar impuestos y los presupuestos gubernamentales se ejercitan en el oscurantismo fiscal?

En resumen, la "voluntad del pueblo", o como quiera llamársela, no puede determinar las tareas específicas de gobierno. Como apropiadamente observaron Sidney y Beatrice Webb respecto de los sindicatos, la "voluntad del pueblo" no puede juzgar proyectos, sólo resultados. Es inconmensurablemente mejor votando en contra que a favor. Cuando consigue uno de sus principales triunfos negativos, como derrocar los regímenes corruptos de 50 años de posguerra en Italia y Japón, es incapaz por sí misma de ofrecer una alternativa.

Y aun así, el gobierno es para la gente. Sus efectos son juzgados por lo que afecta a la gente. Por más desinformada, ignorante o aun estúpida que sea la "voluntad del pueblo", y por muy inadecuados que sean los métodos para descubrirla, es indispensable. ¿De qué otra forma podríamos definir la manera en que las soluciones técnico-políticas, por más expertas y técnicamente satisfactorias que sean en otros aspectos, afectan a las vidas de los seres humanos concretos? Los sistemas soviéticos fallaron porque no existió una retroalimentación de información entre aquellos que tomaban las decisiones "en nombre del interés del pueblo" y aquellos a quienes se imponían esas decisiones. La globalización del laissez-faire de los últimos 20 años ha incurrido en el mismo error.

La solución ideal ahora está menos que nunca al alcance de los gobiernos. Es la solución a la que recurrían en el pasado los médicos y los pilotos, y a la que sigue tratando de recurrir una parte crecientemente desconfiada del mundo: la convicción popular de que nosotros y ellos compartimos los mismos intereses. Nosotros [el pueblo] no le dijimos [al gobierno] cómo debe servirnos –carentes de pericia, no podríamos—, pero hasta que algo salga verdaderamente mal, le brindamos nuestra confianza. Pocos gobiernos (para distinguirlos de regímenes políticos) disfrutan actualmente de esta fundamental confianza a priori. En las democracias de impronta liberal, los gobiernos raramente representan la mayoría de votos, ni qué decir del electorado. Los partidos de masas y organizaciones, que alguna vez otorgaron a "sus" gobiernos confianza y apoyo constante, se han desmoronado. En los omnipresentes medios de comunicación, los directores, entre las bambalinas, y arrogándose una idoneidad competitiva con la del gobierno, no dejan de comentar críticamente los desempeños gubernamentales.

De modo que la solución más conveniente, a veces la única, para los gobiernos democráticos, es mantener el mayor número posible de decisiones fuera del alcance de la opinión pública y de la política, o al menos, dejar de lado los procesos de característicos del gobierno representativo. Muchas decisiones políticas serán negociadas y decididas detrás de escena. Lo que incrementará la desconfianza ciudadana en los gobiernos y la mala opinión pública sobre los políticos.

¿Entonces, cuál es el futuro de la democracia de impronta liberal en esta situación? Con la excepción de la teocracia islámica, en principio ningún movimiento político poderoso desafía esta forma de gobierno. La segunda mitad del siglo XX fue la edad dorada de las dictaduras militares. El siglo XXI no parece demasiado favorable a ellas –ninguno de los estados ex comunistas ha elegido seguir por esa vía—, y casi todos esos regímenes militares carecen del cabal coraje de la convicción antidemocrática: se limitan a proclamarse salvadores de la Constitución hasta el día (sin especificar) del retorno del gobierno civil.

Ello es que, cualquiera que haya sido su apariencia antes de los terremotos económicos de 1997-98, ahora resulta evidente que la utopía de un mercado global de laissez-faire y sin Estado no llegará. La mayoría de la población mundial, y ciertamente aquella bajo regímenes democrático-liberales que merecen tal denominación, continuarán viviendo en estados operativamente efectivos, aun a despecho de que en algunas -y poco felices- regiones el poder y la administración estatal se hayan desintegrado virtualmente. La política continuará. Las elecciones democráticas perdurarán.

En resumen, deberemos enfrentar los problemas del siglo XXI con un conjunto de mecanismos políticos espectacularmente inapropiados para lidiar con esos problemas. Se trata de mecanismos que están, en efecto, confinados dentro de las fronteras de unos estados nacionales enfrentados a un mundo interconectado, fuera del alcance de sus operaciones. Aún no está clara la longitud de su radio de acción dentro del vasto y heterogéneo territorio que posee una estructura política común como la Unión Europea. Se enfrentan a y compiten en el marco de una economía globalizada que opera a través de unas unidades harto heterogéneas y para las cuales son irrelevantes la legitimidad política y el interés común, a saber: las corporaciones transnacionales. Sobre todo, se enfrentan a una era en la que el impacto de las acciones humanas sobre la naturaleza y el planeta se ha convertido en una fuerza de proporciones geológicas. La solución, o aun la mera mitigación, precisará de medidas para las cuales, casi con certeza, ningún apoyo podrá encontrarse contando votos o midiendo las preferencias de los consumidores. Esto no mejorará las perspectivas a largo plazo de ninguna democracia en el mundo.

Encaramos el tercer milenio como el irlandés apócrifo que, preguntado por la mejor manera de llegar a Ballynahinch, y tras una breve pausa reflexiva, espetó: "si yo fuera usted, no partiría de aquí".

Pero aquí estamos, y de aquí partimos.

Eric Hobsbawm es el decano de la historiografía marxista británica. Uno de sus últimos libros es un volumen de memorias autobiográficas: Años interesantes, Barcelona, Critica, 2003.

viernes, agosto 14, 2009

capusoto , aire fresco

Diego Capusotto
“El humor es jugar a otro mundo que te divierte más”

Foto: Sur.
08-08-2009 / Entrevista en serio al actor multipremiado, próximo al lanzamiento de la nueva temporada de Peter Capusotto y sus videos. Habló sobre sus programas, el kirchnerismo, De Narvaéz y el panorama de la actualidad argentina.
Por Felipe Deslarmes y Diego Vidal
cultura@miradasalsur.com

El lugar elegido para la entrevista: uno de los bares que sobreviven en Barracas. Capusotto llega antes y espera a los cronistas de Miradas al Sur mientras lee Sueños Compartidos, la nueva revista que lanzó esta semana la Fundación Madres de Plaza de Mayo, y que lo tiene a él en tapa.
Este actor, que después de haber trabajado de cadete en una fábrica de corpiños, de haber vendido repuestos de automóviles y de pasar por una miniimprenta de su padre, a los 25 se puso a estudiar teatro y fue parte de los programas que revolucionaron la forma de ver el humor en Argentina: De la cabeza, Cha Cha Chá, Todo por $2 y Peter Capusotto y sus Videos, además de haber participado en proyectos artísticos jugados como Sol Negro. Y desde hace unos meses y hasta fines de agosto, conduce el programa radial Lucy en el cielo con Capusottos (sábados y domingos a las 20 por FM Rock&Pop).

–¿Vuelve Peter Capusotto y sus videos?

–Vuelve el 31 de agosto. En esta nueva temporada metimos más personajes y sacamos algunos que ya cumplieron su ciclo.

–¿Como cuáles?

- Beto Quantró, Kennedy, no sé si algo como Crema va a seguir estando o si ya fue... Algunos todavía los estamos viendo.

–¿Qué hay de los nuevos?

–Mucho no me gusta hablar de los nuevos porque queremos que el espectador se siente a verlos y se sorprenda con algo que no conoce. Igual les adelanto uno: un grupo de rock que canta canciones contra Maradona.

–¿Por qué hay secciones o personajes que se comen tus programas?

–Con ¿Hasta cuándo? pasa que está anclado en una cuestión que nos atraviesa permanentemente. Es una especie de radiografía de las voces que permanentemente estamos escuchando, como si fuese realmente lo que está pasando. Si tenés miedo te defendés con lo peor. La paranoia te lleva un poco a esto. Una cuestión que también conviene al Poder, porque cuanto más caos parezca, más pueden accionar ellos. Además, en ¿Hasta cuándo? no sólo hay una especie de crítica a la exacerbación de la crisis, a la construcción ficcional de la realidad agregándole más mierda de la que hay, sino que también aborda el cómo influyen los medios para que la gente tenga un discurso que no le es propio. Por eso cualquiera le dice montonero a cualquiera. Por eso “montonero Macri, montonero Cobos”, porque montonero pasó a ser una palabra estigmatizada que obviamente está en relación con el Gobierno. Esa cosa pueril de la derecha infantil, que a su vez también acusa a la izquierda de ser pueril. Esa idea de que nosotros nos vamos a convertir en Venezuela a mí me hace reír mucho... En la medida en que lo que nosotros hacemos circule y haga reflexionar, sirve.

–¿Te parece que desde los grandes medios se promueve esto de no pensar?

–Sí, seguramente. Hay como un repiqueteo, como un martillo que golpetea desde la mañana. Pero eso forma parte también de una posición política que lo reflejó claramente (Eduardo) Buzzi, cuando dijo que “estamos en una política de desgaste”. Lo que pasa es que todo el mundo se olvidó de eso, porque obviamente los medios que más se ven no han recalcado mucho lo que dijo Buzzi, y seguramente al otro día le dijeron “callate la boca”.

–Biolcati dijo algo peor…

–Lo que pasa es que Biolcati ya es obsceno. En esta realidad, él es una persona que puede aparecer y tener la obscenidad de decir “bueno... ahora aparecemos y hacemos política”, como si nunca la hubiesen hecho. “Ya no somos más mansitos”, eso también repercute en la sociedad y muchos dirán “claro, se levantó la Sociedad Rural, ¡muy bien!”, como si la Sociedad Rural hubiera sido algo indefenso tratando de hacer posible algo social. Lo de Biolcati con Grondona, como dos bataclanas del Jockey Club hablando... Es la personificación de lo que en humor serían dos conchetos diciendo “vos viste cómo son los negros...”. ¡Es lo mismo! O Llambías diciendo que reivindicaba a Martínez de Hoz...

–¿Cómo viviste el resultado de las elecciones?

–Que la derecha gane en Capital no me sorprende, aunque de todas maneras perdió 14 puntos. Y creo que Solanas hace una gran elección pero muchos de los votos de Solanas son volátiles, no son todos de gente progre o de la izquierda peronista que dijeron “¡Ahora, Solanas!”. Después aparecen las construcciones publicitarias, las que te venden un candidato como a un electrodoméstico, como De Narváez. Habrá que ver cómo hará el PJ para pararlo a Cobos porque ahora que volvió al radicalismo, la Unión Cívica Radical volvió con más fuerza... (se ríe de su sarcasmo). Le abrió las puertas al ex traidor Cobos. Una mezcla de culebrón con programa de Polka.

–¿Qué pensás de Macri, De Narváez y la derecha?

–No sé si Macri y De Narváez son de derecha, tampoco soy tan ingenuo. Un cuadro de derecha es un cuadro de derecha, y podés estar de acuerdo o no. Estos son empresarios que están detrás del negocio, son casi como “buscas”. Pueden escuchar rocanrol y ser vigilantes, porque el roncanrol hoy también está en Disney. Tampoco creo en esa imagen demoníaca de la derecha o que son una especie de Tradición, Familia y Propiedad, será en parte, digamos... Convengamos que también está de moda hacer como que uno es abierto ¿no? Y puede que Macri vea el programa y se cague de risa con Juan Carlos Pelotudo y construye con sus vínculos con la dictadura, o te pone una Policía Metropolitana con Fino Palacios... ¡Es un vigilante!

–¿Y por qué los votan?

–Y es que aparecen estas voces supuestamente referentes de una sociedad que está sentada comiendo un churrasco y se acuerda de que tiene que votar cuando faltan cuatro meses para votar y piensa “a ver... sí, sí, ya sé que son todos uno soretes, pero yo me quedo con éste”. O el otro que está en todo, escuchó que “la soberbia del kirchnerismo, la soberbia del kirchnerismo...” y lo repite. Aunque en la primera época del kirchnerismo tenía la misma soberbia pero como había reactivación económica no le importaba. Independientemente de los errores en la construcción, hay sectores, que ya conocemos, que están agazapados, que nos quieren hacer creer que en realidad todo esto es producto de la irascibilidad de los Kirchner y ahora salen diciendo “ya no somos más vaquitas mansas...”. Dentro de esto también está la izquierda, que para no dejarle la calle a la derecha, se metió si no adentro a un costadito de la carroza de Biolcati... ¿Por qué no se van a la concha de su madre? ¿Qué querés que te diga? Tengo una pertenencia que viene del peronismo. No soy del kirchnerismo más acérrimo, pero con este gobierno es con el que tengo más puntos de encuentro. Y desde ya, imaginate, si soy crítico con el peronismo, ¿no voy a serlo con Kirchner?

–Alguna vez dijiste que te emociona lo de las patas en la fuente del ’45...

–Sí, claro, me emociona pero sobre todo por lo que significa para los bienpensantes. Es un símbolo, como un ícono. No sólo como hecho político sino como manera de conducirse en la vida: son las patas en la fuente. La gente, los más humildes, los que proyectan la esperanza porque la necesitan, estaban reunidos por Perón y un tipo que tenía calor metió las patas en la fuente y no le importó la elegancia humana. El tipo se cagó en las convenciones y por otro lado tiene calor. “No existen los hechos, existen las interpretaciones”, no lo dije yo, lo dijo Nieztche que no era peronista.

–¿Qué opinás del autodenominado Peronismo Disidente?

–Peronismo disidente suena hasta de izquierda... y después terminan diciendo estamos en disidencia con el PJ. Y hasta De Narváez termina diciendo “Soy peronista disidente”. ¿Y dónde va a estar De Narváez? ¿En un partido que se llame “PRO-Eficacia Empresarial?”. ¡¡No lo vota nadie!! Entonces ahí entra todo. Y si después querés hacer algo interesante aparecen los que dicen “Acá necesitamos verdaderos peronistas”... y te lo dice uno que está enroscado con el peronismo... No hay una construcción paralela. El radicalismo, otra construcción centenaria, de alguna manera tuvo que mover muchas piezas para tener en Cobos una proyección electoral... porque si no estaba pum para abajo. Entonces queda como cosa única el peronismo... y claro, mirás al costado y no hay nada. Al costado hay un balneario con dos o tres sombrillas y sin mar.

–Dejamos la política. ¿Qué es el humor para vos?

–Es una toma de posición. El humor es transformador, es la desmitificación de lo que consideramos sagrado y está relacionado con lo cotidiano, a ciertas ideas que tenemos formadas. Tiene mucho de no tomarse la vida en serio y tiene mucho también de jugarse a un mundo más interesante. Se construye a través del humor. El humor es jugar a otro mundo que nos divierte más.

–¿Cuánto de vos se juega en los personajes, en qué te reconocés?

–Se ve en Peter Capusotto, el presentador. Ese soy yo. Es lo más cercano a mí. Hago como si fuera un Peter Capusotto, pero en realidad soy yo. Dice cosas que yo diría tranquilamente en un bar. Y esas cosas, que son escritas por Pedro (Saborido), salen de mi boca también porque tenemos una empatía ideológica con él, lo que piensa Pedro también lo pensaría yo. Después vienen los personajes, esa cosa que digo que se desprende de uno, y que “se disfraza de”, o “hace de” y son como necesidades que uno tiene también... esto de convertirse en otra cosa. Qué sé yo, cuando veo Juan Carlos Pelotudo no digo “es un personaje, no soy yo”. Soy yo jugando. A veces, cuando uno ve a un actor que está haciendo de algo que no es, lo notás cuando sólo ves el personaje, y no al tipo que lo hace. En este caso, no es Capusotto haciendo de Juan Carlos Pelotudo, sino que es Juan Carlos Pelotudo que tiene una identidad propia y se erige como personaje, separado de mí. Es una criatura que está dentro de mí.

–¿Qué los mantiene en el canal público?

–El programa empezó en cable y fue el canal público el que lo catapultó, y está ahí un poco porque habíamos hecho Todo por 2 pesos y porque conocen a Saborido y porque es un canal que no compite comercialmente. Para nosotros, la discusión no está en si vamos a ganar más plata, más prestigio y más éxito en otro canal. Porque lo más probable sería que ganáramos más plata, sobre el prestigio no lo sé y lo del éxito tampoco. Acá, las decisiones nos corresponden a nosotros, al equipo que hace el programa. El canal no interviene, no opina, no se sienta con vos, ni te dice nada. Algo que no es tan fácil que ocurra en televisión. Es una cuestión de fidelidad, de entereza, que es algo que yo trato de infundir en la vida. Decidimos hacer sólo ocho programas para no agotarnos. Cuando se excede de 15 programas se empieza a trabajar con “la fórmula” y te empezás a agotar.

–¿Aun sabiendo que el programa tiene sus adeptos?

–Sí, y que de alguna manera lo esperan, lo extrañan, lo comparten y lo festejan. Pero no es eso de “extrañame porque soy Mick Jagger”. Es más un “extrañame” macanudo. Salvando las distancias, es como que le digas a Spinetta que tiene que cantar en cada uno de sus recitales Muchacha (ojos de papel); cuando ese tema fue parte de una construcción en un momento, y que si la quiere cantar la canta y si no, no... porque eso va a ser reemplazado por otra maravillosa canción que no va a hacer olvidar a Muchacha porque es la esencia de un artista que se erige como tal y al que todo el tiempo le vienen sonidos a la cabeza... porque si no no es músico. Entonces, ¿cuál va a ser el sonido que le venga a la cabeza? ¿Muchacha, para estar en complicidad con la gente? No. Y con el programa a veces pasa lo mismo.

–¿Qué te pasa cuando ves Gran Cuñado?

–No lo veo, no me gusta. No es un programa de humor. Esa cosa de mezclar el humor con la realidad de noticiero, para mí es más caricaturesco. Se supone que el humor destroza toda convención social previa a las elecciones. Venga de donde venga. Porque sabe que ahí está la mentira, la estafa. La televisión toda es así; no hay ideología. Lo que sí hay es eficacia, hay negocio. ¿Quién se puede creer que vayan a votar por De Narváez, al ver Gran Cuñado? El que vote a De Narváez por eso, es un idiota.

–Yo tengo otra pregunta (dice el fotógrafo)...

(Muy serio) –No, a vos no (y se empieza a reír contagiosamente). Dale, me imagino... ¿Sos puto? Así, la primera pregunta... Son esas preguntas que, en realidad son afirmaciones. ¡Sos Puto! No es pregunta, es todo afirmación. Y la segunda: ¡Vos sos pelotudo! Y la tercera: ¡Vos sos hipócrita! (todos explotamos de la risa). ¡¡Qué linda la entrevista!! Claro, es el periodista que afirma. Está bueno eso como personaje. Me gustó.

–¿Aparecen así los personajes?

–Sí; tengo un cuaderno así (hace con las manos imagen de un pilón que llega desde la mesa del bar hasta la barbilla). Entonces mañana tal vez me ves haciendo de un periodista… ponele Juan Carlos Pito, no sé... “El periodista que afirma”... y vas a saber que nació en esta entrevista.
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domingo, agosto 02, 2009

LA FORMULA DE ABJURACION DE GALILEO GALILEI

Ante las pretensiones de los pensamientos únicos impuestos por los diferentes factores de poder en la sociedad actual, que se propicia a traves de los medios de comunicacion globalizados, que especulan con la instantaneidad y velocidad de la era de la globalizacion que llevan a coartar la facultad de reflexion del ser humano, releer con atencion la rendicion de Galileo es un buen ejercicio, Ello a proposito del espectaculo que se brinda hoy en La Plata.-
Fórmula de abjuración pronunciada por Galileo Galilei. "Yo, Galileo Galilei, hijo del difunto Vincenzo Galilei, de Florencia, de setenta años de edad, siendo citado personalmente a juicio y arrodillado ante vosotros, los eminentes y reverendos cardenales, inquisidores generales de la República universal cristiana contra la depravación herética, teniendo ante mí los Sagrados Evangelios, que toco con mis propias manos, juro que siempre he creído y, con la ayuda de Dios, creeré en lo futuro, todos los artículos que la Sagrada Iglesia católica y apostólica de Roma sostiene, enseña y predica. Por haber recibido orden de este Santo Oficio de abandonar para siempre la opinión falsa que sostiene que el Sol es el centro e inmóvil, siendo prohibido el mantener, defender o enseñar de ningún modo dicha falsa doctrina; y puesto que después de habérseme indicado que dicha doctrina es repugnante a la Sagrada Escritura, he escrito y publicado un libro en el que trato de la misma y condenada doctrina y aduzco razones con gran fuerza en apoyo de la misma, sin dar ninguna solución; por eso he sido juzgado como sospechoso de herejía, esto es, que yo sostengo y creo que el Sol es el centro del mundo e inmóvil, y que la Tierra no es el centro y es móvil, deseo apartar de las mentes de vuestras eminencias y de todo católico cristiano esta vehemente sospecha, justamente abrigada contra mí; por eso, con un corazón sincero y fe verdadera, yo abjuro, maldigo y detesto los errores y herejías mencionados, y en general, todo error y sectarismo contrario a la Sagrada Iglesia; y juro que nunca más en el porvenir diré o afirmaré nada, verbalmente o por escrito, que pueda dar lugar a una sospecha similar contra mí; asimismo, si supiese de algún hereje o de alguien sospechoso de herejía, lo denunciaré a este Santo Oficio o al inquisidor y ordinario del lugar en que pueda encontrarme. Juro, además, y prometo que cumpliré y observaré fielmente todas las penitencias que me han sido o me sean impuestas por este Santo Oficio. Pero si sucediese que yo violase algunas de mis promesas dichas, juramentos y protestas (¡qué Dios no quiera!), me someto a todas las penas y castigos que han sido decretados y promulgados por los sagrados cánones y otras constituciones generales y particulares contra delincuentes de este tipo. Así, con la ayuda de Dios y de sus Sagrados Evangelios, que toco con mis manos, yo, el antes nombrado Galileo Galilei, he abjurado, prometido y me he ligado a lo antes dicho; y en testimonio de ello, con mi propia mano he suscrito este presente escrito de mi abjuración, que he recitado palabra por palabra. En Roma, en el convento de la Minera, 22 de junio de 1633; yo, Galileo Galilei, he abjurado conforme se ha dicho antes con mi propia mano". Al terminar cuenta la leyenda que pronuncio la frase e pur si muove, como un grito de rebelion para conservar para si la dignidad perdida

otro articulo imperdible de Jose Luis de Diego

Notas al paso

Por JOSÉ LUIS DE DIEGO


Algunos periodistas dicen que en las últimas legislativas la campaña de los políticos fue pobre porque no hubo propuestas concretas. Que "la gente" quería escuchar proyectos que tiendan a solucionar los problemas de todos los días. Mentira. Ganaron los que menos argumentos expusieron y casi nadie pudo decir lo que pensaba porque hubo censura. Por lo general, se piensa en censura cuando un poder hegemónico acalla las voces opositoras o rebeldes; pero no me refiero a eso. Me refiero a la censura que se ejerce sobre el propio discurso, que es lo primero que recomiendan los publicistas: "No se le ocurra decir lo que en verdad piensa". Cuando Mauricio Macri dijo que creía que había que privatizar nuevamente Aerolíneas Argentinas y los fondos del sistema previsional, se armó un revuelo en su propio partido. ¿Cómo se le ocurría decir lo que pensaba? Ha dicho con razón el filósofo esloveno Salvoj Zizek: "El discurso populista conservador constituye, entonces, un buen ejemplo de un discurso de poder cuya eficacia depende del mecanismo de autocensura". Si soy un político elitista, puedo decir algo que deje conforme al 20% de la población, pero el 80% restante me repudiará. Si soy un dirigente populista, trataré de dejar conforme a la mayoría, aunque algunas minorías protesten. Pero, ¿y si no digo nada y dejo conforme a todo el mundo, precisamente porque no digo nada? He aquí el secreto del éxito, y ganaron los que aprendieron la lección: Carlos Reutemann, Francisco De Narváez, Julio César Cobos. Pero entonces, ¿nadie sabe lo que harán? Sí, porque el acuerdo del conservadurismo con sus votantes nunca es explícito, como si los candidatos hicieran un guiño cómplice y dijeran: "A pesar de que no diga nada, vótenme, porque ustedes saben muy bien lo que voy a hacer". Muchos votantes son expertos en este tema de la autocensura: son los que votan sin culpa y, al poco tiempo, afirman "yo no lo voté".

Trabajo propuesto para los encuestólogos. Pensemos en diversos conjuntos: "los arrepentidos de haber votado a Menem"; "los arrepentidos de haber votado a De La Rúa", "los arrepentidos de haber votado a Néstor o a Cristina", y los arrepentidos que vendrán. Mi hipótesis es que si intersectamos esos cuatro conjuntos (como hacíamos en la escuela), la zona de intersección (la gris o rayada) es mucho más grande que lo que suponemos. Si esto es así, la única explicación posible es que buena parte de los ciudadanos votan al que gana, o al que parece que va a ganar. Por eso es que se fraguan encuestas que afirman que el que va a ganar es uno y no los otros. Confieso que este fenómeno es para mí un enigma. O bien existe una pulsión casi futbolera: a mí me gusta ganar a lo que sea, y poder decir que voté al que ganó. O bien existe una perversión de tipo masoquista: me encanta arrepentirme y decir que me mintieron, que me defraudaron, que son todos iguales. Si no es así, ¿cuál sería el problema de haber votado a un partido que salió tercero o cuarto?

COMO SI NADA

Veo que los militares en Honduras exiliaron "de facto" al Presidente Zelaya. Un nuevo golpe militar en América Latina da escalofríos. Y ya escuchamos las advertencias de los gurúes neoliberales: se lo merecía porque era chavista. La típica sospecha sobre la víctima, como quienes atenúan la culpa de un violador: "Bueno, ella también era bastante loquita". De manera que defender un gobierno constitucional contra un golpe de Estado es ser chavista; es increíble cómo se ha regresado a la lógica de la guerra fría. A veces pienso que no hemos aprendido nada. Otra vez Zizek: "el populismo actual, lejos de constituir una amenaza al capitalismo global, resulta un producto propio de él". Son los enemigos que se necesitan, porque justifican sus acciones en la amenaza del otro, igual que el capitalismo global y el fundamentalismo étnico o religioso. Mientras tanto, ambos hacen suculentos negocios, gracias al miedo (o al odio) por el otro.

Leo que Bernie Ecclestone, el jerarca de la Fórmula 1, criticó a la democracia y elogió a Hitler por su eficiencia, porque "hacía que las cosas funcionasen". Un buen mensaje para quienes sostienen que hay que terminar con los debates ideológicos y ser pragmáticos, resolver los problemas de "la gente". Conviene, entonces, advertir que a veces los problemas de "la gente" se pueden solucionar enviando a "la gente" a una cámara de gas. Y hay que reconocer que en eso Hitler sí fue eficiente.

Formulemos una de las preguntas clásicas de la teoría política: ¿cómo pudo ser que en Alemania, uno de los países más desarrollados y más cultos de Europa, se hubiese incubado el huevo de la serpiente, esa maquinaria de terror y muerte que constituyó el nazismo? No lo sé. Pero, salvando las distancias, cuando veo a Berlusconi, ese magnate decadente, rodeado de prostitutas semidesnudas que cobran en euros, como si fuera una reencarnación del Nerón kitsch que difundió Hollywood; cuando leo que el régimen del magnate endurece las leyes contra los migrantes ilegales, contra los desheredados del mundo; cuando pienso que eso ocurre en un país incomparable que produjo al Dante y a Leonardo, los textos de Antonio Gramsci y el cine de Luchino Visconti, no hago más que preguntarme a dónde diablos hemos ido a parar. ¿Estaremos generando, casi inadvertidamente, otro huevo de la serpiente?

En los "Diarios" de Franz Kafka hay una anotación muy llamativa. El 2 de agosto de 1914 escribe: "Alemania declaró la guerra a Rusia. A la tarde, fui a la escuela de natación". Nadie puede pensar que en Kafka hay cinismo o indiferencia; lo que se pone en evidencia en esas dos líneas es el contraste entre la pequeñez del sujeto frente a la magnitud del horror. Se calcula que EEUU (sólo EEUU) invirtió ochocientos mil millones de dólares del tesoro público para rescatar a un puñado de entidades financieras que habían estafado a medio planeta; hace unos días, el noticiero informó que los pobres del mundo ya llegan a mil millones; y yo riego las plantas, como si nada.


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Publicado en Diario El Dia 2/8/2009